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El grano de mostaza
Parábolas

Lucas 13, 18-21. Tiempo Ordinario. Que la obligación de trabajar, la cambiemos en alegría de servir con ilusión y esfuerzo a los demás.


Por: Misal Meditaciones | Fuente: Catholic.net



Del santo Evangelio según san Lucas 13, 18-21


Decía, pues: «¿A qué es semejante el Reino de Dios? ¿A qué lo compararé? Es semejante a un grano de mostaza, que tomó un hombre y lo puso en su jardín, y creció hasta hacerse árbol, y las aves del cielo anidaron en sus ramas». Dijo también: «¿A qué compararé el Reino de Dios? Es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo».


Reflexión


Cristo no está en contra del sábado. Dios había mandado guardarlo porque sabía que el hombre necesitaba descansar y Cristo quiere cumplir con la voluntad de Dios también en esto. Además esta ley era un auténtico alivio para los esclavos de la gleba que, como en la mayoría de las civilizaciones, constituían una abrumadora mayoría de marginados a quienes el trabajo forzado les sumía en una vida miserable. Sin embargo el sábado entre los judíos había pasado a ser -a causa del legalismo reinante- una carga insoportable.

«Al verla, Jesús la llamó y la curó». La mujer no le pidió nada a Cristo. Sufría y eso le fue suficiente para acercarse y curarla. Así es Jesús. Se da cuenta de lo males porque está atento a los demás. Era sábado, pero para Cristo el sábado no era nada ante el amor. Al igual que Cristo, muchos cristianos saben romper los «sábados», es decir, las barreras humanas que impiden hacer el bien. Así, a la madre Teresa no le importó la lepra de los miserables que encontraba en el camino; simplemente los levantaba y los curaba. Al Papa no le importa el sábado del cansancio para seguir, a sus 82 años organizando viajes, sínodos y encuentros con todos los niveles de la sociedad.

Muchas personas saben superar el sábado de las muchas ocupaciones y siempre encuentran un tiempo para ayudar en algún apostolado de la parroquia o de un movimiento, otros superan el sábado del respeto humano y saben dar testimonio de su fe buscando diversiones y pasatiempos cristianos. Hay quienes se sacuden el sábado de la comodidad y no dejan parar un día sin charlar con sus íntimos y dedicar los mejores momentos a construir una vida familiar cristiana. Los sábados superados no se improvisan, para ello hay que tener un lunes, martes, miércoles… y esos días quizás pueden ser las horas de trabajo que podamos ofrecer con alegría y esfuerzo a Dios por nuestro hermanos, los hombres. Pero no sólo eso, sino que nuestro trabajo es una oportunidad para hacer el bien y dar lo mejor de nosotros mismos. El trabajo es la puesta en marcha de todas nuestras virtudes y un camino para desarrollarlas sirviendo a los demás.

Podemos convertir el legalismo de una rutina que espera el fin de semana o el final de la jornada con ansia, en un sábado superado, saltándose la norma de la obligación de tener que trabajar y tornarla en la alegría de servir con ilusión y esfuerzo escondido a los demás.

 





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