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La conciencia. Dilema ético y antropológico

La conciencia. Dilema ético y antropológico
Alberto Carrara (Yoinfluyo.com) nos ofrece un valioso ensayo sobre la conciencia


Por: Alberto Carrara | Fuente: yoinfluyo.com



Hoy en día la cuestión acerca de la conciencia está interesando tanto a la opinión pública como a los científicos de profesión, de manera especial los médicos y los neurocientíficos. De una u otra forma la temática de la conciencia está al centro del debate filosófico, clínico y ético relativo a aquellos casos límites que la crónica suele presentarnos muchas veces con matices cargados de emotividad y compasión.

Muchos tienen en su imaginación el rostro de Terri Schiavo, de Eluana Englaro, y de otras personas a las cuales, por sentencia judicial, fueron sustraídos los recursos vitales básicos como son la hidratación y la alimentación por haber sido declaradas no conscientes.


Recientemente, un equipo de investigadores del Instituto del Cerebro y la Mente (Brain and Mind Institute), de la Universidad de Western Ontario, en Canadá, dieron a conocer la aplicación de una máquina portátil de electroencefalografía que puede, de modo simple y rentable, evaluar el estado consciente de los pacientes en estado vegetativo en su propio dormitorio.

El artículo que salió el 22 de diciembre de 2011 se titula la "Máquina portátil de lectura de ondas cerebrales preparada para refutar diagnósticos desacertados de estado vegetativo" (http://notifam.net/index.php/archives/12737/). Estos estudios neurocientíficos permitirán perfilar el diagnostico de "estado vegetativo" evaluando los pacientes mal clasificados.

El neurocientífico Adrian Owen, ha demostrado recientemente que una minoría significativa de pacientes "vegetativos", son de hecho realmente conscientes y, en algunos casos, pueden inclusive comunicarse con el mundo exterior a través de las tecnologías de imágenes cerebrales (A.M. Owen, S. Laureys, et al., "Willful Modulation of Brain Activity in Disorders of Consciousness", NEJM 362, 2010, pp. 579-589).

En una sociedad pluralista como la nuestra, que tiende a menudo a caracterizarse por dos posturas extremas, a veces con una elevada dosis de conflicto, se crea un ambiente que promueve la ambigüedad socio-cultural.

Se habla de "conciencia entre mente y cerebro" pero cabe subrayar que el término mismo de "conciencia" presenta una polisemia notable. En el lenguaje común, la palabra "conciencia" se utiliza en muchos ámbitos: se habla de "tener una conciencia", de "actuar en conciencia", de "la conciencia de mi gato o de mi perro", de "la conciencia de la sociedad", incluso hay quienes afirman la existencia de una "conciencia de la biosfera", etcétera. Aquí emerge la polisemia del concepto de "conciencia".

Cabe también matizar el hecho de que el uso distinto de esta palabra depende de la terminología específica de la disciplina científica que la investiga bajo diversos enfoques y circunstancias.

Hoy en día es muy necesaria una profunda reflexión y discernimiento orientado a la integración de los diferentes sentidos del término "conciencia".

Así, un primer paso será dar una definición de qué se entiende con la palabra "conciencia". La definición que se propone se formula para especificar el alcance y el contexto y, sobre todo, para no caer en la confusión y suscitar así dudas o malos entendidos.

El concepto de "conciencia" en el contexto filosófico-cultural occidental, ha encontrado tres significados básicos: el de "conciencia psicológica", el de "conciencia moral" y, por último, la así llamada "conciencia personalista-existencial" (I. Fucek, La coscienza morale, en: Veritatis Splendor, texto integral y comentario filosófico-teológico, San Paolo, Milano 1994, pp. 299-305).

De acuerdo con el sentido psicológico, "conciencia" significa auto-conciencia, es decir, aquel estado en el cual la persona humana está presente a sí misma y percibe el ambiente a su alrededor.

Según el sentido moral, "conciencia" significa la capacidad actual del ser humano de distinguir entre la bondad o la maldad de sus mismos actos. Por último, el sentido "personalista-creativo" de "conciencia" apunta a un núcleo complejo identificado muchas veces con la parte interna de la persona humana, una especie de "lugar" interior de la persona, del cual surgen los juicios morales y que representa la parte más noble del ser humano (sede de la ley moral natural).

Hechas estas distinciones, en este contexto no se tratará de la "conciencia moral", entendida como el conocimiento que el hombre tiene de la bondad-maldad de sus obras, sino de la "conciencia psicológica" y de las estructuras neurobiológicas relacionadas con su correcta funcionalidad y manifestación. Queda claro, también, que esto no significa que la "conciencia psicológica y neurobiológica" no sea el sustrato, la "conditio sine qua non" para la manifestación de la "conciencia moral".

La filosofía, para que cumpla con su propia finalidad y misión, debe reflejar la realidad. Por eso, el estudio de casos concretos puede ser un instrumento valioso para deducir principios antropológicos y normas éticas, como se hizo a partir del "padre" de la neuro-anatomía, Alcmeón de Crotona (560 a. C).

El premio Nobel por la Medicina, Rita Levi Montalcini, con 102 años de edad en 2012, define la "conciencia" como "una de las propiedades más sorprendentes y fascinantes del cerebro humano", es decir, como "el estado de conciencia de nuestra existencia como una entidad individual, lo que implica el reconocimiento de sus acciones y el orden secuencial y cronológico" (R. Levi-Montalcini, Abbi il coraggio di conoscere, Rizzoli, Milano 2004, p. 25).

La conciencia humana es, entonces, una propiedad, una facultad, una función "emergente" (todos términos tomados de diversas definiciones que ofrece Montalcini) de nuestro órgano cerebral de acuerdo a la teoría de Gerald Edelman de derivación de la conciencia superior (humano o secundaria) de una conciencia principal, común a todos los vertebrados superiores.

Esta definición puede ser integrada y ser muy valiosa dentro de una especulación más realista, como la formuló Tomás de Aquino. Este gran intelectual, logró sintetizar una tradición antigua, dejando claro, en primer lugar, que la conciencia no es ni un hábito ni una facultad o poder, sino un acto.

De hecho, la conciencia incluye un orden de conocimiento a algo que se aprende, es la aplicación de la "sindéresis aristotélica" a la realidad de la acción. A continuación, se podría definir como "la inteligencia orientadas a las cosas prácticas" (Tomás de Aquino, S. Th. I, q.79, a.13, c).

Twitter: @Yoinfluyo







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