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Prensa y Tolerancia

Prensa y Tolerancia
Documento que profundiza en las responsabilidades y compromisos al servicio de la promoción de la paz y la fraternidad.


Por: Unión Católica Internacional de la Prensa (UCIP) | Fuente: Ucip.ch



El Año Internacional de la Tolerancia proclamado por la ONU es, para la Unión Católica Internacional de la Prensa y sus miembros, una ocasión de reconocer sus responsabilidades y de afirmar de nuevo su compromiso al servicio de la paz para la promoción de una humanidad fraterna.

1. Intolerables intolerancias

Hoy, al igual que en la historia, existen ciertas formas de intolerancia alimentadas por el miedo o el desprecio del otro, que son fermento de conflictos violentos. El reconocimiento de las diferencias es un elemento constitutivo de la vida en sociedad: fundada sobre la alteridad, la vida colectiva no es una aceptación pasiva sino una construcción de la unidad a partir de la diversidad y dentro de ella.

La promoción de la tolerancia exige el control y el dominio por parte del ser humano, individual y en sociedad, de los instintos naturales de desconfianza, de defensa y de rechazo con respecto a todos los cuerpos extraños - personas, grupos, comportamientos, ideas...percibidas como amenazas contra su vida, su integridad, su identidad.

El dominio de los reflejos de intolerancia no se confunde con la ceguera, la indiferencia, la resignación ante lo intolerable, y aún menos con su aceptación. Existen realidades escandalosas que no pueden ser toleradas, y hay comportamientos, ideologías de personas y de grupos de las cuales quizá sea necesario protegerse. A lado de las intolerables intolerancias, hay para el cristiano falsas tolerancias que propagan el mundo y la sociedad hoy.

Entre el número de comportamientos o ideas intolerables, podemos identificar de manera particular:

* Las intolerancias irracionales, no dominadas, alimentadas de ignorancias, de prejuicios y de miedos mutuos. Estas degeneran fácilmente en conflictos y proporcionan tropas a las intolerancias ideológicas. La más común entre ellas es la xenofobia.

* Las intolerancias que se erigen en ideologías, se-culares o religiosas, en nombre de una apropiación exclusiva e imperialista de la verdad, del bien, de la justicia o del orden, o en nombre de teorías de la desigualdad de los seres humanos. La primera tiene por nombre fanatismo, sectarismo, fundamentalismo religioso, totalitarismo...; la segunda: racismo, antisemitismo, sexismo, nacionalismo... Unas y otras inspiran políticas de marginalización, de exclusión, de apartheid, de purificación étnica, de eliminación del otro, sin tener en cuenta los derechos fundamentales de la persona humana.

* Las tolerancias formales y arrogantes otorgadas por quien tiene el poder a quien se le tiene aparte, por la ma-yoría a la minoría, etc. Estas pseudo-tolerancias dejan la puerta abierta a las peores intolerancias cuando cambia la relación de fuerzas.

* Las tolerancias de prácticas inadmisibles, con frecuencia legalizadas, que van en contra del respeto de la vida humana en todas sus formas, desde su comienzo hasta el fin.

2. Responsabilidades profesionales

Atenta y fiel a la buena nueva del evangelio, la UCIP, en tanto que organización profesional, cree que la prensa, con los otros medios, puede y debe contribuir a crear la comunidad humana. Así entiende el llamado que se le dirige de trabajar en la formación de una "cultura de la tolerancia".

En el orden de las relaciones humanas, las intolerancias se nutren con frecuencia de ignorancias y prejuicios, es decir, de falta de informaciones y de informaciones deformadas.

* Siendo un medio de información, la prensa tiene un papel importante que jugar en el desarrollo de una cultura de la tolerancia para el servicio de una información completa, libre de prejuicios, de tomas de partido parciales y de pasiones parciales, es decir, a través del ejercicio honrado y competente de su responsabilidad.

La prensa ha de ser consciente que tiene un verdadero poder de vida o de muerte sobre toda o una parte de las informaciones de un acontecimiento, de una situación, de un problema, de un debate. De su decisión de tratar o no tratarlo depende la superación o el reforzamiento de la ignorancia de sus lectores.

Asimismo, la prensa tiene un verdadero poder de calificación o de descalificación, incluso de diabolización de personas y de hechos, según las materias que emplea para hablar: la elección de palabras, títulos, imágenes, ilustraciones (incluyendo caricaturas), maqueta... La superación o el reforzamiento de los prejuicios de los lectores depende de la capacidad de la prensa de comunicar la realidad por ella misma y no por la idea que se quiere tener.

* En tanto que medio de comunicación, la prensa juega un papel importante en el desarrollo de una cultura de la tolerancia si resiste a la tentación de no ser para su público más que espejo que le manda la imagen agradable de sí misma, y si sabe abrir puertas y ventanas a otros.

En el mercado de la comunicación, el éxito de la prensa está subordinado a la manera como ésta responde a las expectativas de sus lectores y a las exigencias de quienes se anuncian en aquélla. Esto no significa que para dar gusto y aumentar la audiencia, la prensa deba ceder a los conformismos y complacencias de sus públicos, con el riesgo de suscitar y mantener opiniones y comportamientos intolerantes.

La prensa, por el contrario, tiene por vocación hacer que se conozcan, se encuentren y se respeten los diversos componentes de la sociedad humana, dentro del reconocimiento de un pluralismo étnico, linguístico, cultural, político, filosófico y religioso. Informaciones, comentarios, correo de lectores, que expresen puntos de vista diversos...; tantas formas para la prensa de manifestar su consideración con respecto a todas las corrientes que animan la opinión pública. Así pueden ser reducidas las actitudes estereotipadas y caricaturales que ponen en peligro la convivialidad hacia la cual han de tender el conjunto de los grupos humanos.

Como toda educación cultural, el desarrollo de una cultura de la tolerancia ha de tener en cuenta las disposiciones de los lectores a los cuales se dedica. Paciente y progresivo, está atento pero no resignado - a los miedos, ignorancias y prejuicios que determinan los umbrales o márgenes de la to-lerancia que quiere ayudar a sobrepasar.

* Siendo un medio de expresión de opiniones, la prensa juega un papel importante en el desarrollo de una cultura de la tolerancia a través de la formación de juicios con discernimiento.

Las intolerancias se nutren mucho de ideas falsas. A través de sus comentarios, la prensa puede contribuir a corregir, o, por el contrario, a reforzar esas ideas falsas.

Sus juicios pueden ser de aprobación y de aliento. Pueden y han de ser de alerta, de denuncia y de condena, tanto con respecto a las situaciones intolerables, como con respecto a las ideologías y comportamientos intolerantes.

Todo periodismo de convicción, ha de ser firme y valiente en sus juicios. Pero vigilante de no caer en lo que denuncia y condena. Se ha de guardar de erigirse en idelogía. Reconoce a quienes no comparten esta firme convicción o la combaten, teniendo hacia ellos el debido respeto a toda persona humana. Y así hace suya la distinción clásica entre el error y la persona que lo comete. La consideración del otro, cuando es adversario en el combate de ideas, es tan necesario como difícil.

Puesto que ellos mismos están sujetos a tendencias naturales a la intolerancia, los profesionales de la prensa son los primeros que necesitan una sólida cultura de la tolerancia. Para ello se ha de estimular y desarrollar programas de formación e intercambios que abran al conocimiento, a la consideración y a la inteligencia de la pluralidad de mundos culturales, religiosos, políticos y sociales que forman nuestro mundo.

3. Compromiso cristiano

Para el cristiano, el fundamento de la tolerancia es Jesús mismo, su persona y su mensaje. Como toda sociedad humana, la sociedad de su tiempo fue marcada por la exclusión social y también religiosa. Haciendo de la tolerancia una actitud positiva, Jesús abrió a cada uno el Reino, sea cual sea la raza, condición personal o social.

Siendo una Unión católica, la UCIP hace suyo el llamado al examen de conciencia, al arrepentimiento, a la conversión y a la reconciliación lanzado por el Papa Juan Pablo II con vistas a una celebración gozosa del Jubileo del año 2000: este examen de conciencia se ha de aplicar en especial al consentimiento dado, sobre todo en ciertos siglos, a los métodos de intolerancia e incluso de violencia en el servicio de la verdad (...) De estas actitudes dolorosas del pasado sale una lección para el futuro que ha de incitar a todo cristiano a atenerse firmemente a la regla de oro del Concilio: "la verdad no se impone sino por la fuerza de la verdad misma, que penetra el espíritu con igual dulzor que fuerza".

Como sociedad humana, la Iglesia no escapa sin esfuerzos a la alergia de todo organismo viviente a los elementos mutantes o a los cuerpos extraños que le perece la amenazan. Con mucha frecuencia, invocando la unidad, le cuesta tolerar la diferencia, siendo que no todas las diferencias ponen en tela de juicio los fundamentos de la fe y la comunión.

De manera más profunda para muchos cristianos, la tolerancia tiene el sabor a la vez de compromiso con respecto a la Verdad y con respecto a la caridad debida al prójimo en el error. Tanto tiempo considerada como una debilidad, la tole-rancia, es reconocida por la Iglesia como una virtud a ejercer y a promover: virtud personal y virtud social; virtud humana y virtud cristiana. Este reconocimiento es el resultado de un doble movimiento, a la vez histórico y espiritual.

Históricamente han contribuído por una parte, la experiencia de dramas provocados por las ideologías expresamente into-lerantes; por otro lado las situaciones de intolerancia de las cuales la Iglesia misma ha sufrido; la progresiva atenuación del carácter anticatólico de filosofías de la tolerancia. Sin embargo, debemos admitir con tristeza, que la Iglesia, ella misma, en varias ocasiones y en diversos países, ha practicado la intolerancia en nombre de la defensa de la verdad.

Espiritualmente, fueron las relecturas y la profundización de la Revelación de Dios y del hombre en Jesucristo, que inspiraron a la Iglesia en este último medio siglo.

La misma palabra "tolerancia" comienza a aparecer en la enseñanza del magisterio (1). Más que un nuevo concepto religioso, se utiliza para traducir en lenguaje civil o cívico, las implicaciones de la fe cristiana en Dios Padre y único ser Absoluto: la fraternidad congénita entre todos los seres humanos entre sí; sin distinción de sexo, raza, nación, clase, religión; la inminente dignidad de toda persona humana; la libertad imprescindible de la misericordia de Dios hacia los seres humanos y de los seres humanos mismos en la búsqueda de lo verdadero y lo bueno.

En esta visión de fe, la tolerancia no es para los cristianos una religión de substitución, "el" valor absoluto. No es la plena expresión de la Caridad. Y no es ilimitada e incondicional, por ello no se confunde con la permisividad, la resignación y la indiferencia.

Positivamente, en esta visión de fe, la tolerancia es la manera de pensar y de actuar que tiende a conjurar los miedos, los odios y las violencias. Permite acercarse a través del mutuo respeto de las diferencias y de los contrarios, a una verdadera comunión de hermanos que se soportan, se respetan y se aman unos a otros. Si no es un fin en sí ni el ideal cristiano elevado, es la etapa necesaria del camino humano hacia la plenitud de la Caridad, hacia la "civilización del amor".
(1) Cf. particularmente: Pablo VI en su encíclica "Ecclesiam suam" (1964), - el concilio Vaticano II en la constitución pastoral sobre "La Iglesia en el mundo de su tiempo" (1965) y en la declaración sobre La "Libertad religiosa" (1965), - el documento "Diálogo y anuncio" del Consejo pontificio para el diálogo interreligioso y de la Congregación para la evangelización de los pueblos (1991), - Juan Pablo II en múltiples ocasiones y particularmente en sus mensajes para las Jornadas de la paz sobre la libertad religiosa (1988), sobre el respeto de los derechos de las minorías (1989), sobre el respeto de la conciencia de cada persona (1991) y en la Carta apostólica "Tertio millenio adveniente" para la preparación del Jubileo del año 2000 (1994)..; tantas expresiones fundadas en razones evangélicas y humanas de la nueva "Carta" cristiana de la tolerancia.

23 Marzo 1995, Barcelona, España







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