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Un silencio ante la muerte
Siempre que alguien muere se hace un vacío, se crea un silencio.


Por: Marcelino de Andrés y Juan Pablo Ledesma | Fuente: Catholic.net





Siempre que alguien muere se hace un vacío, se crea un silencio. Al menos por unos instantes se suspende todo pensamiento, se ahoga toda palabra, se sofoca toda pasión. Antes de los llantos y sollozos, antes de las plegarias o los gritos, antes de las condolencias y los pésames, la muerte impone un silencio.

Cuando Cristo muere, un gran silencio envuelve la tierra... Un gran silencio porque el Rey duerme. La tierra está tenebrosa y sobrecogida, porque Dios ha dormido en la carne... Dios ha muerto en la carne y ha puesto en conmoción al abismo.” Así lo expresa una antiquísima homilía sobre el grande y santo Sábado.

La muerte del Dios hecho hombre estremeció los cielos y sacudió la tierra. Ese día hubo oscuridad sobre toda la tierra. El velo del templo de Jerusalén se rasgó en dos de arriba abajo. Tembló la tierra y las rocas se hendieron. Qué bien lo describe aquel verso:

“Nunca tan adentro
tuvo al sol la tierra.
Daba el monte gritos
piedra contra piedra”.

Quizá hizo falta todo eso porque muchos corazones humanos no experimentaron aquel día ni la más mínima conmoción ante tamaño acontecimiento. Lo que no sintieron ni de lejos algunas criaturas racionales, lo entendió sobradamente el resto de la creación, no pudiendo contener su reacción.

Tristemente también hoy bastantes personas viven la muerte de Cristo inconscientes de lo que se conmemora. No les pasará por la mente que Cristo expira en la cruz por amor ellos. No les dirá nada el que Dios mismo yazca muerto en una tumba, porque quiso hacerse hombre mortal como nosotros.

Pienso que tal vez ya no hará falta que hoy se repita aquello de las tinieblas y los terremotos sobre el globo terráqueo. Porque no faltarán densas oscuridades y hondos quebrantos en el alma de los que viven al margen de Cristo, por más que reposen bajo un sol espléndido y con aparente serenidad...

Así es, la muerte hace un silencio en la vida del hombre, pero no es aún la última palabra. La última palabra será la resurrección alcanzada por Cristo para todos.

Mañana el sepulcro de Cristo volverá a estar vacío.

 





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