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Como Maria, abrir el alma a Jesús que nace

Como Maria, abrir el alma a Jesús que nace
¡Sabed que hoy viene el Señor y que mañana veréis su gloria!.


Por: SS Benedicto XVI | Fuente: Catholic.net




En Navidad, como María, hagamos sitio a Jesús que viene. El papa ha subrayado que el Señor visita cada día su Iglesia y ha advertido sobre la actitud de cerrar nuestra alma. El cristiano, debe siempre estar en espera vigilante del Señor.


La Iglesia, como María, está en espera de un parto. También ella, "sentía lo que sienten todas las mujeres de aquel tiempo". Siente estas percepciones interiores en su cuerpo, en su alma que el hijo está llegando. María, siente en su corazón que quiere ver el rostro de su Niño.

Nosotros como Iglesia, acompañamos a la Virgen en este camino de espera y casi queremos apresurar este nacimiento del Señor. Así, el Señor viene dos veces, el que conmemoramos ahora, el nacimiento físico y el que sucederá al final de los tiempos. Pero, como afirma san Bernardo, hay también un tercer nacimiento.

Hay una tercera vendida del Señor: la de cada día. ¡El Señor cada día visita a su Iglesia! Visita a cada uno de nosotros y también nuestra alma entra en esta semejanza: nuestra alma se parece a la iglesia, nuestra alma se parece a María. Los padres del desierto dicen que María, la Iglesia y nuestra alma son femeninas y que lo que se dice de una, análogamente se puede decir de la otra. Nuestra alma está en espera, en esta espera por la venida del Señor; un alma abierta que llama: "¡Ven, Señor!"

Y en estos días, también a cada uno de nosotros, el Espíritu Santo nos mueve a hacer esta oración: "¡Ven! ¡Ven!". Todos los días del Adviento, hemos dicho en el prefacio que nosotros, la Iglesia, como María, estamos vigilantes en la espera. Y la vigilancia, es la virtud del peregrino y nosotros todos "somos peregrinos".

¿Estamos en espera o estamos cerrados? ¿Estamos vigilantes o estamos seguros en un hotel, a lo largo del camino y no queremos ir más adelante? ¿Somos peregrinos o somos errantes?

Por esto, la Iglesia nos invita a rezar esto "¡Ven!", a abrir nuestra alma y que nuestra alma sea, en estos días, vigilante en la espera. ¡Vigilar! ¿Qué sucede en nosotros si viene el Señor o si no viene? ¿Hay sitio para el Señor o hay sitio para las fiestas, para hacer compras, hacer ruidos... ¿Nuestra alma está abierta, como está abierta la Santa Madre Iglesia y como estaba abierta la Virgen? ¿O nuestra alma está cerrada y hemos colocado en la puerta un cartel, muy educado, que dice: "Se ruega no molestar"?

El mundo no termina con nosotros, nosotros no somos los más importantes del mundo: es el Señor, con la Virgen y con la Madre Iglesia! Por esta razón, nos hará bien repetir la invocación: "¡Oh sabiduría, oh llave de David, o Rey de las gentes, ven!"

Repetir muchas veces ¡Ven!, y buscar que nuestra alma no sea un alma que diga: "no molestar". ¡No! Que sea un alma abierta, que sea un alma grande, para recibir al Señor en estos días y que comience a escuchar lo que mañana en la antífona nos dirá la Iglesia: "¡Sabed que hoy viene el Señor y que mañana veréis su gloria!".














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