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Dedicación de una Iglesia y cuestiones acerca de la vida
La construcción de una iglesia y su belleza puede decirnos algo acerca de nosotros, de nuestra dignidad y de nuestros cuerpos


Por: P. Wade Menezes, CPM | Fuente: Catholic.net



Celebramos la Fiesta de la Dedicación de la (s) Basílica (s) N. (y N.). Las cuatro Grandes Basílicas en Roma son: San Juan de Letrán , San Pedro, Santa María la Mayor y San Pablo Extramuros.

Nosotros sabemos que Jesucristo está presente para su Iglesia, y esta verdad, esta realidad, esta doctrina nos ayuda a vislumbrar por qué siquiera celebramos la Dedicación a una Iglesia, es decir, la construcción literal de una iglesia en sí misma y todo lo que esto representa para un cristiano.

Jesús está presente en la Iglesia universal, porque Él es su Cabeza, su Prometido y Fundador (c. Colosenses 1, 18)

Jesús está presente en las pequeñas comunidades cristianas de la Iglesia, porque él ha prometido estar con nosotros de una manera especial donde dos o más estén reunidos en Su Nombre (Mateo 18, 20).

Jesús está verdaderamente presente en la construcción de una iglesia en la manera más especial y central de todos, porque aquí Él está presente en la Sacratísima Eucaristía, el Bendito Sacramento (CCC 1373), en Su Presencia Real.

¿Por qué celebramos la Dedicación de una Iglesia?

¿Por qué el Ordinario de la Dedicación de una Iglesia está enlistado en primer lugar entre todos los Ordinarios dentro de la Liturgia de las Horas, inclusive antes que el Ordinario de la Bendita Virgen María y el Ordinario de los Apóstoles?

¿Por qué el Ritual de la Dedicación a una iglesia es tan detallado y rico en simbolismo, especialmente con un simbolismo que gira alrededor del Sacramento del Bautismo de una persona?

Sabemos que en los Evangelios, Jesús, más de una vez, habla de Su “Cuerpo” como un templo. Al hacer esto, Él transfiere el símbolo de identidad desde el Templo de Jerusalén a Él mismo – literalmente, a su propio “Cuerpo”.

San Pablo también, a menudo identifica la comunidad de creyentes como “el templo de Dios” y el lugar donde habita el Espíritu Santo.

Por lo tanto, cuando conmemoramos la Dedicación a una iglesia, entonces, celebramos la construcción de esa iglesia como un símbolo de nuestra identidad más profunda: todos somos “templos vivientes” de Dios, cada uno de nosotros.

En resumen, celebramos la construcción de una iglesia como una imagen de la Iglesia universal construida de las piedras vivientes de las personas bautizadas de Dios.

Importancia y dignidad del cuerpo humano

Esto, en y por sí mismo, entonces, nos deberá decir algo acerca de la relevancia, importancia y dignidad del cuerpo humano y del ser persona en general.

- Salmo 110: “Desde el seno de tu madre antes de la aurora Yo te concebí” (dice el Señor)

- Salmo 127: “Los hijos… son un regalo del Señor, el fruto del vientre, una recompensa.”

- Salmo 139: “Tu formaste mi ser más profundo; me tejiste en el vientre de mi madre. ¡Yo te alabo, tan maravillosamente me hiciste; maravillosas son tus obras! Mi mismo ser Tú conocías.”

- Salmo 22: “Tú me sacaste del vientre, me pusiste a salvo en el pecho de mi madre. A ti fui llevado desde el vientre… Tú eres mi Dios.”

- Isaías 44,2: “Así dice el Señor que te creó, tu ayuda, el que te formó desde el vientre… tu Redentor, el que te formó desde el vientre”

- Y la Escritura sigue y sigue con este tema importante…

Por lo tanto, la construcción de una iglesia y su belleza (¡o falta de ella!) puede decirnos algo acerca de nosotros, de nuestra dignidad y de nuestros cuerpos.

Podemos hablar acerca de la mala economía, de los altos precios del combustible, de los altos precios de las casas y las tasas de interés de las hipotecas, los males de la guerra, todo lo que queramos, y en verdad, deberíamos…Pero en tanto y en cuanto perdamos de vista el “objetivo real” de todas estas categorías – la persona humana y su dignidad innata – estos problemas secundarios nunca serán resueltos.

En otras palabras, el derecho de nuestros niños a ser protegidos de la destrucción es mayor que mi derecho a una economía pujante. El derecho de nuestros niños a ser protegidos de la destrucción es mayor que mi derecho a pagar impuestos justos y tasas de interés bajas.

Mi deseo de una buena economía o mi deseo de terminar la guerra en Irak no puede justificar mi deseo de que el aborto siga siendo legal.

Las cuestiones acerca de la vida (especialmente las cinco que no son negociables: aborto, eutanasia, investigación de las células madre embrionarias, clonación humana y “matrimonio” dentro del mismo sexo), son temas primordiales que nos enfrentan a nosotros y a nuestra nación hoy. Todos los demás temas – incluyendo la economía, los precios del combustible, la vivienda, la educación, la inmigración, los impuestos, la energía, e incluso la guerra – tienen que ocupar un segundo lugar al tema de la vida.

Los cinco temas no negociables son precisamente no negociables porque son intrínsicamente malignos (no solo malignos). Cuatro de estas cuestiones no negociables involucran la matanza directa del ser humano. El matrimonio del mismo sexo, si bien no hace aquello, es de de una naturaleza tal que su mismísima advocación estimula a las personas a persistir en su grave pecado manifiesto; y el reconocimiento legal de las uniones homosexuales en realidad no les hace un favor, sino que los estimula a persistir en lo que es objetivamente una situación inmoral y pecaminosa.

Consideren esto: los mejores sistemas de salud y educación, las leyes inmigratorias más justas, y la economía más sólida no ayudan en nada al niño que nunca llega a ver la luz del día. Es una ironía trágica que tantos estadounidenses que favorecen el aborto hayan llegado a apoyar el homicidio de sus ciudadanos más jóvenes – la injusticia más grave que una sociedad pueda tolerar – todo en nombre de la justicia social y del “derecho a elegir” hacer lo que quiero hacer con mi propio cuerpo.

Inclusive la teoría de “guerra justa” de la Iglesia tiene fuerza moral porque está basada en el principio de que la vida humana inocente debe ser protegida y defendida (por lo tanto, tienes derecho a tomar represalias si has sido injustamente atacado).

El Derecho Nacional a la Vida informa que 48,5 millones de abortos han sido realizados desde 1973. Como cristianos católicos, sabemos que un aborto ya es demasiado. Ninguna guerra, ningún desastre natural y ninguna enfermedad o epidemia jamás se ha cobrado tantas vidas. Ningún problema social jamás ha causado la muerte de casi 50 millones de personas. El aborto es locura.

Traducido por Maria Laura Fuentes Bonzo

 





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