Menu


Las religiones frente a la reproducción
Señalaremos en primer lugar una consideración común a las principales religiones; en un segundo lugar, presentaremos suscintamente la valoración ética de algunos actos que tienen que ver con la reproducción.


Por: Pbro. Lic. José Guillermo Gutiérrez Fernández | Fuente: Instituto Superior de Estudios Eclesiásticos





Introducción

La reproducción humana no es un hecho meramente biológico. Cuando consideramos que la vida que se reproduce es la vida de un sujeto humano, comprendemos que ese acto tiene una densidad especial. Para comprenderlo adecuadamente, no basta entender el “factum” de la reproducción, es decir, los aspectos meramente biológicos y genéticos, sino que debemos considerar también los significados psicológicos, sociales, culturales y religiosos. Así las cosas, es plausible el hecho de que en esta obra sobre la reproducción humana, se haya querido incluir un trabajo donde se pretenda acercar al pensamiento religioso sobre la reproducción humana.

Para dar orden a la exposición señalaremos en primer lugar una consideración común a las principales religiones; en un segundo lugar, presentaremos suscintamente la valoración ética de algunos actos que tienen que ver con la reproducción, principalmente en el Islam y en el pensamiento Judío, y concluiremos con una exposición más amplia del pensamiento Católico, al respecto. Hacemos notar desde ahora que el tema es tan apasionante como amplio y que en esta contribución se presentarán ideas de manera muy resumida.

Algunas ideas comunes a las principales religiones.

La consideración de la religión hace referencia a una relación entre lo divino y lo humano, Dios por un lado y el ser humano por otro. De ahí que la antropología sea un denominador común a todas las religiones. Las principales religiones parten del hecho de que la divinidad crea al hombre y a la mujer y, desde sus orígenes y como una participación de la fecundidad que caracteriza a la misma divinidad, les es concedida la capacidad de ser fecundos mediante la procreación.

Este acto humano del que depende la conservación de la especie está directamente ligado a la dignidad que caracteriza al hombre y a la mujer, dignidad que se manifiesta en la responsabilidad, en la gratuidad y generosidad en la transmisión de la vida. De ahí que la mayoría de las religiones vean a la procreación y su fruto, el hijo, como una gran bendición y, por el contrario, la esterilidad como un gran mal.

El placer que naturalmente va unido a la relación sexual entre el hombre y la mujer se ve como una expresión sensible de la alegría de estar unidos y por tanto es condenado cuando se busca por sí mismo, rompiendo la intrínseca relación a la fecundidad y al amor.

Para la conservación y protección de esta bendición, en la base de las grandes religiones está la familia que se constituye por el matrimonio de un hombre con una mujer. En todas ellas las bodas son elementos festivos y hasta se proyecta a los dioses esta característica, en donde lo femenino y lo masculino se entienden como una complementariedad recíproca y natural.

En las religiones no se busca dar explicaciones científicas de los hechos, sino más bien su sentido y significado último a la luz del proyecto de la divinidad, que se llega a conocer y aceptar por medio de la fe y en algunas de ellas mediante la lectura racional de la naturaleza. Así las cosas, la vida y su transmisión caen dentro del misterio.

Entonces, el hombre y la mujer, como personas con sus dimensiones corporal, afectiva, volitiva, intelectiva y espiritual son depositarios de una fecundidad. No sólo se reproducen con el cuerpo y de manera instintiva como los animales, sino que incluso llegan a establecer ritos simbólicos de fecundidad para asegurar el fruto que puede ser el hijo. Por tanto, no se habla de mera reproducción como en los animales o de producción como en los frutos de la tierra, sino de pro-creación, es decir, de una prolongación de la creación original realizada por la divinidad. Se trata entonces de un lógos distinto al lógos de la sola técnica. Es precisamente este lógos el que consiente hacer una valoración moral de los diferentes actos humanos tendientes a la reproducción humana, que como ya hemos señalado, en el caso del pensamiento religioso es siempre procreación.

Hablar de procreación es hablar de un evento en el que concurren simultáneamente la causalidad divina y la causalidad humana. Porque el ser humano se concibe no sólo como una realidad material, producto exclusivamente de la evolución de las especies sino como un sujeto, es decir, como una persona, dotada de una subjetividad que es irreductible a la sóla experiencia de lo material. Estamos hablando del espíritu o alma racional, de donde surge su capacidad volitiva e intelectiva, que tiene una verificación experiencial en la reflexividad. El espíritu no proviene de la materia aportada por los progenitores, sino que es una creación directa de Dios que la infunde en el momento mismo de la concepción o fecundación, entendidas ambas como el momento en que se completa el genoma humano 2 . En conclusión, cada ser humano es producto no de la casualidad, ni sólo del querer humano, sino de una explícita voluntad creadora y amorosa de Dios.

El hecho de que la generación sea de una nueva persona humana, dotada de una dignidad intrínseca, tiene también implicaciones en el modo en que ésta debe ser llamada a la existencia, como se verá adelante.

La ética islámica sobre la procreación
3

Presentamos a continuación de manera sintética las principales afirmaciones éticas en torno a la procreación según las “fatwas” (veredictos) de los “ulama” (sabios) actuales basados en la reflexión del Corán y de la Sunnah.

La ética islámica sobre la procreación parte de la siguiente sentencia contenida en el Corán: “No maten a sus hijos por temor a la pobreza. Nosotros proveemos para ellos y para ustedes. Matarlos, ciertamente, es por siempre un gran pecado” (Al-Isra 17:31).

Para el Islam, la persona humana es creada por Dios y comienza a existir como tal en el momento en que se une el esperma con el óvulo ; así se desprende de lo dicho por Abdullah Bin Mas’ud: “la creación de cada uno de ustedes es cuando el esperma se junta en el vientre de la madre por cuarenta días y permanece allí. Es entonces cuando el ángel le es enviado. Aspira el alma y recibe el mandato de llevar a cabo cuatro decretos: registrar su sustento, la duración de su vida, sus acciones, y si será miserable o felíz...”
4 .

El Islam promueve que los musulmanes tengan tantos hijos como sea posible. El matrimonio es un mandato y es lo deseable, dado que le permite al hombre vivir en armonía con su naturaleza humana y para lo cual fue creado por Alá. El celibato es visto como algo antinatural y prohibido por el profeta. Abü Umamah reportó que el mensajero de Alá dijo: “Cásate para que (el día del juicio) seamos más numerosos que otras naciones. No practiques el celibato como lo hacen los cristianos”).
5

De acuerdo con esta doctrina la castración y cualquier forma de contracepción permanente está absolutamente prohibida en el Islam , aún para los animales.

Entre los métodos de control natal, distinguen los métodos de barrera (condones masculino y femenino y diafragma); los métodos hormonales (píldoras e implantes en la piel e inyecciones de hormonas); los espermicidas, los dispositivos intra-uterinos y la esterilización quirúrgica (vasectomía y ligamento de trompas), y los métodos naturales: método del ritmo, coitus interruptus (el término árabe es “azl”) y abstinencia. También incluyen el aborto bien sea quirúrgico o químico, a este último se refieren como la píldora “francesa” para abortar .

Cualquier método de control natal es causa de uno o más tipos de daño: religioso, emocional y físico. El daño puede variar en cada persona y depende del método utilizado. Algunos métodos requieren la exposición a un profesional de partes privadas (daño religioso); otros causan problemas cardiacos o tumores (daño físico); otros causan depresión (daño emocional).

Según Ibn Baz, no se permite usar la píldora anticonceptiva porque Alá quiere que se incrementen los Ummah. El profeta dice: “Cásate con una mujer que te ame y que te dé muchos hijos, porque deseo que seamos muchos más que otras naciones...”
6.

Sin importar el método, el control natal está prohibido si se practica para fines no islámicos, tales como el temor a la pobreza, el deseo de llevar una vida tranquila y pacífica, etc.
Con la restricción anterior, el control natal utilizando métodos naturales, (que causan daños menores), tales como el ritmo, está reprobado en el Islam, alguna vez puede permitirse si se demuestra que existe un beneficio mayor al usarlo.

Ningún método no natural de control natal está permitido, a menos que sea por una razón definida de necesidad física que amenace seriamente el buen estado de la mujer. En tal caso debe seleccionarse el método que cause el menor daño a la mujer. Si el problema de salud de la mujer es temporal, no podrá utilizar un método permanente de control natal. Sólo si su estado de salud es permanente y pone en riesgo su vida podrá usar un método permanente de contracepción.

El aborto está prohibido sin importar la edad del embrión. La prohibición es más severa aún si el embrión ha comenzado a tener características humanas distintivas. Una vez que ha recibido el soplo del espíritu (a los 120 días de su concepción), el aborto se considera como asesinato de un ser humano viviente.
El aborto es permisible únicamente en situaciones en las que de continuarse con el embarazo puede resultar la muerte de la madre.

El pensamiento moral judío en torno a la procreación

Presentamos aquí de manera íntegra una aportación preparada para este artículo por el Rabino Abraham Palti, bioeticista de la comunidad sefaradí de México :

“El primer libro de la Torá, el Génesis se inicia con el relato de la creación del universo. Esta concluye el sexto día, con Su obra maestra: el hombre. Y nos relata la Torá (8220); Y dice el Eterno: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza (8221); en plural ¿Si todavía no existe el hombre entonces...a quien se dirigía Dios? Una de las explicaciones se refiere al hecho de que las fuerzas celestiales y terrenales fueron creadas separadamente durante todos los días de la creación. El día que se creaba una fuerza celestial no se creaba una fuerza terrenal y viceversa. Sin embargo, el sexto día, con la creación del hombre, Dios habla a ambas indicándoles que el ser que será creado, para quien se hizo toda la creación, estará compuesto de las dos fuerzas: cielo y tierra y llevará el nombre de ADAM. De igual manera decide el Creador, que se semejará a Él teniendo las facultades de pensar, hablar y crear.

Cuando el Eterno habla con Adam y Java (Eva), les ordena (8220); Fructificaos y multiplicaos y llenad la tierra (8221). Con ello les enseña la tarea principal por la cual fueron creados. Es el primer mandamiento ordenado por Dios al hombre, invitándolo a ser socios en la creación, a continuar la belleza de esta obra. Así pues nos indica que nuestra misión es la de cuidar, respetar y fortalecer los elementos creados por el Patrón del mundo. No podemos utilizar indebidamente, ni actuar a nuestro antojo para fines de satisfacer nuestros propios placeres.

Es por esta misma razón que no se acepta y está prohibido el suicidio: el cuerpo no le pertenece a cada quien, es un regalo de Dios. Tienes que cuidarlo tal como dijo Job: (8220); El Eterno me lo dio Él me lo tomara.... (8221);

La fuerza de la procreación es un regalo de Dios, la relación sexual tiene una finalidad sagrada y no debe hacerse uso indebido de ella. La pornografía y todas sus implicaciones, está totalmente prohibida. Estaríamos utilizando de manera destructiva el maravilloso regalo de la procreación que Dios nos hizo.

La Torá condena el aborto, pues esto significa realizar un asesinato de un ser que aún no llega al mundo y a quien el Eterno le esta dando la vida. Aquel que lo realiza obviamente es considerado como un asesino. El código de leyes tiene excepciones para esto, como, por ejemplo, cuando se pone en riesgo la vida de la madre, o el bebé viene con deformaciones. Aún así, cada caso debe ser analizado de manera individual, por una autoridad rabínica experta en la materia. Debe sin embargo quedar claro, que el aborto en sí, está prohibido.

La procreación “in vitro” se permite siempre y cuando sea supervisada de manera muy minuciosa y se utilice, el sémen y el óvulo de la pareja.
Está prohibido usar el sémen de otro hombre que no sea el esposo de la pareja para lograr el embarazo, también está prohibido conservar el sémen en bancos. Esto desafortunademente está causando un manejo comercial indebido, que conlleva un enorme daño a la sociedad, pues se abusa de los embriones para fines personales y se tiran a la basura vidas de seres que podrían ser parte de la sociedad. Este tema nos llama a una profunda reflexión y tiene grandes implicaciones morales. Aquellos que incumplen, practicando indebidamente con vidas humanas, juegan con fuego y dañan a nuestra sociedad ofendiendo a nuestro Creador, el hacedor de los Cielos y la Tierra”. Hasta aquí el Rabino Palti.

La visión cristiana de la procreación

En este apartado nos extenderemos un poco más, por ser en nuestro ámbito el grupo religioso más numeroso. Comenzaremos hablando de la sexualidad, para luego hablar del ethos de la procreación.

Como una premisa a tener presente en todo el desarrollo de este tema, hay que señalar que aunque un razonamiento estrictamente teológico de la sexualidad y de la procreación debería partir de los datos revelados, contenidos en la Biblia y transmitidos por la Tradición viva de la Iglesia, lo que adelante se presentará en principio se basará en razonamientos de orden filosófico y sólo en algunos casos teológicos. Esto es así porque el pensamiento judeo-cristiano pretende la comunicabilidad de la revelación a partir del orden creatural, en el cual converge la experiencia de la naturaleza humana; es decir, que muchos de los datos que nosotros conocemos y aceptamos por la fe, de hecho son accesibles a la sola razón, puesto que un estudio atento de la naturaleza humana nos conduce a descubrir el plan creador de Dios, inscrito en ella .

La sexualidad
7

Lo primero que hay que decir es que la sexualidad existe como un dato biológico evidente; los seres humanos, al igual que los animales, existimos como machos o como hembras, como hombres o como mujeres. Lo sexual está definido desde nuestro genóma y recorre toda nuestra corporeidad, no sólo por las manifestaciones anatómicas y fisiológicas, sino incluso en nuestra psiqué. De modo que, en contra de lo que algunos autores opinan, lo sexual no es un dato construido socialmente, aunque tenga un influjo la cultura y la sociedad en la asignación de los roles masculino y femenino. Desde el punto de vista biológico, sabemos que estos dos modos diversos de existir como hombre y como mujer tiene una relevancia sobre el modo como se transmite la vida y se asegura la conservación de la especie. Gracias a la reproducción sexuada se proteje a la especie de la posible corrupción genética.

En los animales, la sexualidad se configura como una serie de fenómenos biológicos y sensoriales a través de los cuales se asegura la continuidad de la especie. En los seres humanos, además de esta función, la sexualidad tiene un significado que no puede ser comprendido en su globalidad sólo en base a esta “funcionalidad”.

En efecto, en el hombre la sexualidad tiene un significado profundamente humano, que se comprende a partir de la experiencia vital de cada persona , en la que se experimentan el conjunto de afectos, emociones e impulsos que la componen, como algo que toca profundamente nuestra realidad personal y nuestro ser en relación con los demás. Es verdad que la sexualidad, como se ha dicho, está marcada por una realidad instintiva, que es causa de una serie de impulsos y sentimientos que se suscitan de modo automático frente a los estímulos correspondientes, pero fácilmente podemos constatar que la trasciende. Por ello, para comprender mejor su significado humano, hemos de acercarnos a sus diversas aunque íntimamente conectadas dimensiones. Así podemos distinguir tres dimensiones fundamentales: la dimensión personal, la dimensión interpersonal y la dimensión trascendente.

La dimensión personal de la sexualidad quiere decir por una parte que nuestro cuerpo es sexuadopues ya desde la carga genética se está marcado sexualmente por la presencia de los cromosomas XX o XY que se traducen en una serie de mensajes endócrinos, biológicos y somáticos que nos configuran como hombres o como mujeres. Pero no hemos de olvidar que, si bien es verdad que nuestro espíritu no posee una sexualidad como tal, es cierto que todo mi yo personal es sexuado, en cuanto no existimos como un espíritu asexuado unido a un cuerpo sexuado, sino en una unidad substancial. Así las cosas, existen dos modos de ser persona humana: persona hombre o persona mujer. Estos dos modos de existir como persona humana, son idénticos en dignidad pero diferentes en muchas de sus características personales y no sólo físicas y biológicas. En efecto, el ser sexuado, hombre o mujer, configura de manera profunda toda la realidad personal, el modo de colocarse y actuar en el mundo, en la esfera psicológica y afectiva. El modo de ser y de comportarse frente a los demás, frente a los sucesos de la vida e incluso frente a Dios está determinado por la propia masculinidad o feminidad. En conclusión la sexualidad no está en la categoría del tener sino del ser : yo no tengo una sexualidad sino soy sexuado. Por lo tanto, la sexualidad participa de la misma dignidad y del mismo respeto debido a la persona.

La dimensión interpersonal de la sexualidad quiere decir que el existir como hombre o como mujer, es un modo de existir “incompleto”. En efecto Juan Pablo II hace ver cómo ya desde la disposición de los órganos sexuales que nos identifican como hombre o como mujer, se está hablando el lenguaje de la complementariedad)
8.

Los dos modos de existir como hombre o como mujer se presentan como complementarios el uno del otro. De tal forma que la sexualidad con todos sus elementos de atracción física, psicológicos y espirituales son una llamada al encuentro y a la apertura al otro. Es una verdadera escuela al don de sí.

Finalmente podemos hablar de una dimensión trascendente de la sexualidad. La experiencia de la sexualidad en alguna manera es una experiencia de “plenitud limitada”. De una parte la experiencia de la satisfacción física y la afectividad profunda, de otra la experiencia de su limitación en el tiempo y en la intensidad. Así la sexualidad, como otras experiencias humanas, pero con mayor intensidad que otras, se convierte en una llamada a mirar más allá, es una invitación a buscar la comunión con el Tú absoluto en la plenitud ilimitada.

Una vez que hemos presentado las principales dimensiones de la sexualidad nos detendremos en revisar una característica de la sexualidad: su constitución como lenguaje. Esta característica se descubre especialmente en su dimensión interpersonal. En efecto, el cuerpo humano, como ya señalabamos antes, es de por sí expresión de la persona entera, es una ventana del “yo” y los gestos sexuales del cuerpo son particularmente expresivos, en cuanto que tocan la intimidad de la persona, de ambas personas que participan en el gesto sexual.

En todo lenguaje hay una dimensión objetiva y una dimensión subjetiva. Así tanto en el lenguaje verbal como en el de los gestos o símbolos, hay elementos que sirven de transmisores o vehículos de sentido. Estos llevan en sí, según el lenguaje o el juego lingüístico en que son usados, algunos significados objetivos independientes del pensamiento o de los sentimientos del sujeto que los transmite. Sucede así, que a veces una frase o un gesto es captado por quien lo recibe con un significado que no ha sido querido por quien lo emite.

En el lenguaje de la sexualidad hay también un contenido objetivo: la relación esponsal, que se expresa objetivamente a causa de su dinamismo interno y de su estructura objetiva, lleva consigo un contenido propio. Este contenido, que permanece independientemente de los demás contenidos subjetivos que se le quieran dar, es el siguiente: el significado unitivo y el significado procreativo.

El primero de estos significados hace hincapié en un particular don de sí. Se trata del don total de sí mismo a otra persona, a quien se da así la posibilidad de donarse de la misma manera. De aquí que la unión sexual deba ocurrir dentro de una relación reconocida socialmente, estable y definitiva, con características de fidelidad e indisolubilidad y sea de un hombre y de una mujer que es donde se da la complementariedad verdadera y total. Los gestos sexuales realizan aquí, de una manera corporal, lo que de hecho ocurre en la totalidad de la vida: la mutua pertenencia, e involucra la totalidad de la persona: su psiqué, su espíritu, todo.

El significado procreativo implica que entre los muchos gestos unitivos en la vida de una pareja, el que expresa la donación total, lleva en sí por su propia naturaleza y dinamismo el significado de la procreación como fruto natural.
Es su sentido intrínseco y aquí “sentido” quiere decir tanto dirección como significado. El surgimiento de una nueva vida es la dirección natural hacia la cual tiende la unión sexual del ser humano como de toda especie. Claro que aquí hablamos además de significado, lo cual es un “plus” respecto a la mera función. Se trata de un significado intrínseco y objetivo, de modo que el distorsionarlo sería algo antinatural y por tanto inhumano, ya que el hecho de constituir un “plus” no quiere decir que le sea extraño o contrario. De aquí quela ética cristiana de la sexualidad pida la vivencia de los gestos sexuales sin separar –convirtiendo en un lenguaje falso- los dos significados unitivo y procreativo que le son intrínsecos. Es decir que están mutuamente implicados en el gesto mismo. Separar el significado procreativo repercutiría en lo unitivo y viceversa, separar lo procreativo repercutiría en lo unitivo y degradaría la procreación humana a un mero acto reproductivo con una lógica distinta de la lógica humana, pudiendo incluso caerse en una lógica productiva, como es el caso de algunas tecnologías de la reproducción asistida.

La ética cristiana de la procreación

Cuanto hemos dicho hasta aquí, nos sirve para comprender por qué la procreación humana es vista por el cristianismo como un acto de una gran densidad ética y de una dignidad enorme.
En efecto, a lo señalado hay que añadir que “en el relato bíblico de la creación, la distinción entre el hombre y las demás creaturas se manifiesta sobre todo en el hecho de que sólo su creación se presenta como fruto de una especial decisión por parte de Dios, de una deliberación que establece un vínculo particular y específico con el Creador: ‘hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra’(Gn. 1,26). La vida que Dios ofrece al hombre es un don con el que Dios comparte algo de sí mismo con la criatura”
9 Además el mismo Dios que “hizo desde el principio al hombre, varón y mujer” (Gn. 1,26), “queriendo comunicarle cierta participación especial en su propia obra creadora, bendijo al varón y a la mujer diciendo ‘Creced y multiplicaos’(Gn. 1, 28)”.). 10

Así las cosas, la generación de un nuevo ser humano es un acontecimiento profundamente humano y altamente religioso, en cuanto implica a los cónyuges que forman “una sóla carne” (Gn. 2,24) como colaboradores de Dios Creador.

El criterio ético valorativo para los diferentes actos que tienen que ver con la procreación humana, estará señalado, entonces, por la originalidad del engendrar humano al que hemos hecho ya referencia al hablar de la sexualidad y por la originalidad misma de la persona humana que es engendrada ).
11 “La transmisión de la vida humana es confiada por la naturaleza a un acto personal y consciente y, como tal, sujeto a las santísimas leyes de Dios: leyes inmutables e inviolables que deben ser reconocidas y observadas” 12. “Tal acto personal es la íntima unión de amor de los esposos, los cuales donándose en totalidad recíprocamente, donan la vida. Es un único e indivisible acto, conjuntamente unitivo y procreativo, conyugal y de paternidad. (...) Cada medio e intervención médica, en el ámbito de la procreación, debe tener una función de asistencia y jamás de sustitución del acto conyugal” 13.

Desde estos presupuestos se comprende que la ética cristiana aliente la vivencia de la fecundidad de los esposos dentro de una paternidad responsable, que quiere decir que son los esposos quienes deben decidir, apegados a criterios morales objetivos, el tamaño de su familia, pudiendo elegir poner los actos que consienten la procreación y expresan su amor en los periodos de fertilidad o no, pero evitando hacer mentirosa la expresión corporal de su mutua donación eligiendo conscientemente separar los significados unitivo y procreativo del acto conyugal. En otras palabras, se considera moralmente ilícita la anticoncepción y la contracepción, pero no la regulación natural de los nacimientos. Hay aquí una diferencia antropológica y no solamente técnica en el uso de los métodos contraceptivos, bien sean de barrera u hormonales, y el uso de los métodos naturales de regulación de los nacimientos
14.

De la misma manera se comprende que no proscriba necesariamente el uso de algunos medios artificiales destinados únicamente ya sea a facilitar el acto natural, ya sea a procurar el logro del propio fin del acto natural normalmente realizado, como es el caso de la inseminación artificial homóloga, pero en cambio sí valore como moralmente ilícito cualquier otro medio que sea sustitutivo del acto natural conyugal en el que se ha de dar la concepción; así, por ejemplo: la FIVET tanto homóloga como heteróloga, la ICSI y la GIFT.

También es fácil deducir las razones por las que no es lícita jamás la fecundación artificial de mujeres no casadas y el recurso a la maternidad subrrogada. El hijo jamás puede ser considerado un derecho de nadie, lo mismo que no es un derecho la paternidad o maternidad, sino más bien, ha de ser acogido como un don lo mismo que la paternidad o maternidad.

Otra consideración merece la manipulación de los embriones, bien sea con finalidad de investigación o terapéutica. En primer lugar recordamos lo ya señalado sobre el estatuto antropológico del embrión humano, es decir del fruto de la concepción o fecundación. Sobre esta base es siempre moralmente ilícito el aborto en todas sus formas, entendido como la eliminación directa y deliberada, querida como fin o como medio, de un ser humano en cualquier periodo de su fase gestacional. Si el aborto merece una consideración moralmente negativa, también lo merece la así llamada “reducción embrionaria” y cualquier otra forma de intervención sobre el embrión que ponga su vida en un riesgo innecesario y más si no es destinado al beneficio del propio embrión. Así pues, es ilícita la producción de embriones para fines de investigación y lo es también el crioconservarlos, dando lugar, por si fuera poco, a dilemas éticos de prácticamente ninguna solución adecuada. En este caso, se instrumentaliza al ser humano y se soslaya su dignidad intrínseca que no consiente que sea tratado como medio y que acaba con la igualdad fundamental entre los seres humanos.

En el caso de la clonación, ya sea con fines reproductivos, terapéuticos o de investigación, además de lo señalado, se añade el hecho de ser una forma de generación de un nuevo ser humano, con un genóma completo, que es no sólo asexual, sino además, agámica. De modo que estamos francamente ante una lógica técnica y productiva y no ante una lógica procreativa. Se desconoce por completo la originalidad y la dignidad del ser que es llamado a la existencia y que da lugar a un particular modo de ser engendrado. Se destruye la igualdad fundamental de todos los seres humanos, sobretodo cuando se busca la creación de unos en función de otros, como es el caso de la producción de embriones para obtener células troncales o estaminales para obtener después órganos y tejidos
15 . Las razones supuestamente humanitarias no justifican la instrumentalización de ningún ser humano.

A manera de conclusión

Nos parece oportuno antes de concluir, señalar que la dignidad del ser humano y el reconocimiento de sus derechos inalienables, entre los cuales se encuentra la libertad de conciencia, pensamiento y religión, exige de los profesionales de la salud el respeto a las creencias de sus pacientes, de manera que no se haga nada sin su consentimiento válidamente informado y sin ridiculizar su religión por supuestas razones científicas. Hay que recordar aquí, que en muchos casos -por lo menos en el pensamiento cristiano católico así es-, más allá de las razones religiosas, existe una objetividad ética en sus propuestas basada en las exigencias de la naturaleza humana, entendida ésta última, como la esencia del ser humano –ser racional- en cuanto principio de operaciones y no sólo como dato físico, aunque lo asuma.

Por otra parte, también, los agentes de la salud, los investigadores, los estudiantes de medicina y los residentes, son sujetos morales, son personas que tienen derecho a profesar y expresar libremente sus creencias, también en el ejercicio de su profesión. Por lo tanto se debe reconocer y respetar el derecho a la objeción de conciencia, para no participar en alguna investigación o para no realizar actos que su conciencia considere ilícitos desde el punto de vista moral, tal es el caso, por ejemplo de los estudiantes de medicina que son obligados a colocar dispositivos intrauterinos o a realizar ligaduras de trompas con fines claramente anticonceptivos; o también de residentes y enfermeras que son obligados a practicar algún aborto.

Es verdad que la objeción de conciencia se presenta como un terreno difícil de confrontación entre la ética particular y los requerimientos sociales, a veces incluso legislados. Por eso es necesario establecer claramente los criterios para la validez del instituto y para su operatividad. Hay que señalar que no se trata de un simple subterfugio subjetivista para evadir concretas obligaciones legales. Se trata más bien de acudir a criterios objetivos, que apelan a los fundamentos del derecho mismo y que garantizan el respeto al bien común. En este sentido la objeción de conciencia es más bien un servicio a la corrección del derecho cuando este no corresponde a la intrínseca dignidad del ser humano y al respeto y salvaguarda del bien común
16 .

P. José Guillermo Gutiérrez Fernández


1. El autor es sacerdote católico de la Arquidiócesis de México; licenciado en teología moral por la Universidad de la “Santa Cruz” en Roma; especialista en bioética por el Instituto de Bioética de la Facultad de Medicina y Cirujía de la Universidad Católica del Sagrado Corazón, en Roma; formador en el Seminario Conciliar de México y profesor de teología moral y bioética en el Instituto Superior de Estudios Eclesiásticos; es representante de la Arquidiócesis de México en la Comisión Nacional de Bioética. regresar

2. Esta es una tesis de índole filosófica sostenida por muchos pensadores cristianos y no cristianos, que goza de la aprobación del Magisterio reciente de la Iglesia Católica, aunque no se haya pronunciado explícitamente sobre la cuestión. Es sabido, sin embargo, que otros autores han propuesto la tesis llamada de la “animación retardada”, según la cual, la infusión del alma humana ocurriría en algún período posterior al momento de la concepción o fecundación. Con todo, las investigaciones genéticas recientes parecen confirmar la primera tésis, puesto que desde el momento en que se completa el genoma humano, encontramos un principio de unidad y coordinación de un proceso gradual, autogobernado y continuo en el cual no hay saltos cualitativos, que se prolonga aún después del nacimiento y hasta la muerte del individuo humano. Con base en esta realidad se sostiene que el estatuto del producto de la concepción es de persona humana. regresar

3.Cuanto sigue está tomado de la siguiente obra: MUHAMMAD AL-JIBALI, Islamic perspective of contraception and abortion, Al-Kitaab and As-Sunnah Publishing, Arlington, Texas, 2000. regresar

4.Ibid., pag. 32 regresar

5.Ibid., pag. 30 regresar

6.Ibid., pag. 32 regresar

7.Para este tema me apoyo en las siguientes obras: MIRANDA G., La sessualità umana: il valore e i significati, en DI PIETRO MARIA LUISA-SGRECCIA, ELIO (a cura di), Bioetica ed educazione, Editrice La Scuola, Brescia 1997; TETTAMANZI DIONIGI, Bioetica, Piemme, Casale Mon Ferrato 1996 y CAFFARRA CARLO, Etica general de la sexualidad, EIUNSA, Barcelona 1997 (2ª Ed.) regresar

8.Cfr. JUAN PABLO II, Varón y mujer. Teología del cuerpo, Palabra, Madrid 1995. Esta obra recoge una serie de catequesis del Papa en las que abordó sucesivamente desde el 5 de noviembre de 1979 en sus audiencias regresar

9.JUAN PABLO II, Carta Encíclica “Evangelium vitae”, n. 34. regresar

10.Ibid. n. 43 regresar

11.Cfr. SAGRADA CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Instrucción “Donum vitae” (22 de feb. 1987), n. 76. regresar

12.JUAN XXIII, Encíclica “Mater et magistra”, III, 447. regresar

13.PONTIFICIO CONSEJO PARA LA PASTORAL DE LOS AGENTES SANITARIOS, Carta de los agentes sanitarios, Ciudad del Vaticano 1995, nn. 21 y 22. regresar

14.Por cuestiones de espacio no es posible extenderse más pero puede verse de entre la abundante bibliografía existente al respecto la siguiente obra: E. SGRECCIA, Manual de bioética, Diana, México 1996, que es una traducción española del original italiano. regresar

15.Estas células pueden ser obtenidas, en cambio, de células adultas de la médula o del cordón umbilical sin que constituyan un problema ético del tipo del que estamos analizando. La Iglesia Católica ha alentado la investigación de las células estaminales por los inegables beneficios que puede traer a la humanidad, siempre que sean obtenidas de células y organismos adultos y no de embriones producidos “ex profeso”, también pueden obtenerse de embriones abortados espontáneamente. regresar

16.Sobre el tema de la objeción de conciencia, puede verse nuestra obra: La objeción de conciencia de los profesionales de la salud, IMDOSOC, México 2001. regresar

 





Compartir en Google+




Reportar anuncio inapropiado |