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El hedonismo consumista y la felicidad
Son muchos los que buscan desesperadamente la felicidad en lo material, perdiéndose por tanto en el laberinto de la insatisfacción


Por: Maite Cantón Santana | Fuente: análisis digital



El consumismo y el hedonismo son una lacra social. El hombre se vacía de sí mismo para llenarse de materialidad fanática. Ya sea a nivel corporal como a cualquier otro nivel: fama, éxito, dinero…etc. Hay una mentalidad acuciante de creer que en la posesión, cuanta más mejor, se encuentra la calidad de la persona y por, consiguiente, así se juzga de ella. Visto así, se es mejor si se tiene esto y lo otro, tanto o cuanto ¿En serio? ¿De verdad qué quién tiene un Ferrari es más feliz que quién tiene un Toyota (1)? ¿De verdad qué quién viste ropa de marca es más persona que otra? ¿Y qué más tienen para ofrecer?

Son muchos los que buscan desesperadamente la felicidad en lo material, perdiéndose por tanto en el laberinto de la insatisfacción. Una prueba sencilla de esto es que la pasión por tener se evapora en cuanto se consigue, pues al punto ya se está pensando en descambiarlo por otro mejor o adquirir el último nuevo modelo con mejoras. El deseo está al alcance de la mano, en la televisión, en los anuncios, al salir a la calle, en el cine, en la discoteca, en el poseer…

El poseer de todo, ya sea un coche, una casa, incluso personas. Si total, para la posesión no hay límite porque ella se agota constantemente a sí misma. Y sin embargo, nunca terminan de encontrar la posesión perfecta, nunca terminan de hallar lo que buscan, nunca terminan de llenar el vacío infinito que les persigue y se convierten en personas frívolas, en autómatas dirigibles, en definitiva, en amargados de por vida. “Seré feliz cuando, seré feliz si…” Todo está sujeto a condicionalidad, y se equivocan y sucumben al error porque la felicidad no es condicional. O eres feliz ya o no lo eres. Y si no eres feliz cada día y cada pequeño detalle te sorprende y arranca en ti pedazos de dicha, dudo mucho que lo seas algún día. Quien necesita grandes cosas para sentirse feliz o emociones fuertes no sabe lo que es la felicidad.

La felicidad consiste en ser feliz siendo persona, culminando el desarrollo humano. Esa es la esencia de la felicidad. Ser mejor para poder dar lo mejor.

Afán de superación, disciplina, prudencia, entrega…El mejor dueño de nosotros somos nosotros mismos, conscientes del bien que podemos y debemos hacer. Ser más uno mismo para darnos mejor a los demás. “(…) El hombre está hecho de manera tal que de entrada se manifiesta a sí mismo en una forma inicial como un proyecto. Si se aferra a ese proyecto, permanece encerrado en sí mismo (…) En cambio, si se abre, si se entrega a algo, se convierte en un campo donde puede aparecer lo otro (…), y entonces se hace más profunda y propiamente él mismo” (2). La felicidad reside a su vez en los derroteros interiores que permiten al ser humano vencerse, vivir el desprendimiento en todas las facetas humanas. La capacidad de negarse algo, el mero hecho de saber que internamente uno es dueño de sí mismo hace al ser humano feliz. Si encima su visión es elevada y espiritual, entonces ya sí que diríamos que lo tiene todo. La posesión personal permite la entrega a los demás. El egoísta no puede, ni siquiera se le ocurre, porque no sabe salir de su yo. Muchas veces, no es consciente de ello. El orgullo ciega la mente y la oscurece.

La irracionalidad que bien podríamos aplicar al consumismo y al hedonismo desaforado es sinónimo de inmadurez, de ignorancia, de egoísmo. Escuchamos a veces decir que “si no me salen las cosas como deberían ser no soy feliz y me hundo por tanto”.Un patrón de pensamiento muy irracional y que, no obstante, es frecuente de encontrar. Seguro que si advertimos en alguien cercano lo encontramos. Desde el suspender un examen que es una nimiedad hasta cualquier otra cosa que no rebasa tampoco el campo de la gravedad. ¿Dónde está para ti lo grave? ¿Qué es para ti lo esencial? Después de tantas guerras que vemos en los telediarios y de tantas catástrofes el ser humano sigue sin comprender la naturaleza humana. Sin saber diferenciar lo auténtico de lo que es mera anécdota. Y por eso se quiebra. “(…) En el fondo, pues, el hedonismo es una perversión de los cánones de la existencia, una traición contra el auténtico sentido de la existencia y, en sus efectos prácticos la justificación de una vida placentera” (3).

La sociedad está perdida cuando piensa que en el placer o en la fama está la felicidad. No son felices. “Nunca ha tenido el hombre un sentido tan agudo de su libertad, y entretanto surgen nuevas formas de esclavitud social y psicológica. Mientras el mundo siente con tanta viveza su propia unidad y la mutua interdependencia en ineludible solidaridad, se ve, sin embargo, gravísimamente dividido por la presencia de fuerzas contrapuestas” (4). Lo cuenta a la perfección Eduardo Verástegui, cantante y actor latinoamericano. Después de una vida de triunfos y locura en la que se sentía triste y deprimido, Eduardo, se convierte completamente al cristianismo.

El milagro se realiza gracias a la oración de su madre y a una mujer católica, que sin mediar cuenta, se le cruza en su camino, en Hollywood, haciéndole ver la fatuidad de su vida y el absurdo en el que se encontraba. Estaba desperdiciando su existencia de manera hueca. Seguro que saben reconocerlo -sobre todo ellas- si les digo que es el chico moreno que sale en uno de los videoclips de Jennifer López, Ain´t it funny. El video en cuestión se rodó antes de que Eduardo se convirtiera. Una de sus películas, en la que él participa ahora como protagonista y productor -después de su conversión- se llama Bella y ya ha sido ganadora del festival de cine de Toronto y de Heartland.

La felicidad no se puede alcanzar por el placer, no le pertenece. La felicidad plena está muy por encima de las cosas visibles y terrenas. La felicidad con mayúsculas no la pueden poseer de manera perfecta los sentidos externos. La vibración interior demanda notas altas de felicidad. La felicidad se adquiere en el nivel interno y espiritual del hombre y nunca se hará sólo presencia en los vaivenes exteriores. “(…) El cielo de la felicidad, es decir, su forma más sublime, no puede alcanzarse por un deleite sin esfuerzo ni por la posesión de cosas materiales” (5). El hombre es a su vez acción y esa acción repercute en los niveles más íntimos de su persona, en su ser espiritual. De modo que la acción diaria si está bien encauzada y elevada a cotas altas dignifica y da felicidad a la persona. “Quizá podamos llegar a decir que la felicidad muestra una especie de correspondencia especial con relación a la persona, con su estructura de autogobierno y posesión” (6).

La virtud de la paciencia, una de las más grandes y de las más difíciles de conseguir, al vivir por entero en un mundo de desasosiego, manifiesta la posesión profunda, a un nivel metafísico de una persona sobre sí misma. Nada le perturba (7) y en situaciones en las que otros se rompen, este ser engendrará serenidad. Insondable e inmanente la desplegará a su alrededor. En estas personas la visión sobrenatural de las cosas alcanza un grado tal que crearán contraste en un acontecer diario veloz y sufrido para muchos. La paciencia, la paz y la alegría van de la mano.

Me gusta poner el ejemplo, siempre sin generalizar, de los más pobres. En muchas ocasiones, lo vemos por decir un lugar en el continente africano, los que menos tienen son los que más dan y los más felices. Al no conocer lo que significa el poseer como máxima han aprendido a ser felices con “poco”, a disfrutar con el hecho de poseer el don de la vida, de tener un mínimo trabajo que les permita sustentar a la familia, de estar sanos, de apreciar una puesta de sol… Y a ser agradecidos de verdad y sinceramente. Es que ¿por qué me pasa esto a mí o qué he hecho yo para merecer esto? piensa más bien y por qué no ¿Qué es para ti merecer? ¿Quién eres tú para cuestionar lo que muchas veces escapa a tu control, quién eres? ¿Te crees acaso Dios? no, no eres Dios. Eres un simple humano con el poder de decidir en cada momento quién eres, qué rumbo quieres que tome tu vida y quién quieres llegar a ser.



Notas

1. Obviamente un Toyota utilitario
2. GUARDINI, Romano: Ética, Biblioteca de Autores Cristianos, 1993, Madrid. p.196
3. Ibíd.. p. 275
4. Contitución pastoral Gaudium et Spes. nº 4
5. MEVES, Christa: Juventud Manipulada y Seducida, Herder, 1980, Barcelona. p. 21.
6. WOJTYLA, Karol: Persona y Acción, Biblioteca de Autores Cristianos , 1982, Madrid. p.204.
7. Es decir, que nada le hace perder la paz. Inclusive en situaciones difíciles.

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