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Ser madre o abortar
Las encuestas son rotundas y persistentes en el tiempo: el 80% de las mujeres que tienen un solo hijo desearían haber tenido más. La maternidad es un bien objetivo para la mujer y para este país. A pesar de ello, la agenda política y mediática tiene releg


Por: Josep Miró i Ardèvol | Fuente: Catholic.net



Las encuestas son rotundas y persistentes en el tiempo: el 80% de las mujeres que tienen un solo hijo desearían haber tenido más. Tiene sentido primero porque la maternidad no es una carga, aunque como toda experiencia humana intensa tenga momentos difíciles, sino que es la realización de la mujer síquica y físicamente. Además, los hermanos ayudan a celebrar la paternidad y maternidad, facilitan un mejor aprendizaje para la socialización y en casos extremos son el consuelo de sus madres.

Es lógico que la maternidad reporte una gran recompensa para la mujer. Desde una perspectiva del corazón porque es el mayor amor que puede sentir, el amor de madre, y si el amor es la culminación del ser humano, entonces la madre constituye su máxima realización. Pero no se trata solo del corazón. En un tiempo como el nuestro, en el que la ciencia tiene tal protagonismo, toda concepción evolutiva debe asumir que la cuestión decisiva para una especie que se reproduce sexualmente radica en la capacidad de infantar y por consiguiente debe llevar aparejados grandes beneficios, porque sino tal práctica seria instintivamente desalentada y la especie acabaría por desaparecer. La plenitud biológica de la mujer la obtiene después de la maternidad, que la hace más fuerte, más resistente. Tanto es así que la República Democrática Alemana vio en el deporte -como todos los países comunistas-,una gran posibilidad para competir con Occidente y brillar en el mundo. La RDA se especializó sobre todo en la competición femenina y sus éxitos fueron arrolladores. Detrás hubo una historia de dopaje forzado y brutal, pero también una condición menos conocida. Toda atleta que pudiera aspirar a la elite pasaba por la maternidad, debía de tener el primer hijo. Esta era una visión instrumental y deleznable por parte del Estado, que se iba al otro extremo para asegurar sus propósitos, pero el caso sirve para ilustrar la relación objetiva entre maternidad y eclosión biológica de la mujer, tan evidente que la utilizaban como instrumento del Estado. Otros indicadores lo constatan como la esperanza de vida, sobre todo a partir del segundo hijo, y los estados de salud en edades avanzadas.

Todo esto, desde el deseo de la maternidad hasta sus beneficios, es algo evidente por sabido, que enlaza a su vez con los beneficios o necesidad, como quieran, de mejorar nuestra tasa de natalidad por razones sociales y económicas.

La gran contradicción se produce cuando a pesar de todos estos bienes y preferencias las medidas para facilitar la maternidad, para hacer posible que el numero de hijos tenido se acerque a del número deseado, todo esto está fuera de la agenda política y mediática, y todo gira en torno ha ese cruel fracaso que es el aborto. Es una demostración de cómo los liderazgos, las elites de todo tipo, son incapaces de señalar la dirección correcta. Porque la cuestión es cómo favorecer el ser madre, y en este contexto, y como un tema secundario, es donde debería situarse el debate del aborto. Pero no es así. Este es la única preocupación y ocupación de demasiados, y la maternidad es relegada al capitulo de lo superfluo. Un error tan exagerado, sino es remediado, solo conduce a la catástrofe de nuestra sociedad. A todo esto los forofos del aborto le llaman "ideología religiosa". Están que alucinan.





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