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¿Está sobrepoblado el mundo?
Como en todo, a veces olvidamos ver la letra chiquita de los contratos y no vemos los


Por: Jaime Durán | Fuente: Catholic.net



Según investigaciones de la ONU sobre población “en los últimos 50 años la población mundial se duplicó con creces y llegó a 6.000 millones a fines de 1999. Cada año se agrega a la población mundial mayor cantidad de personas que nunca antes. Dado que hay una cantidad sin precedentes de jóvenes, esos números aumentarán durante varios decenios. Según las proyecciones, todo el aumento se producirá en los que son hoy países en desarrollo, los cuales hacia 2050 tendrán más del 85% de la población mundial.

Las personas tienen vidas más largas y saludables, y las tasas de mortalidad se han reducido a la mitad en comparación con las de 1950. Esta menor mortalidad y mayor esperanza de vida también son parte de las causas del acelerado crecimiento de la población en los últimos decenios.

Tal vez más llamativos que las cantidades sean los cambios. La magnitud y la velocidad de los cambios en la estructura de la población mundial no tienen precedentes, especialmente entre los grupos más jóvenes y de mayor edad, y lo propio ocurre con el éxodo hacia las ciudades.

A medida que siga disminuyendo la tasa de fecundidad mundial y continúe el aumento de la esperanza de vida, en los próximos 50 años la población mundial envejecerá más aceleradamente que durante los 50 años pasados.”

Pero como en todo, a veces olvidamos ver la letra chiquita de los contratos y no vemos los “pero,” “no obstante” que siguen a tales afirmaciones y que nos darían una idea mucho más objetiva de la verdadera situación poblacional.

Por ejemplo, sobre urbanización se nos dice: “Casi todo el crecimiento de la población en los próximos decenios se concentrará en las zonas urbanas del mundo. El crecimiento urbano ha ocurrido a un ritmo más acelerado que el del empleo y los servicios y a menudo va acompañado de pobreza;” y luego se aclara “no obstante, las ciudades ofrecen oportunidades de cambio social y desarrollo económico.”

Sobre medio ambiente y capacidad del planeta para sostener cierta población se nos dice: “El rápido crecimiento urbano en la escala actual sobrecarga la capacidad de los gobiernos locales y nacionales para proporcionar hasta los servicios más básicos, como abastecimiento de agua, energía eléctrica y desagües cloacales. Corren peligro el medio ambiente, los recursos naturales, la cohesión social y los derechos individuales.” Y luego se aclara “Pero las ciudades también aceleran la transformación social y abren nuevas posibilidades de desarrollo humano, especialmente para las mujeres. Las ciudades pueden dar a las mujeres mayor acceso a la educación y a los servicios de salud reproductiva, incluidos los de planificación de la familia y salud sexual, así como al trabajo con salarios equitativos.”

Sobre la máxima cifra histórica de población mundial joven se nos dice: “Hay más de mil millones de jóvenes de entre 15 y 24 años de edad. A medida que esos jóvenes vayan entrando en la etapa de procreación, sus cantidades imprimirán mayor impulso demográfico: incluso si las tasas de fecundidad descendieran instantáneamente hasta un nivel de reemplazo de 2,1 hijos, aún se materializarían unos dos tercios del crecimiento demográfico que arrojan las proyecciones actuales.” Y luego se aclara “La gran cantidad de jóvenes en países en desarrollo también podría mejorar su desarrollo económico, puesto que esos jóvenes están ingresando en la etapa activa de sus vidas.”

Sobre el crecimiento poblacional se nos dice: “Esta menor mortalidad y mayor esperanza de vida también son parte de las causas del acelerado crecimiento de la población en los últimos decenios.” Y luego se aclara: “Aun cuando la población sigue aumentando, la tasa real de crecimiento es menor y la tendencia es hacia familias más pequeñas.”

¿Qué conclusiones podemos rescatar de esta información?

Durante varias décadas hemos escuchado acerca de la “inminente explosión demográfica” y de la absoluta necesidad de tomar medidas de control poblacional para equilibrar los desastrosos resultados que esta explosión conllevaría en el medio ambiente y los recursos naturales no renovables, el crecimiento económico, entre otros.

Pero parece que quienes llegaron a estas conclusiones no tomaron en cuenta algunos puntos importantes:

1. El hombre es inteligente y es capaz de transformar los recursos y hacerlos más accesibles y productivos. Según la tesis de Julian Simon, reconocido economista del siglo XX, la caída de los precios de los recursos naturales y de los alimentos en general demuestra que ellos no han escaseado, sino por el contrario, se han vuelto más accesibles.

2. Cuando un niño nace no sólo llega una boca más que alimentar, sino unas manos que trabajan y una mente que piensa y contribuye al crecimiento, al mejor aprovechamiento de los recursos.

3. El ciclo natural de reproducción es sabio y trae consigo un equilibrio. Si dejamos de tener hijos, la edad media de la población va envejeciendo progresivamente, de modo que las futuras generaciones tendrán que sostener económicamente un porcentaje mayor de personas económicamente inactivas.

 

 

 

Si quieres profundizar sobre este tema, consulta la Declaración sobre la disminución de la fecundidad en el mundo del Consejo Pontificio para la Familia

 



 

 





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