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Mamá,¡Estoy embarazada!
Qué noticia tan maravillosa es la próxima llegada de un nuevo ser humano.


Por: Adriana García Ruiz | Fuente: Catholic.net



Qué noticia tan maravillosa es la próxima llegada de un nuevo ser humano.
Ante el anuncio; cuando alguien nos dice ¡Estoy embarazada! nos sentimos
estremecidos de cuerpo y alma. Las mejillas de la madre se sonrojan y se
ilumina su mirada, pues se sabe co-creadora de un nuevo ser. Ella sabe que
Dios tocó su alma, y que la ha invitado a participar en la creación de Su
reino. Sabe que en su vientre anida un ser maravilloso, único, irrepetible,
con características especiales y extraordinarias.

La mujer habla de su bebé con singular alegría, desde el instante mismo en
el que se sabe embarazada. Entonces, se acaricia el vientre y comienzan las
apuestas: ¿Será niño? ¿Será niña? ¿Tendrá los ojos claros u obscuros? Y
junto con tantas preguntas, también empieza la investigación. En libros,
revistas y artículos, la madre explora sobre el desarrollo intrauterino: que
si de 0-2 semanas es el recorrido de las trompas de Falopio hacia el útero,
donde el pequeño anidará para seguir creciendo y desarrollándose; que si de
3-8 semanas se forman todos los tejidos y órganos del bebé, que si a la
novena semana solo se dedica a madurarŠ Y nos asombramos ante esta
increíble maravilla del desarrollo humano en el vientre materno.

Los padres y sus familias hacen fiesta en torno a cada novedad en el
proceso: si hay que ir al ultrasonido, las abuelas, dichosas, escuchan los
latidos del corazón, ven a su nieto en pantalla desde la primera fila, y en
lo cotidiano buscan espacio y tiempo para tejer chambritas y cobijas, y
bordar baberos. En fin, es una verdadera revolución familiar.

Todos están al pendiente de la madre. Se escuchan preguntas constantes y
sonantes como: ¿estás tomando tus vitaminas? ¿Estás comiendo bien? ¿Ya
sentiste sus pataditas? ¿Se mueve mucho? ¿Cuándo nace? ¿Cómo se va a llamar?
Y la madre dice: ³si es niña, se llamará como yo y si es niño, se llamará
como su padre o como su abuelo². Todavía no nace, y ya pensamos y nos
preguntamos qué será de grande. ³¿Qué estudiará? ¿Cuál será su misión? La
noticia de la gestación es, en definitiva, un evento extraordinario, lleno
de emociones, ilusiones, esperanzas y alegrías.

Escuchamos y leemos infinidad de cartas, escritos y versos que hablan de la
grandeza y belleza de ser madre, hijo, hija. Y sin embargo, en algunas
ocasiones, cuando nuestra hija llega y nos dice: Mamá ¡Estoy embarazada!, y
ella es soltera, la noticia no se recibe ni con las mismas preguntas ni con
la misma alegría. En este caso, perdemos de vista la maravilla del ser
humano: bendición de Dios para todos, por encima de las circunstancias.

Así que, la llegada de un ser humano, siempre debe ser motivo de felicidad.
No importa en qué contexto se dio el embarazado, al fin y al cabo, sólo Dios
es el que permite la vida y la muerte.

"Tú formaste mis entrañas,
me tejiste en el vientre de mi madre.
Te doy gracias porque eres sublime,
tus obras son prodigiosas.
Tú conoces lo profundo de mi ser,
nada mío te era desconocido
cuando me iba formando en lo oculto
y tejiendo en las honduras de la tierra.
Tus ojos contemplaban mis acciones,
todas ellas estaban escritas en tu libro,
y los días que me asignaste, antes de existir."
(Salmo 139)

Existen diversos motivos por los que un hijo es engendrado: puede ser por
amor, por un momento de pasión, porque en una noche de fiesta y de alcohol
se cometió un acto sexual, por violación, por un abuso a la integridad e
intimidad de una mujer, por un acto de infidelidad; en fin, por una
diversidad de circunstancia que están lejos de una entrega comprometida, de
un amor sincero y verdadero, con el que buscamos el bien del ser amado, y
gracias al cual, la noticia de un bebé se recibe, de inmediato, como una
gran ilusión y una gran bendición.

Tal vez las circunstancias no son las adecuadas, las ideales, las esperadas.
Muy probablemente, la manera de engendrar fue dolorosa, y puede haber mucho
sufrimiento en la mujer y su familia, por consiguiente, pueden cruzarse
sentimientos negativos como vergüenza, culpa, rencor, frustración, miedoŠ En
suma: sentimientos que nos lleven a ver el embarazo como una desgracia, un
castigo, un motivo grave de preocupación, y en esta angustia, si no se
ordena y purifica, se suelen tomar opciones equivocadas.

Hacemos juicios que hieren; criticamos con una tremenda carga de miedo y
dolor; decimos cosas que no sentimos realmente y que en otras circunstancias
no habríamos dicho jamás. Por ejemplo, se propone apartar a la hija de la
familia, echarla de la casa o peor aún: el aborto. Ya ha pasado que la madre
abandona a su hijo en la calle, del mismo modo que ella fue abandonada por
sus padres, y al final de todo, se suicida, sin terminar con ello lo que fue
visto como tragedia porque la historia queda sembrada como de horror perene
en la familia extensa.

Madre, ¡Estoy embarazada!
¿Te das cuenta? Te dijo ³madre². Tú primero has experimentado la dicha y la
alegría de ser madre; primero tú. Así que tú sabes la satisfacción y belleza
que te ha dado el ser madre de esa hija que ahora te dice: voy a ser madre,
como tú. Esta es la oportunidad de oro que tienes para enseñarle a tu hija a
ser madre.
Con tu cariño, tu ternura, tu comprensión, con el amor máximo que en
plenitud se entrega, acógela, protégela, estimúlala, defiéndela, ayúdala y
oriéntala; a ella y al padre de tu nieto o nieta que está por vivir y
recrear la vida de todos en la familia extensa.

Seguramente tus palabras sabias y de consuelo dicen a tu hija algo así: ³ese
bebé que esperas será tu alegría, será un motivo de estímulo y esperanza,
será en tu día a día el impulso que te mueva a ser mejor persona, será quien
te haga despertar todas las mañanas y mirar al cielo y darle gracias a Dios
por la bendición que con tu hijo o hija amadísim@ trajo a tu vida.

No podemos ignorar que la llegada de un bebé a nuestras vidas, en cualquier
circunstancia, es también un cambio para todos. Así como trae infinidad de
alegrías, también se nos presentan dificultades, retos, situaciones que
implican esfuerzo, sacrificio, entrega, pero ¿qué es al amor sin eso? ¡Nada!
Pues el amor es entrega, es la búsqueda del bien y la felicidad del ser
amado, es compromiso que implica en su esencia el acto de acometer, de
hacer, de trabajar, de lucharŠ Y el acto voluntario de renunciar. Sólo una
persona que sabe de renuncias, sabe comprometerse, y por consiguiente, amar.

Por eso, es que ante el hecho real de un embarazo, no es justificable
escuchar frases como: es un problema, un bebe no deseado, la vergüenza de la
familia, imperdonable, y bla bla blaŠ
Las alegrías, complicaciones, satisfacciones y retos de un embarazo no
planeado, no deseado, o mejor dicho: no esperado, son las mismas, igualitas,
a las de un embarazo planeado, deseado y esperado, tomando en cuenta que en
todas las circunstancias hay ventajas y desventajas, aciertos, desaciertos;
complicaciones y alegrías.

El aborto jamás es solución a un aparente problema como el embarazo. Al
contrario: es el nacimiento de un gran dolor, de un camino de sufrimiento,
desesperanza, arrepentimiento, culpa, amargura y depresión. Tarde o temprano
aparecen diferentes signos y síntomas del aborto. Al conjunto de estos
signos y síntomas se le llama síndrome post-aborto. Se trata de un síndrome
que se ha estudiado desde la multidisciplinariedad entre profesionales de la
psicología, la filosofía, la sociología y la psiquiatría. Para mayor
información sobre este síndrome, se puede consultar con instituciones como
el instituto IRMA, Instituto para la Rehabilitación de la Mujer que ha
Abortado. Por cierto que, de este Instituto, yo fui directora en Toluca,
Estado de México.

Gracias a la experiencia en IRMA, puedo decir, a ciencia cierta, que el
aborto es jamás una solución, sino el principio de una vida con un gran
dolor.

Mamá, ¡Estoy embarazada! es un grito desesperado de ayuda, de apoyo y de
comprensión. Es suplicar en la tierra los brazos misericordiosos de Dios,
para vivir en carne propia las enseñanzas de Dios: amarlo a Él sobre todas
las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Prójimo de la madre es
el hijo, prójimo de la madre de la madre, la hija. Siempre conviene captar
la alegría de la vida y jamás permitir que se escape. Sigamos el ejemplo de
Jesús: amor que perdona y ánima. Amar a Dios es amar a nuestro prójimo como
a nosotros mismos.

Cuando nos enfrentamos a esta situación existe una posibilidad generosa, y
de amor sincero: la adopción. Esta no es una opción, sino una decisión
libre, inteligente y sabia, que debe ser tomada, única y exclusivamente, por
la madre; y en su caso, en coincidencia con el padre del hijo en el vientre
materno. La adopción amerita libertad, y un análisis profundo de la
situación.

La entrega de un bebe en adopción, también tiene consecuencias emocionales
en la mujer, en el padre, en la familia extensa, y en el hijo que fue
entregado. No es un proceso, fácil ni sencillo, se vive un duelo ya que es
una pérdida, una separaciónŠ Y todo proceso de duelo lleva a vivir
diferentes etapas en la respuesta emocional de quien la vive, la cual se ve
afectada en sus dimensiones físicas, cognitivas, emocionales y filosóficas
de la conducta. Ante la separación, se presentan diferentes fases de duelo
como: negación, enfado e indiferencia, dolor emocional y aceptación. En esta
última etapa se acepta la pérdida, pero jamás se olvida. De ahí que, se
necesita ayuda emocional, psicológica, y en algunos casos, psiquiátrica;
para acompañar a vivir este proceso.

La adopción, aún y cuando es una decisión libre y generosa de amor, debe ser
sólo tomada en casos extremos, cuando la madre está verdaderamente
imposibilitada, para hacerse cargo del bebé que viene en camino. Debe ser
una elección de entrega sincera basada sólo en el amor, en el que se busca
un bien mayor para el hijo que se ama. Nunca debe ser una opción tomada por
egoísmo, miedo, ansiedad o soledad. Es por eso que el amor de la madre y el
padre que reciben la noticia de su hija, informándoles que está embarazada,
debe ser el escudo protector de la vida de la hija y del bebe por nacer.

El futuro y la vida de la madre y del bebé está en la decisión que tomemos.
Es recomendable que, ante una situación que vivimos y sentimos como de
extrema dificultad e incluso aterradora, pidamos ayuda y orientación a un
especialista que ame la vida. En crisis, tomar decisiones a escondidas o
lejos de personas sabias, nos conduce a la equivocación y el error.

Mamá, ¡Estoy embarazada! y lo que quiero y necesito de ti es amor, apoyo y
palabras de aliento; necesito que tus brazos protectores y auxiliadores me
acerquen a Dios que es amor. Necesito que me des luz con tus palabras sabias
y me acerques a la verdad que sólo en Dios podré descubrir y abrazar.
Ayúdame a defender la vida de mi hij@ y a entender que la mejor decisión es
abrir mi corazón y mi vida para decir, en plenitud, sí a la llegada de mi
hij@ a mi vida, y así, vivir a su lado, disfrutando la dicha de verlo
crecer, y la posibilidad de conocer lo que es amar de verdad.

Si necesitas ayuda nos puedes escribir a ayuda@irma.org.mx.





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