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El tercer hijo perdido
El número de hijos para considerar una familia numerosa se ha ido reduciendo paulatinamente en los países desarrollados. En España, desde 2003, se definen como tales las que tiene tres hijos o más; o dos si uno de ellos es discapacitado.


Por: Marta Oses | Fuente: AcePrensa



El número de hijos para considerar una familia numerosa se ha ido reduciendo paulatinamente en los países desarrollados. Varía de un Estado a otro, y existen diferentes grados según el número total. En España, desde 2003, se definen como tales las que tiene tres hijos o más; o dos si uno de ellos es discapacitado.

Generalmente, este cambio no responde a una decisión arbitraria de los gobernantes, aunque a veces sí conlleva cierta carga ideológica. Suele ser un ajuste con arreglo a la realidad vigente y a las características de la población en un momento determinado. En definitiva, es una consideración legal que desde su origen se ha asociado a políticas de apoyo a la natalidad que incluyen subvenciones, becas u otras ventajas –normalmente económicas–, aunque no sean suficientes.

Familias menos numerosas
Lo cierto es que el descenso de las últimas décadas en el número de hijos que tienen las familias ha hecho adelgazar el concepto de familia numerosa. Las características de las familias, al igual que el inicio en la maternidad –cada vez más tardío–, han cambiado.

En España, los nacimientos de terceros hijos o siguientes suponían el 26% del total en 1980, mientras que en 2012 son un poco más del 10%
Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), sobre el censo de viviendas y población (2011), en España el número de hogares formados por una pareja con tres o más hijos ha descendido un 32,8% desde 2001. Además, este tipo de familias solo representa el 3,2% de los 18 millones de hogares que contabiliza el INE en España. En cambio, los hogares formados por una pareja y dos hijos son el 15,5%. Y los que no tienen hijos, el 21%.

En la siguiente tabla se ve aún más claro que el tercer hijo es el que marca la diferencia en la natalidad española. Si los nacimientos de terceros hijos o posteriores suponían el 26% del total en 1980, en 2012 equivalen a poco más del 10%.

Nacimientos por orden (% del total)
1er hijo 2º hijo 3er hijo 4º y más
1980 42,79 31,09 14,74 11,38
1990 50,25 34,56 10,35 04,84
2000 53,02 36,32 08,13 02,53
2005 54,58 35,49 07,56 02,36
2012 52,10 37,41 07,93 02,55

Barrera psicológica
Los tres hijos se han constituido en una especie de barrera psicológica que pocas parejas se atreven a alcanzar. Se da la paradoja de que para algunos tener familia numerosa, y más en estos tiempos de estrechez económica, es una cosa de valientes, y para otros, de locos. Algunas veces influye la edad: las mujeres tienen su primer hijo en edad cada vez más avanzada –en España la media está en 31,4 años–, pero otras veces puede ser por comodidad o por miedo.

“Para mí, tres ha sido más positivo que dos”, dice una madre. “Asumes que el tiempo que tienes lo distribuyes por y para los niños… se acaban los agobios de primeriza”. “Además, los niños aprenden a convivir entre ellos”
El asunto ocupa la mente y el corazón de muchos. Ante la encrucijada de aumentar la familia, surgen dudas e inseguridades.

El interés por el tercer hijo está en la calle y también, cómo no, en Internet. Hay páginas y blogs con sobre esta temática. Recientemente ha escrito el periodista Pedro Simón en un su blog A simple vista una entrada con el título “Tu perfecto desorden”, que bien se podría referir a un padre de familia numerosa. “Te tropiezas con un balón de espuma y encuentras un muñeco bajo el sofá. Giras el grifo del lavabo y descubres que anida un pato de goma. Abres la sandwichera y ahí están, achicharrados, tres cromos del Osasuna”, comienza su artículo. “A veces maldigo este caos de casa tumultuosa con niños. Pero sé que algún día maldeciré todo el orden a solas que vendrá después”, prosigue.

Otro de esos testimonios es el que narra en www.havingthreekids.com una escritora estadounidense y madre de tres hijos, Jennifer Eyre White, que explica su experiencia, da detalles de por qué se decidió a tener un tercer hijo y cuenta además la vida diaria de su propia familia. Ya en la presentación de este sitio se perfila el público al que va dirigido: “A los que quieren, tienen o temen un tercer hijo”. Y en una de sus primeras columnas indica algunas de esas cuestiones que seguramente se ha planteado ese pequeño porcentaje de la población que ha optado por formar una familia numerosa. Un tercer hijo supone, o puede suponer, “tener menos tiempo, menos espacio, menos dinero, menos energía”, explica la autora de este blog.

Según una encuestahecha en España, el 63% de las familias numerosas percibe menos de 3.000 euros al mes y el 15% no supera los 1.500
“Tres mejor que dos”, dice una madre
Y es que un tercer hijo conlleva una serie de circunstancias y factores que realmente cambian y descolocan en muchas ocasiones la organización familiar. Todo este desajuste requiere, en esta sociedad del bienestar y de la búsqueda del placer, un esfuerzo no solo físico sino emocional y económico, un apretarse el cinturón en todos los sentidos, una renuncia a ciertos modos de vida y de consumo, y un compromiso real y sólido con la educación de los hijos. Esto también ocurre con el primer y el segundo hijo, por supuesto, pero con el tercero los niveles de esfuerzo, renuncia y compromiso aumentan, eso sí, directamente proporcional –esto es lo que muchos no saben– a las dosis de felicidad que al mismo tiempo aporta.

El testimonio de familias con tres hijos pone de manifiesto esa satisfacción. “Para mí, tres ha sido más positivo que dos, porque asumes que el tiempo que tienes lo distribuyes por y para los niños; te organizas mejor y te tomas con más filosofía los horarios, los llantos, los baños… se acaban los agobios de primeriza”, explica Blanca, madre de Blanca, Gabi y Pablo. “Además, –prosigue–, los niños aprenden a convivir entre ellos”.

Aunque reconoce que hay momentos de desesperación cuando uno se levanta a las 6 de la mañana y despierta al de al lado, o cuando hay que gestionar los celos de uno y los pañales de otro mientras el tercero llora, asegura que se trata de una “aventura fantástica” en la que hay que entrenarse. “Es una carrera de fondo en la que los padres debemos estar muy unidos, ponernos de acuerdo y jugar con ellos, dedicarles tiempo y espacio… al fin y al cabo, son nuestros tres hijos únicos”, apunta.

Un nuevo estilo de vida
Se trata de un nuevo estilo de vida, que se ve reflejado en una encuesta reciente encargada por la Federación Española de Familias Numerosas (FEFN) y la fundación Madrid Vivo, y llevada a cabo por la consultora GAD 3, que entrevistó a 7.000 familias numerosas. De ahí se desprende, entre otras cosas, que estas familias no se distinguen de las demás por el nivel de ingresos, con la salvedad de que hay que repartirlo entre más miembros.

Así, se constata que el 63% de los hogares encuestados percibe menos de 3.000 euros al mes y el 15% no supera los 1.500 euros. Además, la mayor parte de sus ingresos van destinados a cubrir necesidades de alimentación, farmacia y educación, a costa de destinar menos a vivienda y ocio. Y es que, por ejemplo, el gasto en pañales, a razón de 6-8 diarios, supone de media unos 50 euros al mes por niño menor de dos años.

Sin duda, el salto de dos a tres no es el mismo que de ninguno a uno, o de uno a dos. Las prioridades van cambiando conforme el número de hijos aumenta. Con el tercero ya no hay manos para atender a todos a la vez, hay que reorganizarse. En muchos casos no queda otra opción que buscar alguien que ayude a las tareas domésticas si ambos progenitores trabajan fuera. Quizá haya que comprar un coche donde quepan las tres sillas para niños, valorar el espacio del hogar ante un nuevo miembro, renovar el carrito de paseo…

Y no digamos la carga emocional y física que supone. Hay que redoblar esfuerzos: las visitas al médico se multiplican, los catarros también, las noches se resienten, los celos de los niños aparecen, el tiempo del baño se alarga, el de los padres a solas disminuye… sin embargo, tal y como comentan esas madres blogueras, el corazón se ensancha.

La conciliación pendiente
El trabajo dentro del hogar aumenta, y de hecho, es a partir del tercer hijo cuando una madre de familia se plantea cambiar de trabajo en busca de una jornada reducida e incluso abandonar el mercado laboral. O simplemente se piensa que un tercer hijo o un tercer embarazo no va a sentar nada bien a sus jefes: la baja por maternidad, el permiso de lactancia, el derecho a reducir la jornada… Recientemente decía la ministra española de Sanidad, Ana Mato, que “no basta crear empleo; debemos hacerlo de manera que nadie tenga que elegir entre tener trabajo o hijos”.

Y es que lamentablemente, la difícil conciliación de trabajo y vida familiar hace que muchos opten por una cosa u otra. Las madres de familia están abocadas a no trabajar fuera del hogar si deciden tener hijos, pero en los tiempos que corren, muchas familias necesitan dos sueldos. Sin duda, la conciliación trabajo-familia es una de las llaves que abriría la puerta a un tercer hijo. Pero no es la única. Hace falta también compromiso, entrega y corazón.





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