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Promoción y Protección a las Familias Numerosas
El índice de natalidad polaco ha disminuido tremendamente en estos últimos años, pues ha caído de 2.3 niños en 1990 a 1.3 hoy en día


Por: Steven Mosher | Fuente: Population Research Institute



Escribo este artículo durante mi trayecto hacia Polonia para participar en el IV Congreso Mundial de las Familias, el que tendrá lugar en Varsovia este fin de semana. El PRI es co- patrocinador de este evento y espero hablar sobre “Promoción y Protección a las Familias Numerosas”. ¿Qué decirle a los polacos y a todos los allí reunidos, muchos de los cuales vienen de países donde las familias ya son pequeñas y siguen reduciéndose?

Lo primero que les diré será esto: Ningún gobierno de un país cuyo índice de natalidad ha caído significantemente por debajo del índice de reemplazo jamás ha tenido éxito en lograr remontar nuevamente su índice de fertilidad. Una vez que el índice de natalidad baja hasta lo que la División de Población de las Naciones Unidas llama “muy baja fertilidad”, ninguna combinación de políticas gubernamentales y subsidios parecen ser suficiente para revertir el índice de natalidad.

¿Por qué el problema se ha mostrado tan insuperable hasta la fecha?

La mayoría de los observadores simplemente concluyen que este fenómeno es debido a que los gobiernos no han hecho lo suficiente: Consolidando las políticas favorables a la vida e incrementando los subsidios gubernamentales a las mujeres embarazadas, el problema se resolvería. Creo que esta posición, a pesar de parecer muy razonable, es fundamentalmente perversa. Al examinar de cerca estas políticas y subsidios se puede entender que, en su efecto sobre la fertilidad son auto limitantes e incluso autodestructivas.

Muchos países europeos han tenido desde siempre políticas y programas con el propósito de aumentar el índice de natalidad compensando algunos de los costos y consecuencias de la maternidad. Estas políticas incluyen:

1. Un bono por vez: el gobierno provee a los padres con una cantidad fija de dinero, como en Rusia, donde cada familia recibe un bono de $9600 luego del nacimiento de su segundo hijo y así de cualquier hijo subsiguiente.

2. Un programa de licencia paternal, que permite que los padres dejen de trabajar después del nacimiento de un hijo, así como en Suecia donde cualquiera de los padres (sea el padre o la madre) puede tomar 480 días de licencia paternal con la garantía de poder regresar a sus trabajos después.

3. Un subsidio gubernamental para un período de tiempo, frecuentemente unido al programa de licencia paternal, así como en Suecia, donde la madre puede recibir el 80% de su salario durante el período de licencia.

4. para cuidar a los bebés de edad pre escolar, tal como sucede en Francia y en Suecia.Los centros de guardería impulsados por los gobierno

5. Pequeños subsidios mensuales para instituciones que cuidan de los niños, llamadas, en países de habla alemana, “Kindergeld”.

¿Por qué ninguna de estas políticas han tenido éxito?

Primero, estas políticas ignoran las dinámicas de la familia natural, la que consiste en un padre, una madre y sus hijos biológicos y adoptados. Más bien han optado por políticas de género o neutras en relación al matrimonio. El programa alemán, induce a que los padres dejen sus trabajos por períodos largos, dañando sus perspectivas profesionales e indudablemente creará a largo plazo costes financieros para las familias. Los padres trabajan más duro en la medida que más hijos tienen; este fenómeno debe ser alentador, no desalentador. Como el Papa Juan Pablo II, el Grande, enfatizaba, “El trabajo fue hecho para el hombre, mas no el hombre para el trabajo”
Esas parejas que, por razones de convicciones religiosas o satisfacción personal, deseen tener familias numerosas más allá de la promedio deben ser alentados, puesto que están proveyendo al futuro de lo más fundamental: la futura generación.

Segundo, estas políticas son excesivamente igualitarias. Buscan alentar a todas las parejas a tener un hijo más. Pero dado que las parejas varían ampliamente en sus deseos de cuántos hijos tener, la atención se debe centrar en permitir adecuadamente que las parejas alcancen el número de hijos que deseen. Esas parejas que, por razones de convicciones religiosas o satisfacción personal, deseen tener familias numerosas más allá de la promedio deben ser alentados, puesto que están proveyendo al futuro de lo más fundamental: la futura generación.

Tercero, estos subsidios dados por el gobierno son muestra del improductivo uso del dinero de los impuestos. Estudios realizados en los Estados Unidos han mostrado que el gobierno es un consumidor muy ineficiente pues sólo es capaz recuperar 30 centavos del valor de cada dólar que gasta. Es por esta razón que en los Estados Unidos se han privatizado los servicios de recojo de basura y, en algunos estados, las prisiones.
Tomar el 50% de las ganancias de las parejas con hijos y luego regresárselos como subsidios del gobierno no es sólo ineficiente, sino que también desalienta el sentido de responsabilidad individual y la iniciativa que es necesaria para tener familias sólidas y una saludable fecundidad.

Como cuarto y último motivo, estas políticas fallan en aliviar la carga financiera de la familia, que al saber, es producto de las altas tasas de impuestos. Mientras que Estados Unidos grava brutalmente un tercio de los ingresos de los ciudadanos, los gobiernos europeos consumen la mitad. Reducir los ingresos disponibles de las parejas jóvenes tiene un tremendo y negativo impacto en la fecundidad.

El estado socialista moderno –proporcionando el aborto a demanda, financiando la anticoncepción y la esterilización, fracturando la intergeneracional dependencia de la familia, adoptando políticas “de igualdad de géneros” que minan la complementariedad que existe en el corazón de los matrimonios exitosos – inexorablemente refrena la fecundidad. Con cuanta razón a mi viejo amigo Julian Simon le encantaba remarcar: todavía los seres humanos somos el recurso primordial, el único recurso sin el cual no podemos vivir. No podemos continuar consumiendo más de este recurso que nosotros mismos producimos. De otro lado, no sólo los fondos de pensiones sino la economía entera colapsará, primero en Europa, luego en Canadá y Japón y finalmente también en los Estados Unidos.

La solución --les diré a los polacos y a los otros europeos-- no se encuentra en tener más programas del gobierno, subsidios o centros de guarderías, sino en proteger a las parejas de la demanda voraz del gobierno por sus ingresos.

El modelo de los Estados Unidos

En los Estados Unidos, hemos tomado un modelo fundamentalmente diferente al de Europa. En lugar de buscar primariamente que los subsidios del gobierno resuelvan la escasez de nacimientos, hemos buscado proteger completamente a las parejas jóvenes de los impuestos del gobierno. Tanto la “deducción de impuesto sobre la renta de dependientes” y el “crédito al impuesto del niño dependiente” han ayudado a disponer de un 20% más de sus ingresos a las parejas con hijos, especialmente a aquellas que están en el más bajo sector de impuestos. Como consecuencia, el índice de nacimiento de los Estados Unidos ha aumentado y llegado a ser igual al índice de reemplazo.

Por supuesto, sería mucho mejor si el índice de nacimientos fuera más alto aún. El sistema de los Estados Unidos no ha ido suficientemente lejos, puesto que las parejas con hijos no están protegidas de todos los impuestos, simplemente de parte del impuesto sobre la renta. Aún están obligados a pagar el mismo nivel de impuestos por asistencia social que sus similares que no tienen hijos, quienes son los que más provecho le sacan al sistema. Eso debería cambiar. Aquellos que crían - a un alto costo - a los futuros contribuyentes, no debieran pagar impuestos.

Una de los objetivos del Population Research Institute y de organizaciones similares en los Estados Unidos es proteger a parejas de clase media con tres o más hijos menores de edad de ambos impuestos: el impuesto a la renta y a la seguridad social. Protegidos de estos impuestos federales, el ingreso familiar podría incrementarse al punto en el que más madres podrían quedarse en casa y cuidar a sus hijos.

Indudablemente algunos países podrían elegir hacer algo así, dado que las encuestas realizadas en los Estados Unidos muestran que muchas mujeres que trabajan preferirían quedarse en casa con sus hijos. Las mujeres jóvenes manifiestan el deseo de tener en promedio 2.5 hijos, significativamente más que el 2.1 en promedio que han manifestado querer las mujeres en edad reproductiva. Permitir a las mujeres actuar de acuerdo a sus preferencias en cuanto al número de hijos que desean podría incrementar aún más la fecundidad. Y de esa manera crearíamos más del vital e irremplazable capital humano.

Si una política similar se adoptara en Europa, el efecto podría ser incluso mucho más impactante. Eliminando los impuestos más onerosos se podría duplicar el ingreso efectivo de los padres de familia con tres o más hijos.

Ésto no será fácil. Cualquier política que busque reforzar la familia y aumentar el índice de nacimientos sólo recibirá un tibio apoyo de los políticos de centro derecha. Es difícil para quienes están en el gobierno –quienes están acostumbrados a proponer y a proporcionar soluciones del gobierno a los problemas—entender que, donde se tocan temas de fecundidad, el gobierno es el mayor problema.

Debemos buscar proteger a las parejas jóvenes, las que son tradicionales por propia decisión, de la invasión del reino de Leviathan, porque ellas son nuestro futuro.

En América Latina puede contactarse con:

Carlos Polo Samaniego
Director de la Oficina de América Latina
Correo Electrónico: [email protected]
Teléfono: (511) 7196147

Jhenny Hurtado Oré
Encargada de publicaciones
Correo Electrónico: [email protected]





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