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Las Drogas -Responsabilidad de Todos-
La sociedad del siglo XX, le está dejando al Mundo graves problemas.


Por: LaVerdadCatólica | Fuente: http://laverdadcatolica.org/



La sociedad del siglo XX, le está dejando al Mundo graves problemas, pues al:

-Legalizar el adulterio con el divorcio, destruyó la familia.

-Legalizar el aborto, permite el holocausto más grande en la historia de la humanidad.

-El legalizar las drogas, significaría la destrucción de las futuras generaciones.

Insistir y advertir sobre las dramáticas consecuencias a las que conducen las drogas, no sería mas que abundar en algo que prácticamente todo el mundo conoce, pero quizá de lo que adolecen todas las campañas de información antidroga, es precisamente, de investigar e inquirir en las profundas causas que conducen a la persona a la drogadicción, así como de propuestas sanas que sean camino de vida para nuestras familias y de nuestros jóvenes.

La mayoría que cae en la droga, arriba como fruto de una serie de experiencias frustrantes, es la consecuencia final de una persona que no ha encontrado ningún asidero, ningún valor, ninguna meta u objetivo para su vida, porque su familia ha sido destruida por el "relativismo moral" de la sociedad "moderna".

Pero no todos los drogadictos son víctimas, hay también victimarios, que por haber entrado al infierno de las drogas, inducen a otros al vicio, para sostener su adicción, corno es el caso de los niños atrapados por los distribuidores de drogas a la salida de los colegios, crimen condenado por el mismo Cristo Ay de aquel que escandalizara a uno de estos pequeñuelos, más le valdría atarse una piedra de molino al cuello y echarse al fondo del mar (Mt. 18,6).

La drogadicción ha pasado en pocos decenios de ser de un uso relativamente restringido a ser un fenómeno de masas, que afecta en primer lugar, a los jóvenes, destruyendo sus vidas y truncando promesas, pues en ningún país hasta el momento, se ha logrado reducir o contener la droga, poniendo en peligro el futuro mismo de nuestras sociedades.



Efectos de las drogas.

Las drogas crean al mismo tiempo, pérdidas de atención y alteración del sentido de la realidad; fomentan en primer lugar, el aislamiento, soledad y, posteriormente la dependencia y desintegración con el paso a productos cada vez más fuertes; el toxicómano no vive más que para obtenerlas, y antes de robar en la calle, ya ha humillado seriamente su propio hogar; también él ha sido seriamente lastimado, ya no se le puede abrazar, no pertenece a ese lugar, será como un extraño. ¡Cuántas familias han sido expoliadas por sus propios hijos!

Los efectos de las drogas, varían de una a otra, sin que se puedan distinguir claramente en el plan farmacológico, una clase de "drogas blandas" de otra de "drogas duras", la cantidad consumida, la modalidad de asimilación y las eventuales asociaciones, constituyen factores decisivos, además de que nuevas drogas se introducen diariamente en el mercado, con nuevos efectos y nuevas cuestiones.



El trasfondo de la droga.

No es la droga lo que se cuestiona, sino los interrogantes humanos, psicológicos y existenciales implícitos en estas conductas; lo que hace la drogadicción, no es el producto, sino la persona que la consume.

Así encontramos historias terribles, llenas de rechazo, abandono, tristeza, soledad, violación, abuso sexual, pornografía, violencia, odio, resentimiento, vacío, sin sentido, celos, divorcio, gritos, hambres, angustias, llanto, desesperación, en fin, tantas cosas que conforman las culpas y las vergüenzas de nuestro ser, haciendo de la vida, un verdadero infierno.

El recurso de la droga, es síntoma de un profundo malestar, no entra en la vida de una persona como un rayo con cielo despejado, sino como una semilla que arraiga en un terreno preparado desde tiempo atrás, el joven carga en su corazón la historia de su familia, sus frustraciones, limitaciones y es esclavo de ellas.

Es en el corazón del hombre, donde se encuentra el verdadero problema, es la enfermedad del espíritu la que conduce a la droga, como recuerda el Papa Juan Pablo II: "Es preciso reconocer que se da un nexo entre la patología mortal (daño) causada por el abuso de drogas, y una patología del espíritu (daño espiritual) que lleva a la persona a huir de sí misma y buscar placeres ilusorios, escapando de la realidad hasta el punto de perder totalmente el sentido de la existencia personal".

El camino hacia la droga.

En la drogadicción juvenil estos problemas humanos ocupan el primer lugar. El joven tentado por la droga, tiene una personalidad frágil, inmadura, poco estructurada y ello está en relación directa con la educación que no ha recibido.

La mayoría de los especialistas en ciencias humanas, no se cansan de decir que la sociedad abandona a los jóvenes y a los niños, que no son atendidos ni respetados, y que el ambiente no ofrece los elementos sociales, culturales y religiosos necesarios, que permitan el desarrollo de sus personalidades.

Nos hallamos en un mundo en que el niño es abandonado demasiado pronto a sí mismo, no se le da la posibilidad de apoyarse en los adultos para madurar, así pues busca apoyos y cultiva diversas relaciones de dependencia como pueden ser la "banda" o la "pandilla" así como en distintos productos o en conductas de alto riesgo.

El niño, como el adolescente, carece del sentido del límite, especialmente en un mundo en el que se sostiene que todo es posible y que cada uno puede hacer lo que quiera.

Los padres .

Los padres se encuentran legítimamente preocupados, y generalmente, tratan de enseñar a sus hijos a distinguir entre el bien y el mal, pero se sienten con frecuencia perdedores frente a sus hijos, vencidos por aquello que por desgracia parece ser más fuerte que ellos, por el ambiente que resulta de esa "plaza pública" que son los medios de comunicación (radio, TV, cine, revistas).

Lo ideal sería que los padres se den cuenta a tiempo de que si hay en alguno de sus hijos, una conducta que sugiere el uso de drogas o que lo confirme, no debe ser pasada por alto, ni rehuirse, esperando que con el tiempo se supere; debe ser tratada con claridad, investigar la magnitud del problema, el tipo de drogas usadas, la forma de adquisición y el nivel de adicción.

Estos son los primeros grandes pasos que los padres deben dar: comunicarse, apoyar y buscar ayuda en especialistas.

Muchas familias actualmente, no tienen los cimientos de roca de que nos habla el Evangelio, (Mt.7,24-27) para resistir las tempestades; los padres a menudo, no son el ejemplo que deben seguir los hijos para aprender los valores de nuestra civilización cristiana.



La legalización de las drogas.

La legalización de las drogas implica el riesgo de efectos opuestos a los deseados. Fácilmente se admite que lo que es legal, también es normal y moral; mediante la legalización de la droga, no es ella la legalizada, sino los motivos por dramáticos o frívolos que sean.

Es necesario hacer algunas reflexiones: ¿hay que legalizar la droga, porque no podemos evitarla? ¿es aceptable crear una subclase de seres humanos que vivan a un nivel infrahumano, como vemos por desgracia que sucede con los que se drogan? ¿Hemos olvidado que para vivir, cada uno debe poder responder a algunos interrogantes esenciales de la existencia? ¿No reforzaremos ese olvido?

La drogadicción juvenil depende en primer lugar de la destrucción de la familia que ha sido herida de muerte con el divorcio, por la permisividad de las costumbres y la falta de educación y formación en las escuelas, tanto privadas corno gubernamentales.

No todos podernos hacer algo por un toxicómano, pero lo que sí podemos hacer, es reconstruir las familias a la luz de la Fe, de los valores humanos y cristianos que hacen de la persona un auténtico hombre o mujer de provecho.



La obligación del Estado.

Desde el momento en que el Estado legalizara las drogas, surgen gran cantidad de preguntas:

¿Estamos preparados a confiar desde el punto de vista profesional en las personas drogadictas?, ¿se les debe garantizar continuidad en su puesto de trabajo?, ¿Se asistiría sin temor al desarrollo de la criminalidad, los accidentes y las enfermedades relacionadas con estas adicciones? ¿dispone el Estado de los medios económicos y personales para hacer frente al incremento del problema sanitario que acarrearía inevitablemente la liberación de la droga? ¿De quienes estarían llenas las cárceles?

Ante estas cuestiones, el Estado tiene, en primer lugar, el deber de velar por el bien común. Ello requiere proteger los derechos, la estabilidad y la unidad de la familia.

Destruyendo al joven, la droga destruye realmente a la familia de hoy y a la del futuro. La drogadicción es en parte la razón del debilitamiento de la familia, de la ruptura de los hogares.

La experiencia de todos los que trabajan con especial competencia en el mundo de la toxicodependencia, confirma en forma unánime que el modelo de la familia que se funda en el amor auténtico, único, fiel e indisoluble de los cónyuges, sigue siendo el punto de referencia prioritario al que se debe acudir en toda ¡aborde prevención, recuperación y renovación de la vitalidad de la persona.

10 consejos a los padres en relación a las drogas:

1. Hagan acogedor el ambiente familiar, armonizando la autoridad, que nunca debe faltar en el hogar, con el diálogo, la comprensión y la participación.

2. Acostúmbrense a escuchar a sus hijos, no les den excesiva importancia a formas externas que son propias de la moda del momento.

3. Eviten la sobre protección y edúquenlos en una razonable austeridad, acostumbrándolos a soportar el sufrimiento.

4. Más que sermones sobre los daños de la droga, dénles ejemplo de sobriedad, especialmente en el uso del alcohol, del tabaco y de los psicofármacos.

5. Ofrézcanles ideales en lugar de comodidades que hacen débil la voluntad, ante el asalto de la droga.

6. Si descubren que alguno se droga, no pierdan la calma.

7. Asesórense con médicos, psicólogos, sacerdotes, antes de tomar cualquier decisión.

8. Intenten hablar con su hijo y eviten autoritarismos.

9. En casos graves, no olviden que la ayuda médico psicológica, es indispensable para conseguir su curación.

10. De ser posible, aléjenlo del medio en el que se desenvuelve, de la red que lo atrapó, y una vez liberado, para no recaer, que encuentre un ambiente acogedor al que integrarse, y una razón para luchar, vivir y sentirse útil.

Síntomas que observar :



1. Desaliño, abandono progresivo de la higiene personal.

2. Uso permanente de mangas largas para ocultar las lesiones provocadas por las dosis intravenosas.

3. Utilización de gafas oscuras, aún en locales cerrados.

4. Quemaduras frecuentes en su ropa y en su cama.

5. Afición desmedida por la indumentaria hippie, punk.

6. Desinterés por el estudio, con el consiguiente descenso en el rendimiento escolar.

7. Tendencia a aislarse del grupo familiar.

8. Afición excesiva por la música estridente o moderna.

9. Ojos muy sensibles a la luz.

10. Palpitaciones y sudoración excesiva.

11. Temblores de manos.

12. Picazón y rubores, se rascan continuamente.

13. Cambios bruscos de humor, irritabilidad, euforia, apatía, ansiedad , somnolencia ...



Por una vida digna.

Las drogas llegan a dominar fácilmente al hombre adueñándose de su ser y de su querer, le arruinan completamente la vida. Se apoderan absolutamente de la voluntad por las fuertes sensaciones de placer (cocaína), de relajación (morfina), de fuerza y energía (heroína), de liberación mental (LSD), que producen y finalmente se posesionan de todo el metabolismo, del sistema nervioso y de los centros vitales, por eso atentan gravemente contra la dignidad de la vida.



Un testimonio de vida.

Pedro es un joven que lleno de odio y resentimiento acababa su vida en las drogas y en la violencia.

Desde el momento de la concepción, él encontró rechazo y soledad; la vida no significó nada para él, porque no significó nada para quienes lo trajeron al mundo.

Su mamá pensó en abortarlo, él no era bienvenido, su papá no era responsable, como tantos otros, y desde entonces lo acompañaba un sentimiento de muerte y autodestrucción; es mejor morir para cumplir el deseo de mis padres, que vivir, aunque dentro de mí solo existan buenas razones para vivir.

Pedro creció tímido, en un ambiente de promiscuidad verdaderamente infernal; la desintegración de la familia, pronto le enseñó que la calle era mejor que compartir odios y violencia en casa, fue su mismo padre quien lo enseñó a robar, a aislarse, a enviciarse.

Su madre lo vio convertirse, con dolor, en un pandillero, lo esperaba todas las noches para curarle las heridas y darle buenos consejos, pero ella solo sabía lastimar cuando hablaba, o así le parecía a Pedro, pues no podía sacar de su corazón ese sentimiento de muerte originado en su concepción.

Luego vino la muerte de su papá, le alegró mucha y no lloró; en el fondo solo existía la enorme necesidad de llorar a alguien que nunca tuvo, un padre de verdad.

Desesperado por encontrarse en manos de la droga traidora y mentirosa, lejos del paraíso que creyó lograr, preso en dos ocasiones donde recibió más heridas, mentiras y abusos, Pedro recurrió a todos los medios para lograr estabilidad, incluso consagrarse al demonio y suicidarse. Nada dio resultado porque él sabía muy bien que no eran solución, brillaba en su corazón una leve esperanza de poder encontrar una buena razón para hacer valer lo que tenía dentro.

Por huir de la policía, se refugió en la casa dé la "Fraternidad Corazón de Jesús", no pedía apoyo, solo pensaba en "alivianarse" un rato para luego seguirle.

Grande fue su sorpresa cuando encontró una nueva casa, una familia que le abría los brazos, y entonces comenzó el milagro: empezó a sentirse nuevamente un ser humano; sentía el amor y el dolor, la verdad y la bondad; fue maravilloso porque empezó a vivir.

Pedro es ahora, después de muchos desvelos y trabajos, ayudante de mecánico, está terminando su servicio militar y la secundaria y pronto irá a California, USA, a dar testimonio de la nueva vida que encontró en la reconciliación con Dios y con la Iglesia.



Conclusión:

La idea de este Folleto EVC, es poder presentar a todas las personas que han sufrido directa o indirectamente el problema de la drogadicción, una herramienta de orientación, un testimonio de vida, y una solución.

La enfermedad espiritual que cargan estos jóvenes, en su interior les impide ser funcionales, y la incapacidad de responder a las exigencias de la convivencia humana, les hace odiar todo lo que sea norma o regla de urbanidad.

El R.P. Roberto Canto SM, es el director de la Fraternidad del Sagrado Corazón de Jesús, y ha tenido la bondad de colaborar en este estudio, con sugestiones e información sobre los pocos grupos que se ocupan de ayudar a los jóvenes con estos problemas, pues es más fácil pensar en las necesidades de los niños, que en quienes tienen edad para valerse por sí mismos.

Antes que otra cosa, es justo afirmar lo siguiente: es el AMOR quien ha rehabilitado a cientos de jóvenes en la Fraternidad del Sagrado Corazón de Jesús, que desde hace trece años, reúne a jóvenes de distintos lugares, para sanar sus heridas y darles una oportunidad de vivir mejor, de superarse , y ser útiles a sí mismos y a otros.

Por eso, no pocos jóvenes de entre vosotros se destruyen en su intento de ser hombres refugiándose en el alcohol y las drogas. A menudo, tras esa actitud se encuentra la angustia y la desesperación; pero otras veces ese comportamiento oculta la búsqueda del placer, la falta de auto control o una irresponsable curiosidad de "probarlo" todo.

Juan Pablo II

"¿Me equivoco acaso cuando os digo a vosotros, jóvenes católicos, que forma parte de vuestra tarea en el mundo y en la Iglesia revelar el verdadero significado de la vida allí donde el odio, la indiferencia o el egoísmo amenazan con trastornar al mundo? Frente a estos problemas y a estas desilusiones, muchos tratarán de huir de las propias responsabilidades, refugiándose en el egoísmo, en los placeres sexuales, en la droga, en la violencia, en el indiferentismo o en una actitud de cinismo. Pero hoy yo os propongo la opción del amor, que es lo contrario de la huida. Sí vosotros aceptáis realmente este amor que viene de Cristo, este os conducirá a Dios".

Juan Pablo II





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