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Nuevo Santuario de la Santísima Trinidad en Fátima
Santuario de Fatima, apartado, 31 - 2496 Fatima, Portugal

El tema conductor del mosaico es el comienzo de capítulo 22 Apocalipsis de san Juan


Por: Centro de Estudios e Investigaciones Ezio Aletti | Fuente: www.centroaletti.com



Como inspiración para el trabajo en el presbiterio en el santuario de la Santísima Trinidad, se han escogido dos elementos presentes en las apariciones de Fátima.
 

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Visión panorámica
Nuevo Santuario de la Santísima Trinidad

Fátima - Portugal

Septiembre 2007


El mensaje de Fátima tiene, sin duda, una dimensión apocalíptica, comunicada y anunciada con mucha misericordia, compasión y amor de Dios a los hombres, especialmente hacia los más débiles, es decir, los pecadores. Por eso el tema conductor del mosaico es el comienzo de capítulo 22 Apocalipsis de san Juan, donde la plaza en la que se coloca el trono de Dios y del Cordero es toda de oro. Más aún, toda la ciudad es de oro. El oro, ya desde la primera época patrística, fue entendido como símbolo de la santidad y de la fidelidad de Dios que nunca falla, como una luz siempre encendida que ya nunca se acaba. Por eso, el presbiterio tiene como tema dominante el de la luz, más aún, está impregnado por el dinamismo de la luz.
El material -la arcilla- que actúa como soporte de la hoja de oro, se plasma a mano para crear una rica gama de reflejos, de aumentos de luz. Las zonas están animados por flujos de oro, según un ritmo que estructura la pared con una tensión correcta, tanto vertical como horizontal. Esta dinámica luminosa de la pared se apoya en tres toques de rojo, precisamente para favorecer aún más la percepción del misterio y de la santidad. De hecho, ya desde los tiempos más remotos, también el rojo, junto con el oro, aludía al mundo de lo sagrado, de lo espiritual, de Dios. Semejante dinamismo de tensiones correctas debería provocar en el corazón de quien se encuentra en la iglesia un estado de ánimo que acoge la belleza, es decir, un mundo penetrado por la luz y por el amor, ya que, desde el punto de vista teológico, la belleza es el amor realizado. La comunión, el amor, es, pues, el trasfondo de la parte decorativa de la pared.
 



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La plaza de la ciudad es de oro puro... (Ap 21, 21)
Nuevo Santuario de la Santísima Trinidad

Fátima - Portugal

Septiembre 2007

A la derecha y a la izquierda del trono y del Cordero se vislumbra, como a través de un escorzo, una pequeña abertura sobre la Jerusalén celestial, donde se abre una perspectiva sobre una multitud de ángeles y santos. El Cordero está en oro, porque él es la Luz (cf. Jn 1, 4). Desde él parten las ondas de luz. Los santos están pintados en tonos de color, para indicar que están en la luz, que existen por la luz, pero que no son la luz. Han recibido la luz, se han dejado iluminar y penetrar por ella. Acogieron el don de la vida divina, luz de los hombres, y por eso su tiempo y su vida están penetrados por esta luz, y está transfigurado y ahora son parte también del día sin ocaso, cargado con una luz que no se apaga. Con el oro y con los tonos con que están pintados los santos se quería indicar que la realidad es de todas formas diferente de la física, percibida óptimamente en lo creado.
 

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El trono del Cordero
Nuevo Santuario de la Santísima Trinidad



Fátima - Portugal

Septiembre 2007

 
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...y su lámpara es el Cordero... (Ap 21, 23)
Nuevo Santuario de la Santísima Trinidad

Fátima - Portugal

Septiembre 2007

 
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El trono de Dios es y del Cordero estará en medio de ella... (Ap 22, 3)
Nuevo Santuario de la Santísima Trinidad

Fátima - Portugal

Septiembre 2007


Puesto que el planteamiento artístico de la pared respeta la antigua tradición iconográfica de la Jerusalén celestial, nos encontramos a nuestra izquierda –es decir, a la derecha del Cordero- a la Madre de Dios, a la cual se unen aquí los beatos Jacinta y Francisco y, más atrás, sor Lucía con el rosario en la mano. Siguen seis apóstoles en la primera fila y tres arcángeles. Detrás de ellos se descubre una multitud de santos, entre ellos que destaca la esquina franciscana, con san Francisco, santa Clara y san padre Pío. También son visibles los santos Vladimir y Olga, en el origen de la fe cristiana en Rusia, por el vínculo especial entre Fátima y esta nación cristiana. En el otro lado está san Juan el Bautista, que señaló al Hijo de Dios como el Cordero. Siguen otros seis apóstoles y cuatro arcángeles. Detrás, otra multitud de santos y de ángeles. Entre los santos destaca santa Isabel de Portugal y la beata Teresa de Calcuta. El primer arcángel a nuestra izquierda es Gabriel, con el rollo de la Palabra de Dios, puesto que es el ángel de la Anunciación.
El último a nuestra derecha es el arcángel del juicio, con la balanza en la mano. De debajo del trono brota el agua «limpia como el cristal» (Apoc 22, 1), el agua de la vida divina, ese río de vida que es el Espíritu Santo que penetra y asume toda la historia, todos los hombres, todo el cosmos y que se da a beber en arroyos abundantes en la Iglesia a través de la liturgia y los sacramentos, que se celebrarán también en esta iglesia. Dado que en la liturgia tiene lugar el evento que sostiene toda la historia, es decir, la Pascua de Cristo, con ella el río de agua viva penetra en nosotros, somos envueltos por el misterio que ella hace presente y somos transportados a la fuente de este río, a la comunión del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, donde está la vida en su chorro eterno.
 

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... y sus siervos lo adorarán (Ap 22, 3)
Nuevo Santuario de la Santísima Trinidad

Fátima - Portugal

Septiembre 2007


A la derecha y a la izquierda del trono y de los grupos de los santos abundan las ramas del árbol que tiene doce cosechas y producen frutos todos los meses, y cuyas hojas se utilizan para sanar a las naciones (cf. Ap 22, 2).
El segundo elemento de las apariciones de Fátima es la familiaridad con el cielo. Jacinta y Francisco tienen un deseo incontrolable por el cielo. Lucía siente no poder ir allí enseguida. Esta dimensión de familiaridad con el cielo es una constante de la auténtica fe cristiana hasta tal punto, que la Eucaristía es una llamada universal y trans-temporal y trans-espacial, de la Iglesia de todos los tiempos y todos los lugares que se encuentra convocada para la Jerusalén celestial, para cantar su aleluya ante el trono del Cordero (cf. Ap 19, 1-7), con el justo Abel, los antiguos patriarcas, los profetas, la Madre de Dios, los apóstoles y todos los santos y santas -y por lo tanto también con Jacinta y Francisco- hasta el último hombre que nazca.
En esta iglesia tendrá lugar dicha convocatoria de manera visible, porque en la nave estará presente la asamblea de los fieles de hoy en camino, a través de la historia, pero mediante la liturgia los espacios y los tiempos de la asamblea que celebra se amplían hasta incluir en esta coexistencia de la salvación el mundo, la historia, las culturas, que se ofrecen para convertirse en el escenario de la intervención de Dios. Detrás del altar, el lugar del sacrificio y de la comunión, se abre la mirada al trono del Santísimo, sobre el Cordero vencedor del pecado y de la muerte, y los santos. Es entonces un encuentro «cara a cara» entre la Iglesia del cielo y la de la tierra. Así, en un cierto sentido, esta Iglesia nos pone en la condición en la que estaban Francisco, Jacinta y Lucía: desde la tierra y desde la historia contemplaban el cielo. En efecto, es la comunión con los santos lo que hace que el cielo sea familiar. Porque se ama se abre el cielo. ¿Por qué motivo deseaba Francisco ir al cielo, sino porque allí tenía alguien a quien amar? El Cordero de Dios es el que hace de puente entre la tierra y el cielo: Dios nos ama en Él y en Él, amamos a Dios y a todos aquellos a quienes Dios ama.
 

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La Virgen con Jacinta, Francisco y Lucía
Nuevo Santuario de la Santísima Trinidad

Fátima - Portugal

Septiembre 2007

 
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Detalle
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Detalle: Santa Olga
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Detalle: Beato Francisco Marto
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Detalle
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Detalle
Nuevo Santuario de la Santísima Trinidad

Fátima - Portugal

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