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La ideología: La confusión de géneros: Conferencia Episcopal Francesa.
Los estudios de género existen desde hace cuarenta años. Pero en los últimos tiempos la distinción entre sexo y género se ha instrumentalizado para hacer propuestas legales y educativas que entran más bien en el marco de la ideología. De ahí la polémica q


Por: Monique Baujard | Fuente: ACEPRENSA



Hay que distinguir los gender studies y la llamada gender theory, que de hecho es una ideología, la gender ideology.

Los gender studies son estudios, a menudo sociológicos, que examinan los roles sociales de los hombres y de las mujeres, en particular bajo el ángulo de las desigualdades y de las relaciones de poder, en lo que se refiere a la sanidad, la renta, la carrera profesional, la vida social. (…).

Es verdad que lo que se llama “la identidad sexual”, es decir, el hecho de sentirse hombre o mujer, no depende sólo del sexo anatómico, sino también del psiquismo, es decir, de la historia, de la educación, de las relaciones. Ya en los años 1920, Edith Stein formalizó la diferencia entre el hecho de tener un cuerpo de mujer y el hecho de sentirse mujer, o de actuar del modo en el que una sociedad concibe el rol femenino.

Es verdad también que ciertas características consideradas como “naturales” o dictadas por la naturaleza son de origen cultural. (…).

La distinción entre sexo y género recuerda que la educación, es decir, la cultura, ayuda a construir la dimensión sexuada, que no es sólo biológica, sino también histórica, humana, educativa, personal. Pero cuando se pasa de la distinción a la disociación, se entra en la ideología. Si es impropio hablar de teoría de género, se puede hablar de ideología. La ideología de género existe; la “teoría”, no. (…).

Cuando se pasa de la distinción entre sexo y género a la disociación, se entra en la ideología.

Lucha contra las discriminaciones

El término gender es utilizado, en el mundo anglosajón, en los años 1970-1990 en el marco de la tercera ola de feminismo que denuncia las violencias cometidas contra la mujer (violación, prostitución, pornografía) y lucha por la igualdad y el respeto de las mujeres. Este movimiento rechaza la dominación masculina, pero sin rechazar la distinción de sexos. Los gender studies se convierten en un instrumento de análisis de los roles sociales, un instrumento de descripción de las desigualdades entre hombres y mujeres.

Las minorías homosexuales expresan a su vez los sufrimientos provocados por ciertos prejuicios. Se puede distinguir el término homosexual, que caracteriza un deseo políticamente neutro en sí mismo, y el término gay, término de origen militante. La corriente gay se estructura políticamente y reclama también el derecho a la igualdad en diversos campos, incluido el de la filiación. El gender se convierte en un instrumento de lucha contra la norma heterosexual dominante.

En este contexto político de reivindicación de derechos individuales, los activismos diversos prosperan; muchos afirman la primacía de la libertad sobre todo otro criterio: “free individual choice” es la consigna. Así, la libre elección individual debe primar sobre toda consideración de continuidad en el crecimiento de lo vivo o sobre toda característica de género: tanto el aborto como la maternidad se consideran como algo que pertenece a la exclusiva decisión de la mujer.


Una construcción maleable

Después, con la radicalización de ciertos intelectuales, en los años 90 aparecen reivindicaciones queer inspiradas en prácticas transgender. El género es disociado por completo del sexo anatómico. La filósofa norteamericana Judith Butler escribe que la identidad de género es algo enteramente construido, elegido, definido en relación con un grupo social. Es una construcción maleable: “El género depende de la manera en que nos percibimos y creemos pensar y actuar como mujeres y hombres, en virtud de la estructura social y no de nuestras diferencias biológicas”.

Se trata entonces de trastocar el género, es decir, de rechazar las identidades de género: “La misma categoría de sexo desaparece, se evapora, si la hegemonía heterosexual es perturbada y echada abajo”. El constructivismo encarnado en el pensamiento queer niega la diferencia sexual y promueve la diferencia de las sexualidades. El gender se convierte en un instrumento de valorización de prácticas sexuales plurales y cambiantes.

Las corrientes más militantes abordan las cuestiones únicamente, o principalmente, bajo el prisma político, es decir, de relación de fuerzas. Las consideran bajo el ángulo colectivo. Discípula de Michel Foucault, Judith Butler puede escribir: “El género es una relación de poder, y no un atributo individual”. Todo es relación de fuerzas. Ciertos discursos del gender se convierten sobre todo en estratégicos. Tienen como fin desplazar una línea del frente, no buscar la verdad.

El afán de autonomía ha podido llevar a un discurso muy radical, que olvida que el hombre no se crea a sí mismo, sino que ha recibido su vida.

El concepto de género, hoy

Hoy, el concepto género, heredero de esta historia, es un “cajón de sastre”, utilizado con fines diversos, que hay que detectar, y hace emerger cuestiones de fondo.

El documento explica que puede servir para el análisis de los roles sociales, o como instrumento de lucha contra las desigualdades, o puede incluso promover una deconstrucción radical, como escribe Judith Butler: “En consecuencia, hombre y masculino podrían designar tanto un cuerpo femenino como uno masculino; mujer y femenino podrían designar tanto un cuerpo masculino como uno femenino”.

Esta diversidad de usos invita a matizar. No todo es aceptable, no todo es criticable. En el fondo, el uso de categorías de género presenta dos dificultades:

En primer lugar, la dificultad del concepto de naturaleza.

Un fondo de pensamiento existencialista, hoy muy presente, opone “naturaleza” y “cultura”, olvidando el dinamismo del concepto de naturaleza bien entendido. Por ejemplo, la fórmula de Simone de Beauvoir: “No se nace mujer, se llega a serlo”, es a veces interpretada como oposición entre devenir y nacimiento, mientras que entre uno y otro hay continuidad, anclaje, enraizamiento, en la aventura de toda vida. La opción dominante hoy es una libertad al margen de la naturaleza, sin nacimiento. Entonces, si se quiere escapar a los esquemas binarios, de tipo naturaleza o cultura, ley de naturaleza fija o constructivismo, ¿cómo emplear hoy día el concepto de naturaleza?

En segundo lugar, el conflicto entre reconocimiento de la diferencia y demanda de igualdad.

Este conflicto no es exclusivo de la modernidad, pero adquiere en ella un relieve particular. Para algunos, toda diferencia es origen de desigualdad, hasta el punto que se confunde diferencia y desigualdad. (…) ¿Cómo reconocer el valor moderno de la igualdad respetando las diferencias? (…).

La antropología cristiana ofrece recursos para guiar la reflexión y emprender el diálogo sobre esta cuestión.

El discernimiento por la antropología cristiana

El documento ofrece primero argumentos de tipo filosófico.

- El anclaje corporal en el que vivimos. (…) Sensaciones, emociones, vienen en gran parte del cuerpo y no las vivimos de la misma manera según tengamos un cuerpo masculino o femenino. El sentido común y una fina fenomenología pueden indicarlo. Aunque el cuerpo no es el único factor que interviene en la identidad sexual, sin embargo ¡no es un factor desdeñable!

- El vínculo entre sexualidad y fecundidad no es sólo cultural. Que la segunda sea la prolongación de la primera es algo que no sólo sigue siendo vivido así por la mayoría de nuestros contemporáneos, sino que encuentra su sentido en el hecho de que para que nazca un ser humano hace falta la unión entre dos cuerpos, no sólo entre dos gametos, sino entre dos personas. El hijo es recibido como un don en la doble donación mutua.

- La diferencia sexual nos atraviesa por completo. No somos hombre o mujer sólo por nuestro cuerpo, nuestro organismo, nuestras facultades reproductivas. Lo somos con todo nuestro ser. Masculino y femenino caracterizan también una manera de ser, de entrar en relación, de sentir; son dos estilos.

Carne conductora de lo divino

- El cuerpo es el lugar primero de la creación, es decir, de la acción del Creador. Así aparece en el Génesis: “Yahvé Dios insufló en sus narices aliento de vida, y resultó el hombre un ser viviente” (Gen 2,7). La idea bíblica del hombre no es la de un alma encarnada, sino de la de un cuerpo animado. Afirmación, pues, de una unidad innata entre el cuerpo y el espíritu, al menos en cuanto al origen y a la vocación.

- La encarnación como principio de comprensión de lo humano. “Encarnándose, Dios ha mostrado que la carne era buena conductora de lo divino” (Louis Évely). Demasiado a menudo, esta palabra se toma directamente en su sentido cristológico. Ese sentido es evidentemente importante, pero tiene en primer lugar un sentido antropológico: el de la profunda unidad entre carne y espíritu, no como descenso sino como expresión a través de todo el ser de la dimensión espiritual y personal. (…).

La vida sensible tiene su lógica, que depende en parte, pero no sólo, de los procesos biológicos. La vida espiritual tiene la suya, que proviene sobre todo de la escucha de la Escritura, de la fe, de la oración, del amor. Una y otra no se confunden. Pero coinciden en la procreación y están llamadas a unirse, a establecer alianza, como lo refleja la esperanza en la resurrección de la carne.

Respeto a cada persona

El concepto de género se inscribe en un movimiento general de la historia marcado por una viva conciencia del respeto a cada persona. Pero el afán de autonomía ha podido llevar a un discurso muy radical, que olvida que el hombre no se crea a sí mismo, que no es un self-made man, fruto de un proyecto sólo del deseo, sino que ha recibido su vida.

Los enfoques extremistas, que atraen la atención mediática, pueden asustar, pero no son toda la problemática del género. La ambigüedad del concepto obliga a un doble discernimiento para no caer en los excesos militantes: de una parte, tener en cuenta el marco en el que se emplea el término género; de otra, distinguir las proposiciones aceptables y las que no lo son. Este discernimiento debe ir acompañado de propuestas concretas a favor del respeto de las personas, de las más vulnerables en particular (…).

La problemática del género estimula en particular a pensar la relación entre hombres y mujeres. El Papa Francisco escribió a este propósito que “las reivindicaciones de los derechos legítimos de las mujeres, a partir de la firme convicción de que hombres y mujeres tienen la misma dignidad, plantean a la Iglesia cuestiones profundas que son un reto y que no se pueden eludir de modo superficial”.
 





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