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Homilia sobre el inicio de la vida y el aborto
San José se yergue hoy como patrono de los que aman la vida desde su concepción, porque esa es la ley natural que el Creador ha marcado en el hombre


Por: Jonás Guerrero Corona, Obispo Auxiliar de México | Fuente: churchforum.com



VI Vicaría San José
Homilia, 18 de marzo de 2007

Iniciamos ayer la cuarta semana de Cuaresma de manera que con la Iglesia nos encontramos en la mitad del itinerario que nos llevará a celebrar el Misterio de Cristo en su dimensión central: su Pascua Gloriosa.

La solemnidad que el Año Litúrgico nos invita a festejar hoy, está en la misma dimensión, en camino a la celebración de los misterios que nos dieron nueva vida, pues estamos reconociendo a San José en el Misterio de Cristo; no podemos separarlo, todos los Santos son expresión de la luz pascual, pues en ellos brilla la obra de Jesucristo. Pienso que estamos llamados a darle a San José el lugar que le corresponde en el Misterio de la Redención y no fragmentarlo colocándolo sólo en la infancia de Jesús. Así como Juan el Bautista, el cual no estuvo al pié de la cruz, y no por eso lo excluimos del Misterio total. También el que es reconocido como patrono de la Iglesia universal tiene un lugar en los cánticos del Benedictus y del Magnificat.

Así pues, en esta tesitura, hemos proclamado el texto evangélico que nos coloca ante la misión del Santo Patriarca: cuidar la vida de María y la vida que palpitaba en María: el Hijo Encarnado en su vientre virginal. Por eso según el texto de San Mateo se le encomienda que le ponga el nombre, no el número; porque quien lleva un número es la bestia: 666 (Ap 13, 18). José le pondrá por nombre Jesús = El que salva; es la identidad del niño y lo acompañará para que a su tiempo pueda desarrollar su fuerza salvadora y acreditar ante el pueblo que el que salva es Hijo de Dios: redime, libera y transforma. Ahí esta acuñando la nomenclatura de la identidad del que salva con su vida, pasión, muerte, sepultura y resurrección: salvación total en su fuente y en su alcance.

El pueblo no va a esperar la salvación del politiquero Herodes, ni del inseguro Pilato, ni de los acaudalados saduceos, ni de los violentos zelotas, ni del pontífice en turno Anás o Caifás; sino que corresponde al Hijo del Hombre despojado de todo poder social, político o religioso jerosolimitano. Por eso queda claro que el Niño es obra del Espíritu Santo. Por todo ello José le pondrá por nombre: Jesús.

El Santo Patrono de esta Vicaría Episcopal tiene que tomar una decisión, como la Virgen María, como Juan el Bautista, como los profetas y todos los que colaboraron en la historia de salvación; y como en todo llamado su vida tomará otra dimensión; por eso José tiene su propia “anunciación” que lo impulsa a pasar de la duda a la certeza: José, no dudes en recibir a María en tu casa.

Nuestro modelo es llamado a trascender lo fenomenológico y asentir ante el misterio de la Encarnación que supera todos sus planes, todos sus proyectos y de ahora en adelante José se va a realizar en otra dimensión: en el horizonte de la Fe, en el proyecto de Dios.

1.- Aquí está un elemento actual de San José, si él hubiera sido un coetáneo nuestro, sin duda alguna un compañero de banca le hubiera aportado la solución propuesta por los fautores de leyes inicuas, como los de esta ciudad: Lleva a María a abortar, mata al niño! Tienes derecho a asesinarlo: ¿qué no ves que se opone a tus intereses? ¿Qué van a decir de ti tus compañeros, tus amigos, tus familiares, el sindicato de artesanos al que perteneces? ¡Ese niño te perjudica, abórtalo, esa es la solución más adecuada! José, entra en la cultura de la muerte y todo se facilita! ¡Actualízate, no vivas de dogmas (como si la ley natural fuera un dogma)!

2.- Además, recordemos que José era un auténtico israelita, de la tribu de Judá; el tiene una visión del hombre y de la mujer, de la paternidad, de la familia; y ese embarazo obstaculiza su propia realización… ahora bien, José la ley te ampara: la infiel puede ser apedreada o abandónala en secreto; y la duda le quitó el sueño y el sosiego; tiene que tomar una decisión.

En la posmodernidad la autorrealización está sobre todo criterio y principio, la moral “obstaculiza” la vida ordinaria y limita el libertinaje; los valores son obsoletos y las virtudes no tienen cabida, no están de moda! Por eso nuestro Santo es tan actual, puede ser el patrono de los que luchan contra corriente siguiendo su vocación y respondiendo al Plan de Dios: pase lo que pase….

3.- Aun más, impide el proyecto personal de José, todos los sueños que había entretejido desde que asumió los desposorios con María, ya había planes, ya había fechas, y… ahora la prometida sale con eso del embarazo en el que él nada tiene que ver. En la cultura de la muerte el aborto te saca de muchos apuros y remueve obstáculos a los proyectos de familia, de estudio, de especialización; la solución es interrúmpelo, es decir destrúyelo, ¡mátalo!

Y próximamente en esta ciudad, parece que se abre otro jugoso negocio para doctores, enfermeras, clínicas y hospitales; habrá menos pobres… los van a matar en el vientre de sus madres…

Por lo cual San José se yergue hoy como patrono de los que aman la vida desde su concepción, porque esa es la ley natural que el Creador ha marcado en el hombre, amar lo más sagrado: la vida. Ante la propuesta de Dios, ante el llamado que su creador le hace, ante la posibilidad de colaborar en la cultura de la vida pase lo que pase, escucha el proyecto divino: no dudes! Asume a María y al niño, colabora en la redención humana, lo llamarás: Jesús, el que salva! José recibió su propia anunciación y le creyó a Dios.

Y el Padre nutricio del Salvador dio el paso, dio el sí a la vida, se unió al acontecimiento que desató el proceso de la nueva y eterna alianza; como todo acontecimiento rompe los engranes de la historia (¿recuerdan el acontecimiento guadalupano?) y da paso a lo nuevo, a lo nunca jamás pensado, a lo inusitado.

Y San José recibió a María en su casa con el vientre preñado de Vida Nueva y Eterna: ¡la salvación hecha embarazo! Dios se hizo historia porque hubo un si en la boca de quien no aceptó la cultura de la muerte, sino la cultura del Dios de la vida.

Hermanos, que esta solemnidad nos lleve a afirmar nuestra adhesión al si de nuestro Santo Patrono en esta VI Vicaría Episcopal, a fin de que como él pasemos de la duda a la certeza de la fe católica en cualquier circunstancia; hoy más que nunca estamos urgidos de discípulos coherentes ante el embate de la cultura de muerte que se cierne sobre nuestra arquidiócesis.

Hermanos diáconos y presbíteros, que oportuno renovar este día ante el Evangelio proclamado nuestro sí al llamado que recibimos y asumimos en nuestra ordenación para anunciar el Evangelio de la Vida, recordemos: somos ministros del Evangelio.

Hermanos y hermanas consagradas al servicio de la Buena Nueva, como el Santo de esta Solemnidad, no teman asumir sus compromisos, sus votos personales, su opción por realizarse en el proyecto divino revelado en Cristo a la luz del Evangelio de la Vida. Entren como él en el gozo del sí al misterio de su vocación.

Familias forjadoras de valores, ahí están las voces de los que afirman que los jóvenes de esta ciudad deben llevar su proyecto personal, su realización y sus intereses particulares sobre cualquier propuesta moral; que si fuera necesario interrumpan el embarazo y asesinen al indefenso, al que no tiene voz, al no nacido. Es necesario que hoy tomen una decisión más en su vida de familia: si a la vida desde su concepción hasta su muerte natural, pase lo que pase!

¡Que San José patrono de nuestra vicaría interceda por nosotros!

+Jonás, Obispo Auxiliar de México.
Marzo. 19. 2007.





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