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¡Emergencia! al rescate de la familia
La crisis del núcleo familiar


Por: Fernando Sánchez Argomedo | Fuente: http://www.yoinfluyo.com/



El ser humano siempre ha tenido la necesidad de ser acogido entre sus iguales. Es muy probable que para las primeras personas (primitivos) no existieran las definiciones ni las categorías racionales que explicaran a “la familia”. Sin embargo, es imposible imaginar la civilización actual sin la célula básica de la sociedad, actor central de la preservación de la especie.

Gracias a la evolución del conocimiento y de la ciencia, hoy entendemos con claridad quién interviene y de qué forma en la concepción de un nuevo ser humano, fenómeno central de la preservación de la especie. El ser humano de sexo masculino, varón (padre), aporta una célula llamada espermatozoide, y el otro ser humano, de sexo femenino, hembra (madre), aporta otra célula llamada óvulo, mismas que al momento de fusionarse (la concepción) generan de forma inmediata una reacción en cadena en la que se subdivide esta nueva célula, empezando con ello la formación y desarrollo de un nuevo ser humano.

Es difícil pensar, remontándonos a los primeros seres humanos, que padre y madre, que intervinieron en la procreación de un nuevo ser, lo hubieran abandonado a su suerte, pues habría muerto al no poder alimentarse ni cuidarse, y no se habría propagado la especie. Sin embargo, hoy vivimos en este planeta 7 mil de millones de personas.

De acuerdo con las circunstancias, varón y hembra tendrían que haber asumido un papel, sobre todo pensando en esa tierra hostil llena de peligros. La hembra, quien acoge en su seno a ese nuevo ser humano, tendría que haber sido apoyada por el varón, sobre todo en los momentos en que su estado de madre lo requería. De ahí que el varón tendría que haber asumido el papel de protector y proveedor.

La familia siempre ha tenido un papel relevantísimo en la historia de la humanidad. No implica mucha ciencia comprender quiénes son los protagonistas de esta historia: “hombre y mujer los creó” (Gen. 1-27). Con el tiempo y conforme la humanidad fue evolucionando, el mismo Cristo-Dios la bendijo, formalizando la unión a través del matrimonio.

Está claro: la familia y el matrimonio no son un invento social ni tampoco un convencionalismo religioso cristiano: son las fuentes de nuestra presencia en la tierra y la célula básica de cualquier sociedad y, por consecuencia, de la humanidad.

El matrimonio en crisis

Hoy preocupa que el matrimonio y la familia, realidades actuantes y fundacionales de la humanidad, se encuentran en una encrucijada que requiere que todos como seres humanos hagamos nuestro mejor esfuerzo para protegerla y promoverla, so pena de acabar con nosotros mismos.

En México, de acuerdo con el INEGI, en 2012 se registraron 585 mil 434 matrimonios, mientras que en 2010 fueron 568 mil 632, es decir 16,802 más. Mientras que en 2012 se registraron 99 mil 509 divorcios, contra 86 mil 042 en 2010, es decir, 13,467 más. Mientras que los matrimonios crecieron un 2.8 por ciento en dos años, los divorcios crecieron un 15 por ciento en el mismo periodo. Además, el 15 por ciento de las personas que cohabitan viven en unión libre.

En Estados Unidos, el 50 por ciento de las familias corresponde hoy a segundas uniones, el promedio de duración de un matrimonio es de siete años, y uno de cada dos matrimonios termina en divorcio.

El matrimonio y la familia están sujetos a diversas presiones que no les permiten cumplir con su misión. Grandes crisis de corrupción, de inmoralidad, delincuencia, criminalidad, pobreza, inmigración, parten de una crisis central, que es el abandono (por parte de la sociedad, el Estado y la misma Iglesia) de la familia y el matrimonio. Es preocupante, pues en el seno familiar las personas aprendemos a ser seres sociales, aprendemos a amar a los demás y a ser solidarios.

Por una parte, el Estado no ha entendido su papel subsidiario con la familia. Ve al ser humano aislado, como un agente económico de producción y de generación de bienestar individual, en donde a la familia se le ha obviado, suponiendo que se verá beneficiada por este “bienestar”.

Por otra parte, la Iglesia, los actores sociales y grupos cristianos en pro de la familia se han centrado esencialmente en la “lucha” contra aquellos factores que destruyen la vida familiar, pero se han olvidado de su promoción y búsqueda de soluciones que la ayuden a desarrollarse y volver a ser el centro de promoción humana y desarrollo sano de las naciones.

Entendiendo con mucha claridad este grave problema de humanidad, desde su elección como Papa, Francisco ha puesto como tema central la búsqueda de respuestas por parte de la Iglesia católica frente a la realidad de la familia en el mundo entero. A partir de un cuestionario mandado a todas las sedes Episcopales, el Papa prepara un Sínodo, esto es, una reunión con todos los obispos para acordar acciones por parte de la Iglesia para ir al encuentro de las familias a partir de su situación real, no a partir de teorías o idealizaciones que no ayudan a resolver los problemas que la aquejan.

Es muy revelador leer el documento que se derivó de esta consulta: Instrumentum Laboris. Su objeto es ser una fuente de orientación para el diálogo y la discusión durante el Sínodo. Para todos aquellos que como católicos estamos preocupados por el matrimonio y la familia, vale la pena leerlo y comprenderlo a la luz de la realidad y convertirnos en actores eficaces en la solución de los problemas que pueden ayudar a las familias y a la humanidad frente a esta encrucijada.

Es importante resaltar que este documento deja muy lejos aquella idea de que el centro de la discusión es la comunión a los divorciados vueltos a casar, la cual sí es una realidad que necesitará atención, pero que no es el problema más grave que aqueja a la familia en nuestros días.

Si quieres consultar el texto completo del Instrumentum Laboris, puedes dar clic en las ligas adjuntas.



• Instrumentum Laboris



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