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Eugenesia consensuada
No es necesario ahondar en el maridaje de intereses cruzados entre el mercantilismo de una industria en auge y la banalización de la vida humana.


Por: Pedro López | Fuente: Almundi.org



En una reciente entrevista concedida al diario Avvenire, Jacques Testar, el primer biólogo en conseguir un bebé probeta en Francia, se refiere a lo que denomina la “eugenesia consensuada”. Testar, que se presenta a sí mismo como una persona no creyente y de izquierdas, que no ha recibido formación religiosa en su vida, sin embargo reconoce que él está tomando una posición acorde con la Iglesia Católica.

Indica que, con las actuales técnicas de fecundación in vitro, en contraste con las eugenesias históricas “dolorosas” −que vienen de antiguo; piénsese, por ejemplo, en lo que los espartanos hacían con los niños que nacían con alguna tara física; o lo que los nazis realizaron históricamente− ahora se extiende una eugenesia consensual, en el sentido de que son las mismas personas quienes buscan tener un niño normal, eliminando embriones presuntamente anormales. Y sigue afirmando que “esto se presenta como un acto generoso, dado que la elección permitirá concebir hijos que no están enfermos”.

Sin embargo, no es necesario ahondar en el maridaje de intereses cruzados entre el mercantilismo de una industria en auge y la banalización de la vida humana: está a la vista. “Se eliminarán algunos tipos humanos con la idea de que los nuevos sean superiores y ventajosos”. La pregunta que se hace es para qué o quién serán ventajosos y superiores. Y afirma que, siguiendo la lógica del mercado y de las modas, “las parejas pedirán todas la misma cosa, es decir una especie de bebé perfecto según los cánones de la época que tenderán a imponerse a nivel mundial”.

Y más adelante, añade que tal simplificación tiende hacia una deriva esclavista porque “la mayoría de los genes que causan enfermedades graves, también protegen contra otras enfermedades. En general, no existe un gen absolutamente bueno o malo. Hay genes que tienen diversas acciones y todavía en gran parte desconocidas. Por ende, no conocemos las interacciones entre los genes, ni las influencias que tiene el medio ambiente, y los factores epigenéticos... Lo que sencillamente lleva a no saber qué es lo que estamos haciendo y con resultados totalmente incontrolables por el momento”.

El problema no es médico, sino social. Y cita el caso, por ejemplo, de mujeres que piden congelar óvulos, porque ahora quieren desarrollarse profesionalmente. O el caso, que sitúa en el 25 %, de parejas “que solicitan la fecundación in vitro sin necesidad: les bastaría esperar un tiempo”.

Y aquí conviene señalar un grave error de perspectiva histórica. Hoy los especialistas saben mucho de una cosa ínfima, pero desconocen la interconexión y relación de amplios conocimientos del saber humano, en cualquier área, no digamos si es multidisciplinar. No le falta coraje a Testar al afirmar que es preciso arrinconar el cientifismo: “Aquellos que piensan que solo la ciencia, o sobre todo la ciencia, nos puede permitir salvar el mundo. Nos lo hemos creído desde la Ilustración, pero hoy no podemos seguir creyendo en semejante simpleza”.





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