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Del crismón al crucifijo
Del crismón al crucifijo

Los primeros cristianos no representaban a Jesús crucificado, aunque en algunas de sus imágenes también estaba implícita la Pasión, como en la figura del cordero o del buen pastor


Por: Mónica Arrizabalaga | Fuente: www.abc.es



Cuentan que Constantino el Grande tuvo un sueño antes de la Batalla del Puente Mulvio en el que vio la señal de la cruz mientras escuchaba una voz en griego que le decía «con este signo vencerás». El emperador ordenó marcar los escudos con una cruz y ganó la batalla sobre Majencio. En el año 313 promulgó el Edicto de Milán por el que el cristianismo dejó de ser una religión clandestina y en el 325, ésta adoptaba la cruz como símbolo en el Concilio de Nicea. Así lo recoge la Enciclopedia Británica: «No fue hasta la época de Constantino que la cruz fue usada públicamente como un símbolo de la religión cristiana». Habían pasado más de 300 años de la crucifixión de Jesucristo.

«En los primeros siglos la cruz no era el símbolo de los cristianos por dos motivos. Durante el tiempo de persecución, hasta el 313 con el edicto de Milán, utilizaban símbolos que no pudieran delatarles, como el pez. Por otro lado, la cruz era un instrumento de suplicio infamante y tardó tiempo en perder dicha connotación. Por eso cuando comienza a aparecer en la primitiva iconografía cristiana se trata de una cruz simbólica: pequeña y entendida como un instrumento de gloria y triunfo, tal y como aparece, por ejemplo, en el sarcófago de Junio Baso», explica Fermín Labarga, teólogo especializado en Historia de la Iglesia y profesor en la Universidad de Navarra.

Aunque en las catacumbas se han encontrado pinturas de la Pasión, como la coronación de espinas en la Catacumba de Pretextato en la vía Apia, «no hay pinturas de la Crucifixión excepto el falso crucifijo rayado por algún soldado pagano en las barracas Palatinas», resume la Enciclopedia Católica.


Del pez al crucifijo

Los primeros cristianos no representaban a Jesús crucificado, aunque en algunas de sus imágenes también estaba implícita la Pasión, como en la figura del cordero o del buen pastor («que da la vida por sus ovejas»). Sus primeros símbolos «eran semánticos, no de representación, y algunos puramente verbales, dado que la palabra sobrevive a la carne y, por ende, pertenece a la eternidad», según señalaba José María Martínez Frías, catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Salamanca en el libro «Staurós», Teología de la Cruz.

Es el caso del crismón, el monograma de Cristo formado por las dos primeras letras mayúsculas del nombre de Jesús en griego (Χριστός), la ji (X) y la ro (P), o del símbolo del pez, que en griego se escribía «icquc» y cuyas letras correspondían con el mensaje «Jesucristo, el Hijo de Dios, Salvador».

Sin embargo, sí se conoce que los cristianos del siglo II se santiguaban, según señala la Enciclopedia Católica. «En todos nuestros viajes y movimientos en todas nuestras entradas y salidas, al ponerse los zapatos, en el baño, en la mesa, al encender velas, al acostarse, al sentarse en cualquier tarea en que estemos ocupados, marcamos nuestras frentes con la señal de la cruz», recogió Tertuliano (De cor. Mil., LII) quien ya señalaba alrededor del año 240 que los cristianos eran conocidos como los «adoradores de la cruz» (Apol. XV).

Después de Constantino, la cruz se erigió como estandarte de la fe cristiana, aunque como una cruz desnuda. «La representación del Crucificado o Crucifijo no se remonta más allá del s. V», apunta Labarga. Los crucifijos más antiguos que se conocen son los de las puertas de madera de Santa Sabina en Roma y una talla en marfil en el Museo Británico.

Solo tras el II Concilio de Nicea (787), que zanjó la querella iconoclasta, se admitiría universalmente la representación del Crucificado. A partir de entonces proliferaron las imágenes aunque se representaba a Cristo en la cruz vivo y triunfal, sin rastro de dolor. En el arte español, la primera representación que se conoce de este tipo es la Crucifixión del Beato de Gerona (975).

Tuvieron que pasar siglos para que se impusiera la imagen de Cristo muerto en la cruz. «El realismo en la representación de la crucifixión no llega sino en la Edad Media, con el arte gótico, muy influido por la espiritualidad de las órdenes mendicantes, que fijan su atención en la humanidad de Cristo, como ya lo había hecho antes san Bernardo».

De la Edad Media es también la costumbre de llevar crucifijos, posterior a la de portar medallas», según explica el teólogo de la Universidad de Navarra.

 





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