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Sin memoria pero con amor
Cuando afloran los sentimientos, cuando aflora el amor, viene a nosotros una sensación especialmente tierna que llena el alma y que se percibe por cada uno de los sentidos


Por: Rafael Gutiérrez Amaro | Fuente: ForumLibertas



Un Señor de ochenta años cada día iba a la residencia de mayores donde estaba su esposa a desayunar con ella. Y cuando le preguntaron: “¿por qué su mujer está en esta residencia de mayores?”, él respondió: “porque tiene Alzheimer, pérdida de la memoria”. Entonces le preguntaron, "¿se preocupaba su mujer si tardabas en venir a desayunar con ella?", y respondió: "ella ya no se acordaba… ya no sabía quién era yo, desde hace cinco años que ya no me reconocía”.

Un poco sorprendidos, le dijeron: “y aun así seguías viniendo cada día, con buen o mal tiempo, para desayunar con ella por la mañana a pesar de que ella no te reconocía”. El hombre sonrió, se quedó pensativo, miro a nuestros ojos y nos apretó la mano, entonces nos dijo: “ella no sabía quién era yo, pero yo sí sabía quién era ella”.

Al recordar aquello sentimos todos la fina sensación de una emoción que se vivía; y es que cuando afloran los sentimientos, cuando aflora el amor, viene a nosotros una sensación especialmente tierna que llena el alma y que se percibe por cada uno de los sentidos.

Me parece tremendamente bello y emotivo que estas cosas sucedan y es una muestra evidente de que el amor puede ser para siempre.

El amor lo empobrecemos los seres humanos: por nuestro egoísmo, por nuestra indiferencia, por tantos obstáculos como cada día situamos entre el amor y nosotros. Sí cuidáramos el amor, de él resurgiría cada día un nuevo brote, una nueva ilusión, un nuevo cariño, una nueva y eterna mirada, un gesto, una sonrisa, un para siempre, una caricia, un fuego intenso que mantiene caldeado nuestros corazones, un nuevo y precioso amanecer. Cada día junto a la vida resurge en cada uno el amor, ese amor grande que pertenece a nuestra propia esencia.

Este Señor va a desayunar cada día con su esposa, cada día le urge el amor, y vuelve al encuentro cotidiano con lo que da sentido a su vida. Qué pena que en estos tiempos hayamos empobrecido tanto el amor; lo hemos convertido en un utensilio más, en un objeto, sin darnos cuenta de la trascendencia y emotividad que el amor lleva consigo, sin darnos cuenta de que Dios es amor, que la vida es amor; que la vida del amor nace y hacia él permanentemente se dirige.
 





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