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Realeza de Cristo

Realeza de Cristo
Ciclo C - Cristo Rey / Lucas 23, 35-43: Señor, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino


Por: Padre Nicolás Schwizer | Fuente: Homilías del Padre Nicolás Schwizer



Estaba el pueblo mirando; los magistrados hacían muecas diciendo: “A otros salvó; que se salve a sí mismo si él es el Cristo de Dios, el Elegido.” También los soldados se burlaban de él y, acercándose, le ofrecían vinagre y le decían: “Si tú eres el Rey de los judíos, ¡sálvate!” Había encima de él una inscripción: “Este es el Rey de los judíos.” Uno de los malhechores colgados le insultaba: “¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y a nosotros!” Pero el otro le respondió diciendo: “¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, éste nada malo ha hecho.” Y decía: “Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino.” Jesús le dijo: “Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso.”

Reflexión
1. Celebramos en este último Domingo del año litúrgico la fiesta de Cristo Rey. Por eso las Lecturas bíblicas de hoy hablan de la realeza universal de Jesucristo.

La primera lectura se refiere a la unción de David como rey de Israel (2Samuel 5, 1-3). La realeza de David es un símbolo o anticipo de la del Mesías. Y el ansia del pueblo judío se concentraba en los siglos siguientes más y más en la llegada de los tiempos mesiánicos. Pero la mayoría de los israelitas esperaban el reino del Mesías como un reino político, terreno y nacionalista.

2. En cambio, Jesús rechaza categóricamente este concepto mundano de su mesianismo. Su reino se edifica en este mundo, pero no tiene nada que ver con los reinos terrenales. En varias oportunidades quieren proclamarlo rey, pero cada vez Jesús se oculta.

Él se declara rey recién cuando esta afirmación ya no causa ningún problema. Está solo, prisionero, las manos atadas a su espalda, coronado de espinas, delante de Pilato: “Tú lo dices, yo soy rey” (Jn 18,37). Y además quiere explicar para siempre: “Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis súbditos lucharían para que yo no fuese entregado a los judíos. Pero mi reino no es de aquí” (18, 36).

Jesús no hace competencia a ninguna potestad humana, porque él es Rey de los hombres a otro nivel superior. En otra ocasión nos dice, en qué sentido entiende Él su realeza: “Los reyes de las naciones las tiranizan y reciben el nombre de bienhechores. Pero yo no: yo estoy en medio de vosotros como el que sirve”. (Lc 22, 2Sss)

Jesucristo, Señor, Rey y Dios se pone al servicio desinteresado de los hombres durante toda su vida terrenal. Y es el Rey del mundo, porque ha amado tanto el mundo que le ha dada su vida en la Cruz. Cristo no ha triunfado sino por medio del fracaso, del sufrimiento, de la ingratitud y muerte.

4. El Evangelio de hoy nos lo indica: El monte del Calvario es su investidura como Rey, la Cruz su trono improvisado como Mesías, la corona de espinas su insignia. Y así dice la inscripción en la cruz: “Éste es el Rey de los judíos”.

Aunque los soldados se burlan y los judíos se enojan de esta inscripción, nosotros sabemos que desde entonces Él es verdaderamente Rey.

Y el Evangelio de hoy nos muestra también, como Jesús desde la Cruz ejerce su realeza sobre los hombres: ofreciéndoles su amor y su perdón. Es el episodio maravilloso del malhechor arrepentido. Reconoce públicamente su culpa y la inocencia de Jesús, y pide a éste que le recuerde en su reino.
Jesús concede al malhechor mucho más de la que ha pedido: “En verdad te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”. El Señor le concede la felicidad de su reino celestial aquel mismo día.

Este malhechor es, por eso, un signo del perdón y de la misericordia sin límites de Cristo para todos los tiempos. Y a la vez es un signo de que el Reino de amor del Señor ha comenzado a producir sus primeros frutos.

5. El reinado de Cristo llega a su perfección en su resurrección y ascensión. Porque con ellas se glorifica Jesús como Creador y Señor del mundo. Desde entonces está sentado a la derecha del Padre en su trono y ejerce su reinado universal sobre todos los seres. Es lo que nos revela la segunda lectura de hoy (Colosenses 1, 12-20), cuando nos presenta la realeza de Cristo sobre el mundo creado y redimido.

6. Esta fiesta de hoy ilumina también la condición cristiana de todos nosotros. Porque el ejemplo de Cristo vale pare cada cristiano. Por eso nos dice en su Evangelio: “Quien quiere ser grande entre vosotros, que se haga vuestro servidor, y el que quiere ser el primero entre vosotros, que sea el siervo de todos”. (Mc 90, 43s)

¡Cómo cambiarían nuestras parroquias, nuestras obras, nuestras familias, nuestros gobiernos si aquellos que quieren ser los primeros se hicieran los servidores de todos!

Queridos hermanos, nosotros, los que somos de Cristo, debemos inaugurar su reinado en nuestro ambiente, haciéndonos cada uno el servidor de todos los demás.
Esto es lo que nuestro Rey espera de nosotros. Y para ello vamos a recibir su gracia y ayuda en esta Eucaristía, alimentándonos de su pan celestial.

¡Qué así sea!
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Padre Nicolás Schwizer
Instituto de los Padres de Schoenstatt


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