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Arte, fe y leyenda: San Claudio mártir
León, España

Se dice que San Claudio fue un joven escultor coronado con el martirio en el 303


Por: Varios | Fuente: leonolvidado.es / cosinasdeleon.blogspot.com.es / www.funjdiaz.net



Los murales neocubistas de San Claudio

En el medieval barrio de San Claudio, se erige la Iglesia del mismo nombre. Dedicado al mártir Claudio, hijo del centurión Marcelo, este templo esconde un tesoro pictórico poco conocido: los murales de Alfonso Fraile.

En el año 1957 Doña Paz Peña García encarga el proyecto de la iglesia al arquitecto y presidente de la Diputación Ramón Cañas del Río; el pintor sevillano Alfonso Fraile realizará las pinturas interiores.

Alfonso Fraile (Marchena, 1930- Madrid, 1988), era por entonces un joven de 27 años que llegaría a convertirse en uno de los pintores más interesantes de su generación; así lo atestiguan la concesión del Premio Nacional de Artes Plásticas en el año 1983 y la retrospectiva que le dedicó el Museo Reina Sofía en los años 98-99.

Los murales de San Claudio forman parte de la etapa neocubista del pintor. Realizados en temple sobre el yeso de las paredes, fueron restaurados en el año 98. En colores cálidos se representan distintas escenas entre las que destacan la Santa Teresa de Jesús del altar, el descendimiento en el lado derecho del mismo y San Claudio acompañado de sus hermanos Lupercio y Vitorico a la izquierda.



En 1992 nace en la Parroquia la Cofradía Santo Cristo de la Bienaventuranza que continúa procesionando a día de hoy en la Semana Santa leonesa. En la propia iglesia de San Claudio se encuentran expuestas al culto las imágenes del Jesús Nazareno, el Santo Cristo de la Bienaventuranza, la Piedad y la Virgen de la Pasión.

Cualquiera que entre en esta iglesia se sentirá sin duda conmovido por los enormes ángeles músicos y cantores inmovilizados para siempre por el pincel de Alfonso Fraile. (Texto: María Gómez ... Fotografía: Antonio Juárez)

 

 



La Plaza de los Doce Mártires

Existe en la ciudad de León, España, en el barrio de San Claudio, una plaza llamada de los doce mártires. ¿De dónde proviene el curioso término de «Doce Mártires», asociado desde tiempo inmemorial a este entorno de gran arraigo social en la ciudad?

El 30 de octubre del año 303 fueron martirizados los hermanos Claudio, Lupercio y Victorico, los tres hijos del centurión San Marcelo y su esposa Santa Nonia, a las edades de entre dieciséis y veinte años. En su memoria y a las afueras de la ciudad, parientes y fieles les dieron honrosa sepultura en el mismo lugar de su muerte, erigiendo el monasterio de San Claudio para su honra y devoción por parte de los cristianos leoneses. Aquel monumental cenobio era el más antiguo de la provincia, ya que fue construido en el lejano siglo IV. Tan venerables piedras aún habrían de ser mudos testigos de muchos de los avatares vividos por la religión católica en nuestra ciudad. Y así, entre sus sagrados muros, habrían de sufrir martirio el abad San Vicente en el año 584 y algún tiempo más tarde San Ramiro y sus doce compañeros, sometidos en los salvajes tiempos de vándalos y suevos a terribles crueldades. Para extremar la barbaridad, sus restos serían esparcidos por los campos de los alrededores, hasta ser recogidos por los atemorizados cristianos. De semejante carnicería procede, naturalmente, el nombre de nuestro enclave protagonista. Varios de los monjes lograrían huir a Galicia, fundando el monasterio de San Clodio en la diócesis de Orense. El Real Monasterio Benedictino de San Claudio y su iglesia, la primera consagrada a la fe cristiana que existió en la ciudad de León, recogió y custodió durante siglos las reliquias de aquellos niños mártires, Claudio, Lupercio y Victorico. Y también las de San Vicente y San Ramiro, así como los heroicos restos de sus doce compañeros masacrados por la intransigencia fanática. A partir de entonces comenzarían las incursiones musulmanas contra los bastiones católicos del norte de España, incluyendo por supuesto a la histórica ciudad de León. Estas diferentes invasiones de los árabes provocaron que muchas de las citadas reliquias quedaran dispersas por la provincia, e incluso salieran de la misma. Fue Ramiro II quien mandó restaurar el cenobio, mientras que Ordoño III lo cedería hacia el año 954 al obispo Gonzalo para que recuperase en él la vida monástica. Los monjes estuvieron disciplinados primeramente bajo la Regla de San Agustín, pasando con posterioridad a la Regla del Patriarca San Benito. Al llegar el 31 de marzo de 1493, lunes de pascua, los religiosos que habitaban el monasterio vivieron un gran día al recibir la ciudad las reliquias del patrono San Marcelo. Venían desde la iglesia de Santa Ana dentro de su arca y serían acogidas en el cenobio de San Claudio, organizándose posteriormente una gran procesión. Aquí estaban aguardando los canónigos y el rey don Fernando I el Católico, acompañados de los grandes de España y los corregidores. Luego, entre música de trompetas, chirimías y tambores, se acompañaron los restos hasta la iglesia de San Marcelo, donde recibirían, en su altar mayor, el reposo definitivo. Algunos años después se viviría un penoso día, cuando hacia 1530 se produjo un grave incendio que destruyó parte del mismo. Destacadas familias leonesas contribuirían a su reedificación, dotándole de diversos bienes y realizando auténticas filigranas en las capillas. Precisamente estas familias nobles y poderosas de aquel León de los siglos XV y XVI, distinguidos linajes cuyo rastro se pierde en el gran libro de la historia, eligieron el citado monasterio para levantar sus sepulcros y sepulturas. Así hasta llegar a la Desamortización de 1834, produciéndose entonces la expoliación del cenobio y su posterior abandono, perdiendo todas sus posesiones. (Cosinas de León)
 
Dice la leyenda que...
 
... San Claudio fue escultor y uno de los llamados mártires "coronados". En realidad estos mártires de los primeros tiempos fueron conocidos bajo esa denominación por haberse ignorado sus nombres y haberlos englobado a todos bajo la "corona" del martirio. Los nombres que se les atribuyeron después, sin embargo, son más de cuatro, pues se menciona a Severo, Severiano, Carpóforo, Victorino, Claudio, Castorio, Sinforiano, Nicóstrato y Simplicio. Otras fuentes hacen a San Claudio hijo de San Marcelo y hermano de Lupercio y Victorino, a quienes el gobernador Diogeniano degolló en León hacia el año 303. Siglos más tarde la orden de San Benito edificó en la misma ciudad un monasterio que llevó su nombre y finalmente el abad Pelagio trasladó los restos en el año 1173.

En una Crónica General de la Orden de San Benito debida a Juan Antonio de Yepes, se cuenta que el día de la traslación de los restos de los mártires Claudio, Lupercio y Victorino desde el lugar humilde en que se encontraban dentro de la iglesia leonesa hasta el altar mayor, sucedieron muchos hechos extraordinarios, como recobrar la vista dos mujeres ciegas y caer una gran cantidad de agua sin que hubiese señales de que iba a producirse, tras una gran sequía que tenía atemorizada y hambrienta a la población. Algunos otros milagros se relatan en ese mismo texto, como el que se obró por mediación de San Claudio y que obligó a crear un voto similar al que Santiago de Compostela tiene con el Apóstol. (Almanaque Pôpular)

La fiesta de San Claudio, mártir, se celebra el 30 de octubre.

 





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