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Premios y jurados
No resulta fácil que el jurado sea de valor


Por: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net



1-11-2014

Un premio bien dado supone descubrir un mérito. Quien recibe tal premio, ha logrado una meta de cierta importancia. Quienes lo otorgan (normalmente un jurado), se ajustan a requisitos más o menos claros a la hora de escoger a quien será premiado por ciertos méritos.

Los problemas surgen cuando dirigimos la mirada hacia los jueces que componen el jurado. Se supone que son personas honestas, que saben apreciar los méritos de los posibles candidatos, que buscan realmente ensalzar y motivar a los galardonados.

Sin embargo, no resulta fácil que el jurado sea de valor. En parte, porque los sistemas para elegir jueces no son siempre transparentes. En parte, porque no faltan grupos de poder que neutralizan a personas muy valiosas para que no consigan ser candidatas a un premio que tal vez merecerían. En parte, porque los criterios según los cuales se escoge a uno y se descartan a otros no reflejan siempre una sana visión de los temas en cuestión.

Por eso, el aplauso que suelen generar las premiaciones puede no corresponder a los verdaderos méritos de las personas.



Como es obvio, evaluar a los jueces nunca ha sido fácil. La pregunta “¿quién juzga a los jueces?” puede generar un proceso al infinito, porque también el juez del juez es un ser humano, con límites mayores o menores que el juez sobre el que se busca alcanzar un veredicto.

Dar un premio motiva y estimula. En el mundo de la medicina y de la arquitectura, del periodismo y del deporte, de la asistencia a los necesitados y de la defensa de los derechos humanos, y en tantos otros ámbitos, miles de hombres y de mujeres trabajan con generosidad e ingenio, y merecen ser apoyados con premios bien distribuidos.

Por eso, cualquier esfuerzo por conocer quiénes son los jueces, cómo trabajan, qué les mueve a la hora de escoger a los premiados, será bienvenido si ayuda a evitar abusos y manipulaciones, y si promueve modos transparentes y justos a la hora de reconocer, con premios otorgados con buenos criterios, a quienes contribuyen de algún modo a construir un mundo más armónico, más bueno y más justo.





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