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Irene Stefani, Beata
Religiosa, 31 de octubre


Por: Varios | Fuente: irenestefani.altervista.org // AICA.org



Religiosa Misionera

Martirologio Romano: En Ghekondi (Kenya), beata Irene Stefani, (en el siglo Aurelia Giacomina Mercedes), monja del Instituto de las Hermanas Misioneras de la Consolata. ( 1930)

Fecha de beatificación: 23 de mayo de 2015, durante el pontificado de S.S. Francisco.

Breve Biografía

¿Quien es la Hermana Irene Stefani?

Sor Irene es una de las primeras misioneras de la Consolata quien recorrió los senderos de la caridad heroica hasta entregar su propia vida por la difusión del Evangelio.

Ella el 19 de Junio de 1911, a los 19 años de edad, deja su pueblo natal, Anfo, en la provincia de Brescia (Italia), donde ya se le conocía como “el angel de los pobres”, y se dirige a Turín donde José Allamano, el fundador del Instituto de los Misioneros de la Consolata, aca­baba de dar inicio también a las Misioneras de la Consolata. El la recibe en el pequeño grupo de las primeras jóvenes deseosas de entregar su vida a Dios para la obra misionera.



Acabada su preparación, con confianza y humilde valenía, hacia finales de 1914, acepta con entusiasmo el mandato para las misiones de Kenya, conciente de las dificuldades que la esperan.

Su corazón no tiembla, porque està afianzado en Dios. El 29 de Enero de 1914, día de su consagración a Dios por la misión, Sor Irene habia condensado en pocas lineas su programa de vida:

Sólo Jesús!
Todo con Jesús... Toda de Jesús...
Todo para Jesús... Nada para mí.

En Enero de 1915 llega al Kenya, experimenta la pobreza extrema, la fatiga, la soledad. Tiene que hacer el esfuerzo para aprender un idioma nuevo, penetrar en una cultura muy diferente, deshacer prejuicios. Sor Irene ensancha su corazón, para que en él encuentre espacio aquel mundo al que ella se entrega con todo su ser: es mujer humilde, llena de fe ardiente, de caridad intrépida y esperanza inquebrantable para anunciar que Jesús es el Hijo de Dios y el Salvador de la humanidad.

En 1915 a los pocos meses de haber llegado al Kenya, la primera guerra mundial hace sentir sus efectos en las colonias inglesas y alemanas e implica directamente numerosos misioneros y misioneras presentes en Africa Oriental.



A partir de Agosto de 1916, Sor Irene desarrolla la tarea de enfermera de la Cruz Roja en Kenya y Tanzania, en los grandes hospitales de campo levantados por los “carriers”, los trescientosmil y más indígenas movilizados por los ingleses para defender y ensanchar sus fronteras. Con piedad y abnegación pasa dias y noches en las grandes carpas donde se amontonan hasta dosmil enfermos y heridos. En aquellas miserables condiciones falta todo pero sor Irene suple a la falta de remedios y de asistencia médica multiplicando los gestos de caridad y con la cercania afectuosa y maternal a cada uno de esos po­bres jóvenes. “Esa hermana es un ángel”, se oye comen­tar alrededor.

A fines de la guerra Sor Irene vuelve al Kenya entre sus Agikuyus y se entrega totalmente a la obra de evangelización con inagotable espíritu apostólico. Ella llega a ser maestra, enfermera, partera, visitadora familiar y a todos lleva amor y gestos concretos de solidaridad. Tanto es así que la gente empieza a llamarla con cariño “Nyaatha”, que significa “la madre toda misericordia”.

Al cumplir 39 años de edad, frente a las necesidades incalculables de la obra misionera y siempre más conciente de su pequeñéz, Sor Irene siente la llamada interior a ofrecer a Dios el sacrificio supremo de su vida para el adviento del Reino. Tan sólo dos semanas después de su ofrecimiento, asistiendo a un enfermo de peste que muere entre sus brazos, contrae la misma enfermedad que en pocos días la lleva a la muerte, víctima de su caridad heroica.

Es el 31 de Octubre de 1930. En cuanto la dolorosa noticia de su muerte se difunde, la gente aturdida y consterna­da acude en masa a la misión para ver por última vez su rostro, superando el temor supersticioso hacia los muertos, aún muy arraigado en aquel tiempo.

Después de más  de medio siglo la Iglesia de Nyeri (Kenya) y la de Turín piden a la “Congregación de los Santos” en Roma que sean reconocidas las virtudes heroicas de Sor Irene Stéfani, para gloria de Dios y ejemplo a los fieles.

Sus restos, exhumados en 1995, reposan en la iglesia de la Consolata en Nyeri­Mathari (Kenya).

Dado que Su Santidad, el Papa Francisco, el 12 de junio de 2014, firmara la promulgación del decreto reconociendo un milagro atribuido a la intercesión de sor Irene Stefani, se ha autorizado su beatificación, misma que se realizó el 23 de mayo de 2015.

El milagro de la fuente bautismal de Nipepe (Mozambique)

El milagro reconocido por la Congregación vaticana para autorizar la beatificación ocurrió en 1989 en la localidad de Nipepe (diócesis de Lichinga, Niassa-Mozambique), durante la guerra civil entre los grupos guerrilleros de la Frelimo y de la Renamo.

En la iglesia parroquial de Nipepe se hallaban refugiadas unas 270 personas entre las cuales muchos niños y niñas, algunos habitantes del pueblo y los catequistas de varias parroquias de la diócesis, que se habían reunido para un curso de formación catequística dirigido por el párroco, padre José Frizzi, misionero de la Consolata. Durante cuatro días permanecieron encerrados, sin poder salir, amenazados de muerte por ambos grupos guerrilleros, con escasos víveres y sin acceso al agua.

El milagro atribuido a la intercesión de sor Irene Stefani consistió en la prodigiosa multiplicación del agua de la fuente bautismal que durante cuatro días sirvió a las 270 personas refugiadas.

Era el 10 de enero de 1989, el período más caliente del año. No había ninguna posibilidad de obtener agua. Durante la misa del alba se oyeron los disparos con los cuales se iniciaba el ataque militar. Sor Irene fue fervorosamente invocada por todos los presentes pidiendo su protección y ayuda. La única agua que había en la iglesia era la de la fuente bautismal, pero nadie tenía el valor de beber de esa agua sagrada. Considerando la situación angustiosa, sobre todo de los niños, el catequista Bernardo Bwanaissa dio permiso para que se pueda beber el agua de la fuente bautismal.

En 2009, antes de morir, Bernardo recordó y testimonió ante el obispo de Lichinga que “en aquel enero de 1989, todos los que estábamos secuestrados en la parroquia de Nipepe durante cuatro días comimos las galletas regaladas por Caritas que se encontraban en la sacristía y bebimos del agua de la fuente bautismal”.

Esta agua fue suficiente para todos los refugiados en la iglesia durante los cuatro días, y no solo para beber, sino también para lavarse y refrescarse del sudor, y hasta para lavar una niña dada a luz la primera noche del secuestro, a la que sus padres le dieron el nombre de Irene en recuerdo de sor Irene. Al final del secuestro, ingresó el padre José Frizzi quien, sorprendido al ver el suelo en torno del bautisterio muy mojado, preguntó por qué había tanta agua. La gente le contó lo sucedido. La intercesión de sor Irene hizo el milagro de la multiplicación del agua.

“La fuente bautismal parecía un árbol que producía agua”, dijo uno de los testigos durante el proceso eclesiástico del milagro, realizado en julio de 2010. Todos los que vivieron el hecho milagroso lo confirmaron en el proceso y repetían con reverencia y estupor: “Por intercesión de sor Irene todos fuimos salvados”; “Ella nos escuchó y nos ayudó”; “Fue ella, madre Irene, que nos concedió el milagro”. Sor Irene fue invocada con fe y hubo agua suficiente para todos los refugiados durante los cuatro días del encierro.

El pueblo Makua la llama “mae Irene” y es muy significativo para ellos porque la sienten cercana como una mamá que interviene en todas sus necesidades. Manuel Muapareia, uno de los testigos, dijo: “Para nosotros es la madre Irene porque piensa en todo: en proteger la vida, en curar las enfermedades, en defendernos de los peligros, en consolarnos cuando nos sentimos solos y tristes, es decir, ella hace todo lo que hace una madre por sus hijos”.

Las madres del pueblo Makua la invocan después de la Virgen Consolata, porque Irene entró en sus corazones, sus mentes, su cultura y en la expresión religiosa de este pueblo.

Este acontecimiento milagroso llenó de admiración y continúa suscitándola a la distancia de 25 años, lo que hace ver claramente que sor Irene está en el corazón y la mente de cuantos vivieron esta experiencia en primera persona y de quienes fueron informados.

 





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