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¿Hay procesos irreversibles?
Existen, decisiones que desencadenan acontecimientos que casi parece imposible detener


Por: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net



3-1-2015

Un grupo de personas inicia un proceso. Se dirige hacia cambios en las leyes, o hacia formas de economía más sofisticadas, o hacia la implantación de nuevos derechos, o hacia la independencia de una zona geográfica, o hacia un sistema social revolucionario.

La pregunta es: ¿son irreversibles los procesos? ¿Algo ya iniciado no tiene marcha atrás? ¿Es imposible detener el paso de la historia?

Existen, hay que reconocerlo, decisiones que desencadenan acontecimientos que casi parece imposible detener. Una vez que en agosto de 1914 los gobiernos de importantes Estados de Europa se lanzaron a la guerra, inició un conflicto que parecía imparable y que se prolongó por más de 4 años.

Pero incluso en situaciones parecidas, siempre quedaron puertas abiertas a la negociación que habrían permitido avanzar hacia esa paz tan deseada por millones de familias.



También hoy hay grupos que inician procesos y que consideran irreversibles. Con mucha facilidad, su juicio resultará erróneo, pues el proceso terminará en un momento determinado, con consecuencias a veces dañinas, otras veces con beneficios de poca importancia. Otras veces su juicio tiene a su favor un apoyo popular, o una fuerza de sugestión y de miedo que arrastrará a muchos a considerar que no es posible hacer nada para detener el avance del proceso.

El cuadro quedaría incompleto si no reconociéramos que un proceso sostenido y apoyado por grupos importantes de poder puede fracasar por muchos motivos. Por ejemplo, a causa de errores más o menos graves de quienes defienden el proceso. O por el surgimiento de elementos nuevos no previstos que modifican completamente el panorama y que llevan a un fracaso estrepitoso. O, simplemente, porque otros grupos han iniciado un proceso en el sentido diametralmente opuesto y con una energía que sorprende.

Entonces, ¿hay procesos irreversibles? Mientras exista entre los seres humanos un mínimo de libertad y de espíritu crítico, la respuesta es un simple y misterioso “no”.

Porque, más allá de los procesos ya iniciados, hombres y mujeres concretos pueden oponerse a lo que otros consideraban como algo irreversible, y comenzar así caminos nuevos y victoriosos que se impondrán en la marcha misteriosa y compleja que conocemos bajo el nombre de “historia humana”.

 



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