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Historia de un descubrimiento
Codex Hierosolimitanus 54

El mérito de haber preservado completas tres obras de los Padres apostólicos lo ha convertido en uno de los códices cristianos más importantes


Por: Varios | Fuente: Wikipedia



En el año 1875 se difundió en Occidente la noticia de un hallazgo fortuito. Dos años antes, en 1873, se había encontrado un códice griego antiguo con obras del cristianismo primitivo. La novedad llegaba con retraso, pero acompañada por la publicación de dos epístolas muy especiales incluidas en el códice. La primicia, editada en Constantinopla, decía:

Las dos epístolas de nuestro Santo Padre Clemente, obispo de Roma, a los corintios, extraídas de un manuscrito de la biblioteca del monasterio fanariota del Santísimo Sepulcro de Constantinopla y publicadas por primera vez de forma completa. Prolegómeno y notas por Filoteo Bryennios, metropolitano de Serres (Macedonia).

Los investigadores de Occidente recibieron la noticia con sorpresa y satisfacción. Hasta ese momento, las epístolas de Clemente de Roma se conocían únicamente a través del texto proporcionado por el Codex Alexandrinus al que, desgraciadamente, le faltaban unas hojas. El texto publicado por Bryennios completaba ambos escritos. Era la segunda vez en pocos años que los cimientos de la erudición cristiana moderna se veían sacudidos por un gran descubrimiento. En la década anterior, Konstantin von Tischendorf había encontrado en el Monasterio de Santa Catalina el Codex Sinaiticus, gracias al cual se había recuperado una versión griega de la Biblia y la Epístola de Bernabé. El descubrimiento de Tischendorf estaba todavía presente en la memoria de los eruditos. Tanto es así que, en algún momento, Filoteo Bryennios fue llamado, por la relevancia de su hallazgo, «el Tischendorf de la Iglesia griega».

Filoteo Bryennios había nacido en Constantinopla en 1833 en el seno de una familia humilde. Apoyado por el metropolitano de Cízico ingresó en el seminario patriarcal de la Isla de Chalce. Al terminar su formación, fue ordenado diácono y se trasladó a Alemania (1856) donde asistió a clases de teología y filosofía en las universidades de Leipzig, Berlín y Múnich. Allí entró en contacto con la moderna investigación occidental. En 1861 regresó a Constantinopla como profesor de historia eclesiástica y exégesis en la misma escuela donde había estudiado. Dos años después, fue ordenado presbítero y honrado con el título de «Archimandrita del trono ecuménico de Constantinopla». En 1867, se hizo cargo de la dirección del prestigioso Colegio ortodoxo griego, una institución varias veces centenaria donde estudiaban tradicionalmente los hijos de las familias ortodoxas griegas. Dicho colegio, también llamado «Gran Escuela de la Nación», estaba situado en el Fanar, el sector griego de Estambul, junto al Cuerno de Oro. Tras la Caída de Constantinopla en el año 1453, la mermada población griega y la sede del Patriarcado ortodoxo griego de Constantinopla se habían ubicado en ese barrio a instancias del propio sultán. Un año después, en 1454, Mateo Kamariotis había fundado el colegio.

Próximo al colegio, y en descenso hacia el río, se encontraba el Monasterio del Santo Sepulcro, llamado también Monasterio de Jerusalén por depender de dicho Patriarcado. El monasterio, de carácter oriental, era en ese momento un agregado de edificios cuya biblioteca estaba exenta del conjunto en un pequeño edificio de piedra, con pinturas religiosas en la entrada y un interior luminoso. La biblioteca había sido examinada décadas antes por varios expertos que buscaron allí manuscritos antiguos. En 1873, Bryennios se interesó por un manuscrito de la biblioteca. Se trataba de un volumen en pequeño octavo (6x8 pulgadas), encuadernado en piel negra, con 120 hojas de pergamino bien conservado, escritas a doble cara con letra pequeña y clara procedente de una misma mano. La última hoja exhibía una breve noticia sobre su composición.



Acabado en el mes de junio, el día 11, día tercero (martes), en el año 6564, por la mano de León, copista y pecador.

El calendario ortodoxo de Constantinopla fechaba el nacimiento de Cristo en el año 5508 de la creación del mundo, así que el año 6564 de dicho calendario correspondía al 1056 d. C. del calendario juliano. Se trataba, por tanto, de un manuscrito medieval. Los monjes del monasterio no supieron informarle sobre él y el catálogo de la biblioteca decía únicamente que el volumen contenía una sinopsis bíblica de escaso valor, atribuida a Juan Crisóstomo. Sin embargo, al abrir el códice, Bryennios encontró completas las dos epístolas de Clemente de Roma y, gracias a su extensa formación patrística, se dio cuenta cabal de la importancia del hallazgo. En concreto, el códice encontrado contenía las siguientes obras:

  • La Sinopsis veteri et novi testamenti, mencionada en el catálogo. Obra anónima del siglo IV atribuida a Juan Crisóstomo. La recensión contenida en el códice aparecía truncada en el Libro de Malaquías omitiendo, por tanto, el Nuevo Testamento (fol. 1-32).
  • La Epístola de Bernabé. Obra pseudoepigráfica atribuida sin que se sepa la razón a Bernabé el Apóstol. Era conocida en parte por el texto del Codex Vaticanus y por una versión latina, también truncada. Desde 1862 estaba disponible la versión griega completa del Codex Sinaiticus, encontrada por Konstantin von Tischendorf en el Monasterio de Santa Catalina. Bryennios utilizó el texto de su manuscrito para cotejarlo con la edición que, en 1877, preparaba Adolf Hilgenfeld en Jena (fol. 33-51).
  • La Primera epístola de Clemente. Extensa carta redactada por Clemente de Roma en torno al año 96 d. C. con motivo de una disputa surgida en la comunidad cristiana de Corinto. En tiempos fue una obra muy apreciada. Actualmente, la relevancia de su autor ha hecho que se la incluya en el grupo de los Padres apostólicos. Hasta la publicación de Bryennios era conocida por la versión del Codex Alexandrinus donde faltaba el texto de los capítulos 57,6-64,1 los cuales fueron publicados por primera vez en ese año (fol. 51-70).
  • La Segunda epístola de Clemente. Obra anónima de mediados del siglo II, considerada hoy como la primera homilía cristiana.  La tradición atribuyó esta obra a Clemente de Roma, hecho que fue cuestionado abiertamente por Eusebio de Cesarea en el siglo IV y que, en la actualidad, es negado unánimemente. Es cierto, sin embargo, que las epístolas de Clemente aparecen juntas y seguidas en los dos únicos manuscritos transmisores, lo que apunta a la existencia de alguna relación entre ellas. Esta epístola también estaba truncada en los capítulos finales y, como la anterior, quedó completa con la publicación de Bryennios (fol. 70-76).
  • La Enseñanza de los doce apóstoles (fol. 76-80).
  • La recensión larga de las cartas de Ignacio de Antioquía, que contenía  la versión interpolada de sus siete cartas auténticas más las cartas espurias y la carta, también espuria, de María de Cassobolos a Ignacio (fol. 81-120). Esta nueva versión de las cartas de Ignacio no añadía gran cosa a las precedentes excepto facilitar nuevas lecturas a la edición de los Padres apostólicos que estaba preparando  Franz Xaver von Funk.

La importancia de la publicación de las epístolas clementinas hizo que nadie reparase en esos momentos en la obra que ocupaba los folios 76-80 del códice. La Enseñanza de los doce apóstoles, que más tarde sería conocida como la Didaché, pasó completamente desapercibida. Ni siquiera el propio Bryennios pareció darle importancia. Unos años después, el primer editor americano de la Didaché escribía: «Ahora nos resulta extraño que el anuncio de aquel documento atrajese entonces tan escasa atención». En 1878, acabada la guerra entre rusos y turcos, Bryennios examinó el códice con más detenimiento y se dio cuenta de que aquella Enseñanza de los doce apóstoles que, de forma tan precaria, había sido presentada en 1875, era en realidad la única copia existente de una obra antiquísima, perdida hacía siglos y conocida tan sólo por algunas breves noticias conservadas en las obras de los Padres de la Iglesia. Bryennios reanudó de inmediato su labor crítica, que culminó cinco años más tarde. En 1883, sorprendió a los investigadores con un nuevo anuncio:

La enseñanza de los doce apóstoles. Publicada por primera vez a partir del manuscrito de Jerusalén. Prolegómeno y notas por Filoteo Bryennios, metropolitano de Nicomedia. Constantinopla, 1883. Philip Schaff (1885:9)

Esta vez el anuncio encontró la acogida que merecía. Desde hacía meses, investigadores de la talla de Adolf von Harnack disponían de una copia del escrito sobre la que estaban trabajando. La primera noticia apareció en Europa el 25 de enero de 1884 en la Allgemeine Zeitung de Múnich. Un mes después, el Durham University Journal hizo lo propio en Inglaterra. En 1885, Philip Schaff presentaba así la obra:



La Didaché llena un vacío entre la era apostólica y la Iglesia de la segunda centuria, y arroja nueva luz sobre cuestiones de doctrina, culto y disciplina. En esto reside su interés y su significado. Philip Schaff (1885:v)

El propio Schaff comentó sobre Bryennios:

Es seguramente el prelado de la Iglesia ortodoxa con más preparación. Conoce bien la patrística, especialmente la griega, aunque también la moderna literatura alemana. Cita con soltura los escritos de Bingham, Schröckh, Neander, Gieseler, Hefele, von Drey Krabbe, Bunsen, Dressel, Schliemann, Bickell, Tischendorf, Hilgenfeld, Lagarde, Ueltzen, Funk… Ha sido invitado cordialmente por los investigadores de Occidente, tanto católicos como evangélicos, a disfrutar de un sitio de honor en la república de la erudición cristiana. La universidad de Edimburgo le ha conferido el grado honorífico de «Doctor de doctrina» (Doctor of Divinity)

Más allá del interés puramente científico de los eruditos, la Didaché se convirtió en los Estados Unidos en un fenómeno social. Si, en Europa, la discusión se mantuvo dentro de los límites del ámbito académico, en Estados Unidos, la forma práctica de entender la teología hizo que mucha gente se interesase por la obra. Casi todas las denominaciones cristianas elaboraron su propia traducción y la comentaron a su modo, ya que veían en ella confirmaciones de su propio credo. La Didaché rompía de manera inesperada el equilibrio teológico entre los grupos cristianos de Occidente y daba nuevos argumentos a trinitarios, unitaristas, baptistas, episcopalianos, anglicanos, luteranos y católicos para defender sus respectivas posturas. Mientras, en Oriente, Bryennios fue apartado discretamente de Constantinopla, donde la sede del Patriarcado había cambiado recientemente de manos.  Poco después, en 1887, el manuscrito de Constantinopla abandonó la luminosa estancia de piedra donde había permanecido ocho siglos y fue trasladado a Jerusalén, a la biblioteca de aquel Patriarcado. Allí fue inscrito en el registro de entrada con la signatura: Kod. Patr. 54 y, desde entonces, es conocido como Codex Hierosolimitanus 54, Codex H54 o, sin más, manuscrito H. El mérito de haber preservado completas tres obras de los Padres apostólicos lo ha convertido en uno de los códices cristianos más importantes.

Imagen: Baptisterio con una representación de los doce apóstoles, rodeando una escena inspirada en el bautismo de Cristo en el río Jordán. (Ravenna - Santa Maria in Cosmedin - Battistero degli Ariani)





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