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Castrojeriz, Burgos

Convento de San Antón en el Camino de Santiago
Desde su propia fundación, el convento estuvo ligado a la atención del peregrino


Por: Varios | Fuente: wikipedia / artehistoria.com



A las afueras de Castrojeriz, sobre lo que fue anteriormente el palacio y la huerta del rey Pedro I de Castilla, se hallan las ruinas del antiguo monasterio de San Antón, regido por los antonianos, que se dedicaban a cuidar de los enfermos que llegaban haciendo el Camino de Santiago, sobre todo de los que presentaban la enfermedad llamada del fuego de San Antón, fuego sagrado, fuego de enfermo. En la actualidad sólo queda en pie el arco que formaba un túnel, por donde entraban y salían los peregrinos.

Este monasterio estuvo bajo la protección real, por eso hay escudos reales en la portada de la iglesia y en las claves de las bóvedas. Lo fundó Alfonso VII en el siglo XII (año 1146), y fue conocido como real xenodoquio de San Antonio Abad. Las ruinas actuales son del siglo XIV. El hospital tuvo mucha importancia, pues fue la sede de la Encomienda General de la Orden de San Antonio en los distintos reinos de la Corona de Castilla y Portugal, con más de veinte encomiendas dependientes (casas-monasterios-hospitales). Eran famosas las ceremonias que hacían los monjes antonianos para bendecir diversos objetos, a las que acudían muchos fieles. Bendecían:

  • La cruz llamada Tau o Thau. Fue usada por el fundador de la orden en memoria de la liberación de los primogénitos de los hebreos, los cuales tenían sus puertas marcadas con este símbolo. Esta Tau libraba de pestilencias a todo el que la llevaba.
  • El pan de San Antonio, que se daba a todos los peregrinos y era elaborado contra enfermedades y peligros de mar y tierra. Antes de cocer se signaba con la Tau y se bendecía en la fiesta de San Antonio.
  • El vino santo, remedio del fuego. Se daban casos de curación de los lacerados por su contacto y aspersión.
  • Campanillas del Santo y otros objetos.

El santo que da nombre al recinto es San Antonio Egipcíaco (San Antonio Abad). Desde su propia fundación, el convento estuvo ligado a la atención del peregrino. Los monjes antonianos, con su entrega, contribuyeron a magnificar el prestigio del recinto. Curaban el "Sacer Ignis", una especie de gangrena infecciosa, hoy conocida con el nombre de "Ergotismo" o "Fuego de San Antón". La fama del convento fundado a instancias del rey Alfonso VII en 1146, alcanzó los confines de Europa. Su declive comenzó en los siglos XVIII y XIX, pero su abandono definitivo será en 1787, cuando Carlos III delegue a manos privadas su gestión y, sobre todo en 1791 cuando, para cumplir la Bula de Disolución dictada por Pío VI, abandone el recinto su último comendador. Sus restos hoy cruzan de lado a lado la estrecha carretera. Se trata de dos elevados arcos ojivales con potentes contrafuertes adosados, levantados en sillería de gran calidad, y las arquivoltas de la portada, constituyendo el típico esquema abocinado de las portadas románicas y góticas. Como en todos los de la Ruta, se ofrecía al peregrino un mínimo de atenciones consistentes en lecho, sal, agua y lumbre por una noche.







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