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A mi no me afecta, video sobre consecuencias del matrimonio homosexual
Las consecuencias de redefinir el matrimonio

Matrimonio: ¿Qué es, por qué importa? y las consecuencias de redefinirlo


Por: Ryan T. Anderson | Fuente: http://www.libertad.org/matrimonio-que-es-por-que-importa-y-las-consecuencias-de-redefinirlo-18507



El matrimonio se basa en la verdad de que hombres y mujeres son complementarios, en el hecho biológico de que la reproducción depende de un hombre y una mujer y en la realidad de que los hijos necesitan una madre y un padre.

Redefinir el matrimonio no amplía sin más la actual forma de entender el matrimonio; rechaza estas verdades. El matrimonio es el medio menos restrictivo que tiene la sociedad de garantizar el bienestar de los hijos. Al fomentar las reglas del matrimonio (monogamia, exclusividad sexual y permanencia) el Estado fortalece la sociedad civil y reduce su propio papel. El futuro de este país depende del futuro del matrimonio. Y el futuro del matrimonio depende de la comprensión ciudadana de qué es y por qué importa y de exigir normativas públicas que respalden, no que socaven, el verdadero matrimonio.

En el centro de los actuales debates en torno al matrimonio homosexual hay tres preguntas fundamentales: ¿Qué es el matrimonio, por qué es importante el matrimonio para la normativa pública y cuáles serían las consecuencias de redefinir el matrimonio para excluir la complementariedad sexual?

El matrimonio existe para unir a un hombre y a una mujer como esposo y esposa para que sean padre y madre de cualquier hijo que produzca su unión. Se basa en la verdad antropológica de que hombres y mujeres son complementarios, en el hecho biológico de que la reproducción depende de un hombre y de una mujer y en la realidad social de que los hijos necesitan a una madre y a un padre. El matrimonio es anterior al gobierno. Es la piedra angular de toda la civilización humana. El matrimonio tiene fines públicos que trascienden de sus fines privados. Es por eso por lo que 41 estados, con razón, afirman que el matrimonio es entre un hombre y una mujer.

El gobierno reconoce el matrimonio porque es una institución que beneficia a la sociedad de una forma que no lo hace ninguna otra relación. El matrimonio es el medio menos restrictivo de la sociedad para garantizar el bienestar de los hijos. El reconocimiento estatal del matrimonio protege a los hijos al alentar a hombres y mujeres a que se comprometan los unos con los otros y se hagan cargo de sus hijos. A la vez que respeta la libertad de cada uno, el gobierno, de manera acertada, reconoce, protege y fomenta el matrimonio como la institución ideal para tener y criar a los hijos.



Promover el matrimonio no prohíbe ningún otro tipo de relación: los adultos son libres de tomar decisiones acerca de sus relaciones y no necesitan de la sanción ni el permiso del gobierno para hacerlo. Todos los americanos tienen libertad para vivir como elijan, pero nadie tiene derecho a redefinir el matrimonio para los demás.

En décadas recientes, el matrimonio ha quedado debilitado por una visión revisionista que está más relacionada con los deseos de los adultos que con las necesidades de los hijos. Esto reduce el matrimonio a un sistema de aprobación de vínculos emocionales o de distribución de privilegios legales.

Redefinir el matrimonio para incluir las relaciones homosexuales es la culminación de este revisionismo y dejaría la intensidad emocional como lo único que separa el matrimonio de otros vínculos. Redefinir el matrimonio alejaría aún más el matrimonio de las necesidades de los hijos y negaría, en cuestión de normativa, el ideal de que un hijo necesita tanto una madre como un padre. Décadas de investigación de las ciencias sociales, incluidos los estudios más recientes que utilizan amplias muestras y sólidos métodos de investigación, muestran que los hijos tienden a dar lo mejor de sí cuando son criados por un padre y una madre. La confusión resultante de desvincular aún más la crianza de los hijos del matrimonio obligaría al Estado a intervenir más a menudo en la vida familiar y a ampliar los programas de asistencia social. Redefinir el matrimonio legislaría sobre el nuevo principio de que el matrimonio es cualquier vínculo emocional que como tal establezca el gobierno.

Redefinir el matrimonio no amplía sin más la actual forma de entender el matrimonio. Rechaza la verdad antropológica de que el matrimonio se basa en la complementariedad del hombre y la mujer, así como en la realidad social de que los hijos necesitan un padre y una madre. Redefinir el matrimonio para abandonar la norma de la complementariedad sexual entre lo masculino y lo femenino haría que otras características, tales como la monogamia, la exclusividad y la permanencia, fuesen también opcionales. El matrimonio no puede hacer el trabajo que necesita la sociedad si estas nomas se debilitan aún más.

Redefinir el matrimonio es también una amenaza directa a la libertad religiosa, puesto que margina a quienes afirman que el matrimonio es la unión de un hombre y una mujer. Esto ya resulta evidente en Massachusetts y Washington DC, entre otros lugares.



La preocupación por el bien común exige la protección y el fortalecimiento de la cultura del matrimonio promoviendo la verdad en torno al mismo.

¿Qué es el matrimonio?

El matrimonio existe para unir a un hombre y a una mujer como esposo y esposa para que sean padre y madre de cualquier hijo que produzca su unión.

En su nivel más básico, el matrimonio está relacionado con unir a un hombre y a una mujer como esposo y esposa para que sean el padre y la madre de cualquier hijo que produzca su unión sexual. Cuando nace un bebé, siempre hay una madre cerca: esa es la realidad de la biología reproductiva. La pregunta es si el padre se involucrará en la vida de ese hijo y, si es así, durante cuánto tiempo. El matrimonio incrementa las posibilidades que un hombre se comprometa tanto con los hijos que ayuda a crear como con la madre de éstos.

El matrimonio conecta bienes y personas que de otra manera tenderían a fragmentarse. Ayuda a conectar el sexo con el amor, a los hombres con las mujeres, el sexo con los bebés y a los bebés con sus madres y padres [1]. Las señales y presiones sociales, culturales y legales pueden sumar o restar en este aspecto al papel del matrimonio.

Maggie Gallagher recoge esta concepción en una frase concisa: “[E]l sexo crea bebés, la sociedad necesita bebés y los hijos necesitan madres y padres” [2]. Conectar sexo, bebés, madres y padres es la función social del matrimonio y ayuda a explicar por qué el gobierno reconoce y aborda acertadamente este aspecto de nuestras vidas. Gallagher desarrolla la idea de la siguiente forma:

La tarea pública o “civil” fundamental del matrimonio es regular las relaciones sexuales entre hombres y mujeres con el fin de reducir las probabilidades de que los hijos (y sus madres y la sociedad) se tengan que enfrentar a las cargas de la ausencia paterna, así como de aumentar las probabilidades de que haya una próxima generación que sea criada por sus madres y padres dentro de una familia, en la que ambos padres estén comprometidos el uno con el otro y con sus hijos [3].

El  matrimonio se basa en la verdad antropológica de que hombres y mujeres son complementarios, en el hecho biológico de que la reproducción depende de un hombre y de una mujer y en la realidad social de que los hijos necesitan a una madre y a un padre.

El matrimonio es una unión integral de carácter único. Implica una unión de corazón y mente, pero también (y de forma distintiva) una unión física posible gracias a la complementariedad sexual. Al igual que con el acto por el cual un esposo y una esposa hacen el amor dentro del matrimonio se crea además una nueva vida, el matrimonio por sí mismo también se amplía y enriquece por la vida familiar y exige un compromiso absolutamente integrador que sea permanente y exclusivo. En pocas palabras, el matrimonio une a un hombre y a una mujer de manera holística, es decir, emocional y físicamente, mediante los actos de amor conyugal y mediante los hijos que ese amor produzca, para toda la vida [4].

Exactamente igual que la complementariedad de un hombre y una mujer es importante para el tipo de unión que puedan formar, también lo es para cómo crían a los hijos. No existe “el ser padres”, existe el ser madre y existe el ser padre y los hijos dan lo mejor de sí con ambos. Aunque tanto hombres como mujeres son capaces de proporcionar a sus hijos una buena crianza, sí hay, de promedio, diferencias en el modo en el que las madres y los padres interactúan con sus hijos y en los papeles funcionales que desempeñan.

Los padres desempeñan un papel especialmente importante en la formación tanto de sus hijos como de sus hijas. Como explica el sociólogo de la Universidad Rutgers David Popenoe, “La carga de las pruebas de las ciencias sociales defiende la idea de que el cuidado de los hijos diferenciado por sexos es importante para el desarrollo humano y que la contribución de los padres a la crianza de los hijos es única e irreemplazable [5]”. Popenoe concluye que:
Deberíamos repudiar la idea de que “las mamás pueden hacer de buenos papás”, al igual que deberíamos repudiar la idea popular… de que “los papás pueden hacer de buenas mamás”… Los dos sexos son diferentes en el fondo y cada uno es necesario, cultural y biológicamente, para el óptimo desarrollo de un ser humano [6].

El matrimonio como la unión de un hombre y una mujer es una realidad en todas las culturas, religiones y épocas. El gobierno reconoce pero no crea el matrimonio.

El matrimonio es la piedra angular de toda civilización humana. El gobierno no crea el matrimonio. El matrimonio es una institución natural anterior al gobierno. La sociedad como conjunto, no simplemente un grupo determinado de esposos y esposas, se beneficia del matrimonio. Esto se debe a que el matrimonio ayuda a canalizar el amor en su aspecto procreador hacia una institución estable que proporciona de manera ordenada la crianza y cuidado de la siguiente generación.

Esta forma de entender el matrimonio como la unión de un hombre y una mujer es compartida por las tradiciones judía, cristiana y musulmana; por los pensadores griegos y romanos que no conocieron estas religiones; y por varios filósofos de la Ilustración. Así se afirma tanto por los derechos civil y común como por los antiguos derechos griego y romano. Lejos de tener la intención de excluir las relaciones homosexuales, el matrimonio como la unión de un esposo y una esposa surgió en muchos lugares, a lo largo de varios siglos, en los que el matrimonio homosexual era desconocido. De hecho, surgió en culturas que no tenían el concepto de orientación sexual y en algunas que aceptaban totalmente el erotismo homosexual y que incluso lo daban por sentado [7].

Como ocurre con otros asuntos de normativa pública, las opiniones religiosas sobre el matrimonio deberían ser bienvenidas en el debate público. Aunque no se necesite apelar a los distintos argumentos religiosos para comprender por qué el matrimonio, como institución natural, es la unión de un hombre y una mujer.

El matrimonio ha quedado debilitado por una visión revisionista que está más relacionada con los deseos de los adultos que con las necesidades de los hijos.

En décadas recientes, el matrimonio ha quedado debilitado por una visión revisionista del mismo que está más relacionada con los deseos de los adultos que con las necesidades de los hijos. Esta visión reduce el matrimonio principalmente a unos vínculos emocionales o a unos privilegios legales. Redefinir el matrimonio supone la culminación de este revisionismo y dejaría la intensidad emocional como lo único que separa el matrimonio de otros vínculos.

Sin embargo, si el matrimonio fuese solamente una cuestión de intensidad emocional, las normas maritales no tendrían sentido como cuestión de principios. No hay motivaciones de principios que requieran que una unión emocional sea permanente. O limitada a dos personas. O sexual o mucho menos exclusiva (como lo contrario de “abierta”). O inherentemente orientada a la vida familiar y conformada por las exigencias de ésta. Las parejas podrían vivir estas normas, que estarían motivadas por el temperamento y el deseo, pero no habría motivación de principios para que así lo hicieran ni base legal que los animara a hacerlo.

En otras palabras, si la complementariedad sexual es opcional para el matrimonio, presente sólo si así se prefiere, entonces casi cualquier otra norma que distinga al matrimonio sería opcional. Aunque algunos defensores del matrimonio homosexual estarían en desacuerdo, este punto se puede establecer mediante la razón y, como se documenta posteriormente, está cada vez más confirmado por la retórica y los argumentos utilizados en la campaña para redefinir el matrimonio y por las políticas que cada vez adopta un mayor número de sus líderes.

¿Porqué el matrimonio es importante para la normativa?

El gobierno reconoce el matrimonio porque es una institución que beneficia a la sociedad de una forma que no lo hace que ninguna otra relación.

Prácticamente toda comunidad política ha regulado las relaciones sexuales entre hombres y mujeres. Esto no se debe a que los gobiernos se preocupen del romance como tal. El gobierno reconoce las relaciones sexuales entre hombres y mujeres porque solamente éstas producen nuevos seres humanos. Para los hijos del ser humano, tan extremadamente dependientes, no hay camino hacia la madurez física, moral ni cultural, de hecho, no hay camino hacia la responsabilidad cultural, sin un largo y delicado proceso de cuidados y supervisión constantes para el que madres y padres presentan unos dones únicos. A menos que los hijos maduren, nunca prosperarán ni serán unos miembros honestos y productivos de la sociedad. El matrimonio existe para hacer que hombres y mujeres sean responsables los unos con los otros y con cualquier hijo que pudieran tener.

Así, el matrimonio es una relación personal que sirve a una finalidad pública dentro de una comunidad política. Como indicó el difunto sociólogo James Q. Wilson, “El matrimonio es una solución establecida socialmente para el problema de conseguir que las personas permanezcan juntas y cuiden de los hijos, algo que no resuelven ni el mero deseo de tener hijos ni el sexo que los hace posibles” [8].

El matrimonio es el medio menos restrictivo que tiene la sociedad para garantizar el bienestar de los hijos. Las rupturas matrimoniales debilitan a la sociedad civil y el gobierno limitado.

El matrimonio es el medio menos restrictivo que tiene la sociedad de garantizar el bienestar de los hijos. El reconocimiento  público del matrimonio protege a los hijos e incentiva a hombres y mujeres para que se comprometan los unos con los otros y se hagan cargo de sus hijos.

Las ciencias sociales confirman la importancia que el matrimonio tiene para los hijos. Según las mejores pruebas sociológicas disponibles, los hijos se comportan mejor en prácticamente todos los indicadores examinados cuando son criados por sus padres biológicos y éstos están casados. Los estudios que controlan otros factores, incluida la pobreza e incluso la genética, sugieren que los hijos criados en hogares intactos obtienen mejores resultados en cuanto a  logros educativos, salud emocional, desarrollo sexual y familiar, delincuencia e índice de encarcelación [9].

Un estudio publicado por el instituto de investigación Child Trends, de tendencia izquierdista, concluyó que:
No es simplemente la presencia de los dos padres… sino la presencia de los dos padres biológicos lo que parece respaldar el desarrollo de los hijos [10].

La investigación demuestra claramente que la estructura familiar es importante para los hijos y que la estructura familiar que más ayuda a los niños es una familia encabezada por los dos padres biológicos dentro de un matrimonio poco conflictivo. Los hijos de familias monoparentales, los hijos de madres solteras y los hijos de familias reconstituidas o con relaciones de cohabitación se enfrentan a mayores riesgos de obtener unos pobres resultados…

Por tanto, es valioso para los hijos el fomentar unos matrimonios sólidos y estables entre sus padres biológicos [11].

Según otro estudio, “[l]a ventaja del matrimonio parece surgir primordialmente cuando el hijo es el fruto biológico de ambos padres” [12]. Las recientes revisiones de la literatura sociológica llevadas a cabo por el Instituto Brookings, la Escuela de Asuntos Públicos e Internacionales Woodrow Wilson de la Universidad de Princeton, el Centro de Normativa Social y Legal y el Instituto de Valores Americanos corroboran la importancia que los hogares intactos tienen para los hijos [13].

Estas estadísticas han calado hasta tal punto en la vida americana que, como es bien conocido, incluso el presidente Barack Obama se ha referido a ellas:

Conocemos las estadísticas, que los hijos que crecen sin un padre tienen cinco veces más probabilidades de vivir en la pobreza y de cometer un delito; nueve veces más probabilidades de abandonar la escuela y veinte veces más probabilidades de acabar en prisión. Es más probable que tengan problemas de comportamiento, que huyan del hogar o que ellos mismos se conviertan en padres adolescentes. Y los cimientos de nuestra comunidad son más débiles a causa de ello [14].

Los padres son importantes y el matrimonio ayuda a que los padres y las madres conecten con sus hijos.

Las ciencias sociales afirman que demostrar que “no hay diferencias” de resultados en los niños criados en hogares homosexuales no cambia esta realidad. De hecho, los estudios más recientes y sofisticados sugieren que las anteriores investigaciones no respaldan adecuadamente la afirmación de que “no hay diferencias” cuando a un niño lo crían padres homosexuales [15]. Una investigación sobre 59 de los más preeminentes estudios citados a menudo para hacer esta afirmación indica que se hicieron sobre unas muestras pequeñas tomadas por conveniencia, por lo que no son apropiadas para generalizar respecto a la totalidad de la población [16].

Mientras tanto, estudios recientes que utilizan métodos rigurosos y muestras fiables confirman que los hijos tienen un mejor desempeño cuando son criados por una madre y un padre, estando éstos casados. Estos estudios incluyen el “New Family Structures Study” del profesor Mark Regnerus de la Universidad de Texas, con sede en Austin [17] y un informe basado en los datos del censo publicado recientemente por la respetada revista Demography [18].

Aun así, las ciencias sociales sobre la paternidad homosexual son una cuestión en un constante debate muy significativo, por lo que éstas no deberían dictar las opciones acerca del matrimonio. Estudios recientes que utilizan una sólida metodología sugieren que queda mucho por aprender sobre cómo afectan a los hijos las cambiantes formas de la familia y que las pruebas de las ciencias sociales ofrecen una base insuficiente para redefinir el matrimonio.

Las rupturas matrimoniales suponen un costo para los contribuyentes.

El matrimonio beneficia a todos puesto que separar del matrimonio el tener hijos y criarlos supone una carga para el resto de ciudadanos: no sólo para los niños, sino para toda la comunidad. A menudo, la comunidad debe intervenir para proporcionarles (más o menos directamente) bienestar y cuidados. Así, al fomentar las normas matrimoniales de monogamia, exclusividad sexual y permanencia, el Estado está fortaleciendo la sociedad civil y reduciendo su propio papel.

Al reconocer el matrimonio, el gobierno defiende el bienestar económico. Los beneficios del matrimonio llevaron al profesor W. Bradford Wilcox a resumir de este modo un estudio llevado a cabo por él como parte del Proyecto Nacional sobre el Matrimonio de la Universidad de Virginia: “El mensaje central… es que la riqueza de las naciones depende en no poca medida de la prosperidad de las familias” [19]. El mismo estudio sugiere que las tendencias del matrimonio y la fertilidad “desempeñan un papel importante pero poco apreciado en el fomento del crecimiento económico a largo plazo, la viabilidad del Estado del Bienestar, el tamaño y la calidad de la población activa y el florecimiento de importantes sectores de la economía moderna” [20].

Dados sus beneficios económicos, no es sorprendente que el declive del matrimonio perjudique más a los menos pudientes. Uno de los principales indicadores para saber si alguien vivirá en la pobreza o en la prosperidad es si, al crecer, él o ella conocieron el amor y la seguridad de tener una madre y un padre casados. Por ejemplo, un reciente informe de la Fundación Heritage elaborado por Robert Rector señala que: “Criarse en una familia con padres casados redujo las probabilidades de un niño de vivir en la pobreza en torno a un 82%” [21].

La erosión del matrimonio perjudica no sólo a sus víctimas inmediatas, sino también a la sociedad en su conjunto. Un estudio del Instituto Brookings halló que $229,000 millones gastados en asistencia social entre 1970 y 1996 se pueden atribuir a la ruptura de la cultura del matrimonio y la consiguiente exacerbación de los males sociales: embarazos entre adolescentes, pobreza, crimen, drogadicción y problemas médicos [22]. Un estudio de 2008 halló que el divorcio y tener hijos sin estar casados les costó a los contribuyentes $112,000 millones anuales [23] y el investigador de la Universidad del Estado de Utah David Scramm ha estimado que sólo el divorcio les costó a los gobiernos locales, estatales y federal $33,000 millones cada año [24].

El reconocimiento civil de la unión matrimonial de un hombre y una mujer sirve al propósito del gobierno limitado de un modo más efectivo, menos intrusivo y a un costo menor de lo que lo hace el recoger los pedazos de una cultura del matrimonio hecha añicos

El gobierno puede tratar a la gente de forma igualitaria y, aun así, dejarlos libres para vivir y amar según elijan, sin redefinir el matrimonio.A la vez que respeta la libertad de todos, el gobierno, de manera acertada, reconoce, protege y promueve el matrimonio como la institución ideal para tener y criar a los hijos. Los adultos son libres de tomar decisiones sobre sus relaciones sin tener que redefinir el matrimonio y no necesitan ni la sanción ni el permiso del gobierno para hacerlo.

El gobierno no se dedica a afirmar nuestro amor. En lugar de eso, deja a los adultos con edad de consentimiento sexual libres para vivir y amar como elijan. Contrariamente a lo que algunos creen, no existe una prohibición del matrimonio homosexual. Nada en torno al mismo es ilegal. En los 50 estados, dos personas del mismo sexo pueden elegir vivir juntas, elegir unirse a una comunidad religiosa que bendiga su relación y elegir un puesto de trabajo que les ofrezca beneficios conjuntos. No hay nada ilegal en torno a esto.

Lo que está en cuestión es si el gobierno reconocerá o no tales relaciones como matrimonios, obligando entonces a todos los ciudadanos, casas de culto y empresas a hacerlo también. Está en cuestión si la normativa obligará y compelerá o no a que otros reconozcan y afirmen que las relaciones homosexuales son matrimonios. Todos los americanos tienen la libertad de vivir como elijan, pero no tienen derecho a redefinir el matrimonio para el resto de la población.

Las apelaciones a la “igualdad matrimonial” son magníficas para crear lemas, pero demuestran un razonamiento poco riguroso. Toda ley establece distinciones. La igualdad ante la ley protege a los ciudadanos de las distinciones arbitrarias y de las leyes que los tratan de forma diferente sin una buena razón. Para saber si una ley establece o no las distinciones correctas, si las líneas que traza están justificadas o no, hay que saber la finalidad pública de la ley y la naturaleza del bien que se está defendiendo o protegiendo.

Si la ley reconociera a las parejas homosexuales como esposos, ¿argumentaría alguien que no se respeta la igualdad de los ciudadanos con relaciones multipersonales? ¿Aquellos con inclinaciones hacia dichas relaciones están siendo tratados injustamente cuando sus vínculos románticos consensuados no tienen reconocimiento, siendo sus hijos por tanto “estigmatizados” y sus declaraciones tributarias perjudicadas?

No se trata de ninguna hipótesis. En 2009, Newsweek informó de había más de 500,000 hogares “con múltiples relaciones amorosas” en Estados Unidos [25].  Preeminentes investigadores y activistas del colectivo LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales) han pedido “igualdad matrimonial” para las relaciones multipersonales desde al menos 2006 [26].

Si se  elimina la complementariedad sexual como característica esencial del matrimonio, entonces ningún principio limita el matrimonio civil a las parejas monógamas.

Los defensores de la redefinición utilizan la siguiente analogía: las leyes que definen el matrimonio como la unión de un hombre y una mujer son injustas, es decir, no tratan a las personas de forma igualitaria, exactamente como las leyes que impedían los matrimonios interraciales. Sin embargo, tales apelaciones dan por sentado lo que es esencial para el matrimonio. Asumen exactamente lo que está en disputa: que el género es tan irrelevante como la raza en el reconocimiento estatal del matrimonio. Sin embargo, la raza no tiene nada que ver con hombres y mujeres, además de que las leyes racistas mantenían a las razas por separado. El matrimonio tiene una absoluta relación con los hombres y las mujeres, esposos y esposas, madres y padres e hijos y es por eso por lo que la normativa, basada en esos principios, ha definido el matrimonio como la unión de un hombre y una mujer.

El matrimonio puede obviar el color, pero no el género. El color de la piel de dos personas no tiene nada que ver con qué tipo de vínculo marital tienen. Sin embargo, la diferencia sexual entre un hombre y una mujer es fundamental para lo que significa el matrimonio. Hombres y mujeres, con independencia de su raza, se pueden unir en matrimonio; y los hijos, con independencia de su raza, necesitan madres y padres. Para comprender dichas verdades se requiere entender, a nivel básico, qué significa el matrimonio.

Recogeremos los beneficios del matrimonio para la sociedad civil sólo si la normativa entiende correctamente el matrimonio.

El Estado tiene interés en el matrimonio y en las normas matrimoniales porque sirven al bien público al proteger el bienestar de los hijos, la sociedad civil y el gobierno limitado. Las leyes matrimoniales funcionan plasmando y promoviendo una verdadera visión del matrimonio, que les da sentido a esas normas como un todo coherente. No hay nada mágico en torno a la palabra “matrimonio”. No es únicamente el título legal de matrimonio lo que fomenta la adhesión a las normas maritales.
Lo que hace el trabajo es la realidad social del matrimonio y la inteligibilidad de sus normas. Éstas ayudan a canalizar el comportamiento. Las leyes afectan a la cultura. La cultura afecta a las creencias. Las creencias afectan a las acciones. La ley enseña y dará forma no sólo a un puñado de matrimonios, sino al entendimiento público de qué es el matrimonio.

El gobierno fomenta el matrimonio para que hombres y mujeres se hagan cargo los unos de los otros y de cualquier hijo que pudieran tener. Promover las normas maritales sirve a estos mismos fines. Las normas de la monogamia y la exclusividad sexual estimulan el tener hijos dentro de un contexto que hace más probable que los hijos se críen con sus madres y padres. Estas normas ayudan también a garantizar una responsabilidad y un compromiso compartidos entre los esposos, a proporcionar la suficiente atención a los hijos por parte tanto de la madre como del padre y a evitar los celos sexuales y de parentesco que de otra forma podrían aparecer.

La norma de la permanencia garantiza que los hijos serán cuidados al menos por su madre y su padre hasta que alcancen la madurez. También proporciona una estructura de parentesco para la interacción entre generaciones a medida que los padres más ancianos son cuidados por sus hijos ya adultos y a medida que los abuelos ayudan a cuidar de sus nietos sin las complicaciones de las familias reconstituidas.

Si la ley enseñara una falsedad acerca del matrimonio, haría más difícil el que la gente viviera según las normas del mismo, puesto que las normas maritales no tienen sentido, como cuestión de principios, si el matrimonio es solamente un sentimiento emocional intenso. Ninguna motivación de principios exige que una unión emocional sea permanente o esté limitada a dos personas y mucho menos que sea sexualmente exclusiva. Ni debería estar inherentemente orientada a la vida familiar ni conformada por sus exigencias. Eso no significa que una pareja no pudiera decidir desarrollar su vida según estas normas cuando el temperamento y el deseo así lo motivaran, sólo que no existe motivación de principios para exigir que así lo hagan. Consagrar legalmente esta visión alternativa del matrimonio minaría estas normas cuyo vínculo con el bien común es la base para el reconocimiento estatal del matrimonio desde un primer momento.

En la medida en que la sociedad debilita los cimientos racionales de las normas del matrimonio, menos personas vivirán según aquéllas y menos personas recogerán los beneficios de la institución del matrimonio. Esto afectaría no sólo a los esposos, sino también al bienestar de sus hijos. La preocupación no es tanto que unas cuantas parejas gays o lesbianas criasen a sus hijos, sino que sería muy difícil para la ley enviar el mensaje de que los padres importan, cuando se ha redefinido el matrimonio para hacer que los padres sean opcionales.

Esto resalta el vínculo entre las principales preguntas de este debate: ¿Qué es el matrimonio y por qué lo fomenta el Estado? No es que el Estado no deba alcanzar su propósito fundamental mientras oculta qué es el matrimonio. Más bien es que no puede. Sólo cuando la normativa entiende correctamente la naturaleza del matrimonio puede una comunidad política recoger los beneficios que para la sociedad civil tiene reconocer el matrimonio.

Finalmente, el respaldo al matrimonio entre un hombre y una mujer no es una excusa para la animadversión contra aquellas atracciones entre personas del mismo sexo o para ignorar las necesidades de las personas que, por la razón que sea, puede que nunca se casen. No son menos merecedoras que otras de preocupación y respeto. No obstante, esta misma y diligente preocupación por el bien común exige proteger y fortalecer la cultura del matrimonio mediante la promoción de la verdad acerca del matrimonio.

Las consecuencias de redefinir el matrimonio

Redefinir el matrimonio distanciaría aún más el matrimonio de las necesidades de los hijos y negaría la importancia tanto de las madres como de los padres.

Redefinir el matrimonio lo desconectaría aún más del tener hijos. Eso perjudicaría a los hijos, especialmente a los más vulnerables. Negaría, en cuestiones normativas, el ideal de que los niños necesitan una madre y un padre. Las leyes del matrimonio tradicional refuerzan la idea de que una madre y un padre casados forman el entorno más adecuado para criar a los hijos, como sugieren los mejores estudios disponibles de las ciencias sociales.

Reconocer las relaciones homosexuales como matrimonios aboliría de forma legal ese ideal. Negaría la significación que para los hijos tiene tanto el ser madre como el ser padre: que niños y niñas tienden a beneficiarse de sus padres y madres de modos distintos. De hecho, la ley, las escuelas públicas y los medios de comunicación enseñarían que las madres y los padres son totalmente intercambiables y que pensar de otra forma es intolerante.

Redefinir el matrimonio disminuiría la presión social y los incentivos para que los esposos permanecieran con sus esposas e hijos biológicos y tanto para hombre como para mujeres de casarse antes de tener hijos. No obstante, los arreglos resultantes (ser padres solteros, padres divorciados, padres casados de nuevo, parejas de hecho y familias fragmentadas de cualquier tipo) son demostrablemente peores para los hijos [27]. Redefinir el matrimonio lo desestabilizaría de maneras que ya se sabe que perjudican a los hijos.

Algunos de los más importantes líderes del movimiento LGBT admiten que redefinir el matrimonio cambia su significado. E.J. Graff celebra el hecho de que redefinir el matrimonio cambiaría el “mensaje de la institución” de modo que “a partir de ese momento, representaría la opción sexual, para así cortar el vínculo entre sexo y pañales”.

Promulgar el matrimonio homosexual, argumenta, “hace algo más que simplemente equipararlo; anuncia que el matrimonio ha cambiado de forma” [28]. Andrew Sullivan comenta que el matrimonio se ha convertido “principalmente en la forma en la que dos adultos reafirman su compromiso emocional el uno con el otro” [29].

El gobierno existe para crear las condiciones mediante las cuales las personas y las comunidades libremente creadas pueden prosperar. La comunidad libre más importante, aquella de la que dependen todas las demás, es la familia formada a partir de un matrimonio. Las condiciones para su prosperidad incluyen las adaptaciones y presiones que la ley del matrimonio les proporciona a las parejas para que permanezcan juntas. Redefinir el matrimonio erosionaría aún más las normas maritales, obligando al gobierno a adoptar aún más funciones de dirección para las que no es el más indicado: padre y educador de los huérfanos; benefactor de los abandonados; y árbitro en las disputas sobre la custodia, la paternidad y las visitas. A medida que se debilite la familia, los programas de asistencia social y la burocracia penitenciaria aumentarán.

Redefinir el matrimonio incluiría en la ley el nuevo principio de que el matrimonio es cualquier vínculo emocional que como tal establezca el gobierno.

Redefinir el matrimonio no amplía sin más la actual forma de entender el matrimonio. Rechaza la verdad de que el matrimonio se basa en la complementariedad del hombre y la mujer, en el hecho biológico de que la reproducción depende de un hombre y una mujer y en la realidad social de que los hijos necesitan una madre y un padre.

Redefinir el matrimonio para incluir las relaciones homosexuales no está relacionado en última instancia con ampliar el grupo de personas que reúnen los requisitos para casarse. 

Redefinir el matrimonio tiene que ver con cimentar en la ley una nueva idea del matrimonio, una idea contra cuyos funestos efectos han luchado los conservadores durante años. 

La idea de que la unión romántico-emocional es todo lo que conforma el matrimonio no puede explicar o respaldar las normas estabilizadoras que hacen que el matrimonio se ajuste a la vida familiar. Sólo puede socavar dichas normas.

De hecho, ese efecto de socavación ya ha comenzado. Desastrosas normativas tales como el divorcio “amistoso” estaban también motivadas por la idea de que el matrimonio está formado por la unión romántica y la satisfacción y que se deshace cuando éstas desaparecen. El matrimonio homosexual requeriría una redefinición más formal y definitiva del matrimonio como simple compañía romántica, destruyendo el significado que el movimiento promatrimonio había tratado de devolver a la institución.

Redefinir el matrimonio debilitaría la monogamia, la exclusividad y la permanencia, es decir, las normas con las cuales el matrimonio beneficia a la sociedad.

El gobierno necesita entender correctamente la normativa matrimonial, ya que ésta da forma a las normas asociadas con su relación más básica. Redefinir el matrimonio abandonaría la norma de la complementariedad sexual entre lo masculino y lo femenino como característica esencial del matrimonio. Convertirla en opcional haría que otras características fundamentales del matrimonio también fueran opcionales, tales como la monogamia, la exclusividad y la permanencia [30]. Debilitar las normas matrimoniales y cortar la conexión entre matrimonio y procreación responsable son los objetivos reconocidos de muchos preeminentes defensores de la redefinición del matrimonio.

La norma de la monogamia. La profesora de la Universidad de Nueva York Judith Stacey ha expresado su esperanza de que redefinir el matrimonio le otorgaría al matrimonio “unos contornos diversos, creativos y adaptativos”, lo que llevaría a algunas personas a “cuestionarse las limitaciones duales del matrimonio occidental y a pedir… el matrimonio entre pequeños grupos de personas” [31]. En su declaración “Más allá del matrimonio homosexual”, más de 300 investigadores y defensores del movimiento “LGBT y aliados” solicitan el reconocimiento legal de las relaciones sexuales en las que se integran más de dos participantes [32].

La profesora de la Universidad de Calgary Elizabeth Brake piensa que la justicia requiere el uso del reconocimiento legal para “desregular la monogamia heterosexual como forma de vida” y “rectificar la antigua discriminación contra homosexuales, bisexuales, polígamos y redes afectivas”. Brake respalda el “matrimonio mínimo”, en el que “las personas pueden tener relaciones maritales legales con más de una persona, de forma recíproca o asimétrica, decidiendo ellas mismas el sexo y el número de parejas, el tipo de relación en cuestión y qué derechos y responsabilidades se intercambian con cada una” [33].

En 2009, Newsweek informó de que Estados Unidos tenía ya más de 500,000 hogares con múltiples relaciones amorosas [34]. El autor concluía que:

Quizás la práctica sea más natural de lo que pensamos: una respuesta a los retos de las relaciones monógamas, cuyas deficiencias… están claras. Todo el mundo en una relación lidia en algún momento con la eterna pregunta: ¿puede una persona satisfacer realmente todas las necesidades? Las personas que mantienen varias relaciones amorosas piensan que la respuesta es obvia y que es sólo una cuestión de tiempo que el mundo monógamo vea que hay más de un forma de vivir y de amar [35].

Un artículo de 2012 de la New York Magazine presentaba a los americanos la “trireja”, un nuevo término relacionado con la “pareja”, pero con tres personas cuya “triplicidad es más o menos como un arreglo doméstico permanente. Los tres hombres trabajan juntos, crían perros juntos, duermen juntos, se echan de menos unos a otros, coleccionan arte juntos, viajan juntos, se llevan unos a otros vasos de agua y, en general, ejemplifican una relación adulta moderna. Excepto por que son tres” [36].

La norma de la exclusividad. Andrew Sullivan, que ha ensalzado la “espiritualidad” del “sexo anónimo”, cree también que la “apertura” de las uniones homosexuales podría mejorar los vínculos entre esposos y esposas:

Las uniones homosexuales a menudo incorporan las virtudes de la amistad de forma más eficaz que el matrimonio tradicional; y a veces, entre las relaciones gays masculinas, la apertura del compromiso hace que su supervivencia sea más probable que la de muchos vínculos heterosexuales… Hay más probabilidades de un mejor entendimiento de la necesidad del desahogo entre dos hombres que entre un hombre y una mujer… Parte de la necesaria honestidad de la relación gay, su flexibilidad y su igualdad sin duda podrían ayudar a fortalecer y conformar muchos vínculos heterosexuales [37].

“Apertura” y “flexibilidad” son los eufemismos de Sullivan para la infidelidad sexual. De forma parecida, en una reseña de la New York Magazine, el activista gay Dan Savage anima a los esposos a adoptar “una actitud más flexible” acerca de permitir que el otro que busque sexo fuera del matrimonio. Recientemente, el New York Times informaba sobre un estudio que descubrió que la exclusividad no era la norma entre las parejas gays: “‘Entre las personas heterosexuales, se denomina aventura o infidelidad’, indicaba Colleen Hoff, investigadora principal del estudio, ‘pero entre las personas gays no tiene esas connotaciones negativas’” [38].

Un artículo de la revista Advocate admite cándidamente a dónde conduce la lógica de redefinir el matrimonio para incluir las relaciones homosexuales:

Los derechistas antiigualdad han insistido durante mucho tiempo en que permitir que los gays se casen destruirá la santidad del “matrimonio tradicional” y que, por supuesto, la respuesta lógica de los partidarios progresistas ha sido todo este tiempo la de “No, no lo hará”. Pero ¿qué ocurriría si, por una vez, esos locos santurrones tuvieran razón? ¿Podría la tradición gay masculina de relaciones abiertas alterar realmente el matrimonio tal y como lo conocemos? ¿Y sería eso algo tan negativo? [39].

A menudo protestamos cuando los homófobos insisten en que el matrimonio homosexual también cambiará el matrimonio para las personas heterosexuales. Pero en cierta forma, tienen razón [40].

Algunos defensores de la redefinición del matrimonio adoptan el objetivo de debilitar la institución del matrimonio en esos mismos términos. “[El expresidente George W.] Bush tiene razón”, explica Victoria Brownworth, “cuando afirma que permitir que las parejas homosexuales se casen debilitará la institución del matrimonio… Muy probablemente así lo hará y eso hará que el matrimonio sea un concepto mucho mejor de lo que ha sido anteriormente” [41]. La profesora Ellen Willis celebra el hecho de que “conferir la legitimidad del matrimonio a las relaciones homosexuales producirá una rebelión en el mismo corazón de la institución” [42].

Michelangelo Signorile insta a las parejas homosexuales a “exigir el derecho a casarse no como un modo de adherirse a los códigos morales de la sociedad, sino más bien para desacreditar un mito y alterar radicalmente una institución arcaica” [43]. Las parejas homosexuales deberían “luchar por el matrimonio homosexual y sus beneficios y, luego, una vez concedidos, redefinir por completo la institución del matrimonio, puesto que la acción más subversiva que gays y lesbianas pueden emprender… es transformar la noción de ‘familia’ en su totalidad” [44].

No es ninguna sorpresa que ya haya pruebas de que esto esté ocurriendo. Un juez federal de Utah admitió una demanda legal contra las leyes antibigamia [45]. En 2012 se aprobó en ambas Cámaras de la Asamblea Estatal de California un proyecto de ley que permitiría que un niño tenga tres padres legales, antes de ser vetada por el gobernador, que afirmó que quería “tomarse más tiempo para considerar todas las implicaciones de este cambio” [46].

El motivo de este proyecto de ley fue una relación homosexual lésbica en la que una de las partes quedó embarazada. El hijo tenía una madre y un padre biológicos, pero la ley reconoció a la madre biológica y a su esposa homosexual, una “presunta madre”, como los padres del niño” [47].

Quienes creen en la monogamia y la exclusividad, así como en los beneficios que éstas conllevan para la procreación ordenada y el bienestar infantil, deberían tomar nota.

Redefinir el matrimonio amenaza la libertad religiosa.

Redefinir el matrimonio margina a aquellos con un punto de vista tradicional y conduce a la erosión de la libertad religiosa. La legislación y la cultura tratarán de erradicar dicho punto de vista mediante presiones legales, sociales y económicas. Si se redefine el matrimonio, creer en lo que prácticamente todas las sociedades humanas creyeron en algún momento, es decir, en la unión de un hombre y una mujer con el fin de la procreación y la vida familiar, se vería cada vez más como un prejuicio malintencionado que habría que sacar de nuestra cultura. Las consecuencias para los creyentes religiosos son cada vez más evidentes.

Puede que el Estado administrativo exija que quienes firmen contratos con el gobierno, reciban dinero público o trabajen directamente para el Estado adopten y fomenten el matrimonio homosexual incluso si eso viola sus creencias religiosas. Puede que la legislación relativa a la no discriminación haga que incluso los actores privados sin vínculos legales o financieros con el gobierno (incluidas empresas y organizaciones religiosas) tengan que responder ante demandas civiles por rehusar tratar a las relaciones homosexuales como matrimonios. Y por último, puede que los actores privados de una cultura que se muestra ahora hostil a la visión tradicional del matrimonio penalicen, despidan o denieguen la certificación profesional a aquellos que expresen su respaldo al matrimonio tradicional.

En realidad, gran parte de esto ya está ocurriendo. El investigador invitado de la Fundación Heritage Thomas Messner ha documentado múltiples ejemplos en los que redefinir el matrimonio ya ha supuesto una pesadilla para la libertad religiosa [48]. Si se redefine el matrimonio para incluir las relaciones homosexuales, entonces quienes continúen creyendo en la verdad sobre el matrimonio, es decir, que es por naturaleza una unión de un hombre y una mujer, se enfrentarían a tres tipos distintos de amenazas para su libertad: el Estado administrativo, las leyes de no discriminación y los actores privados de una cultura que ahora se muestra hostil al punto de vista tradicional [49].

Después de que Massachusetts redefiniera el matrimonio para incluir las relaciones homosexuales, las organizaciones benéficas católicas de Boston se vieron obligadas a dejar de prestar sus servicios de adopción antes que colocar a niños con parejas homosexuales en contra de sus principios [50]. Las escuelas elementales públicas de Massachusetts empezaron a enseñar a los estudiantes acerca del matrimonio homosexual, defendiendo su decisión porque están “comprometidos con enseñar el mundo en el que viven y en Massachusetts el matrimonio homosexual es legal”. Un tribunal de apelación de este estado sentenció que los padres no tienen derecho a impedir que sus hijos acudan a estas clases [51].

La Comisión de Derechos Humanos de Nuevo México juzgó a una fotógrafa por declinar fotografiar una “ceremonia de compromiso” homosexual. Han conseguido llevar a juicio a médicos de California por declinar llevar a cabo una inseminación artificial a una mujer con una relación homosexual. Los propietarios de un bed & breakfast de Illinois que declinaron alquilar sus instalaciones para la ceremonia y recepción de una unión civil homosexual fueron demandados por violar la ley de no discriminación de ese estado. Una terapeuta de Georgia fue despedida después de que transfiriera a otro terapeuta a una persona con una relación homosexual [52]. De hecho, la Fundación Becket para la Libertad Religiosa informa de que “más de 350 disposiciones contra la discriminación de distintos estados se verían impulsadas con el reconocimiento del matrimonio homosexual” [53].

El obispo católico de Springfield, Illinois, explica cómo un proyecto de ley, que se presentó en la sesión legislativa de ese estado de 2013, para redefinir el matrimonio a la vez que afirma proteger la libertad religiosa fue incapaz de ofrecer protecciones significativas:

No impediría que el estado obligase a los Caballeros de Colón a tener disponibles sus salones para “bodas” homosexuales. No impediría que el estado exigiese a las escuelas elementales católicas contratar a profesores que estuviesen legalmente “casados” con personas del mismo sexo. Este proyecto de ley no protegería a organizaciones benéficas, universidades y hospitales católicos, que excluyen a los así “casados” de sus principales puestos directivos… Esta ley de “libertad religiosa” no hace nada en absoluto para proteger la conciencia del personal de las empresas o de quienes trabajan para el gobierno. De manera muy dolorosa, el año pasado vimos las consecuencias negativas de los engañosos titulares de prensa cuando la denominada “Ley de uniones civiles y protección de la libertad religiosa” obligó a las organizaciones benéficas católicas a dejar de prestar en Illinois sus servicios de adopción y acogida familiar [54].

De hecho, la falta de protección de la libertad religiosa parece ser una característica de dichos proyectos de ley:
No hay forma posible (ninguna en absoluto) de que aquellos que creen que el matrimonio es exclusivamente la unión de un esposo y una esposa eviten las penalizaciones legales y un duro tratamiento discriminatorio si se ratifica este proyecto de ley. ¿Por qué deberíamos esperar que fuera de otra forma? Después de todo, seríamos personas que, según el pensamiento que subyace en este proyecto de ley, se aferran a una visión “injusta” del matrimonio. El Estado habría igualado nuestro punto de vista con la intolerancia y utilizaría la ley para marginarlo en todos los casos no punibles legalmente [55].

El profesor de derecho de la Universidad de Georgetown Chai Feldblum, nombrado para la Comisión de Igualdad de Oportunidades en el Empleo, argumenta que el impulso para redefinir el matrimonio es superior a las inquietudes en torno a la libertad religiosa:

Con toda mi simpatía hacia la pareja cristiana evangélica que puede que desee dirigir un bed & breakfast del que puedan excluir a las parejas heterosexuales solteras y a todas las parejas gays, este es un punto en el que creo que la naturaleza de “suma cero” del asunto hay que tenerla inevitablemente en cuenta. Y, al tomar esa decisión en esta cuestión de suma cero, estoy convencido de que la sociedad debería posicionarse del lado de la protección de la libertad de las personas LGBT [56].

En realidad, para muchos defensores de la redefinición del matrimonio, tales infracciones contra la libertad religiosa no son fallas sino virtudes de sus acciones.

El futuro del matrimonio

Mucho antes del debate sobre el matrimonio homosexual, hubo un debate sobre el matrimonio. Inició un “movimiento promatrimonio” para explicar por qué el matrimonio era bueno tanto para los hombres como para las mujeres que eran fieles a sus responsabilidades y para los hijos que criaran. Durante la década pasada, se planteó una nueva pregunta:

¿Qué tiene que perder la sociedad si redefine el matrimonio para excluir la complementariedad sexual?

Muchos ciudadanos se ven cada vez más tentados a pensar que el matrimonio es simplemente una intensa unión emocional, cualquier tipo de relación interpersonal consentida entre adultos, ya sea su número dos o diez o ya quieran que sea sexual o platónica, sexualmente exclusiva o abierta, temporal o permanente. Esto deja al matrimonio sin sus características esenciales, sin un núcleo fijo como realidad social. Se trataría simplemente de lo que los adultos consientan y quieran que sea.

Aunque si el matrimonio no tiene forma y no sirve a ninguna finalidad social, ¿cómo protegerá la sociedad las necesidades de los hijos, la principal víctima de nuestra cultura de sexo extramarital, sin que el gobierno se haga más intrusivo ni más caro?

El matrimonio existe para unir a un hombre y a una mujer como esposo y esposa para que sean padre y madre de cualquier hijo que produzca su unión. El matrimonio beneficia a todos puesto que separar el tener hijos y criarlos del matrimonio supone una carga para el resto de ciudadanos: no sólo para los niños, sino para toda la comunidad. Sin unos matrimonios prósperos, a menudo, la comunidad debe intervenir para proporcionarles (más o menos directamente) bienestar y cuidados. Así, al fomentar las normas matrimoniales de monogamia, exclusividad sexual y permanencia, el Estado está fortaleciendo la sociedad civil y reduciendo su propio papel.

El gobierno reconoce el matrimonio porque es una institución que beneficia a la sociedad de una forma que no lo hace ninguna otra relación. El matrimonio es el medio menos restrictivo de la sociedad para garantizar el bienestar de los hijos. El reconocimiento estatal del matrimonio protege a los hijos al alentar a hombres y mujeres para que se comprometan los unos con los otros y se hagan cargo de sus hijos.

Promover el matrimonio no prohíbe ningún otro tipo de relación: los adultos son libres de tomar decisiones acerca de sus relaciones y no necesitan de la sanción ni el permiso del gobierno para hacerlo. Todos los americanos tienen libertad para vivir como elijan, pero nadie tiene derecho a redefinir el matrimonio para los demás.

El futuro de este país depende del futuro del matrimonio y el futuro del matrimonio depende de la comprensión ciudadana de qué es y por qué importa el matrimonio y de exigir normativas públicas que respalden, no que socaven, el verdadero matrimonio.

Alguien podría apelar a la inevitabilidad histórica como razón para evitar responder a la pregunta de qué es el matrimonio, como si fuera ya una pregunta intrascendente. Sin embargo, los cambios en la opinión pública están impulsados por las opciones que toman los seres humanos, no por unas fuerzas históricas ciegas. La pregunta no es qué sucederá, sino qué deberíamos hacer.

Folleto en pdf a consultar:

http://illinoisfamily.org/110files/uploads/2013/03/What-Same-Sex-Marriage_Espanol1.pdf

-Ryan T. Anderson es investigador de Religión y Libertad Social adscrito a la donación William E. Simon del Centro Richard y Helen DeVos de Religión y Sociedad Civil de la Fundación Heritage.
 
La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org. 
 
Referencias
[1] John Corvino y Maggie Gallagher, Debating Same-Sex Marriage (Oxford, U.K.: Oxford University Press, 2012), pág. 94.
[2] Íbidem, pág. 116.
[3] Íbidem, pág. 96.
[4] Sherif Girgis, Ryan T. Anderson y Robert P. George, What Is Marriage? Man and Woman: A Defense (New York: Encounter Books, 2012).
[5] David Popenoe, Life Without Father: Compelling New Evidence That Fatherhood and Marriage Are Indispensable for the Good of Children and Society (New York: The Free Press, 1996), pág. 146.
[6] Íbidem, pág. 197. Ver también W. Bradford Wilcox, “Reconcilable Differences: What Social Sciences Show About the Complementarity of the Sexes & Parenting”, Touchstone, November 2005, pág. 36.
[7] Girgis et al., What Is Marriage? Man and Woman: A Defense.
[8] James Q. Wilson, The Marriage Problem (New York: HapperCollins Publishers, 2002), pág. 41.
[9] Para los estudios pertinentes, ver Instituto Witherspoon, “Marriage and the Public Good: Ten Principles”, agosto de 2008, págs. 9–19, http://www.winst.org/family_marriage_and_democracy/WI_Marriage.pdf(visitada el 4 de Marzo de 2013). “Marriage and the Public Good”, firmada por unos 70 investigadores, corrobora la defensa filosófica del matrimonio con amplias pruebas de las ciencias sociales acerca del bienestar de niños y adultos.
[10] Kristin Anderson Moore, Susan M. Jekielek y Carol Emig, “Marriage from a Child’s Perspective: How Does Family Structure Affect Children, and What Can We Do About It?” Child Trends Research Brief, junio de2002, pág. 1, http://www.childtrends.org/files/MarriageRB602.pdf (visitada el 4 de Marzo de 2013).
[11] Íbidem, pág. 6.
[12] Wendy D. Manning y Kathleen A. Lamb, “Adolescent Well-Being in Cohabiting, Married, and Single-Parent Families”, Journal of Marriage and Family, Vol. 65, Nº. 4 (noviembre de 2003), págs. 876 y 890.
[13] Ver Sara McLanahan, Elisabeth Donahue y Ron Haskins, “Introducing the Issue”, Marriage and Child Wellbeing, Vol. 15, Nº. 2 (otoño de 2005), http://futureofchildren.org/futureofchildren/publications/journals/article/index.xml?journalid=37&articleid=103″articleid=103 (visitada el 4 de Marzo de 2013); Mary Parke, “Are Married Parents Really Better for Children?” Centro de Normativa Social y Legal, Policy Brief, mayo de 2003, http://www.clasp.org/admin/site/publications_states/files/0086.pdf(visitada el 4 de marzo de 2013); y W. Bradford Wilcox et al., Why Marriage Matters: Twenty-Six Conclusions from the Social Sciences, 2ª ed. (New York: Institute for American Values, 2005), pág. 6, http://americanvalues.org/pdfs/why_marriage_matters2.pdf (visitada el 4 de marzo de 2013).
[14] Barack Obama, “Obama’s Speech on Fatherhood”, Iglesia Apostólica de Dios, Chicago, 15 de junio de 2008, http://www.realclearpolitics.com/articles/2008/06/obamas_speech_on_fatherhood.html (visitada el 4 de Marzo de 2013).
[15] Ver Jason Richwine y Jennifer A. Marshall, “The Regnerus Study: Social Science and New Family Structures Met with Intolerance”, Fundación Heritage Trasfondo Nº. 2726, 2 de octubre de 2012, http://www.heritage.org/research/reports/2012/10/the-regnerus-study-social-science-on-new-family-structures-met-with-intolerance.
[16] Loren Marks, “Same-Sex Parenting and Children’s Outcomes: A Closer Examination of the American Psychological Association’s Brief on Lesbian and Gay Parenting”, Social Science Research, Vol. 41, Nº. 4 (julio de 2012), http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0049089X12000580 (visitada el 4 de Marzo de 2013).
[17] Ver Children from Different Families, http://www.familystructurestudies.com/ (visitada el 4 de Marzo de 2013).
[18] Douglas W. Allen, Catherine Pakaluk y Joseph Price, “Nontraditional Families and Childhood Progress Through School: A Comment on Rosenfeld”, Demography, noviembre de 2012.
[19] Instituto de Tendencias Sociales, “The Sustainable Demographic Dividend: What Do Marriage and Fertility Have to Do with the Economy?” 2011, http://sustaindemographicdividend.org/articles/the-sustainable-demographic (visitada el 4 de marzo de 2013).
[20] H. Brevy Cannon, “New Report: Falling Birth, Marriage Rates Linked to Global Economic Slowdown”, UVA Today, 3 de octubre de 2011, http://www.virginia.edu/uvatoday/newsRelease.php?id=16244 (visitada el 4 de marzo de 2013).
[21] Robert Rector, “Marriage: America’s Greatest Weapon Against Child Poverty”, Fundación Heritage Informe Especial Nº. 117, 5 de septiembre de 2012, http://www.heritage.org/research/reports/2012/09/marriage-americas-greatest-weapon-against-child-poverty.
[22] Isabel V. Sawhill, “Families at Risk”, en Henry J. Aaron y Robert D. Reischauer, eds., Setting National Priorities: The 2000 Election and Beyond (Washington: Brookings Institution Press, 1999), págs. 97 y 108. Ver también Instituto Witherspoon, “Marriage and the Public Good”, pág. 15.
[23] Institute for American Values et al., “The Taxpayer Costs of Divorce and Unwed Childbearing: First-Ever Estimates for the Nation and for All Fifty States”, 2008, http://www.americanvalues.org/pdfs/COFF.pdfHYPERLINK “http://www.americanvalues.org/pdfs/COFF.pdf” (visitada el 6 de marzo de 2013).
[24] David G. Schramm, “Preliminary Estimates of the Economic Consequences of Divorce”, Universidad del Estado de Utah, 2003.
[25] Jessica Bennett, “Only You. And You. And You”, Newsweek, 28 de julio de 2009, http://www.thedailybeast.com/newsweek/2009/07/28/only-you-and-you-and-you.html (visitada el 6 de marzo de 2013).
[26] Ryan T. Anderson, “Beyond Gay Marriage”, The Weekly Standard, 17 de agosto de 2008, http://www.weeklystandard.com/Content/Public/Articles/000/000/012/591cxhia.asp (visitada el 6 de marzo de 2013).
[27] Para los estudios pertinentes, ver Instituto Witherspoon, “Marriage and the Public Good”. Ver también Moore et al., “Marriage from a Child’s Perspective”, pág. 1; Manning y Lamb, “Adolescent Well-Being in Cohabiting, Married, and Single-Parent Families”; McLanahan et al., “Introducing the Issue”; Parke, “Are Married Parents Really Better for Children?”; y Wilcox et al., Why Marriage Matters, pág. 6.
[28] E. J. Graff, “Retying the Knot”, en Andrew Sullivan, ed., Same-Sex Marriage: Pro and Con: A Reader (New York: Vintage Books, 1997), págs. 134, 136 y 137.
[29] Andrew Sullivan, “Introduction”, en Sullivan, ed., Same-Sex Marriage, págs. xvii y xix.
[30] Ver Girgis et al., What Is Marriage?
[31] Ver Maggie Gallagher, “(How) Will Gay Marriage Weaken Marriage as a Social Institution: A Reply to Andrew Koppelman”, University of St. Thomas Law Journal, Vol. 2, Nº. 1 (2004), pág. 62, http://ir.stthomas.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=1047&context=ustlj”context=ustlj (visitada el 6 de marzo de 2013).
[32] BeyondMarriage.org, “Beyond Same-Sex Marriage: A New Strategic Vision for All Our Families and Relationships”, 26 de julio de 2006, http://beyondmarriage.org/full_statement.html (visitada el 6 de marzo de 2013).
[33] Elizabeth Brake, “Minimal Marriage: What Political Liberalism Implies for Marriage Law”, Ethics, Vol. 120, Nº. 2 (enero de 2010), págs. 302, 303, 323 y 336.
[34] Bennett, “Only You.”
[35] Íbidem.
[36] Molly Young, “He & He & He”, New York Magazine, 29 de julio de 2012, http://nymag.com/news/features/sex/2012/benny-morecock-throuple/ (visitada el 6 de marzo de 2013).
[37] Andrew Sullivan, Virtually Normal: An Argument About Homosexuality (New York: Vintage Books, 1996), págs. 202–203.
[38] Scott James, “Many Successful Gay Marriages Share an Open Secret”, The New York Times, 28 de enero de 2010, http://www.nytimes.com/2010/01/29/us/29sfmetro.html (visitada el 6 de marzo de 2013).
[39] Ari Karpel, “Monogamish”, The Advocate, 7 de julio de 2011, http://www.advocate.com/Print_Issue/Features/Monogamish/ (visitada el 6 de marzo de 2013).
[40] Ari Karpel, “Features: Monogamish”, The Advocate, 7 de julio de 2011, http://www.advocate.com/arts-entertainment/features?page=7HYPERLINK “http://www.advocate.com/arts-entertainment/features?page=7″ (visitada el 7 de marzo de 2013).
[41] Victoria A. Brownworth, “Something Borrowed, Something Blue: Is Marriage Right for Queers?” en Greg Wharton e Ian Philips, eds., I Do/I Don’t: Queers on Marriage (San Francisco: Suspect Thoughts Press, 2004), págs. 53 y 58–59.
[42] Ellen Willis, “Can Marriage Be Saved? A Forum”, The Nation, 5 de julio de 2004, pág. 16, http://www.highbeam.com/doc/1G1-118670288.html (visitada el 6 de marzo de 2013).
[43] Michelangelo Signorile, “Bridal Wave”, Out, diciembre de 1993/enero de 1994, págs. 68 y 161.
[44] Íbidem.
[45] Julia Zebley, “Utah Polygamy Law Challenged in Federal Lawsuit”, Jurist, 13 de julio de 2011, http://jurist.org/paperchase/2011/07/utah-polygamy-law-challenged-in-federal-lawsuit.php (visitada el 6 de marzo de 2013).
[46] Jim Sanders, “Jerry Brown Vetoes Bill Allowing More Than Two Parents”, The Sacramento Bee, 30 de septiembre de 2012, http://blogs.sacbee.com/capitolalertlatest/2012/09/jerry-brown-vetoes-bill-allowing-more-than-two-parents.html (visitada el 6 de marzo de 2013).
[47] Para más información al respecto, ver Jennifer Roback Morse, “Why California’s Three-Parent Law Was Inevitable”, Instituto Witherspoon, Public Discourse, 10 de septiembre de 2012, http://www.thepublicdiscourse.com/2012/09/6197 (visitada el 6 de marzo de 2013).
[48] Thomas M. Messner, “Same-Sex Marriage and the Threat to Religious Liberty”, Fundación Heritage, Trasfondo Nº. 2201, 30 de octubre de 2008, http://www.heritage.org/research/reports/2008/10/same-sex-marriage-and-the-threat-to-religious-liberty; “Same-Sex Marriage and Threats to Religious Freedom: How Nondiscrimination Laws Factor In”, Fundación Heritage Trasfondo Nº. 2589, 29 de julio de 2011, http://www.heritage.org/research/reports/2011/07/same-sex-marriage-and-threats-to-religious-freedom-how-nondiscrimination-laws-factor-in; y “From Culture Wars to Conscience Wars: Emerging Threats to Conscience”, Fundación Heritage Trasfondo Nº. 2532, 13 de abril sw 2011, http://www.heritage.org/research/reports/2011/04/from-culture-wars-to-conscience-wars-emerging-threats-to-conscience.
[49] Para más información al respecto, ver Messner, “Same-Sex Marriage and the Threat to Religious Liberty”.
[50] Maggie Gallagher, “Banned in Boston”, The Weekly Standard, 5 de mayo de 2006, pág. 20, http://www.weeklystandard.com/Content/Public/Articles/000/000/012/191kgwgh.asp (visitada el 5 de marzo de 2013).
[51] Por ejemplo, ver Parker v. Hurley, 514 F.3d 87 (1st Cir. 2008).
[52] Walden v. Centers for Disease Control, Caso Nº. 1:08-cv-02278-JEC, Corte de Distrito de Estados Unidos, Distrito Norte de Georgia, 18 de marzo de 2010, http://www.telladf.org/UserDocs/WaldenSJorder.pdf (visitada el 6 de marzo de 2013).
[53] Fundación Becket para la Libterad Religiosa, “Same-Sex Marriage and State Anti-Discrimination Laws”, Issue Brief, enero de 2009, pág. 2, http://www.becketfund.org/wp-content/uploads/2011/04/Same-Sex-Marriage-and-State-Anti-Discrimination-Laws-with-Appendices.pdf(visitada el 7 de marzo de 2013). Ver también Messner, “Same-Sex Marriage and Threats to Religious Freedom”, pág. 4.
[54] Thomas John Paprocki, carta a los sacerdotes, diáconos y mediadores pastorales de la Diócesis de Springfield, 3 de enero de 2013, http://www.dio.org/blog/item/326-bishop-paprockis-letter-on-same-sex-marriage.html#sthash.CPXLw6Gt.dpbs (visitada el 6 de marzo de 2013).
[55] Íbidem.
[56] Chai R. Feldblum, “Moral Conflict and Liberty: Gay Rights and Religion”, Brooklyn Law Review, Vol. 72, Nº. 1 (otoño de 2006), pág. 119, http://www.brooklaw.edu/~/media/PDF/LawJournals/BLR_PDF/blr_v72i.ashx (visitada el 6 de marzo de 2013)



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