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Corrupción: La esclavitud del siglo XXI en México
Cuanto más corrupta es una sociedad, más numerosas serán sus leyes


Por: Luis Magallón | Fuente: Yo influyo



Con esta frase de Edward Abbey, activista norteamericano, se encierra lo que es México en estos momentos. Todo lo que se escriba de más, es lo de menos, pero no obstante a veces hace falta darnos un jalón de orejas y recordar cómo es que llegamos hasta aquí.

En meses pasados, se ha hablado hasta el cansancio de la creación de un Sistema Nacional Anticorrupción. Todas las curules, vestidas de azul, amarillo y rojo en San Lázaro se han querido levantar el cuello con propuestas que abonen a crear un sistema (hecho por corruptos) para combatir la corrupción, algo así como tener las intenciones de comprar una pistola para dispararse al pie, pero también tener la intención de no cargarla. Claro, no son idiotas.

Analizando las propuestas, se da uno cuenta de que estamos llenos de podredumbre política hasta el cuello (si no es que ya nos tapó hasta los ojos), y prácticamente resulta imposible querer limpiar desde fuera algo que evidentemente tenemos que ensuciarnos las manos para poder salir del hoyo; es decir, es difícil limpiar la casa desde el patio, si el polvo se ha metido hasta la cocina.

Por poner un ejemplo: Según el sitio de transparencia, los hogares mexicanos destinan 32 mil millones de pesos al año para pagar sobornos para asuntos públicos, desde inscribir a un niño en la escuela hasta un proceso judicial en el ministerio público.

México ocupa un lugar vergonzoso en América Latina y el mundo como uno de los Estados con más altos niveles de corrupción… y como en todo, los más pobres son los que más se joden, ya que no reciben medicamentos en los hospitales públicos y, obviamente, no pueden costear un hospital privado; las casas de interés social están construidas en pésimas condiciones y para caerse sólo hace falta un soplido del lobo, los servicios de agua, luz, gas, etc. se pagan con sobornos. En fin, toda una cadena que no tiene fin.



Por su parte, la Conferencia del Episcopado Mexicano ha hablado, y fuertemente, en contra de nuestras “autoridades” para que dejen de darnos atole con el dedo y se pongan a trabajar en serio, ya que la amenaza a nuestro país requiere de acciones conjuntas para la reforma de leyes y creación de instituciones que propicien condiciones mejores para los mexicanos.

“No puede quedar fuera de esta reforma la revisión del “fuero” del que gozan algunos servidores públicos y que podría hacer naufragar el sistema entero si es utilizado como “escudo” de impunidad. También debe replantearse la figura del “juicio político”, tanto en sus sujetos como en los supuestos que lo pueden originar, ya que actualmente existe demasiada discrecionalidad y laxitud. Es indispensable que el combate a la corrupción no sea usado con fines de persecución política o de revancha mediática. Cualquier acto de corrupción amerita por sí mismo todo el peso de la ley”.

¿Así o más claro?

Necesitamos unirnos para el trabajo; es demasiado, pero alguien tiene que hacerlo. La corrupción no va a desaparecer por arte de magia o por un sistema que funcione por sí mismo, pareciera que se encuentra en nuestro ADN desde que tenemos conciencia. Basta el ejemplo del niño que copia en el examen, hasta el profesor que se deja sobornar para dar la nota aprobatoria; desde el padre que enseña a sus hijos a burlar las leyes de tránsito, hasta el policía que acepta un billete para dejarlo ir sin la multa correspondiente. Se empieza por dejar comprar el voto por un monedero Soriana (por decir algo), y se termina haciendo fraudes multimillonarios en la obra pública para… no sé… construir algún aeropuerto, o un tren rápido, o qué sé yo.

Es tarea de todos, y como sociedad no nos podemos permitir esto.



¡Pongámonos a trabajar en serio!

@magallonluis

 

 





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