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Conversión

El don de la culpa
La culpa es un tipo de dolor; no del cuerpo sino del alma.


Por: Alejandro Ortega Trillo | Fuente: Catholic.net



“¡Arrepiéntanse!”. La Iglesia inicia el tiempo litúrgico de la Cuaresma con el eco de este grito de Jesús. Ella sabe que el arrepentimiento abre los candados del alma y deja entrar el perdón y la gracia de Dios. 

Pero no hay arrepentimiento sin culpa; es decir, sin admitir que se ha obrado mal, que se es “culpable”. Se ha difundido lamentablemente la idea de que la culpa es nociva para la salud mental. Según la tesis de S. Freud, la culpa es el motor de las neurosis, porque deriva en sentimientos de fracaso, vergüenza y auto-destrucción. A partir de esta convicción, algunas corrientes de la Psicología procuran erradicar del mundo la culpabilidad igual que la Medicina ha procurado erradicar la viruela, la malaria y la poliomielitis. Pero, ¿realmente es malo sentir culpa? El remordimiento ¿es siempre patológico? Quien reconoce sus errores y se arrepiente de ellos, ¿es un neurótico?

Es cierto que la verdadera culpa a veces no corresponde a los actos que vemos. “De internis, neque Ecclesia iudicat”, dice un antiguo adagio: de las intenciones ni la Iglesia se atreve a juzgar. Sólo Dios conoce lo que hay detrás o, mejor, dentro de cada comportamiento. Sólo Él sabe quién es el verdadero culpable de la oscuridad, la debilidad y la ignorancia que nubla a tantas almas. Bien decía Víctor Hugo: “Si un alma sumida en las tinieblas comete un pecado, el culpable no es en realidad el que peca, sino el que no disipa las tinieblas” (Los miserables, Lib. 1, Cap. 3).   

  La culpa es un tipo de dolor; no del cuerpo sino del alma. Pero no por ello es menos intenso y desesperante que un dolor de muelas. A veces lo es más. Ahora bien, remordimiento, culpa y arrepentimiento no son sinónimos. Son más bien las fases de un proceso interior que parte del reconocimiento de un mal cometido. El remordimiento es el dolor psicológico o emocional que le sigue. La culpa es el dolor “moral”, que involucra ya la voluntad. El arrepentimiento es la decisión de repudiar el mal cometido y buscar la enmienda y el perdón.

El dolor psicológico y moral (remordimiento y culpa) equivale al dolor abdominal agudo de una apendicitis. Una regla de oro en la medicina de urgencias es que todo “vientre agudo” es una alerta y hay que hacerle caso. Más aún, mientras no se llega a un diagnóstico definitivo se deben evitar los analgésicos. 

Gavin De Becker, un criminólogo norteamericano, publicó en 1998 un libro que ha vendido más de un millón de ejemplares: The Gift Of Fear (“El don del miedo”). Su tesis es que el miedo es un instinto primario ante el peligro. Racionalmente podríamos tardar demasiado en advertir un riesgo; el miedo es más ágil. Habiendo estudiado innumerables casos de agresión, violación y asesinato, De Becker concluye que no hacer caso al miedo es asumir peligros muy reales. 

¿No habría que decir algo parecido de la “culpa” como alerta moral? Otro autor, Larry Barber, ya lo hizo. Escribió el libro The Gift of Guilt (“El don de la culpa”), según el cual la culpa es un don de Dios para alertarnos –no para atormentarnos– ante un mal moral. 

Jesús dijo: “Se ha cumplido el tiempo”. La palabra griega para designar este tiempo es “kairós”, que significa tiempo especial, tiempo supremo. La Cuaresma es un tiempo de calidad para examinar nuestra conciencia y hacerle caso si nos dice que algo duele ahí dentro.

María jamás sintió culpabilidad. Nunca cometió pecado. Pero como buena madre, intuye el dolor que sentimos por los nuestros. Podemos acudir a Ella con confianza; como el niño que corre a su madre cuando algo le duele. Ella no dudará en llevarnos al Médico de nuestras almas, al que sana todas las culpas. Y no descansará hasta vernos sanos.

 

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