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Lobotomías, abortos y otras barbaridades
La historia algún día verá al aborto con el mismo disgusto con el que ahora miramos lo que fueron las prácticas de lobotomías frontales


Por: Colin Mason | Fuente: Population Research Institute



En noviembre del 2005, Radio Pública Nacional (National Public Radio, NPR) dio a conocer la historia de un hombre llamado Howard Dully, un sencillo conductor de bus de California de 350 libras. ¿Cuál es la historia de Dully? A la edad de 12 años era uno de los pacientes más jóvenes que estaban programados para recibir una de las infames lobotomías con “picahielo” del psiquiatra Walter Freeman.

En 1960 Howard Dully se sometió a una lobotomía con picahielo en manos de Walter Freeman. A la derecha Howard Dully sosteniendo uno de los pica hielos originales del Dr. Freeman, Enero del 2004.
Cortesía de la Librería Gelman de la Universidad George Washington

Freeman, quien era “mitad medico y mitad showman”, se especializó en lo que él llamaba “lobotomía trasorbital”. Él estaba convencido de que las enfermedades mentales eran causadas por “sobrecarga de emociones” en la corteza prefrontal, por ello ensayó la lobotomía para calmar estas emociones separando, de esta forma, las conexiones entre la corteza prefrontal y el resto del cerebro. Primero clavaba un picahielo a través de la órbita del ojo con un mazo de goma, y luego lo movía enérgicamente alrededor del ojo para destruir el frágil tejido nervioso.

Freeman se deleitaba con esta barbarie, la cual en su momento fue aclamada como un nuevo procedimiento milagroso, “tan simple como curar un dolor de muelas”. De acuerdo a la NPR, “Freeman era un showman e impresionaba a su audiencia de doctores y enfermeras realizando dos lobotomías a la vez: martillando un picahielo en ambos ojos a la vez. En 1952, él solo realizó unas 228 lobotomías en tan sólo dos semanas en el oeste de Virginia”.

Freeman hizo uso indiscriminado de este procedimiento y lo aplicaba al detectar el más mínimo problema emocional en sus pacientes. Incluso Howard Dully fue forzado a someterse al proceso simplemente porque su madrastra insistió en que Howard tenía “mirada desafiante y salvaje”. Yo sé que varios pre púberes encajan en esta descripción, pero no por eso se les debe someter a esta crueldad.

Hoy en día la mayoría de personas están totalmente contra la idea de auscultar el cerebro con un picahielo. Sin embargo, a la vez, autoridades médicas reconocidas afirmaron en su momento que esta práctica era lo más novedoso de la medicina moderna (No lo digo en broma). Freeman se consideraba a sí mismo como un visionario, como descubridor de un procedimiento sin dolor que podría mejorar la vida de miles de pacientes mentales. Sólo después de haber realizado más de 2500 lobotomias, algunas de las que llevaron a la muerte a varios pacientes, Freeman fue forzado a retirarse.

Los “beneficiarios” principales de las lobotomías con picahielo de Freeman no fueron los pacientes mentales, más si lo fueron quienes eran responsables de su cuidado. Con sus “cargas” hechas más lerdas y sumisas, si no se redujo la perturbada imbecilidad del paciente, por lo menos quien lo tenía a cargo tenía mucho más fácil su cuidado.

Otra barbaridad, el aborto

Quienes piensen que tal barbarie es una cosa del pasado deben detenerse a pensarlo dos veces. Muchas adolescentes y mujeres jóvenes están engañadas al pensar en el aborto como “la solución rápida”, así como alguna vez se le consideró a la lobotomía. El niño en desarrollo es considerado como un “tejido” o “material”, el procedimiento es en si mismo como una “interrupción”. En las palabras de TeenWire, revista juvenil online de la Planned Parenthood, el aborto es “un procedimiento seguro”. Que es cerca de dos veces más seguro que una inyección de penicilina, y es 11 veces más seguro que dar a luz”. El aborto, la nueva “cura” milagrosa, revolucionará nuestras vidas.

De hecho, el retirar una a vida humana en formación del cobijo del vientre materno es un acto violento, uno que mata al bebé y que destruye profundamente a la madre.
Esta cruda verdad no se le dice a la mujer sino hasta después que el daño está hecho. Las mujeres que han tenido un aborto narran una historia de barbarie, de incompetencia médica y de indescriptible dolor.

En un forum online llamado AbortionConcern.org montado para mujeres que habían abortado, surgieron docenas de desoladoras historias. “He tenido dolores físicos desde el aborto, pero nada comparado al sufrimiento emocional”, dice “Dale” de Australia. “Me siento terrible”, dice “Sofia” de los Estados Unidos. “He estado llorando y abrazando mi vientre y he querido regresar en el tiempo”. Las historias son siempre iguales, sólo cambian los nombres y algunos detalles.

David C. Reardon, quien ha pasado años investigando sobre este tema, es el líder mundial de expertos en el “síndrome post-aborto”. Este es el estado de depresión severa y shock, similar al tan conocido Desorden de Estrés Post Traumático que sufren miles de veteranos de guerra, en el que se ven sumergidas innumerables mujeres que se han realizado un aborto.

El mundo será un mejor lugar cuando el aborto forme parte, junto a las lobotomies con pica hielo, del museo medico del horror. La misma existencia de esta condición, aunque parezca mentira, es tenazmente negada por organizaciones como la Federación Nacional para el Aborto y la Planned Parenthood. Haciendo a un lado la extensa investigación llevada a cabo por el Dr. Reardon y los miles de testimonios de las propias víctimas, la Federación Nacional para el Aborto declara tímidamente que “las opiniones médicas más generalizadas, como la de la Asociación Norteamericana de Psicología, están de acuerdo en que no existe tal cosa como el ‘síndrome post-aborto’”

En esta afirmación, uno puede escuchar un escalofriante eco de insistencia del Dr. Freeman en afirmar que los pacientes a los que practicó lobotomías estuvieron mejor sin esas molestas células cerebrales.
 
Aquellos quienes continúan fingiendo que el aborto es un procedimiento sencillo, sin dolor y acertado, o son ignorantes de los hechos médicos ó escogen ignorarlos. Incluso la reconocida feminista Naomi Wolf, en el ensayo Nuestros Cuerpos, Nuestras Almas (Our Bodies, Our Souls) de 1995, ha atacado a los defensores del aborto por su hipocresía. Aunque ella era y sigue siendo pro-opción, Wolf reconoció que el aborto es un acto violento, primitivo y sacrílego.

“Al regirnos por una retórica sobre el aborto en la que no hay vida ni muerte, confundimos nuestras creencias en una serie de auto engaños, mentirillas y evasiones, “ dijo Wolf. “Y nos arriesgamos a convertirnos precisamente en lo que nuestros críticos dicen que somos: crueles, egoístas y ligeramente destructivos al hombre y a la mujer que comparten una visión rebajada de la vida humana”.

Un aborto es un acto barbárico, fundamentalmente destructivo tanto para el bebé como la para la madre. A esta práctica le corresponde ser parte del museo médico del horror, junto con las sanguijuelas, las amputaciones innecesarias y, por supuesto, las lobotomías con pica hielo de comienzos de siglo.

 





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