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La violencia oculta detrás del aborto
Los pro-abortistas frecuentemente nos acusan de odiar a las mujeres, pero en realidad son ellos los que promueven este odio


Por: Colin Mason | Fuente: Population Research Institute



Era una mañana fría, al menos para ser abril en Washington DC. Una fila de estudiantes universitarios se encontraba de pie, provistos de abrigos y sombreros, quitando de sus ojos las huellas de la mala noche. Estábamos en una acera a lo largo de la Calle 16 en Washington, DC, bajo la fría sombra de una gran construcción de concreto detrás nuestro. Frente a nosotros, al otro lado de la calle, se encontraba una clínica abortista. Empezamos a rezar.

No me siento capaz de describir cabalmente lo que se experimenta al rezar frente a una clínica de aborto y ver a mujeres adultas y adolescentes esperando ingresar, algunas de ellas aún con la inocencia de la juventud en sus rostros. Los consejeros de nuestra acera trataban de ir con ellas para darles consuelo, pero no era mucho lo que podían hacer antes de que la “seguridad de la clínica” los detuviera.

Estos “efectivos de seguridad”, cuyos rostros reflejaban el odio que sentían por nosotros, agarraban a las mujeres y prácticamente las lanzaban con fuerza a través de la puerta de la clínica. En varias ocasiones fui testigo de cómo el personal de seguridad de la clínica bloqueaba con sus cuerpos las entradas a los consejeros de nuestra acera y metían a la fuerza a las jóvenes que hubiera, prácticamente echándolas dentro de la clínica. Usted puede encontrar aquí el enlace a una nota que describe muy bien las confrontaciones que semana a semana ocurren entre pro-vidas y pro-abortos.
Reto a todas las personas que tenga dificultad en creer lo mencionado, a dirigirse a la clínica de la Calle 16 y ver por sí mismas lo que sucede.

El aborto mata a decenas de millones de bebés cada año convirtiéndose en el peor de los actos de violencia que se puede perpetrar. Sin embargo, oculta detrás de este hecho trascendental se encuentra otra realidad, una verdad más sutil que las estadísticas han demostrado una y otra vez. Esa verdad es ésta: el aborto genera una cultura de violencia contra la mujer, la misma violencia contra la cual pretenden luchar las feministas. Debajo de la fachada de “opción” y de “libertad reproductiva” se esconde una actitud retrógrada hacia los niños, una actitud de desdén hacia las mujeres y fundamentalmente una indiferencia por la dignidad de la familia humana. Esto se pone de manifiesto en los gestos de burla y en la agresión física mostrada por los efectivos de seguridad de las clínicas de abortos. El aborto genera una atmósfera de violencia que es el inicio del fin de nuestra cultura.

El aborto mata a decenas de millones de bebés cada año. Sin embargo, oculta detrás de este hecho trascendental se encuentra otra realidad: el aborto genera una cultura de violencia contra la mujer. De acuerdo con David C. Reardon, en su artículo Aborto y Violencia Doméstica, existe “una importante conexión entre la violencia en el vientre y la violencia en el hogar”.
La cultura del aborto nos conduce a una cultura de conveniencia que impulsa a convertir en objetos a las mujeres y a una devaluación de la maternidad. De esta manera las mujeres se llegan a definir por su buena disposición para aceptar la opción del aborto, y toda interacción con hombres se convierte en parte de una lucha fundamental por dominar. “El asunto de si está bien venderse o no a los hombres es un planteamiento falso”, se afirma en el libro The New Our Bodies, Ourselves. “El verdadero asunto está en cómo venderse a si mismas de forma que sea lo menos destructivo para nosotros mismos y para nuestras hijas. Las prostitutas no necesitan nuestra condescendencia, lo que necesitan es aliarse con nosotras. Y nosotras las necesitamos también”.

Esta actitud cínica aparenta defender casi exclusivamente al sexo femenino, pero en realidad, hacen todo lo contrario. Reducen a las mujeres a una simple opción reproductiva; un objeto que tiene como único propósito luchar contra su naturaleza. Recientes estudios muestran que las mujeres, cansadas de ser constantemente blanco de los proveedores de abortos, se han rebelado contra el estereotipo que impone que su principal prioridad es siempre la salud reproductiva. Las mujeres son seres humanos, no máquinas de hacer bebés. Quienes defienden el aborto deberían aprender ésto.
La violencia generada por el aborto lleva a los hombres a tener una actitud despreocupada acerca de la sexualidad y psicología femenina, y frecuentemente conducen a la violencia. Esto produce en las mujeres sentimientos de culpa y horror increíbles que con frecuencia conducen a la división del hogar y a la alienación de los esposos.
La violencia producida por este monstruoso ciclo es inhumana y profundamente destructiva. Lleva a los hombres a tener una actitud despreocupada acerca de la sexualidad y psicología femenina, y frecuentemente conducen a la violencia. Esto produce en las mujeres sentimientos de culpa y horror increíbles. Ambos sentimientos con frecuencia llevan a la división en el hogar y a la alienación de los esposos, deshaciendo el hogar y con frecuencia poniendo al esposo contra la esposa. De acuerdo con David C. Reardon, en su artículo Aborto y Violencia Doméstica, existe “una importante conexión entre la violencia en el vientre y la violencia en el hogar”. De acuerdo a este reporte especializado, “la evidencia apoya una correlación entre el aborto y la violencia entre m

La UNFPA llama a la violencia contra la mujer “el más dominante y aún menos reconocido abuso de los derechos humanos en el mundo”. Los que conformamos el PRI estamos de acuerdo. Sin embargo, percibimos que organizaciones como la UNFPA y Planned Parenthood son los perpetradores de esta violencia.
Creemos que el aborto produce una cultura de desprecio por las mujeres, desprecio por la familia y desprecio por el valor de la vida humana. La verdadera violencia se halla escondida ahí y en las palabras de la Madre Teresa, “cualquier país que acepta el aborto no está enseñando a su gente a amar, mas bien les está enseñando a hacer uso de la violencia para conseguir lo que ellos quieran”.





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