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Boletín semanal

Sugerencias para la Liturgia: Cuarto domingo de Cuaresma, ciclo B
Lecturas de la Misa, sugerencias para la homilía, lectio divina, moniciones


Por: Varios | Fuente: Catholic.net



Lecturas para la Misa del IV Domingo de Cuaresma
  • Primera Lectura

II Crónicas 36:14-17, 19-23

14Del mismo modo, todos los jefes de los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, según todas las costumbres abominables de las gentes, y mancharon la Casa de Yahveh, que él se había consagrado en Jerusalén.15Yahveh, el Dios de sus padres, les envió desde el principio avisos por medio de sus mensajeros, porque tenía compasión de su pueblo y de su Morada.16Pero ellos se burlaron de los mensajeros de Dios, despreciaron sus palabras y se mofaron de sus profetas, hasta que subió la ira de Yahveh contra su pueblo a tal punto que ya no hubo remedio.17Entonces hizo subir contra ellos al rey de los caldeos, que mató a espada a los mejores en la Casa de su santuario, sin perdonar a joven ni a doncella, a viejo ni a canoso; a todos los entregó Dios en su mano.19Incendiaron la Casa de Dios y derribaron las murallas de Jerusalén: pegaron fuego a todos sus palacios y destruyeron todos sus objetos preciosos.20Y a los que escaparon de la espada los llevó cautivos a Babilonia, donde fueron esclavos de él y de sus hijos hasta el advenimiento del reino de los persas;21para que se cumpliese la palabra de Yahveh, por boca de Jeremías: «Hasta que el país haya pagado sus sábados, descansará todos los días de la desolación, hasta que se cumplan los setenta años.»22En el año primero de Ciro, rey de Persia, en cumplimiento de la palabra de Yahveh, por boca de Jeremías, movió Yahveh el espíritu de Ciro, rey de Persia, que mandó publicar de palabra y por escrito en todo su reino:23«Así habla Ciro, rey de Persia: Yahveh, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra. El me ha encargado que le edifique una Casa en Jerusalén, en Judá. Quien de entre vosotros pertenezca a su pueblo, ¡sea su Dios con él y suba!»

  • Salmo Responsorial

Salmo 137:1-6

1A orillas de los ríos de Babilonia estábamos sentados y llorábamos, acordándonos de Sión;2en los álamos de la orilla teníamos colgadas nuestras cítaras.3Allí nos pidieron nuestros deportadores cánticos, nuestros raptores alegría: «¡Cantad para nosotros un cantar de Sión!»4¿Cómo podríamos cantar un canto de Yahveh en una tierra extraña?5¡Jerusalén, si yo de ti me olvido, que se seque mi diestra!6¡Mi lengua se me pegue al paladar si de ti no me acuerdo, si no alzo a Jerusalén al colmo de mi gozo!

  • Segunda Lectura

Efesios 2:4-10



4Pero Dios, rico en misericordia, por el grande amor con que nos amo,5estando muertos a causa de nuestros delitos, nos vivificó juntamente con Cristo - por gracia habéis sido salvados -6y con él nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús,7a fin de mostrar en los siglos venideros la sobreabundante riqueza de su gracia, por su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.8Pues habéis sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios;9tampoco viene de las obras, para que nadie se gloríe.10En efecto, hechura suya somos: creados en Cristo Jesús, en orden a las buenas obras que de antemano dispuso Dios que practicáramos.

  • Evangelio

Juan 3:14-21

14Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre,15para que todo el que crea tenga por él vida eterna.16Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.17Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.18El que creee en él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios.19Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.20Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras.21Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios.»

 

Índice

1. Sugerencias para la homilía del Domingo 4o. de Cuaresma (ciclo b)



2. Lectio Divina: Tu recuerdo Señor, es mi alegría

3. Moniciones para el IV Domingo de Cuaresma - Ciclo B

 

1. Sugerencias para la homilía del Domingo 4o. de Cuaresma (ciclo b)

Por: P. Octavio Ortíz | Fuente: Catholic.net

  • Nexo entre las lecturas

“Tanto amó Dios al mundo...”: aquí reside el mensaje que la Iglesia nos transmite mediante los textos litúrgicos. Ese amor infinito de Dios ha recorrido un largo camino en la historia de la salvación, antes de llegar a expresarse en forma definitiva y última en Jesucristo (Evangelio). La primera lectura nos muestra en acción el amor de Dios de un modo sorprendente, como ira y castigo, para así suscitar en el pueblo el arrepentimiento y la conversión (primera lectura). La carta a los Efesios resalta por una parte nuestra falta de amor que causa la muerte, y el amor de Dios que nos hace retornar a la vida junto con Jesucristo (segunda lectura). En todo y por encima de todo, el amor de Dios en Cristo Jesús.
 

  • Mensaje doctrinal

1. Jesucristo, el amor del Padre. “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único”. Toda la historia de Dios con el hombre, como se presenta en la Biblia, es una historia impresionante de amor. Dios que por amor crea, da la vida, elige a un pueblo para hacerse presente entre los hombres, se hace ‘carne’ en Jesucristo para salvarnos desde la carne...y el hombre que por orgullo rechaza el amor buscando ‘autocrearse’, ‘autodonarse la vida’, ‘autoelegirse’ en el concierto de las naciones por su potencia y su imperial ambición, ‘autosalvarse’ con la ciencia y la técnica, con la parapsicología y la religión cósmica. Parecería que el hombre las cosas de Dios las entiende todas al revés. Parecería que Dios le quisiera enseñar a deletrear en su mente y en su vida el amor, y sólo es capaz de pronunciar el egoísmo, el odio o al menos la indiferencia a lo que no sea el propio yo. Parecería que Jesús en lugar de ser la forma suprema del amor divino, fuese al contrario causa de su turbación, de su sentimiento de fracaso, de su frustración alienante. ¿Qué sucede en el corazón humano para que no pueda descubrir en Jesucristo la sublimidad del amor de Dios?

2. Dos formas del Amor. El amor no busca sino el bien de la persona amada. Pero las formas de buscar ese bien pueden variar. Ante un pueblo o un corazón rebelde, cerrado al camino de Dios, el amor divino adquiere manifestaciones duras que buscan llevar al hombre a la reflexión, al arrepentimiento y a la conversión. Así en la primera lectura, ante la actitud altanera del pueblo, Dios permite la toma de Jerusalén, la matanza de muchos de sus habitantes, el saqueo de la ciudad, la esclavitud y el destierro a Babilonia. Dios actuó de esta manera como esfuerzo supremo de su amor que quiere llevar a los habitantes de Jerusalén a una auténtica conversión mediante el reconocimiento del amor divino. Pero existe otra forma de amor divino, que es la gracia, el don de la salvación para quien la acoge y la hace fructificar. Los que la acogen ‘son hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para realizar las buenas obras que Dios nos señaló de antemano como norma de conducta” (segunda lectura). Esas buenas obras son las obras del amor, con que el creyente responde al amor de Dios. Como formidable educador del hombre y de los pueblos, Dios Nuestro Señor usa una u otra forma de amor con el único interés de encontrar reciprocidad de amor en el hombre. Sabe muy bien Dios que sólo en el amar (a Dios y al hombre) y ser amado reside la grandeza y la felicidad del hombre.

 

  • Sugerencias pastorales

1. Convertirse al Amor. Los textos litúrgicos nos han mostrado que el amor para Dios es darse, entregarse, buscar el bien de la persona amada. Este amor no es el más frecuente entre los hombres, ni resulta fácil. Es más frecuente encerrarse en la propia concha siendo uno mismo sujeto y objeto de su amor. Es más frecuente ‘aprovecharse’ del otro (esposo o esposa, padre o hijo, amigo o amiga, acreedor o cliente, alumno o maestro, párroco o parroquiano...) para satisfacción del propio yo, de los propios intereses, gustos, pasiones. Es más frecuente buscar nuestro bien, que querer el bien de los demás; querernos ‘bien’ a nosotros mismos en lugar de hacer el bien al prójimo. Es más fácil no darse, no hacer nada por los demás, no ayudar a quien sufre necesidad, no colaborar en las diversas actividades de la parroquia, no buscar formas concretas de amar a Dios, a la Virgen santísima, a nuestros seres queridos, a nuestros hermanos en la fe, a los hombres independientemente de su religión, raza o condición. Con todo, en la mayoría de los casos lo que es más frecuente y fácil no es lo mejor ni siquiera para nosotros mismos. Hemos de convertirnos al Amor: ese amor que actúa en nosotros porque Dios nos lo regala y nosotros lo acogemos con gozo. Hemos de convertirnos al Amor, que nos saca de nuestra propia concha y nos pone ‘indefensos’ ante los demás para que vivamos por la fuerza del Amor.

2. Cristiano igual a humano. Bien podría decirse: “Cristiano soy y nada de lo humano reputo ajeno a mí”. El concilio Vaticano II nos ha enseñado que “Cristo revela el hombre al hombre”. La auténtica humanidad del ser humano no la vamos a encontrar en los programas de la TV o en los artículos de la prensa, en la invasión sonora de la discoteca o en las reuniones masivas con un cantante famoso, en la fugacidad de la bebida y de la droga o en la falsa consistencia de una relación degenerada...En todos estos campos está muy presente el hombre, pero muy poco lo humano, los valores dimanantes de su dignidad de imagen e hijo de Dios. El Papa Juan Pablo II gusta repetir que “el hombre es el camino de la Iglesia”; y se podría añadir también que “el cristiano es el camino del hombre”. Es evidente que me refiero a un cristiano que lo es de verdad y a un hombre que se mide por su vocación y dignidad, no con parámetros de otra índole. Por eso, alguien se atrevió a decir que “el tercer milenio o será cristiano, o simplemente no será”, pues el hombre terminaría autodestruyéndose. Si esto es verdad, y lo es, ¿no vale la pena vivir a fondo la vocación cristiana? ¿Por qué no luchar para instaurar en la sociedad un verdadero humanismo, es decir, un cristianismo vivido con autenticidad? ¡Vale la pena!

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2. Lectio Divina. 4o. Domingo de Cuaresma

Por: P. Martín Irure | Fuente: Catholic.net

Jn 3, 14-21

1. INVOCA

  • El Señor te va a dirigir su Palabra y te va a manifestar su voluntad sobre ti y sobre tu vida. Son momentos importantes que vas a dedicar a escuchar lo que quiera manifestarte el Padre en Jesús, por el Espíritu.
  • El Espíritu es el que inspira la Palabra y el que anima a vivirla, llevarla a la vida.
  • Prepara tu interior para la escucha en el silencio del mensaje divino. Ábrete al Espíritu. Invócale con el canto-oración: Veni, Sancte Spiritus:

    Ven, Espíritu Santo,
    te abro la puerta,
    entra en la celda pequeña
    de mi propio corazón,
    llena de luz y de fuego mis entrañas,
    como un rayo láser opérame
    de cataratas,
    quema la escoria de mis ojos
    que no me deja ver tu luz.

    Ven. Jesús prometió
    que no nos dejaría huérfanos.
    No me dejes solo en esta aventura,
    por este sendero.
    Quiero que tú seas mi guía y mi aliento,
    mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.
    Te necesito en mi noche
    como una gran tea luminosa y ardiente
    que me ayude a escudriñar las Escrituras.

    Tú que eres viento,
    sopla el rescoldo y enciende el fuego.
    Que arda la lumbre sin llamas ni calor.
    Tengo la vida acostumbrada y aburrida.
    Tengo las respuestas rutinarias,
    mecánicas, aprendidas.
    Tú que eres viento,
    enciende la llama que engendra la luz.
    Tú que eres viento, empuja mi barquilla
    en esta aventura apasionante
    de leer tu Palabra,
    de encontrar a Dios en la Palabra,
    de encontrarme a mí mismo
    en la lectura.

    Oxigena mi sangre
    al ritmo de la Palabra
    para que no me muera de aburrimiento.
    Sopla fuerte, limpia el polvo,
    llévate lejos todas las hojas secas
    y todas las flores marchitas
    de mi propio corazón.

    Ven, Espíritu Santo,
    acompáñame en esta aventura
    y que se renueve la cara de mi vida
    ante el espejo de tu Palabra.
    Agua, fuego, viento, luz.
    Ven, Espíritu Santo. Amén. (A. Somoza)


    2. LEE LA PALABRA DE DIOS Jn 3, 14-21 (Qué dice la Palabra de Dios)

    Contexto bíblico

     
  • Nicodemo es un personaje especial. Se presenta a dialogar con Jesús, siendo fariseo. Como tal, se distinguía por su apego y cumplimiento de la Ley mosaica. Los fariseos tenían gran autoridad sobre el pueblo, porque eran observantes cuidadosos de los preceptos de la Ley. Esperaban la venida del Reino de Dios más por el cumplimiento estricto de la Ley que por medios violentos.
  • Llega a Jesús de noche, es decir, de incógnito, por miedo a ser descubierto como simpatizante de Jesús. Así, con esa simpatía, se dirige a Jesús (v. 2)

    Texto

    1. El Hijo del hombre tiene que ser levantado en alto (v. 14)

     
  • Los fariseos atribuían a la Ley dos funciones: ser fuente de vida y norma de conducta. Jesús se presenta a sí mismo como sustituyendo las funciones de la Ley. Él es la verdadera fuente que da la vida verdadera. Es el Hombre levantado en alto (v. 14). El evangelista Juan alude a la serpiente de bronce fabricada por Moisés en el desierto (Nm 21, 9). Mirándola, quedaban libres los judíos del veneno de las mordidas de las serpientes.
  • De Jesús procede la vida verdadera. Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo el que esté vivo y crea en mí, jamás morirá (Jn 11, 25).
  • Creer en Jesús. Ésa es la condición necesaria para llegar a la vida eterna (v. 15). De la gracia de Dios nos vienes la vida verdadera, no por el cumplimiento de la Ley.

    2. Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único (v. 16)

     
  • Ésta es la razón definitiva de la misión del Mesías. El Hombre levantado en alto (vs. 14-15), Jesús crucificado, el que ha bajado del cielo (v. 13), es el que es enviado para dar vida al mundo.
  • Dios no envió a su Hijo al mundo para condenarlo, sino para salvarlo (v. 17).
  • El amor es la causa principal que mueve al mismo Dios a enviar a su Hijo al mundo. Y el amor es también el motivo definitivo para salvar. Dios no quiere condenar a los humanos. Por encima de todo, de la infidelidad de los hombres, prevalece el amor infinito y total de Dios hacia la humanidad.

    3. El que cree en él no será condenado (v. 18)

     
  • El amor de Dios no hace excepciones, porque quiere salvar a todos los humanos. Esto es bueno y grato a los ojos de Dios, nuestro Salvador, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (1 Tim 2, 3-4).
  • Quien se entrega al Señor totalmente por la fe, ya no sufre condenación, porque ha creído en el Hijo de Dios (v. 18). Los mismos hombres son los que, rechazando la luz (v. 19), preparan su propia condenación.
  • El Hombre Jesús, levantado en alto hace presente el amor de Dios, que nos otorga gratuitamente la vida y la salvación. Ya no hay que ser fiel más que al amor de Dios, manifestado y encarnado en el Hijo único Jesús (vs. 15, 16, 18).
  • El que cree en Jesús, el Mesías, ya está también creyendo en las posibilidades de la respuesta del hombre a ese don gratuito de Dios. El hombre se salva, no por la práctica de la Ley, sino por su adhesión total por la fe, a la donación gratuita y generosa del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús.

    3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios)

     
  • Toda la vida del cristiano está sostenida y alimentada por la alegre-buena Noticia: Tanto amó Dios al mundo que le dio a su único Hijo, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna (v. 16).
  • Movido por su amor, él nos destinó de antemano, por decisión gratuita de su voluntad, a ser adoptados como hijos suyos, por medio de Jesucristo, y ser así un himno de alabanza a la gloriosa gracia que derramó sobre nosotros por medio de su Hijo querido (Ef 1, 4-6).
  • Por la gracia han sido salvados mediante la fe, y esto no es algo que venga de ustedes, sino que es un don de Dios, no viene de las obras, para que nadie pueda enorgullecerse (Ef 2, 8-9; segunda lectura de este domingo).
  • Esta Palabra auténtica de Dios nos ensancha el ánimo y nos abre a la confianza total en el Señor.

    4. ORA (Qué le respondo al Señor)

     
  • Tiene que brotar desde lo más íntimo de nuestro ser el agradecimiento sincero ante la donación generosa de Dios nuestro Padre, manifestada en la entrega de su Hijo.
  • En consecuencia, hemos de hacer la entrega total de nuestra vida al amor de la Trinidad.
  • Dios nos ha manifestado el amor que nos tiene enviando al mundo a su Hijo único, para que vivamos por él. El amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros (1 Jn 4, 9-10).

    5. CONTEMPLA

     
  • Al Padre, repleto de amor, que nos da en Jesús la mayor y definitiva prueba de que nos ama siempre.
  • A Jesús que generosamente se entrega a nosotros dándonos su propia vida.
  • Al Espíritu, que realiza esta donación del Padre y del Hijo a nosotros.

    6. ACTÚA

     
  • Que experimentos siempre, sobre todo, en las pruebas, que Dios nos ama como nadie nos puede amar.
  • Que nuestra vida sea una Eucaristía (acción de gracias) constante por el derroche del Amor de Dios a nosotros.
  • Repetiré: Me amó y se entregó por mí (Gal 2, 20).

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3. Moniciones para el IV Domingo de Cuaresma - Ciclo B

Por: P. Domingo Vásquez Morales | Fuente: Catholic.net

"Dios ama al hombre"
 

  • Monición de entrada:

Buenas noches (días, tarde). Queridos hermanos en Cristo: nos estamos acercando a la gran fiesta de la Pascua, y por eso la Iglesia reflexiona en el gran amor que Dios nos tiene. El amó al mundo hasta el extremo de entregar a su Hijo Único, con el fin que todos nos salváramos. Respondamos con fe, con entrega y oración al celebrar este gran acto de amor, la Eucaristía: sacrificio y banquete. De pie, por favor, para recibir al celebrante y los ministros con el canto de entrada.
 

  • Primera lectura: II Cron 36, 14-16. 19-23 (La ira y la misericordia de Dios)

La primera lectura está tomada del segundo libro de las Crónicas, este libro fue escrito después del destierro de los judíos. Los israelitas habían sido infieles a Dios y a su alianza y no había escuchado a los profetas. Por eso perdieron su templo y su patria y se convirtieron en esclavos. Pero Dios es misericordioso; y después de 70 años regresaron a Israel y construyeron un templo símbolo de la presencia de Dios. Escuchemos.

  • Segunda lectura: Ef 2, 4-10 (Por pura gracia están salvados)

San Pablo nos habla sobre nuestra salvación. El amor de Dios es tan grande que por él estamos vivos con Cristo y muertos al pecado. Esta fe es un don de Dios. Nuestra respuesta debe ser de conversión muy profunda.

  • Tercera lectura: Jn 3, 14-21 (Dios mandó a su hijo para que el mundo se salve)

San Juan nos presenta a Cristo como el Mediador entre Dios y los seres humanos. El salvó al mundo muriendo en la cruz para resucitar después. Los que creemos en Cristo tendremos con Él la vida eterna. Escuchemos este gran mensaje de fe y esperanza.
 

  • Oración universal

1. Por la Iglesia, especialmente, nuestra comunidad parroquial, en su avance por el desierto de la Cuaresma hacia la luz de la Pascua. Roguemos al Señor.
2. Por nuestra juventud: para que descubra y responda a su misión en la Iglesia. Roguemos al Señor.
3. Seguimos orando insistentemente al Señor, para que cesen las guerras, el odio y la violencia y rene la PAZ en el mundo entero. Roguemos al Señor.
4. Por los que se están preparando para recibir el Sacramento del Bautismo, su padres y padrinos, para que sean fortalecidos diariamente y puedan cumplir sus compromisos bautismales. Roguemos al Señor.
5. Por los que se alejan de la luz de Cristo a causa del mal ejemplo de sus hermanos cristianos. Roguemos al Señor.
6. Por cada uno de nosotros, que fijando nuestros ojos en Cristo, luz del mundo, y queremos realizar la verdad con nuestras obras, hechas según Dios. Roguemos al Señor.

  • Exhortación final

Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 261

Hoy nuestro corazón salta de gozo, Dios Padre nuestro,
Al sabernos amados por ti con un amor que nos hace hijos tuyos.
La prueba que verifica tan gozosa noticia es Jesús, tu Hijo,
Y desde ahora nuestro hermano mayor y amigo para siempre.
Él no vino para condenar sino para salvar al hombre
Que tú amas con amor y con loca ternura de padre.
Haz que sepamos corresponderte como hijos tuyos bien nacidos.
Gracias, Señor, porque tú no eres un dios frío y lejano,
Controlador impávido de la máquina del cosmos, sino padre
Que nos amas, siempre desvelado por tu criatura el hombre.
El secreto del mundo y de nuestra existencia humana
Está fundado en el latir de tu corazón que ama. ¡Gracias, Señor!

 

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