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Boletín semanal

Sugerencias para la Liturgia: Quinto domingo de Cuaresma, ciclo B
Lecturas de la Misa, sugerencias para la homilía, lectio divina, moniciones


Por: Varios | Fuente: Catholic.net



 

Sagrada Escritura:

Primera: Jer 31, 31-34
Salmo 51
Segunda: Heb 5, 7-9
Evangelio: Jn 12, 20-33

 

 

Índice

1. Lecturas para la Misa del IV Domingo de Cuaresma



2. Sugerencias para la homilía del Domingo 5o. de Cuaresma (ciclo b)

3. Lectio Divina: Crea en mí, Señor, un corazón puro

4. Moniciones para el IV Domingo de Cuaresma - Ciclo B

 

1. Lecturas para la Misa del IV Domingo de Cuaresma

Jeremías 31:31-34

31He aquí que días vienen - oráculo de Yahveh - en que yo pactaré con la casa de Israel (y con la casa de Judá) una nueva alianza;32no como la alianza que pacté con sus padres, cuando les tomé de la mano para sacarles de Egipto; que ellos rompieron mi alianza, y yo hice estrago en ellos - oráculo de Yahveh -.33Sino que esta será la alianza que yo pacte con la casa de Israel, después de aquellos días - oráculo de Yahveh -: pondré mi Ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.34Ya no tendrán que adoctrinar más el uno a su prójimo y el otro a su hermano, diciendo: «Conoced a Yahveh», pues todos ellos me conocerán del más chico al más grande - - oráculo de Yahveh - cuando perdone su culpa, y de su pecado no vuelva a acordarme.

  • Salmo Responsorial

Salmo 51:3-4, 12-15

3Tenme piedad, oh Dios, según tu amor, por tu inmensa ternura borra mi delito,4lávame a fondo de mi culpa, y de mi pecado purifícame.12Crea en mí, oh Dios, un puro corazón, un espíritu firme dentro de mí renueva;13no me rechaces lejos de tu rostro, no retires de mí tu santo espíritu.14Vuélveme la alegría de tu salvación, y en espíritu generoso afiánzame;15enseñaré a los rebeldes tus caminos, y los pecadores volverán a ti.

  • Segunda Lectura

Hebreos 5:7-9

7El cual, habiendo ofrecido en los días de su vida mortal ruegos y súplicas con poderoso clamor y lágrimas al que podía salvarle de la muerte, fue escuchado por su actitud reverente,8y aun siendo Hijo, con lo que padeció experimentó la obediencia;9y llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen,

  • Evangelio

Juan 12:20-33

20Había algunos griegos de los que subían a adorar en la fiesta.21Estos se dirigieron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le rogaron: «Señor, queremos ver a Jesús.»22Felipe fue a decírselo a Andrés; Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús.23Jesús les respondió: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo de hombre.24En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto.25El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna.26Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará.27Ahora mi alma está turbada. Y ¿qué voy a decir? ¡Padre, líbrame de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto!28Padre, glorifica tu Nombre.» Vino entonces una voz del cielo: «Le he glorificado y de nuevo le glorificaré.»29La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno. Otros decían: «Le ha hablado un ángel.»30Jesús respondió: «No ha venido esta voz por mí, sino por vosotros.31Ahora es el juicio de este mundo; ahora el Príncipe de este mundo será echado fuera.32Y yo cuando sea levando de la tierra, atraeré a todos hacia mí.»33Decía esto para significar de qué muerte iba a morir.

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2. Sugerencias para la homilía del Domingo 4o. de Cuaresma (ciclo b)

Por: P. Octavio Ortíz | Fuente: Catholic.net

 

  • Nexo entre las lecturas

Mientras que para los hombres el orden habitual de los conceptos es vida-muerte, en Jesucristo es al revés: muerte-vida. De estas dos realidades y de su relación nos habla la liturgia. Es necesario que el grano de trigo muera para que reviva y dé fruto, es necesario perder la vida para vivir eternamente (Evangelio). Jesús, sometiéndose en obediencia filial a la muerte vive ahora como Sumo Sacerdote que intercede por nosotros ante Dios (segunda lectura). En la muerte de Jesús que torna a la vida y da la vida al hombre se realiza la nueva alianza, ya no sellada con sangre de animales sino escrita en el corazón, y por lo tanto, espiritual y eterna (primera lectura).
 

  • Mensaje doctrinal

1. Jesús, ‘unión de los opuestos’. La tendencia humana más frecuente es dividir, disociar, separar, enfrentar. Jesús, venido desde Dios, actúa de otro modo y nos enseña a actuar también nosotros como él. El hombre tiende a separar el oprobio del sufrimiento del resplandor de la gloria: Jesús los une en sí porque el Padre los quiere unidos en Cristo y en nosotros. De ese modo el sufrimiento es glorioso, y la gloria tiene el dolor como peana. El hombre quiere fructificar sin morir, pero es imposible; Jesús acepta ser grano que muere bajo la tierra para dar fruto abundante. En Jesús se dan la mano dos realidades fuertemente antagónicas: la muerte y la fecundidad. Nosotros preferimos con mucho el ser servidos a servir; Cristo prefirió servir a ser servido; y en ese incondicional servir le fue ‘servida’ por el Padre la salvación de la humanidad. Los hombres en general no estamos fácilmente dispuestos a perder la vida (darla por el bien de los demás) y, sin embargo, es así como realmente la perdemos. Cristo, en cambio, la perdió, no se aferró a ella, y de esa manera la ganó para siempre y nos alcanzó la posibilidad de también nosotros ‘ganarla’, siguiendo sus huellas. En la conjunción de perderse al mundo para ganar al mundo se compendia el misterio pascual de Jesucristo.

2. La hora de Jesús. En el evangelio de san Juan se une el encuentro de Jesús con los ‘griegos’ (representantes de la humanidad no judía) y la hora de Jesús, es decir, su pasión-muerte-resurrección. La hora de Jesús es, por tanto, la hora de la redención universal por el sufrimiento y por la glorificación. Ambos aspectos brillan con fulgor particular en la segunda lectura. Primeramente el sufrimiento: “El mismo Cristo en los días de su vida mortal presentó oraciones y súplicas con grandes gritos y lágrimas a aquel que podía salvarlo de la muerte... Aprendió sufriendo lo que cuesta obedecer”. Esos gritos y esas lágrimas, tan humanos, están incluidos en su hora, en su tiempo y modo de salvarnos. No falta, sin embargo, la hora de la glorificación: “Alcanzada así la salvación,... ha sido proclamado por Dios Sumo Sacerdote”. Sumo Sacerdote de la nueva alianza, del nuevo corazón humano, de la nueva ley escrita en lo más íntimo y profundo del alma.

3. La hora del hombre nuevo. La hora de Jesús es también la hora del hombre nuevo. El sufrimiento y la glorificación de Jesús llevan a cumplimiento la profecía de Jeremías, que la liturgia nos presenta en la primera lectura. La alianza nueva entre Dios y la humanidad estará sellada con la sangre de Cristo. Las estipulaciones de esa nueva alianza no estarán escritas sobre piedra ni será Moisés quien las comunique a los hombres; Dios misma las escribirá en el interior del corazón y el Espíritu Santo ‘leerá’ con claridad, de modo inteligible y personal, a todo el que le quiera escuchar, el contenido de la nueva ley, la ley del Espíritu. Por eso nos dice san Juan que todos serán instruidos por Dios, todos: desde el más pequeño hasta el mayor. La pasión-muerte-resurrección de Jesucristo otorga a la humanidad entera la gracia de hacer un pacto de amistad y de comunión con Dios Nuestro Señor, y así llegar a ser hombre nuevo, auténtico, más aún ‘divino’.

 

  • Sugerencias pastorales

1. Sufrir por fidelidad. El sufrir por sufrir es absurdo e indigno del hombre. El sufrir porque “no hay otra”, porque ésa es la condición humana, es un motivo muy pobre, aunque pueda ser frecuente. El sufrir para mostrar mi capacidad de autodominio o mi grandeza humana es de pocos, y casi siempre adolece de orgullo. El sufrir por fidelidad a unos principios y a unas convicciones que sustentan la propia vida, ahí está el verdadero sentido y valor del sufrimiento. Sufrir por fidelidad a la propia conciencia, aunque los estímulos externos induzcan más bien al carpe diem y a la satisfacción de las mil solicitaciones del vicio y del pecado. Sufrir por fidelidad a los deberes de mi estado y profesión, con sinceridad y constancia, sin miedo a aparecer ‘débil’ y sin miedo al respeto humano. Sufrir por fidelidad a las propias convicciones religiosas: católico, religioso, sacerdote, actuando siempre y en todo momento y situación de modo coherente y auténtico. Ese sufrimiento, a los ojos de Dios, no sólo tiene sentido, sino que tiene un valor imperecedero: valor de redención, como el sufrimiento de Jesucristo. Tal sufrir, no siendo fácil, no deja de ser hermoso y sobre todo fecundo. Pongamos la mano en el corazón y preguntémonos si hemos sufrido por ser fieles, si estamos dispuestos a sufrir por fidelidad a Dios y al hombre, nuestro hermano.

2. Una religión del corazón. Es difícil mantener el equilibrio en las relaciones entre los hombres, y en las relaciones de los hombres con Dios. O somos fríos, porque fundamos nuestras relaciones en la razón, que se rige por la lógica, que no admite ser caldeada por otras energías diversas de la razón. O somos sentimentales, poniendo en el sentimiento la base de una verdadera relación sea con los hombres sea con Dios. Pero sabemos que el sentimiento está sometido a los vaivenes de las circunstancias, de los influjos externos, de los estados de ánimo... El sentimiento es cálido, pero carece de lógica, de orden, de estabilidad. O buscamos fundar las relaciones en el corazón, en donde la fuerza de la lógica se encuentra con el calor del sentimiento, y el sentimiento cálido penetra en la frialdad de la razón. El corazón es el lugar del encuentro, de la relación más auténtica entre los hombres y del hombre con Dios. Por eso, la religión cristiana es una religión del corazón. Cuando se ha pretendido hacer del cristianismo una religión de la razón, se ha caído en la frialdad de la abstracción o en el rigorismo dogmático y moral, al estilo jansenista. Cuando se ha hecho del cristianismo una religión del sentimiento, el resultado ha sido un sentimentalismo dulzón y un fideísmo poco inteligente. Sólo el corazón (sede de la razón, de la afectividad y de las pasiones) puede dar forma a la religión cristiana. Si ya vives el cristianismo del corazón, continúa por ese camino y ayuda a otros a entrar por él; si todavía no te has convertido a la religión del corazón, aprovecha esta cuaresma. No dejes pasar la oportunidad.

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3. Lectio Divina. 4o. Domingo de Cuaresma

Por: P. Martín Irure | Fuente: Catholic.net

Jn 12, 20-33

1. INVOCA

  • La Palabra del Señor de este domingo te va a decir su mensaje y te va a manifestar lo que Dios quiere de ti. Dispón tu ánimo para escuchar con total acogida esa Palabra.

  • Haz en tu interior el silencio adecuado. Deja a un lado tus proyectos, ocupaciones, programas. Lo más importante en este rato es escuchar y dialogar con el Padre. Haz el silencio exterior, evitando cualquier ruido que pueda distraerte.

  • Invoca al Espíritu, abriéndote a su inspiración y animación. Canta y ora con la jaculatoria: Veni, Sancte Spiritus.


2. LEE LA PALABRA DE DIOS Jn 12, 20-33 (Qué dice la Palabra de Dios)

Contexto bíblico

  • Este episodio de los griegos que buscan a Jesús es un anticipo de la evangelización al mundo pagano que acontecerá después de la resurrección. Jesús ha venido para todos, judíos y paganos. Aquí están representados por los dos griegos. De ahí que el evangelista nos traslada a la historia inicial del cristianismo, como nos narra el Libro de los Hechos de los Apóstoles.

  • Cuando se escribe el cuarto evangelio, ya la predicación de la Buena Noticia había llegado a Grecia (Pablo predicó en Tesalónica, Atenas y Corinto). Felipe es nombrado en Hechos 8, y es identificado como diácono. Andrés, según la tradición, fue crucificado en Grecia.

    Texto

    1. Ha llegado la hora (v. 22)

  • La hora tiene un sentido teológico, no temporal. La hora de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Glorificación y exaltación se refieren, al mismo tiempo, a la crucifixión y resurrección, que son dos aspectos de la hora de Jesús. El relato de la pasión y muerte en Juan es diferente al de los sinópticos. Para Juan, todo el proceso doloroso de la pasión y muerte de Jesús ya está unido a su glorificación. A lo largo del relato, presentará a Jesús como quien “domina” la situación: ante el piquete que viene a prenderle, ante los acusadores y ante Pilato.

  • Jesús exclama: Ha llegado la hora. Jesús ya ha adelantado la salvación, porque desde que vino a este mundo vive la entrega total al Padre, para realizar su obra. Porque era Hijo aprendió a obedecer a través del sufrimiento (Heb 5, 8; segunda lectura de este domingo).

  • El v. 26 constituye la descripción de lo que Jesús sufrirá en la oración del huerto de Getsemaní. Jesús es consciente de que su entrega hasta la muerte es lo que salvará a la humanidad. Y en esta entrega se revela como el Hijo del hombre. Ahí se realiza el verdadero juicio del mundo (v. 31). Para el discípulo de Jesús, todo tiempo es tiempo de salvación. La historia se transforma en historia de salvación. Para el cristiano, la salvación se realiza en la historia. Ésta es la hora: la del sufrimiento transformado por la resurrección.

    2. Si el grano de trigo no muere (v. 24)

  • Jesús es consciente de que su muerte producirá los frutos esperados: la salvación de todos, judíos y paganos, aquí representados por los griegos que ruegan: Queremos ver a Jesús (v. 21).

  • Para dar vida hay que dar la vida. La vida es fruto del amor. La vida plena nace del amor pleno. Amar es más que dar algo (material en dinero, comida y tiempo). Amar es darse. Sin escatimar. Hasta desaparecer, si es necesario, como individuo y como comunidad.

  • La muerte del grano de trigo es algo necesario para que se manifieste la energía que encierra la semilla. La vida ahí encerrada se presenta de una forma nueva, en sus frutos.

  • Jesús es la semilla sembrada en nuestra tierra. Él desapareció, para producir frutos de vida total y eterna. Yo soy el buen pastor. El buen pastor de la vida por las ovejas (Jn 10, 11). Nadie tiene amor más grande que quien da la vida por sus amigos (Jn 15, 13).

    3. Padre, glorifica tu nombre (v. 28)

  • Jesús no se doblega al sufrimiento ni a la muerte. No pide al Padre que le libere de la hora, porque sería caer en la tentación de pretender ser un Mesías triunfalista. Es la tentación de buscar un “Dios refugio”, un “Dios para las ocasiones”, un “Dios que remedia los problemas”.

  • Jesús pide al Padre que realice su proyecto de salvación. Dios no quiere el sufrimiento de su Hijo amado. Quiere la salvación de los humanos. Éstos son los que hacen sufrir y asesinan al Enviado, al Hijo amado. Jesús sintoniza totalmente con la voluntad del Padre.

    4. Yo le he glorificado y volveré a glorificarlo (v. 28)

  • El Padre, una vez más, apoya y confirma la actitud del Hijo. Una vez más, Jesús experimenta el amor del Padre, que aprueba su misión y le fortalece para culminar su obra. Como en el bautismo (Jn 1, 33), como en la transfiguración, narrada por los sinópticos.

  • Jesús será elevado sobre la tierra (v. 32). Y ésta será la gran fuerza con la que atraerá a todos los humanos hacia Él. Desde al amor, desde la entrega, Jesús realiza la misión encomendada por el Padre.

  • La misión del discípulo de Jesús se manifiesta con toda claridad en su gesto supremo: actitud de entrega hasta la muerte, por amor. Sólo así tienen sentido: la existencia, el sufrimiento y la entrega a los demás. ¡Como Jesús!


3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios)

  • Queremos ver a Jesús (v. 21). Actitud de apertura total a la persona y obra del Salvador. Buscarle en la Palabra, en los sacramentos, en la historia de cada día, para convertirla en salvación para cada uno.

  • Si el grano de trigo no muere... (v. 24). Todo sacrificio, toda entrega es agradable a Dios, cuando nace del amor. Sólo entonces tendrá sentido nuestro dolor. Sólo entonces producirá fruto.

  • Volveré a glorificarlo (v. 28). por medio de mi actitud permanente de entrega al Padre y a Jesús. Ésta es la verdadera glorificación: realizar en mi vida la voluntad de Dios.


4. ORA (Qué le respondo al Señor)

  • Se puede resumir mi actitud en dos palabras: Gracias y Aquí estoy para hacer tu voluntad.


5. CONTEMPLA

  • A Jesús, clavado en la cruz, orando serenamente: En tus manos encomiendo mi espíritu... Todo está cumplido.

  • A ti mismo... Tal vez, tan lejos de lo que Jesús vive y realiza... Abandónate a Él.


6. ACTÚA

  • “Todo don de sí mismo es una semilla de amor que hace que nazca amor” (A. M. Cànopi).

  • Repetiré: Me amó y se entregó por mí (Gal 2, 20).

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4. Moniciones para el IV Domingo de Cuaresma - Ciclo B

Por: P. Domingo Vásquez Morales | Fuente: Catholic.net

"Llega la hora de Jesús"
 

  • Monición de entrada:

A tan sólo siete días de la Semana Santa, los cristianos nos encontramos cara a cara con el misterio de la cruz. Cristo Jesús llegada la hora de su glorificación, al morir como el grano de trigo que cae en tierra, da el fruto de la nueva alianza en su sangre para el perdón de los pecados, como profetizó Jeremías y por la penosa obediencia de su Pasión, una vez constituido Señor, es fuente de salvación eterna para cuantos creen en Él. Como el grano de trigo, la muerte de Cristo será el principio de la vida. La Eucaristía nos da la fortaleza que necesitamos para morir al pecado y a nosotros mismos. Nos ponemos de pie para recibir a los ministros de esta celebración eucarística.

  • Primera lectura: Jr 31, 31-34 (Haré una alianza nueva y no recordaré el pecado)

En esta lectura el profeta Jeremías resume toda la experiencia de su vida íntima y toda la enseñanza de la historia. Dios promete a su pueblo una nueva alianza escrita en el mismo corazón del hombre. La ley de su vida será su propia conciencia. Escuchemos este pasaje del Antiguo Testamento en que se menciona el Nuevo Testamento.

  • Segunda lectura: Hb 5, 7-9 (Por su obediencia, Cristo es salvación nuestra)

La segunda lectura, tomada de la carta a los hebreos, el autor subraya la condición humana de Cristo. Aunque Él es Sacerdote, el Mediador de la Nueva Alianza, Él se sometió a la voluntad de Dios hasta padecer y morir.

  • Tercera lectura: Jn 12, 20-33 (Si el grano de trigo muere, da mucho fruto)

Ha llegado la "hora" de que sea glorificado el Hijo del hombre, dice Él de sí mismo. En el Evangelio de Juan la glorificación de Cristo significa su pasión muerte y resurrección, que Él mismo nos explicará. La breve parábola del grano de trigo se centra en la fecundidad del mismo: "Si no cae en tierra y muere, queda infecundo, pero si muere da mucho fruto". De pie, por favor, para escuchar este gran mensaje de entrega.

  • Oración universal

1. Por la Iglesia, nuevo pueblo de Dios: para que sea fermento de un mundo mejor y transmita esperanza a todos. Roguemos al Señor.
2. Por todos los cristianos: para que en estos días de Cuaresma expresemos nuestra sincera conversión en el sacramento de la reconciliación. Roguemos al Señor.
3. La imagen de Jesús crucificado evoca a los que dan la vida, e incluso la pierden, por amor a los demás: para que sean, como Cristo, el grano de trigo que cae en la tierra para dar mucho fruto. Roguemos al Señor.
4. La imagen de Jesús crucificado evoca también a tantos condenados a muerte lenta: para que puedan descubrir a Cristo en el amor de los creyentes y se sientan fortalecidos en la prueba. Roguemos al Señor.

5. La imagen de Jesús crucificado nos anuncia sobre todo, la victoria definitiva sobre la muerte: para que comprendamos que sólo el que entrega su vida como servicio, a imitación de Cristo, la guarda para siempre. Roguemos al Señor.
6. Por nuestro mundo atormentado por la guerra, para que cesen, de una vez y por todas, la guerra y el odio. Roguemos al Señor.

  • Exhortación final

Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 264

Bendito seas, Padre, porque, llegada su hora, Cristo fue el grano de trigo que, al morir, da fruto abundante,
El sol que agoniza en la tarde y resucita en el alba,
El ramo de olivo que supera el invierno inclemente,
La luz que vence la sombra, y el amor que derrota el odio.
Créanos, Señor, un corazón nuevo para una alianza nueva,
Y renuévanos por dentro con la fuerza de tu Espíritu Santo,
Para que, convertidos en hijos de la luz, en hijos tuyos,
Vivamos tu ley de amor con un talante alegre y renovado.
Así podrán los demás ver el rostro de Cristo reflejado
En nosotros, y glorificar por siempre tu nombre de Padre. Amén.

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