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¿Qué es el lignum crucis?
Mirad el árbol de la cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo


Por: Gregorio L. Piñero Sáez | Fuente: www.estudioscruzdecaravaca.es



DE INVENTIO CRUCIS

Se conoce en la cristiandad como lignum crucis al “leño de la cruz” en el que murió Jesucristo; y, por ende, a todo fragmento proveniente de la Vera Cruz hallada por Santa Elena entre los años 325 a 327, en el Gólgota de Jerusalén. Se afirma que el descubrimiento sucedió un 3 de mayo y, por ello, la Iglesia Católica celebra y conmemora en ese día “LA INVENCIÓN DE LA CRUZ”.

La más antigua referencia documentada que se conserva del hallazgo se encuentra en la “Historia de la Iglesia” de Rufino escrita hacia el año 400, quien la toma de la “Historia eclesiástica” de Gelasio de Cesarea, quien –a su vez- la escribió unos años antes.

Según esa cita, Elena, la madre del emperador Constantino (…), se fue de viaje (…) a Jerusalén y allí se informó entre sus habitantes acerca del lugar en el que el cuerpo de Jesús había sido clavado a la cruz. Este lugar era muy difícil de identificar porque los primeros perseguidores habían erigido allí una estatua a Venus, de modo que, cuando un cristiano quería venerar allí a Cristo, pareciera que rendía culto a Venus. Por esta razón, aquel lugar era poco frecuentado y casi había caído en el olvido. Mas (…) la pía mujer se dirigió al lugar que le había sido indicado por una señal celestial, hizo derribar cuanto había de vergonzoso y penoso y removió la construcción hasta lo profundo.

Es de destacar que, en general, los cronistas de aquella época (y posteriores) solían revestir los acontecimientos con intervenciones divinas para darles más verosimilitud. Consideraban más importante para mostrar la veracidad de lo narrado la “señal celestial”, que el afirmar simplemente que Santa Elena fue informada del lugar de la crucifixión por los habitantes autóctonos. Si Dios intervenía, no había lugar a discutir sobre la certeza de los hechos.



Esas “decoraciones” sobrenaturales tienen en esta caso su culminación con la llamada “leyenda áurea” de Santiago de la Vorágine, escrita en el siglo XIII. Según este dominico, Santa Elena, al llegar a Jerusalén, preguntó a los judíos sobre el paradero de la Cruz, pues le habían dicho que la tenían escondida. Al parecer fueron bastantes reticentes al principio (se dice que existía una profecía según la cual si la Vera Cruz era encontrada por los cristianos “desde ese momento el pueblo judío no reinaría más”) y Elena no se anduvo con protocolos y amenazó quemar a todos los judíos que tuviera a mano. Ante semejantes razones, le fue entregado un tal Judas que, según decían, sabía el lugar donde había sido escondida la Cruz. Una vez debidamente interrogado bajo tortura, le indicó el lugar y al estar sobre él, se difundió un perfume y un leve temblor del suelo. Ante el prodigio Judas se convirtió, y se bautizó tomando el nombre de Ciríaco, y él mismo cavó hasta encontrar las tres cruces que estaban bajo aquel sitio y las exhibió a Santa Elena. Para determinar cuál de las tres era la de Jesús hizo detener un cortejo fúnebre que pasaba por allí y acercó al muerto a cada una de las cruces. “Ante la última, el muerto resucitó y se pudo comprobar así que ésta era la cruz verdadera”. Este Judas, renombrado Ciríaco tras su bautizo, habría sido después obispo de Jerusalén sucediendo a Macario, que era el que ostentaba el obispado en ese momento. Otra versión describe el milagro decisiorio para reconocer a la Cruz de Cristo, no como una resurrección, sino como la curación de una enferma.

Los hechos debieron ser más sencillos y por supuesto más cercanos a los descritos por Gelasio de Cesarea y recogidos por Rufino (reproducidos en similares términos por otros autores como Alejandro de Chipre o Sócrates Escolástico) que los narrados por Santiago de la Vorágine.

Conocer el sitio aproximado donde se anclaban los brazos verticales (los condenados sólo transportaban el patibulum o brazo horizontal) en el monte de la calavera de Jerusalén para los ajusticiamientos, no debía suponer más dificultad. Lo que sí parece cierto es que Elena ordenó desmantelar un templo dedicado a Venus y escavar en su subsuelo. En él se encontraron las tres cruces, los clavos (al parecer, sólo dos) y el titulus (el letrero que todos conocemos por llevar las letras “INRI”). El dilema de más calado debió ser el de determinar cuál de las cruces era la de Cristo. Ambrosio de Milán y Juan Crisóstomo afirman que se encontró el titulus sobre la cruz del centro y eso fue concluyente.

También es razonable que se considerara como tal la que estaba taladrada, dado que el enclavamiento de Cristo es una excepción en la ejecución de la condena a muerte mediante la crucifixión: de ahí que San Juan afirme que sólo Jesús fue clavado en la Cruz. Precisamente, en el lignum crucis que se conserva en el Monasterio de Santo Toribio de Liébana se observa el agujero de unos de los clavos.

Pero además, cabe también pensar que la Invención de la Cruz por Santa Elena fue verdaderamente una “invención” y que, como apunta Diego Marín Ruiz de Assín el leño de la Cruz fuera venerado en Jerusalén desde los primeros tiempos, de tal modo que cuando aquélla mandó levantar la Basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén (constituida por tres partes diferenciadas: Martyrion, Tripórtico y Anástasis), fuese trasladado a ésta el Lignum Crucis para su adoración. Y cabe pensarlo así, pues resulta bastante elocuente el silencio de Eusebio de Cesarea, historiógrafo coetáneo a los hechos, quien si bien destaca el hallazgo (también por Santa Elena) del Santo Sepulcro, nada dice de la Santa Cruz. Silencio éste, por cierto, que sirvió de argumento base al protentastismo para declarar la falsedad del Lignum crucis.



Sea como fuese, en el año 347, San Cirilo de Jerusalén, ya hace referencia expresa al madero de la Cruz; y, a partir de esa época, potenciada por el emperador y su madre, la Cruz se hace símbolo universal de la Iglesia, frente al crismón o al buen pastor anteriores.

Santa Elena dividió -al menos- en dos trozos (igual hizo con el titulus) el madero de la Cruz, quedando inicialmente uno en Jerusalén y llevándose consigo el otro a la capital imperial. Y todo parece apuntar que en ese madero está el origen de la Vera Cruz de Caravaca.

Árbol de la cruz

Lignum crucis se puede traducir como “árbol de la cruz” y bajo este apelativo algunos artistas pintan o esculpen la cruz donde murió Cristo como un árbol con ramas, flores, hojas y frutos.

La comparación original de la cruz con el árbol de la vida, al parecer se debe a Tertuliano aunque fue tratada con detalle por Buenaventura en su libro Lignum vitae. Luego también fue glosada por otros autores cristianos como Maestro Eckhart o Juan Taulero.

La imagen es también usada en el himno Crux fidelis de Venancio Fortunato.

La comparación se establece al considerar a Cristo como "nuevo Adán". De esta manera, la cruz sería la antítesis del árbol de la serpiente del Génesis. Esta imagen se popularizó enormemente desde el siglo XIV.

Reliquias de la Cruz

Hay narraciones acerca de trozos de la cruz desde fines del siglo IV, cuando se comenzó la repartición de fragmentos de ella. Las de las iglesias eran conservadas en cajas llamadas “estaurotecas” que tenían forma de cruz y tenían al centro un vano para colocar la reliquia. Sobre el vano se solía poner una piedra preciosa que impedía el contacto visual con el trozo de madera. Desde el siglo VI las estaurotecas colocan un cristal en vez de la piedra.

Las más famosas estaurotecas son: la de Limbourg (datada en el siglo X), la de la Catedral de Cosenza y de la Catedral de Nápoles (siglo XII). También tiene renombre la de la Catedral de Génova (siglo XIII).

La reliquia más grande conservada se encuentra en el Monasterio de Santo Toribio de Liébana, Cantabria, España. La tradición la relaciona con el origen del monasterio, pero lo más verosímil es que fuese traída al mismo tiempo que los restos de Santo Toribio de Astorga, alrededor del siglo VIII. Según el P. Sandoval, cronista de la orden benedictina, esta reliquia corresponde al "brazo izquierdo de la Santa Cruz, que Santa Elena (madre del emperador Constantino, en el siglo IV) dejó en Jerusalén cuando descubrió las cruces de Cristo y los ladrones. Está cerrada y puesta en modo de Cruz, quedando entero el agujero sagrado donde clavaron la mano de Cristo". La madera se encuentra, pues, dentro de un relicario en forma de cruz de plata dorada, con cabos flordelisados, de tradición gótica, realizada en un taller vallisoletano en 1679. Las medidas del leño santo son de 635 mm. el palo vertical y 393 mm. el travesaño, con un grosor de 40 mm., siendo así la reliquia más grande conservada de la cruz de Cristo, por delante de la que se custodia en San Pedro del Vaticano. Un análisis científico de la madera de este trozo determinó que "la especie botánica de la madera es Cupressus Sempervivens L., tratándose de una madera extraordinariamente vieja y que nada se opone a que alcance la edad pretendida".

En relación con las embajadas del reinado de Jaime II de Aragón, aparecen fragmentos de la Vera Cruz en Santa Maria dels Turers de Bañolas (Gerona) (de donde era Eymeric de Usall, el embajador) y en la Cruz procesional del Monasterio de Santa María de Vilabertrán, lugar de entierro de la familia de los vizcondes de Peralada-Rocabertí, y donde murió fray Dalmau de Rocabertí en el año 1326; esta cruz incorpora camafeos egipcios.

Es célebre la llamada Cruz de Caravaca que custodiada por la Real e Ilustre Cofradía de la Stma. y Vera Cruz en la Basílica de la Vera Cruz celebra concedido por Juan Pablo II y a perpetuidad cada siete cursos Año Santo-Jubilar. La Sagrada Reliquia fue foco de peregrinación ya desde el siglo XIV recibiendo hoy millones de fieles siguiendo el faro de la Cruz.

Recientemente y tras la finalización de las obras de acondicionamiento de la 'Capilla de la Vera Cruz' en la Colegiata de Santa María la Mayor de Caspe (Zaragoza), vuelve a ser expuesta al público la Vera Cruz de Caspe. Esta reliquia (uno de los fragmentos de mayor tamaño en el mundo), sale en la procesión de la Semana Santa, custodiada por la Cofradía de la Vera Cruz.

En España algunas cofradías poseen un Lignum Crucis que, generalmente, acompaña a sus imágenes titulares durante la Semana Santa. Este es el caso de la Real Cofradía del Santísimo Sacramento de Minerva y la Santa Veracruz de León, donada por el obispo Luis Almarcha en 1959, o la Hermandad malagueña del Monte Calvario. En la misma provincia de Málaga, las Hermandades del Cristo de los Vigías de Vélez-Málaga y Nuestro Padre Jesús Nazareno de Alhaurín el Grande han incluido en sus cortejos procesionales nazarenos encargados de portar la reliquia, los cuales van ataviados, como recomienda la liturgia, con su correspondiente paño humeral.

En Valladolid, la Cofradía de la Santa Vera-Cruz cierra su Procesión de Regla con la Custodia del Lignum Crucis, labrada en oro y piedras preciosas entre 1500 y 1550. Posee base octogonal y en su cuerpo inferior se reproduce la escena de Adán y Eva ante el árbol de la vida. En su parte superior, se encuentra el ostensorio, donde se encuentra alojado un fragmento de la madera procedente de Liébana.

En Salamanca la cofradía de la Vera Cruz abre la procesión del Resucitado con el paso del Lignum Crucis, un relicario en plata con forma de cruz labrado por Pedro Benítez en 1675 que contiene en la intersección de los brazos una reliquia de la Cruz donada por fray Juan de San Antonio.

En la Semana Santa Soriana, la Cofradía del Santo Entierro de Cristo de Soria, porta a hombros el paso del Lignum Crucis (1968), que porta la reliquia de la Santa Cruz llegada a Soria en 1522, cuando el Papa Adriano VI la requirió para venerarla devolviéndola al año siguiente.

En la semana santa de Andújar, Jaén, la Venerable Hermandad de Nuestra Señora de las Angustias, porta en el paso de costaleros de salida del Viernes Santo por ta un Lignum Crucis dentro de un relicario de plata de Ley que data del siglo XV.

En la provincia de Córdoba,La Hermandad del Calvario de Puente Genil, porta la reliquia el Martes Santo en su estación de penitencia. También La Hermandad de la Veracruz de Aguilar de la Frontera, porta presidiendo su paso de palio en la tarde del Jueves Santo un Lignum Crucis.

En la Semana Santa de Sevilla, la Hermandad de Vera-Cruz (Sevilla) porta un relicario con el lignum crucis que es besado por los fieles durante su estación de penitencia. Aparte otras dos hermandades portan un Lignum Crucis acompañando a las Vírgenes en un pequeño reliquiario. Las cuales son: Hermandad de La Lanzada (Sevilla) y Hermandad de La Estrella (Sevilla)

En la provincia de Sevilla, La Hermandad de los Dolores (El Viso del Alcor) porta un relicario de plata en forma de cruz con el Lignum Crucis que, al igual que el sevillano de la Hermandad de la Vera-Cruz, es besado por los fieles durante su estación de penitencia en Semana Santa. Posteriormente, en la procesión del Corpus Christi, ese mismo relicario procesiona en el segundo de los tres pasos que componen dicha procesión. También en Marchena, la cofradía de la Vera-Cruz porta un relicario similar con el Lignum Crucis durante la procesión de la noche del Jueves Santo.

En la Semana Santa de Murcia, la Cofradía del Santo Sepulcro porta una reliquia del Lignum Crucis junto al Cristo de Santa Clara la Real en un relicario de oro y plata con forma de sol.

En la Semana Santa de Gatemala, La Asociacion de Cruzados del Santo Sepulcro del Templo de la Recoleccion posee un relicario con las cinco cruces de los Cruzados, en la procesion de Santo Entierro del dia Viernes Santo con la Consagrada Imagen del Señor Sepultado

 

[1]  Diego Marín Ruiz de Assín. Una estauroteca bizantina en el Reino de Murcia en la Edad Media. Murgetana, 111. Murcia, 2004. 





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