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Que la Corte defienda la vida
La sociedad mexicana está esperando de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la resolución a las Controversias Constitucionales en el tema del aborto


Por: José J. Castellanos | Fuente: Yo Influyo



Ya concluido el ruido de las fiestas de fin de año, y antes de que empiecen las trivialidades que suelen ocupar a la sociedad política, es conveniente recordar al inicio de este 2008, que la sociedad mexicana está esperando de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la resolución a las Controversias Constitucionales promovidas por la Comisión Nacional de Derechos Humanos y la Procuraduría General de la República, en contra de las reformas legales de la Asamblea de Representantes para permitir que se realicen abortos hasta antes de las 12 semanas de gestación. Mientras otros asuntos han ocupado páginas y páginas de la prensa y el tiempo de los políticos, la sociedad ha venido trabajando por hacer saber a los Ministros de la Corte su preocupación por el tema de legalizar el aborto en el país.

Con el asesinato de los niños en el vientre materno, se rompe la equidad y la universalidad de la protección al derecho fundamental a la vida, desde la concepción, como sentara la jurisprudencia de la Suprema Corte ante la controversia 10/100 y cuya resolución fue dada a conocer en el Semanario Judicial de la Federación de Marzo de 2002 (Tomo XV, pag. 793).

Ya sentada dicha jurisprudencia, no fue posible lograr una declaratoria similar respecto de las reformas penales que autorizan al Ministerio Público a ordenar un aborto en casos de presunta violación, a pesar de la mayoría de votos de los ministros, pero insuficientes para declarar la controversia. Esa incongruencia con lo que ellos mismos habían aprobado y que permitía que sin siquiera estar probada la violación, se ordenara el legrado, es lo que ahora mantiene en vilo a la sociedad, frente al activismo de las feministas que insisten, también ante la Corte, en apoyar la resolución de la Asamblea de Representantes.

La tardanza es grave, porque en tanto se da una solución, decenas de niños han sido ejecutados sin defensa ni forma de apelación. Lo más que se ha podido lograr, es que un grupo de heroicas jóvenes se han apostado a las afueras de algunos hospitales del Gobierno del DF para orientar a quienes –jovencitas la mayoría de ellas–, engañadas por los nuevos términos legislativos, pretenden ocultarse a sí mismas la gravedad del acto que están por cometer. Esta acción se realiza ante la hostilidad de algunos galenos o burócratas hospitalarios, pero con la esperanza de no pocos médicos y enfermeras que ven en esta labor la posibilidad de salvar una vida, cuando a ellos no sólo les está prohibida esta acción, sino incluso se les obliga a ser verdugos de bata blanca, “mata cigüeñas”, como los calificara con sabiduría el pueblo.

Si ya la Corte declaró que la Constitución protege la vida desde el momento de la concepción, resulta un tanto extraña la dilación en actuar en consecuencia respecto de la nueva reforma. ¿Es suficiente que una legislación local redefina el momento del embarazo para que con ello se tambalee el edificio jurídico que hace de la defensa de la vida un derecho humano fundamental, sin los cuales los demás carecen de sustento?

La definición de 12 semanas como plazo límite para autorizar el aborto es una decisión arbitraria, pues desde la unión de un óvulo con un espermatozoide, se concibe una nueva célula humana, individual, diferenciada del padre y la madre, en proceso de desarrollo continuo en donde los nombres que se le de: huevo, cigoto, producto, embrión, feto, nasciturus, etc., son también arbitrarios, del mismo modo que lo es niño, púber, adolescente, joven, adulto o anciano. El ser es el mismo en distintas etapas de desarrollo.

Adicionalmente, hay que señalar que a las doce semanas, el cuerpo de un niño está completamente formado, sus órganos ya están funcionando y puede sentir dolor. Pero eso no significa que en las etapas previas no sea un humano. A las ocho semanas, por ejemplo, es posible detectar los latidos el corazón y ya puede agarrar un objeto que se coloque en su mano. A las nueve entre abre los ojos, traga, mueve la lengua y nada. Es más, ya a las diez semanas tiene huellas digitales con las cuales puede ser identificado, tiene cerebro y todos sus órganos son identificables.

Se ha solicitado de algunos científicos su opinión y orientación acerca de las características del nuevo ser que hay en un vientre materno, y que toda mujer identifica como un hijo. Aún en el aberrante caso de quienes quieren asesinarlo, recurren al aborto precisamente porque “no quieren tener un hijo”. ¿Qué es, sino un ser humano, a quien se repudia? ¿Podría la Corte alegar, bajo algún subterfugio lingüístico, lo contrario? ¡Por supuesto que no! De hacerlo, estaría derrumbando el orden Constitucional Mexicano.

La Corte lo ha dicho: la Constitución protege la vida humana desde la concepción. Ahora, a esa misma Corte corresponde defenderla de la legislación asesina aprobada por la Asamblea de Representantes, en un absurdo jurídico. Confiamos que 2008 será una nueva oportunidad para reafirmar que en México vivimos una cultura de vida y no de muerte.

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