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Los 10 Mandamientos... Siguen de moda
Quinto Mandamiento: su contenido es altamente positivo; es equivalente a cuidar, proteger y defender la vida


Por: Sr. Dr. Don Rafael Gallardo García / R.P. Pedro Herrasti | Fuente: LaVerdadCatolica.org



QUINTO MANDAMIENTO

"NO MATARAS"

Al introducir estos comentarios sobre el Quinto Mandamiento de la Ley de Dios reconocemos que su enunciación tan directa y su enfática claridad deberían hacernos suprimir toda interpretación forzada y todo atenuante rebuscado.

Admiremos ante todo la UNIVERSALIDAD de este precepto. Ya sabemos que lo formuló Dios en el Decálogo (Ex.20,13) y cuán fuertemente encuentra eco en todas las leyes humanas. No hay legislación, ni código moral que no la confirme. Desde el foro interior de la conciencia de cualquier ser humano, hasta el máximo tribunal, sostienen con juicio severo y justo su irrestricta vigencia y validez.

Todavía está en discusión, muy debatida, si cualquier Autoridad humana tiene el derecho legítimo de aplicar la pena de muerte.

Reconozcamos en esta Ley de Dios, el RESPETO A LA VIDA HUMANA. Su Autor ha querido inculcar a todo hombre un profundo aprecio por la Vida Humana. La ha señalado como el valor máximo. Aún cuando su formulación es negativa y su expresión es netamente prohibitiva - No Matarás- su contenido es altamente positivo y fuertemente educativo: es equivalente a cuidar, a proteger, a vigilar y a defender la vida. Este aspecto de defensa y tutela se extiende desde la íntima sensación de cada persona (con el tan reconocido "instinto de conservación") hasta las uniformes convicciones de todas las culturas, que lo proclaman como fundamental y básico entre los derechos humanos. (2258)

Lamentamos, dolorosamente, la tragedia del HOMICIDIO. La triste respuesta que el hombre ha dado al precepto divino pone en nuestra imaginación el desfile de todos los homicidios cometidos en la historia. Desde Abel, el primer hombre asesinado por su hermano, Caín, hasta el del más reciente. Tristemente no va a ser el último de la historia, pero ciertamente sí ha sido cometido también por un hermano suyo - otro hombre -.



Hay como una Galería de la Muerte, que han pintado, con la propia sangre de sus hermanos, todos los asesinos de la historia. Se tiene que llenar de amargura nuestro corazón al constatar que ningún día de la historia está exento del furor asesino. Mientras Dios, en sus días, aparece siempre Creador, el hombre en sus días, no ha dejado de ser destructor. Qué dramático contraste: ¡la vida, obra de Dios; la Muerte, obra del hombre!

En eso radica la gravedad y la temeridad del homicida: en invadir el terreno divino. No solo suplanta a Dios arrebatándole lo que es Suyo; sino quiere superar a Dios destruyendo lo que el mismo Dios no destruye... (CIC 2268)

Por eso, el asesinato supremo, la Muerte de JESUS, Hijo de Dios, es el atentado de la destrucción de Dios.

Al matar, no solo lesiona el primer Derecho Humano, se conculca además, el fundamental Derecho Divino. (CIC 2269)

Aceptado este Precepto como Divino, en el orden religioso, moral y jurídico, se siguen estas consecuencias:



  • Sólo a Dios corresponde el principio, la conservación y la terminación de la Vida;
  • Toda autoridad humana debe interpretar o aplicar este precepto solo para proteger, vigilar y defender la vida humana.

A pesar de eso, no toman en cuenta, ni la violación del Derecho Divino, ni un injusto ejercicio del derecho humano, quienes se abrogan la facultad, o de impedir el principio de la vida humana en el ABORTO, o el de apresurar su final, por la EUTANASIA o hasta intentar su nefasta destrucción, con el SUICIDIO.

1. EL ABORTO.

Algunas mujeres lo admiten, por el derecho que dicen tener de su propio cuerpo; algunos progenitores lo reclaman por el derecho que dicen tener de controlar la familia; muchos ginecólogos lo sostienen, al proclamarse como tutores del bienestar familiar y de la salud pública. (2270-2274)

Algunos representantes del Estado, con falsa autoridad, se atreven a imponerlo como medio represivo de la explosión demográfica; muchos, con muchísimas mujeres, por las calles, en tumultuosas manifestaciones exigen su legalización, como algo que está en el poder de tribunales o procuradurías; y aún algunos políticos se atreven a proponerlo como opción partidista, pues llegan a ostentarlo como bandera.

La Iglesia a todos ellos aplica, sin eufemismos, la misma sentencia de Dios: "No Matarás". Porque Ella, no inventa, ni autoriza. Tan solo puede guardar, vigilar, transmitir y declarar la Ley de Dios,

Por eso llama al Aborto "crimen abominable" y castiga con la "excomunión" tanto a sus ejecutores como a todos los cómplices. (2272)

2. LA EUTANASIA.

Con un sentido opuesto al tradicional, tratando hipócritamente de cambiar las mentalidades, ahora la llaman "buena muerte" o "derecho de una muerte digna" del enfermo incurable o miserable.

Para evitar que un enfermo incurable sufra inútilmente; para evitar que sufra excesivamente en una enfermedad demasiado prolongada; si el tratamiento es sumamente costoso, etc., se han lanzado propuestas muy serias, de carácter científico, sociológico y aún moral, para que el enfermo, sus médicos, parientes o consultores y los tribunales civiles, tengan el derecho de decidir la interrupción del tratamiento clínico o la intervención "misericordioso" de un médico para aplicar la muerte.

La Iglesia mantiene el principio de que solo Dios da o quita la vida. Sin embargo no condena la suspensión de los medios excesivamente onerosos, peligrosos, extraordinarios o desproporcionados a los resultados deseados. No se pretende provocar la muerte: se acepta el no poder impedirla indefinidamente, En muchos casos no se consigue con prolongar la vida sino una dolorosa e inútil agonía. (2278)

No es lo mismo, cuando el cuerpo del paciente ya no puede sostenerse naturalmente en vida, suspender los medios para mantenerlo artificialmente "en vida", que matar directamente al enfermo.

3. EL SUICIDIO.

En cuanto acto directo, positivo, consciente y libre, es lo más opuesto y grave a este santo mandato. Causarse la propia muerte contradice al instinto de conservación, al valor adquirido de la persona entre sus semejantes y al derecho total y exclusivo de Dios. Somos administradores y no propietarios de la vida que Dios nos ha dado. (2281)

La gravedad intrínseca del suicidio, puede tener, sin embargo, atenuantes cuando existen trastornos psíquicos graves, angustias insuperables o temor a las torturas.

La Iglesia ensalza a aquellas personas que ante el peligro de una violación sexual han preferido la muerte, como una joven que saltó al vacío desde un alto edificio en Brasil ante la agresión a su virginidad. En todo caso, no se debe desesperar de la salvación de un suicida. Solo Dios conoce lo que sucede en el interior de las almas.

4. EL TERRORISMO.

El Terrorismo que amenaza, hiere y mata de la manera más cobarde a inocentes ocasionando además, incalculables daños para satisfacer odios, así como secuestros, el tomar rehenes, la tortura, etc., que hacen que impere el terror y mediante la amenaza ejercen intolerables presiones sobre las víctimas, son gravemente contrarias a la justicia y a la caridad. (2297)

La belleza de la Doctrina de Jesucristo se aprecia más cuando se advierte el nivel de superación que logra con las formulaciones de otras religiones. Incluso con la misma religión Mosaica, que es la precursora del Cristianismo, porque - como dijo Jesús la perfecciona y completa.

Un caso nos muestra el contenido del quinto Mandamiento.

"Se les dijo a los antiguos: "no matarás..." mas yo les digo ahora:" todo el que se enoje contra su hermano, será reo ya del juicio..." Mt.5,21-22. (2262)

  1. Es muy importante, con Jesús, indicar y prevenir, no solo el delito formal, sino aún sus propias causas. Nadie duda que las ofensas, los ultrajes y las muertes no ocurrirían si no ocurriera primero el enojo, la ira o la cólera, contra nuestro semejante.
    El incendio o el fuego devastador, no ocurriría sin la primera llama o aún, sin el primer chispazo. Hay que sofocarlo cuando está en su origen, porque ya crecido se vuelve incontrolable. Qué parecida es la ira al fuego; hasta llega a decirse que en el momento de la ira, la sangre hierve y la cabeza parece que va a estallar...
    Nuestro Maestro y Médico divino quiere curar el mal en su misma raíz; analiza los actos humanos y nos descubre que el mal brota del corazón; si no hay odios, tampoco habrá muertes ... Lo comprendió en su profundo significado el discípulo amado que comentó en su Carta: "el que odia a su hermano es un homicida" (I Jn.3,15) Quien sepa reprimir su cólera, evitará el mal mayor del pleito.
     
  2. Hay una canción que nos habla de "miradas que matan". Sabemos que en verdad existen y lo que significan. También Jesús atribuyó intención o fuerza mortal a las "palabras". De ellas estamos repletos. Y es una pena que el lenguaje, en una cultura agresiva y ofensiva, tenga casi el valor de un arma o sirva como instrumento letal.
    Atacamos, humillamos, despreciamos, insultamos, condenamos, maldecimos, gritamos, destruimos, injuriamos, vociferamos, vituperamos, vilipendiamos, imprecamos, ridiculizamos, reprochamos, reclamamos, difamamos, criticamos, etc., etc. Es entonces que con nuestra lengua "herimos" o con nuestra "palabra" atacamos... Y si de las palabras se pasa a los hechos, explicamos todas las agresiones y todos los infelices desenlaces de sangre y de muerte.
    San Agustín comenta que, aún sin poner sus manos violentas sobre Jesús, fueron sus asesinos los que gritaron en el Pretorio a Pilatos: "crucifícale, crucifícale..." ¡Palabras asesinas!
    "Comenzar a vivir es comenzar a morir" afirma San Agustín. Es expresión literaria de la sencilla verdad y de la experiencia diaria de que "el hombre es mortal". La vida humana es como un itinerario, como una marcha constante hacia su destino cierto, que es la muerte. Nadie la puede evitar.
    Y con todo y eso, la VIDA se debe cuidar. La propia y la ajena. Así que el precepto "No Matarás" se extiende hasta la obligación de no poner en peligro la vida; o dicho en forma positiva: de atender y cuidar la SALUD, tanto del alma como del cuerpo.

Peligros mortales para el Alma.

El Buen Jesús los advirtió cuando dijo severamente: "Teman al que puede arrojar al alma y el cuerpo al infierno" (Mt. 10,28).

Se atenta contra la salud o la vida moral propia o ajena, con el pecado de escándalo, que se define como la actitud o comportamiento que induce a otro a hacer el mal. El que escandaliza se convierte, como Satanás, en tentador de su prójimo. Su efecto es destructor para el alma a la que priva de la Vida Divina. (2284)

El Divino Maestro exclama: "¡Ay de aquél por quien viene el escándalo! ¡Ay de aquel que escandalice a uno de estos pequeños que creen en Mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y le hundan en lo profundo del mar" Mt.18,6. (2285)

En esto hay que ver la grave responsabilidad que recae en los mayores que enseñan a los menores el camino del mal. Tremendo pecado el que cometen los medios de comunicación al presentar en televisión programas descaradamente pornográficos, así como los editores de revistas absolutamente indecentes (2286)

El pecado de escándalo es peor que un asesinato porque no corta la vida humana, sino la Vida de la Gracia en el alma. Ciertamente es pecado mortal.

Peligros mortales para el Cuerpo .

La vida y la salud física son bienes preciosos confiados por Dios. Es sin embargo interminable la lista de todos los peligros, abusos, excesos, temeridades, imprudencias, desenfrenos, etc. en el uso del cuerpo.

  • Por un lado tenemos el excesivo culto del cuerpo, muy de moda, que es una visión neo-pagana que nos hace sacrificar todo a la perfección física, al éxito deportivo. Los atletas, hombres y mujeres, pueden recurrir a toda clase de drogas para ganar un evento, para hacer crecer los músculos, para tener más fuerzas. Los escándalos olímpicos han dado muestra de ello. Por el deporte, las mujeres casadas, renuncian obviamente a la maternidad por medios prohibidos por la moral católica. (2289)
  • Pero por el lado contrario, se tiene que lamentar el uso indebido de comida, bebida, drogas, tabaco, medicinas, etc. que llevan a la destrucción del cuerpo humano. (2290)
  • Junto con el exceso en el consumo del alcohol o de drogas vienen toda clase de crímenes contra el prójimo, al manejar vehículos, por ejemplo, en estado de ebriedad, o al atacar a mujeres por efecto de las drogas. ¡Cuántos sufrimientos en las familias de los alcohólicos o drogadictos! (2291)
  • La mutilación voluntaria de órganos vitales, sanos, con el fin exclusivo de evitar embarazos, es pecado mortal. La investigación científica, en seres humanos, no puede legitimarse si es contraria a la dignidad de las personas o de la ley moral. No todo la que la ciencia puede hacer, debe hacerse.
  • El tráfico de órganos y el aprovechamiento de fetos humanos han llegado a ser un escándalo en los países del primer mundo. Mujeres hay que han buscado un embarazo para poder vender el feto y ganar miles de dólares.(2295)
  • La manipulación genética invade los terrenos del Creador y convierte al ser humano en conejillo de indias, en una cosa. Igualmente es condenable la práctica de las fecundaciones "in vitro" y del alquiler de matrices, que convierte a la mujer en simple incubadora de un hijo ajeno. La ciencia desprovista de parámetros morales, puede llegar hasta la degradación más cruel y absurda.

Para concluir los comentarios al Quinto Mandamiento se debe proponer y estudiar un delicado asunto: En algunos casos, ¿es lícito matar? Vamos a tomar 3 dichos, que encierran una cierta teología popular, para plantear las 3 situaciones en que no se quebranta el V precepto de la Ley de Dios.

1. "Está primero la vida propia que la ajena"

En el orden natural el cuidado de la vida propia nos exige toda clase de medios, para protegerla. Eso implica, protegerla también, de los atentados que la pongan en serio peligro. Por lo mismo, el ataque de un injusto agresor, da el derecho propio directo y legítimo de rechazarlo, si para ello el único recurso es matarlo. En ese caso el homicidio no es directamente intentado; lo que se intenta es la defensa legítima de la vida; y solo como consecuencia se sigue la muerte del agresor. (2263)

El "duelo" está prohibido por la moral cristiana. No se da la legítima defensa de la vida; pues por otro recurso se podría conseguir la legítima defensa del honor, que es lo que se busca.

2. "El que es mandado no es culpable"

Con este dicho se tratan de disculpar y justificar los actos realizados e impuestos por una autoridad. Es un tema muy debatido, por toda clase de opiniones y códigos, si una Autoridad o Tribunal puramente humanos, tiene derecho legítimo de dictar e imponer la pena de muerte.

En ese caso, aceptado tal principio, todos lo que hacen el oficio de ejecutores y verdugos, no incurren en pecado de homicidio, sino simplemente cumplen con un deber al aplicar la sentencia de muerte sobre la víctima. Pero queda en el tapete de las discusiones la Pena de Muerte.

Otro caso muy distinto es el de los "matones". Los profesionales del terrorismo, privado o colectivo. Estos ejecutan implacablemente las órdenes de sus "jefes" muchas veces desconocidos. (2266)

Este es el caso clásico de la complicidad, donde unos y otros se reparten y comparten el delito y a quienes se aplica el otro dicho que dice: "tanto peca el que mata la vaca, como el que le detiene la pata".

3. "En la guerra todo se vale".

Con tal dicho planteamos este asunto ¿existe la "guerra justa"? Se combinan los dos asuntos anteriores aplicados al orden social: - así como el individuo, ¿el Pueblo, la Nación, puede, en legítima defensa, con la guerra, rechazar a otra Nación, injusta agresora? -¿pueden los soldados, los ejércitos, llevar a cabo, sin culpa moral las órdenes de sus Generales? (2307-2317)

La respuesta se basa en la moralidad de los 2 casos individuales. Pero la Iglesia, siempre ha rechazado la Guerra como solución cristiana de los conflictos humanos, aconsejando y urgiendo encarecida - mente al diálogo y la conciliación por los medios diplomáticos.

Respeto a la Naturaleza

Como corolario a los comentarios sobre el Mandamiento divino "No Matarás" vamos a referirnos a la aplicación que debemos derivar moralmente hacia otros aspectos de respeto, no solo a la "vida humana" sino ante toda forma de "vida" que, al fin y al cabo, no tenemos derecho a destruir, sino obligación racional de preservar.

1. La vida animal.

De la Biblia y de la recta razón humana, podemos concluir que los animales fueron creados para la gloria de Dios y para el servicio del hombre.

- en honor de Dios, se les reconocía un valor de víctimas para ofrecer los sacrificios religiosos, en ellos los animales servían también al hombre, representándolo o sustituyéndolo, con su sangre y con su vida, inmolada al Señor en pago de la deuda del hombre. El mismo Hijo del Hombre Jesús en cuanto víctima del sacrificio por excelencia, es clásicamente llamado "Cordero de Dios".

- los servicios naturales y directos de los animales al hombre: se entienden con facilidad cuando los usa para su alimentación, su vestido, su trabajo, acompañamiento o investigación científica. Pero definitivamente, corno seres útiles, el mismo hombre los debe proteger, preservar, promover y hasta salvar.

Nunca deberá destruirlos irracionalmente. Porque no es el dueño absoluto; solo el privilegiado usuario. El usuario siempre buscará tomar los bienes concedidos en su mayor valor.

2. La vida vegetal.

Bajo la palabra NATURALEZA llegamos a designar generalmente todo lo que no es humano, pero llegamos también a restringir su significado al orden vegetal. Hoy ha tomado fuerza otra palabra: ECOLOGIA. Con el la tratamos de designar todo el entorno humano aún el que no tiene vida, pero que contribuye a la nuestra en forma digna y congruente, como el agua, el aire, los elementos químicos y, todo el ambiente.

Cada día nos convence más, y vamos dando como una gran muestra de cultura, lo mucho que depende del ser humano la conservación o la contaminación del ambiente.

Cada día es más claro que esa conservación o contaminación se vuelve a favor o en contra del mismo hombre. Al grado de que, sin duda, la misma destrucción del ambiente puede traer la propia destrucción del hombre: ya tenemos los datos suficientes para temer que un desequilibrio ecológico, como la liberación del átomo, en la materia; como la sobrecarga de carburantes, en el aire; como la taladradora acción de los aerosoles, en el ozono; como el deterioro de la basura en los desperdicios, en la tierra; como el descuido del agua, de los árboles o del oxígeno, en las ciudades; o aún mismo, el abuso del sexo, en la procreación, etc., etc.; todo eso, y cuanto se le parezca, puede ser la causa fácil, sencilla y suficiente de la destrucción del hombre. ¡Salvemos la Naturaleza, para Salvar al Hombre!

 





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