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Mujer, ¡tienes derechos!
Lo mejor es evitar a toda costa un aborto porque “nadie lo quiere” y porque lacera innegablemente a la mujer, física y mentalmente


Por: José Jorge Quesada Pérez | Fuente: Yo Influyo



Es común escuchar: “nadie quiere el aborto”, incluso aquellos que postulan una libertad irrestricta para realizar su práctica. Y nadie lo duda. Sin embargo, en la realidad se dibujan contradicciones a este respecto. Pues cuando una mujer se encuentra embarazada “intempestivamente”, dificultando el hijo la vida a su madre, ¿qué maravillosa solución les hemos propuesto, como sociedad, a las mujeres? ¡El aborto! Aún cuando “nadie lo quiere”. Sencillamente, hemos orillado a ello a las mujeres, porque no les hemos ofrecido una verdadera solución. Pero discurramos ahora con franqueza, porque incluso los entendimientos más desfavorecidos se percatan de que el aborto entraña consecuencias no deseadas. Y en efecto, ¿quién padece las terribles secuelas del aborto? ¡La mujer! Ciertamente, las secuelas que se siguen de la práctica de un aborto son de diversa índole; van desde los desequilibrios psicológicos hasta los trastornos físicos.

Y esto es así. Las mujeres que abortan encarnan en pleno siglo XXI el drama patético que atormentaba a Raskolnikov en Crimen y Castigo de Dostoievski: el joven ruso pretendía, a fuerza de persuadirse a sí mismo, hacer de su atroz fechoría una acción común y corriente. Algo tan normal como ponerse un calcetín o quitárselo. Pero los términos se terminaron invirtiendo… esa misma frescura ética fue el tormento –por no decir castigo– del joven Raskolnikov. Y algo análogo sucede hoy, para su desgracia, a miles de mujeres. La razón es sencilla: lo que se pierde en el aborto es una vida humana, lo cual hace sentir a la madre la exigencia de ‘recuperar al sujeto anulado’, ya que esta pérdida tiene repercusiones psicológicas de gran calado en ella.

En efecto. Las secuelas post-aborto (SPA) tienen características propias como: síntomas depresivos y ansiosos, intensos sentimientos de culpa, remordimientos y deseos grandes de reparación; sueños recurrentes y pesadillas relacionados con el aborto; empeoramiento del estado anímico en los aniversarios del mismo; y diversas alteraciones conductuales, como por ejemplo, trastornos en la esfera sexual, trastornos de la conducta alimentaria, abuso de drogas, etc. Todas éstas son algunas de las conclusiones del congreso Mujer y realidad del aborto organizado por el Foro Español de la Familia. Y no sólo eso, sino que el pesar psicológico se prolonga en el tiempo. En efecto, un equipo dirigido por A. N. Broen, de la Universidad de Oslo (BMC Med, 2005), muestra que las mujeres que habían abortado presentaban malestar psicológico hasta cinco años después de la interrupción, siendo los efectos de evitación, pesar, angustia y ansiedad mayores en el caso de abortos provocados que en los espontáneos.

Van multiplicándose los estudios sobre las consecuencias físicas y mentales del aborto provocado en las mujeres. El Journal of Anxiety Disorders publicó en 2005 un trabajo sobre el síndrome de estrés generalizado en mujeres que han sufrido un aborto provocado. En ellas se da con un 30 por ciento más de frecuencia que en las que han llevado a término un embarazo no deseado. Según otro estudio, aparecido en Acta Pediátrica (2005), las mujeres que han tenido un aborto, espontáneo o provocado, presentan un 99 por ciento más de probabilidad de infligir maltrato físico a sus hijos; si el aborto fue provocado, el incremento de riesgo es del 144. Por su parte, el British Journal of Health Psychology en el2005 publicó otro estudio del mismo equipo, cuyas conclusiones arrojaron que se encuentra un mayor riesgo de consumo de drogas en las mujeres que abortaron voluntariamente. Para colmo, estudios de universidades en Polonia, Ginebra y China, han descrito graves alteraciones en las relaciones y deseo sexuales de numerosas mujeres que tuvieron abortos voluntarios (Gynecol Obstet Invest, 2002; Pieleg Polozna, 1988; European Journal of Obstet Gynecol Reprod Biology, 2005).

Las secuelas del aborto son claras, no obstante, la solución que les hemos ofrecido a las mujeres ante su dificultad, la misma... es esta infamia la que obliga a exclamar a Esperanza Puente –víctima de un aborto y portavoz de la RedMadre, una iniciativa que presta apoyo psicológico y material a mujeres embarazadas–, “hay que gritar: ¡el aborto no es progreso ni proporciona libertad!, al contrario: el aborto “esclaviza al sufrimiento –y proseguía–, el aborto no es salud; entre otras razones porque tiene consecuencias físicas, consecuencias psicológicas graves y, además, de por vida”. Después de esta vehemente afirmación, Esperanza, harta ya del machismo que entraña la mayoría de los actos abortivos, profiere: “además, va siendo hora de que los hombres asuman las responsabilidades y obligaciones de sus actos y también que reclamen su derecho a ser padres, puesto que lo son de la misma forma que las mujeres somos madres desde que nos quedamos embarazadas”.

Esto debe llevar a preguntarnos, ¿es esto –el aborto y sus secuelas– lo que queremos para la mujer? ¿Acaso no podemos ofrecerles mejores soluciones: soluciones humanas e inofensivas? Seamos feministas… ¡la mujer merece una solución mejor que el aborto!

En México, algunas instituciones no escatiman esfuerzos para ayudar a madres embarazadas. (Por ejemplo, te recomiendo que visites la página www.denmechance.org donde encontrarás ligas que te remitirán a tales instituciones). Aunque resta una labor ingente por acometer, su esfuerzo es encomiable. Tales instituciones prestan ayuda de tipo económico y humano. ¡Ésta es la verdadera solución! La solución que sí merecen las mujeres. ¡Ésta es la apuesta a la que debemos sujetarnos! Ya que la apuesta, como aducía B. Pascal, es siempre por lo mejor. Y lo mejor es evitar a toda costa un aborto porque “nadie lo quiere” y porque lacera innegablemente a la mujer, física y mentalmente. Lo mejor es la ayuda de capital humano. La solución es clara. Luego entonces, sigámosla sin dilaciones.

Esta solución incluye especialmente a aquellas mujeres que han tenido la desgracia de haber abortado. Ellas son quienes merecen con mayor prontitud esta ayuda, que es la única solución que vale la pena… pues como afirmaba, con gran elocuencia, aquel poeta –esta vez en prosa–, alentado a estas mujeres:

“Sabemos cuántos condicionamientos pueden haber influido en vuestra decisión, y no dudamos que en muchos casos se ha tratado de una decisión dolorosa e incluso dramática. Probablemente la herida aún no ha cicatrizado en vuestro interior. Es verdad que lo sucedido fue y sigue siendo profundamente injusto. Sin embargo, no os dejéis vencer por el desánimo y no abandonéis la esperanza. Antes bien, comprended lo ocurrido e interpretadlo en su verdad: daos cuenta de que errasteis […]. Y ayudadas por el consejo y la cercanía de personas amigas y competentes, podréis estar con vuestro doloroso testimonio entre los defensores más elocuentes del derecho de todos a la vida, [...] así, seréis artífices de un nuevo modo de mirar la vida del hombre”.

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