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¿Creían los padres de la Iglesia en la doctrina de la Sola Fides?
Un estudio sobre los Padres de la Iglesia y la cuestion de Sola Fides.


Por: José Miguel Arráiz | Fuente: ApologeticaCatolica.org



Durante la época en que yo coqueteaba con el protestantismo nunca reparé en esta pregunta. Yo llegué a rechazar esta doctrina por considerar que no tenía ningún sustento escriturístico, sin embargo, hoy día puede llegar a ser clarificador responder esta pregunta, que si bien para un fundamentalista pudiera parecer irrelevante, hay razones escrituristicas para que a mi no me lo parezca.

Y es que si esta doctrina fue una novedad del siglo XVI no habría manera que yo la tomara en serio, porque aunque como católico estoy abierto a lo que considero legítimos desarrollos en la doctrina cristiana, quien se ha tomado el tiempo de estudiar la historia y los textos patrísticos va a llegar a una cruda conclusión: La doctrina de salvación por la Sola Fe no solo no fue creída antes de Lutero, sino explicitamente anatemizada y rechazada.

¿Como podría ocurrir esto de ser esta una doctrina verdadera? ¿Quiere decir esto que la Iglesia estuvo ciega durante quince siglos? A un protestante se le puede hacer fácil aceptar esto, pero yo simplemente no puedo creerlo. La mayoría de fundamentalistas sostienen que la Iglesia se “paganizó” a raiz de que el emperador Constantino el Grande se convirtió al cristianismo y decretó la libertad de culto en el edicto de Milán, pero incluso siglos antes de Constantino, esta doctrina ya era rechazada como herética.

A continuación pretendo hacer una recopilación de textos patrísticos de los más preeminentes padres y escritores eclesiáticos de la Iglesia, comenzando desde los discípulos directos de los apóstoles, y con ellos demostrar que el consenso de los padres de la Iglesia creía que:

• El hombre aunque tiene libre albedrío, no puede salvarse sin la gracia de Dios. Dios por su gracia tiene la primera iniciativa de su salvación y ejerciendo esta libertad el hombre responde y coopera con la gracia. (Entendiendo que gracia es el favor gratuito e inmerecido de Dios)

• Dios llama a todos los hombres a la salvación y sobre todos derrama su gracia a través de Cristo, porque quiere que todos los hombres se salven. Quienes se condenan lo hacen por su propia voluntad.

• La gracia de Dios mueve al hombre a creer en Cristo y obedecer. Sin la gracia no puede ni lo uno ni lo otro, y nisiquiera tiene la iniciativa para hacerlo.

• Así, la salvación es gracia pero nosotros debemos cooperar haciendo uso de nuestra libertad o libre albedrio.
Por medio de la fe el hombre es justificado. Al ser justificado no solo es declarado justo sino hecho justo (regenerado).

• Luego el hombre justificado movido por la gracia debe vivir de acuerdo a la voluntad de Dios, obrando el bien y cumpliendo los mandamientos, pero es libre de no hacerlo y caer del estado de gracia de Dios.

• En este sentido para salvarse no basta solo creer (Sola Fides), sino creer y luego obrar, pero donde luego las obras y el cumplimiento de los mandamientos son necesarios para la salvación, pero no como moneda de pago por ella, porque es gracia.

Esto solo pretende ser un breve resumen de la doctrina católica referente a la justificación, para quienes deseen estudiar a fondo la doctrina católica respecto a estos puntos sugiero leer los decretos de Trento y “El mérito, del Cardenal Charles Journet”.


La Didaché

Considerado uno de los más antiguos escritos cristianos no-canónicos, incluido en la categoría de “padres apostólicos” y considerado por mucho tiempo anterior a muchos escritos del Nuevo Testamento. Es recientemente cuando estudios recientes señalan una posible fecha de composición posterior no más allá del 160 d.C.

La traducción de J. B. Lightfoot. Puede consultarse AQUI

Ya en este primitivo testimonio de la fe de la Iglesia se advierte que de nada servirá tenido fe durante toda la vida si en el último momento no somos perfectos:

La Didaché 16,1-2 “Vigilad sobre vuestra vida; no se apeguen vuestras linternas ni se desciñan vuestros lomos, sino estad preparados, porque no sabéis la hora en que va a venir el Señor. Reuníos con frecuencia, inquiriendo lo que conviene a vuestras almas. Porque de nada os servirá todo el tiempo de vuestra fe, si no sois perfectos en el último momento.” (1)

San Clemente Romano

San Clemente, discípulo de los apóstoles San Pedro y San Pablo, es reconocido como uno de los padres apostólicos, y cuarto obispo de Roma (luego de San Pedro, San Lino y San Anacleto). Se conserva una epístola donde disciplina a la comunidad corintios por una disputa surgida en esa iglesia. La traducción de J. B. Lightfoot puede consultarse AQUI

Clemente ha sido citado frecuentemente por apologetas protestantes como partidarios de la doctrina de la Sola Fides, en base al siguiente texto:

Clemente a los Corintios XXXII,3-4 “En conclusión, todos fueron glorificados y engrandecidos, no por méritos propios ni por sus obras o justicias que practicaron sino por voluntad de Dios. Luego tampoco nosotros, que fuimos por su voluntad llamados en Jesucristo, nos justificamos por nuestros propios méritos, ni por nuestra sabiduría, inteligencia, piedad, o por las obras que hacemos en santidad de corazón, sino por la fe, por la que el Dios omnipotente justificó a todos desde el principio.” (2)

Clemente realmente dice lo mismo que establece el concilio de Trento cuando declara que “Nada de lo que precede a la justificación, ya sea fe u obras, merece la gracia de la justificación. Porque si es por la gracia no lo es por las obras. Además como dice el Apóstol, la gracia ya no es más gracia.” (Trento, Sesión VI, “Decreto sobre la Justificación", Cap. 8). Trento enseña así que no hay nada anterior a la justificación, incluyendo las obras (de cualquier tipo) que merezca la justificación.

En otros textos sin embargo Clemente habla de como los profetas fueron declarados justos no solo al creer, sino al obedecer:
Clemente a los Corintios XXX,3 “Unámonos, pues, a aquellos a quienes fué dada la gracia de parte de Dios; revistámonos de concordia manteníéndonos en el espíritu de humildad y continencia, justificados por nuestras obras y no por nuestras palabras” (3)

Clemente a los Corintios, IX,3 “Tomemos por ejemplo a Enoc, quien, hallado justo en la obediencia, fué trasladado, sin que se hallara rastro de su muerte” (4)

Clemente a los Corintios X,1 “Abraham, que fué dicho amigo de Dios, fué encontrado fiel por haber sido obediente a las palabras de Dios” (5)

Clemente viene siendo un excelente exponende de la doctrina católica de la justificación. El hombre se justifica por la fe, pero se salva a condición de que guarde los mandamientos y cumpla de modo acabado la voluntad de Dios (las obras no son solo producto de la fe, sino condición para salvarse):

Clemente a los Corintios XXXV,4-8 “Por nuestra parte, luchémonos por hallarnos en el número de los que le esperan, a fin de ser también participes de los dones prometidos. Mas ¿cómo lograr esto, carísimos?. Lograrémoslo a condición de que nuestra mente esté fielmente afianzada en Dios; a condición de que busquemos doquiera lo agradable y acepto a Él; a condición, finalmente, de que cumplamos de modo acabado cuanto dice con sus designios irreprochables y sigamos el camino de la verdad, arrojando lejos de nosotros toda injusticia y maldad, avaricia, contiendas, malicia y engaños, chismes y calumnias, odio a Dioos, soberbia y jactancia, vanagloria y inhospitalidad. Porque los que tales cosas hacen son odiosos a Dios, y no sólo los que las hacen, sino quienes las aprueban y concienten. Dice en efecto la Escritura: Al pecador empero le dijo Dios: ¿A qué fin explicas tu mis justificacioes y tomas en tu boca mi alianza?. Pues tú aborreciste la disciplina y te echaste mis palabras a la espalda” (6)

Clemente también advierte sobre el peligro de perder la salvación, por lo que advierte que para salvarse hay que perseverar hasta el fin llevando una conducta digna de Dios y obedeciendo los mandamientos.

Clemente a los Corintios XXI,1-4 “Vigilad, carísimos, no sea que sus beneficios que son muchos, se conviertan para nosotros en motivo de condenación, caso de no hacer en toda concordia, llevando conducta digna de Él, lo que es bueno y agradable en su presencia. Dice, en efecto en alguna parte la Escritura: El Espíritu del Señor es lámpara que escudriña los escondrijos del vientre. Consideremos cúan cerca de nosotros está y cómo no se le oculta uno solo de nuestros pensamientos ni propósito que concibamos. Justo es, por ende, que no desertemos del puesto que su voluntad nos ha asignado” (7

(Nótese, que en el texto anterior Clemente reconoce que se puede caer del estado de gracia y condenarse, a diferencia de la doctrina protestante “Salvo siempre Salvo”)

Clemente a los Corintios XXVIII,1-2 “Ahora, pues, como sea cierto que todo es por Él visto y oido, temámosle y demos de mano a los execrables deseos de malas obras, a fin de ser protegidos por su misericordia de los juicios venideros. Porque ¿dónde podrá nadie de nosotros huir de su poderosa mano? ¿que mundo acojerá a los desertores de Dios?” (8)

Clemente a los Corintios LVIII,2 “…Porque vive Dios y vive el Señor Jesucristo y el Espíritu Santo, y también la fe y la esperanza de los elegidos, que sólo el que en espíritu de humildad y perseverante modestia cumpliere sin volver atrás las justificaciones y mandamientos dados por Dios, solo ése será ordenado y escogido en el número de los que se salvan por medio de Jesucristo…” (9)

También tiene un claro exponente de la doctrina católica del mérito:
Clemente a los Corintios XXXIV,2-4 “Bien está, pues, que seamos prontos y fervorosos para el bien obrar, pues de Él nos viene todo. Previénenos, en efecto: He aquí al Señor y su recompensa delante de su cara, a fin de dar a cada uno según su trabajo. Con todo lo que nos incita, a los que creemos en Él con todo nuestro corazón, a que no seamos perezosos ni remisos para toda obra buena” (10)

Pero si esto no fuera poco, reconoce que por medio de la caridad se puede obtener el perdón de los pecados:
Clemente a los Corintios L,5 “Dichosos de nosotros, carísimos, si hubiéremos cumplido los mandamientos de Dios en la concordia de la caridad, a fin de que por la caridad se nos perdonen nuestros pecados” (11)

San Policarpo

Obispo de Esmirna instituido por el apóstol San Juan de quien fue discípulo. Nació aproximadamente por el año 75 y murió martir. Es considerado también uno de los padres apostólicos. Se conserva una carta dirigida a la Iglesia de Filipos, (La traducción de J. B.
Lightfoot puede consultarse AQUI) en la cual al igual que establece como condición para salvarse no solo la fe sino el cabal cumplimiento de la voluntad de Dios y la obediencia a los mandamientos:

Policarpo de Smirna a los Filipenses 2 “Por lo cual, ceñidos vuestros lomos, servid a Dios en temor y en verdad, dando de mano a la vana palabrería y al extravío del vulgo, creyendo al que resucitó a nuestro Señor Jesucristo de entre los muertos y le dio gloria y asiento a su diestra; a él fueron sometidas todas las cosas, las del cielo y las de la tierra; a Él rinde adoración todo aliento; Él ha de venir de juez de vivos y muertos; y Dios requerirá su sangre de mano de quienes no quieren obedecerle. Ahora bien, el que a Él le resucitó de entre los muertos, también nos resucitará a nosotros, con tal que cumplamos su voluntad y caminemos en sus mandamientos y amemos lo que él amó, apartados de toda iniquidad, defraudación, codicia de dinero, maledicencia, falso testimonio…; no volviendo mal por mal, ni injuria por injuria, ni golpe por golpe, ni maldición por maldición. Acordemonos, más bien, de lo que dijo el Señor para enseñanza nuestra: No juzguéis, para que no seais juzgados, perdonad y se os perdonará; compadeced para que seáis compadecidos. Con la medida que midiereis se os medirá también a vosotros. Y: Bienaventurados los pobres y los que sufren persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos” (12)

El Pastor de Hermas

Una obra muy apreciada en la Iglesia primitiva al punto de que algunos padres lleggaron a considerarlo canónico. Fue compuesto por Hermas, hermano del Papa Pío I, en Roma entre el 141 a 155. La traducción de J. B. Lightfoot. Puede consultarse AQUI

Hermas habla de haber tenido una visión donde ve una torre que se construye sobre las aguas, y donde se traen piedras para edificarla. Llama la atención que no todas las piedras son utilizadas, unas eran lanzadas lejos de la torre, otras hechas añicos, otras colocadas cerca de la torre pero que no utilizaban por estar carcomidas, otras por su forma descartadas por no ajustarse a la construcción, Posteriormente la Dama explica que la Torre es la Iglesia y nosotros las piedras:
El Pastor de Hermas, Visión tercera, 5,3 “Los que entraban en la construcción sin necesidad de labrarlos son los que aprobó el Señor, porque caminaron en la rectitud del Señor y cumplieron sus mandamientos” (13)

El Pastor de Hermas, Visión tercera, 5,4 “-Y los que rechazaban y tiraban ¿quienes son?
Estos son los que han pecado, pero están dispuestos a hacer penitencia; por esta causa, no se los arrobaba lejos de la torre, pues cuando hicieran penitencia serán útiles para la construcción…” (14)

El Pastor de Hermas, Visión tercera, 6,1 “¿Quieres conocer las piedras que eran hechas trizas y se las arrojaba lejos de la torre? Estos son lo hijos de iniquidad; se hicieron creyentes hipócritamente y ninguna maldad se apartó de ellos. De ahí que no tienen salvación, pues por sus maldades no son buenos para las construcción..” (15)

El Pastor de Hermas, Visión tercera, 6,2-4 “Respecto a las otras, que viste tiradas en gran número por el suelo y que no entraban en la construcción, de ellas, las piedras carcomidas representan a los que han conocido la verdad, pero no perseveraron en ella ni se adhirieron a los santos. Por eso son inútiles.

-¿Y quiénes representan las piedras con rajas? -Estos son los que guardan unos contra otros algún resentimiento en sus corazones y no mantienen la paz mutua…. Las piedras desportilladas representa a los que han creído y mantienen la mayor parte de sus actos dentro de la justicia, pero tienen también sus porciones de iniquidad. De allí que están desportillados y no enteros” (16)

El Pastor de Hermas, Visión tercera, 7 “En cuanto a las otras piedras que viste arrojar lejos y caer en el camino y que rodaban del camino a parajes intransitables, éstas representan a los que han creído; pero que luego, arrastrados de sus dudas, abandonan su camino, que es el verdadero. Imaginándose, pues que son capaces de hallar camino mejor, se extravían y lo pasan miserablemente andando por soledades sin senderos” (17)

Establece así que no basta creer, sino también perseverar y cumplir los mandamientos, de lo contrario uno vendrá a representar una de esas piedras carcomidas arrojadas lejos de la torre. Más adelante cuando el autor del pastor le pregunta a la Dama si se salvaría, esta le contesta afirmativamente pero si guarda los mandamientos y persevera en ellos.

El Pastor de Hermas, Mandamiento cuarto, 2,2-4 Yo -dijo- estoy encargado de la penitencia, y a todos los que se arrepienten les concedo inteligencia. ¿O es que no te parece -me dijo- que este mismo arrepentimiento es un género de inteligencia? Si -prosiguió-, el arrepentimiento es una inteligencia grande. Porque el pecador que hace penitencia cae en la cuenta que hizo el mal delante del Señor y sube a su corazón el remordimiento de la obra que ejecutó y se arrepiente y ya no vuelve a obrar el mal, sino que se entrega a la práctica del bien por múltiples modos y humilla y atormenta su alma por haber pecado. Ya ves, pues, cómo la penitencia es un género de inteligencia grande. Pues por eso justamente, señor -le dije,, te quiero preguntar a ti todo puntualmente; primero, porque soy pecador y quiero saber qué obras he de practicar para vivir, pues mis pecados son muchos en número y de muy variadas formas. Vivirás -me contestó- si guardares mis mandamientos y caminares en ellos. Y quien quiera que guardare estos mandamientos, vivirá para Dios” (18)

San Ignacio de Antioquía

Obispo de Antioquia, martirizado en Roma (devorado por los leones) en tiempos del emperador Trajano (98-117). Se conservan de él las siete cartas que escribió camino al martirio aproximadamente en el año 107. Pueden consultar la traducción protestante de las cartas de San Ignacio directamente AQUI la cual está basada en el libro Los Padres Apostólicos, por J. B. Lightfoot. Editorial CLIE

Para San Ignacio no basta proclamar la fe, sino perseverar en ella hasta el final, por eso la fe y la caridad deben estar trabadas en unidad. El premio del atleta de Dios es la vida eterna, donde recibirá la recompensa de sus buenas obras. También establece que la salvación está a disposición del hombre que quien por su libre albedrío elige entre la vida y la muerte, pero si no se está incluso dispuesto a morir por Cristo no se tiene la vida eterna:
Ignacio de Antioquía a los efesios, XIV,1-2 “Nada de todo eso se os oculta a vosotros, como tengáis en grado acabado para con Jesucristo aquella fe y caridad que son principio y término de la vida. El principio, quiero decir, la fe; el término, la caridad. Las dos, trabadas en unidad, son Dios, y todo lo demás, que atañe a la pefección y santidad se sigue de ellas. Nadie, que proclama la fe, peca; ni nadie, que posee la caridad, aborrece. El árbol se manifiesta por sus frutos. Del mismo modo, los que profesan ser de Cristo, por sus obras se pondrán de manifiesto. Porque no está ahora el negocio en proclamar la fe, sino en mantenerse en la fuerza de ella hasta el fin” (19)

Ignacio de Antioquía a Policarpo, II,3 “Se sobrio, como un atleta de Dios. El premio es la incorrupción y la vida eterna, de la que también tú estás persuadido. En todo y por todo, rescate tuyo soy, y conmigo mis cadenas, que tú amaste” (20)

Ignacio de Antioquía a Policarpo, VI,1-2 “Atended al obispo, a fin de que Dios os atienda a vosotros. Yo me ofrezco como rescate por quienes se someten al obispo, a los ancianos y a los diáconos. ¡Y ojalá que con ellos se me concediera entrar a la parte en Dios! Trabajad unos junto a otros, luchad unidos como administradores de Dios, como sus asistentes y servidores. Tratad de ser gratos al Capitán bajo cuyas banderas militáis, y de quien habéis de recibir el sueldo. Que ninguno de vosotros sea declarado desertor. Vuestro bautismo ha de permanecer como vuestra armadura, la fe como un yelmo, la caridad como una lanza, la paciencia como un arsenal de todas las armas. Vuestra caja de fondos han de ser vuestras buenas obras, de las que recibiréis luego magníficos ahorros.” (21)

Ignacio de Antioquía a Magnesios, V,1-2 “Ahora bien, las cosas están tocando a su término, y se nos proponen juntamente estas dos cosas: la muerte y la vida, y cada uno irá a su propio lugar. Es como si se tratara de dos monedas, una de Dios y otra del mundo, y que lleva cada una grabado su propio cuño: los incrédulos, el de este mundo; más los fieles, por la caridad, el cuño de Dios Padre grabado por Jesucristo. Si no estamos dispuestos a morir por Él, para imitar su pasión, no tendremos su vida en nosotros.” (22)


San Justino Martir

Mártir de la fe cristiana hacia el año 165 (decapitado), es considerado el mayor apologeta del Siglo II. San Justino hace referencia a la salvación del hombre no solo en base la fe, sino a su caminar en la virtud y el mérito de sus acciones:
Justino Martir, Primera Apología 12,1-2 “Nosotros somos vuestros mejores auxiliares y aliados para el mantenimiento de la paz, pues profesamos doctrinas como la de que no es posible que se le oculte a Dios un malechor, un avaro, un conspirador, como tampoco un hombre virtuoso, y que cada uno camina, según el mérito de sus acciones, al castigo o a la salvación eterna. Porque si todos los hombres conocieran esto, nadie escogería la maldad por un momento, sabiendo que caminaba a su condenación eterna por el fuego, sino que por todos los medios se contendría y se adornaría de virtud, a fin de alcanzar los bienes de Dios y verse libre de los castigos” (23)

Justino Martir, Primera Apología 21,6 “…ahora, alcanzar inmortalidad a nosotros se nos ha enseñado que sólo la alcanzan los que viven en santa y virtuosamente cerca de Dios, así como creemos que han de ser castigados con fuego eterno quienes vivieren injustamente y no se conviertan” (24)

Justino Martir, Primera Apología 16,8 “Mas aquellos que se vea no viven como El enseñó, sean declarados como no cristianos, por más que con la lengua repitan las enseñanzas de Cristo, pues El dijo que habían de salvarse no los que sólo hablaran, sino que también practicaran las obras. Y efectivamente dijo así: No todo el que me diga “Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que haga la voluntad de mi padre que está en los cielos.” (25)

También tiene una perspectiva clara del libre albedrío y con casi 1400 años de antelación rechaza la posición calvinista donde el hombre es virtualmente un títere que no puede resistir la gracia (de donde concluyen que quien se condena es porque Dios nunca derramó la gracia sobre él sino que le abandonó a su maldad).
Justino Martir, Primera Apología 43.1-8 “De lo anteriormente por nosotros dicho no tiene nadie que sacar la consecuencia de que nosotros afirmamos que cuanto sucede, sucede por necesidad del destino, por el hecho de que decimos ser de antemano conocidos los acontecimientos. Para ello, vamos a desatar también esta dificultad. Nosotros hemos aprendido de los profetas, y afirmamos que ésa es la verdad, que los castigos y tormentos, lo mismo que las buenas recompensas, se dan a cada uno conforme a sus obras; pues de no ser así, sino que todo sucediera por destino, no habría en absoluto libre albedrío. Y, en efecto, si está determinado que éste sea bueno y el otro malo, ni aquel merece alabanza, ni éste vituperio. Y si el género humano no tiene poder para huir por libre determinación de lo vergonzoso y escoger lo bello, es irresponsable de cualesquiera acciones que haga.

Mas que el hombre es virtuoso y peca por libre elección, lo demostramos por el siguiente argumento: Vemos que el mismo sujeto pasa de un contrario a otro. Ahora bien, si estuviera determinado ser malo o bueno, no sería capaz de cosas contrarias ni se cambiaría con tanta frecuencia. En realidad, no podría decirse que unos son buenos y otros malos, desde el momento que afirmamos que el destino es la causa de buenos y malos y que obra cosas contrarias a sí mismo, o habría que tomar por verdad lo que ya anteriormente insinuamos, a saber, que virtud y maldad son puras palabras y que sólo por opinión se tiene algo por bueno o por malo. Lo cual, como demuestra la verdadera razón, es el colmo de la impiedad y de la iniquidad. Lo que si afirmamos ser destino ineludible es que a quienes escogieron el bien, les espera digna recompenza y a los que lo contrario, les espera igualmente digno castigo. Porque no hizo Dios al hombre a la manera de las otras criaturas, por ejemplo, árboles o cuadrúpedos, que nada pueden hacer por libre determinación; pues en este caso no sería digno de recompenza o alabanza, no habiendo por sí mismo escogido el bien, sino nacido ya bueno; ni, de haber sido malo, se le castigaría justamente, no habiéndolo sido libremente, sino por no haber podido ser otra cosa que lo que fue.” (26)

San Teófilo de Antioquía

Sexto obispo de Antioquía según Eusebio de Cesárea y San Jerónimo. Solo se conservan tres libros escritos aproximadamente en el 180 d.C. (A Autólico). En su primer libro habla de como seremos juzgados de acuerdo nuestras obras, y de como los que perseveran en las buenas obras obtienen la vida eterna:
Teófilo de Antioquía, Autólico I,14 “Y si quieres, lee tú también con interés las Escrituras de los profetas y ellas te guiarán con más claridad para escapar a los eternos castigos y alcanzar los bienes eternos de Dios. Porque El, que nos ha dado la boca para hablar y formó el oido para oír e hizo los ojos para ver, lo examinará todo y juzgará con justicia, dando a cada uno según sus méritos. A los que, conforme a paciencia, buscan la incorrupción por las buenas obras, les hará gracia de la vida eterna, de alegría, paz, descanso y muchedumbre de bienes…” (27)

San Ireneo de Lyon

San Ireneo (obispo y mártir). Fue discípulo de San Policarpo que a su vez fue discípulo del apóstol San Juan. Celebre por su tratado “Contra las Herejías” donde combate las herejías de su tiempo, en especial las de los gnosticos. Nació aproximadamente en el 130 d.C. y murió en el 202 d.C. Para Ireneo la gracia también es resistible porque Dios hizo libre al hombre, y como Dios derrama su gracia sobre todos los hombres, quien se condena es por propia elección, al igual que el que se salva es porque persevera en las buenas obras:
Ireneo de Lyon, Contra los herejes IV, 37,1-2 “Esta frase: «¡Cuántas veces quise recoger a tus hijos, pero tú no quisiste!» (Mt 23,37), bien descubrió la antigua ley de la libertad humana; pues Dios hizo libre al hombre, el cual, así como desde el principio tuvo alma, también gozó de libertad, a fin de que libremente pudiese acoger la Palabra de Dios, sin que éste lo forzase. Dios, en efecto, jamás se impone a la fuerza, pues en él siempre está presente el buen consejo. Por eso concede el buen consejo a todos. Tanto a los seres humanos como a los ángeles otorgó el poder de elegir -pues también los ángeles usan su razón-, a fin de que quienes le obedecen conserven para siempre este bien como un don de Dios que ellos custodian. En cambio no se hallará ese bien en quienes le desobedecen, y por ello recibirán el justo castigo; porque Dios ciertamente les ofreció benignamente este bien, mas ellos ni se preocuparon por conservarlo ni lo tuvieron por valioso, sino que despreciaron la bondad suprema. Así pues, al abandonar este bien y hasta cierto punto rechazarlo, con razón serán reos del justo juicio de Dios, de lo que el Apóstol Pablo da testimonio en su Carta a los Romanos: «¿Acaso desprecias las riquezas de su bondad, paciencia y generosidad, ignorando que la bondad de Dios te impulsa a arrepentirte? Por la dureza e impenitencia de tu corazón amontonas tú mismo la ira para el día de la cólera, cuando se revelará el justo juicio de Dios» (Rom 2,4-5). En cambio, dice: «Gloria y honor para quien obra el bien» (Rom 2,10).

Dios, pues, nos ha dado el bien, de lo cual da testimonio el Apóstol en la mencionada epístola, y quienes obran según este don recibirán honor y gloria, porque hicieron el bien cuando estaba en su arbitrio no hacerlo; en cambio quienes no obren bien serán reos del justo juicio de Dios, porque no obraron bien estando en su poder hacerlo. Si, en efecto, unos seres humanos fueran malos por naturaleza y otros por naturaleza buenos, ni éstos serían dignos de alabanza por ser buenos, ni aquéllos condenables, porque así habrían sido hechos. Pero, como todos son de la misma naturaleza, capaces de conservar y hacer el bien, y también capaces para perderlo y no obrarlo, con justicia los seres sensatos (¡cuánto más Dios!) alaban a los segundos y dan testimonio de que han decidido de manera justa y han perseverado en el bien; en cambio reprueban a los primeros y los condenan rectamente por haber rechazado el bien y la justicia. Por este motivo los profetas exhortaban a todos a obrar con justicia y a hacer el bien, como muchas veces hemos explicado; porque este modo de comportarnos está en nuestra mano pero, habiendo tantas veces caído en el olvido por nuestra mucha negligencia, nos hacía falta un buen consejo. Por eso el buen Dios nos aconsejaba el bien por medio de los profetas.” (28)

Enfatiza también que la salvación se obtiene mediante mucho esfuerzo y “luchando”:
Ireneo de Lyon, Contra los herejes IV, 37,7 “Por eso el Señor dice que el reino de los cielos es de los violentos: «Los violentos lo arrebatan» , quiere decir aquellos que se esfuerzan, luchan y continuamente están alerta: éstos lo arrebatan. Por eso el Apóstol Pablo escribió a los corintios: «¿No sabéis que en el estadio son muchos los que corren, pero sólo uno recibe el premio? Corred de modo que lo alcancéis. Todo aquel que compite se priva de todo, y eso para recibir una corona corruptible, en cambio nosotros por una incorruptible. Yo corro de esta manera, y no al acaso; yo no lucho como quien apunta al aire; sino que mortifico mi cuerpo y lo someto al servicio, no vaya a suceder que, predicando a otros, yo mismo me condene». Siendo un buen atleta, nos exhorta a competir por la corona de la incorrupción; y a que valoremos esa corona que adquirimos con la lucha, sin que nos caiga desde afuera. Cuanto más luchamos por algo, nos parece tanto más valioso; y cuanto más valioso, más lo amamos. Pues no amamos de igual manera lo que nos viene de modo automático, que aquello que hemos construido con mucho esfuerzo. Y como lo más valioso que podía sucedernos es amar a Dios, por eso el Señor enseñó y el Apóstol transmitió que debemos conseguirlo luchando por ello. De otro modo nuestro bien sería irracional, pues no lo habríamos ganado con ejercicio. La vista no sería para nosotros un bien tan deseable, si no conociésemos el mal de la ceguera; la salud se nos hace más valiosa cuando experimentamos la enfermedad; así también la luz comparándola con las tinieblas, y la vida con la muerte. De igual modo el Reino de los cielos es más valioso para quienes conocen el de la tierra; y cuanto más valioso, tanto más lo amamos; y cuanto más lo amamos, tanto más gloria tendremos ante Dios.” (29)

Ireneo es otro padre que rechaza la doctrina de Salvo siempre Salvo:
Ireneo de Lyon, Contra los herejes IV, 27,2 “Por eso decía aquel presbítero, no debemos sentirnos orgullosos ni reprochar a los antiguos; sino hemos de temer, no sea que después de conocer a Cristo hagamos lo que no agrada a Dios, y en consecuencia no se nos perdonen ya nuestros pecados, sino que se nos excluya de su Reino. Pablo dijo a este propósito: «Si no perdonó las ramas naturales, él quizá tampoco te perdone, pues eres olivo silvestre injertado en las ramas del olivo y recibes de su savia»”. (30)

Clemente de Alejandría

Nació hacia el año 150, probablemente en Atenas, de padres paganos; después de hacerse cristiano, viajó por el sur de Italia y por Siria y Palestina, en busca de maestros cristianos, hasta que llegó a Alejandría; las enseñanzas de Panteno (jefe de la escuela catequética de Alejandría, en Egipto) hicieron que se quedara allí. Hacia el año 202, la persecución de Septimio Severo le obligó a abandonar Egipto, y se refugió en Capadocia, donde murió poco antes del 215.

Su conocimiento de los escritos paganos y de la literatura cristiana es notable; según Quasten, en sus obras se encuentran unas 360 citas de los clásicos, 1500 del Antiguo Testamento y 2000 del Nuevo, por tanto es considerado cronológicamente como el primer sabio cristiano conocedor profundo no sólo de la Sagrada Escritura sino de obras las obras cristianas anteriores a él, e incluso obras de literatura profana. Clemente consideraba el cristianismo la realización más bella y el coronamiento de todos los elementos de verdad dispersos en la filosofía.

Su rechazo a la doctrina de la Sola Fides es tan diáfano que no hace falta comentar nada:
Clemente de Alejandría, Stromata, VI, XIV “Hay también otras ovejas” dice el Señor, «las cuales no son de este redil» – consideradas dignas de otro redil y morada, en proporción a su fe. «Pero mis Ovejas oyen mi voz» entendiendo intuitivamente los mandamientos. Y estos deben ser tomados en magnánima y digna aceptación así como también la recompensa fruto del trabajo. Así que cuando oímos, «Tu fe te ha Salvado», no pensamos que El dice absolutamente que los que han creído serán salvados, a no ser que también trabajen para ello. Pero fue solo para los judíos que el dijo estas palabras, quienes guardaban la ley y vivían de manera blasfema, quienes querían solo fe en el Señor. Nadie entonces puede ser un creyente y al mismo tiempo licencioso; pero aunque renuncie a la carne, el creyente debe vencer las pasiones, para así se capaz de alcanzar su propia morada.

Ahora sabemos que es mas que creer, al ser coronado con el mas alto honor inmediatamente ser salvo es algo mayor que el salvado. En consecuencia el creyente, a través de una gran disciplina, quitándose las pasiones, pasa a la morada que es mejor que la anterior, a sabiendas que el mayor tormento, es llevar con él, el arrepentimiento por los pecados cometidos después del bautismo.” (31)

San Hipólito

Se desconoce el lugar y fecha de su nacimiento, aunque se sabe fue discípulo de San Ireneo de Lyon. Su gran conocimiento de la filosofía y los misterios griegos, su misma psicología, indica que procedía del Oriente. Hacia el año 212 era presbítero en Roma, donde Origenes—durante su viaje a la capital del Imperio—le oyó pronunciar un sermón.

Con ocasión del problema de la readmisión en la Iglesia de los que habían apostatado durante alguna persecución, estalló un grave conflicto que le opuso al Papa Calixto, pues Hipólito se mostraba rigorista en este asunto, aunque no negaba que la Iglesia tiene la potestad de perdonar los pecados. Tan fuerte fue el contraste que se separó de la Iglesia y, elegido obispo de Roma por un reducido círculo de partidarios suyos, fue así el primer antipapa de la historia.

l cisma se prolongó tras la muerte de Calixto, durante el pontificado de sus sucesores Urbano y Ponciano. Terminó en el año 235, con la persecución de Maximino, que desterró al Papa legítimo (Ponciano) y a Hipólito a las minas de Cerdeña, donde se reconciliaron. Allí los dos renunciaron al pontificado, para facilitar la pacificación de la comunidad romana, que de este modo pudo elegir un nuevo Papa y dar por terminado el cisma. Tanto Ponciano como Hipólito murieron en el año 235. San Hipólito al igual que el resto de los padres reconoce que el hombre por medio de la fe se prepara para la vida eterna a través de sus buenas obras, por las cuales alcanzarán el reino de los cielos:
San Hipólito, Comentarios sobre proverbios “Y de igual manera, los gentiles por la fe en Cristo, preparan para ellos la vida eterna a través de buenas obras” (32)

San Hipólito, Contra Platón sobre el Universo “Él, al administrar el justo juicio del Padre a todos, dará a cada quien lo que es justo de acuerdo a sus obras…la justificación será vista en en dar a cada uno lo que es justo; desde aquellos que han hecho bien, tendrán un justo gozo eterno, y los amantes de la iniquidad tendrán un castigo eterno . . Pero los justos recordarán sólo las buenas obras por las cuales alcanzaron al reino de los cielos, en la cual no hay sueño, ni dolor, ni corrupción” (33)

Orígenes

Orígenes fue escritor eclesiástico, teólogo y comentarista bíblico. Vivió en Alejandría hasta el 231, se pasó los últimos 20 años de su vida en Cesarea del Mar, Palestina y viajando por el imperio romano. Fue el mayor maestro de la doctrina cristiana en su época y ejerció una extraordinaria influencia como intérprete de la Biblia.

Orígenes es cuidadoso en alertar que los cristianos deben ser instruidos para entender que no basta solo creer, sino también obrar:
Orígenes, Comentario sobre Romanos 2:5 “Ahora consideremos el justo juicio de Dios, en el que se recompensa a cada uno según sus obras. En primer lugar debemos rechazar los herejes que dicen que las almas buenas o malas por naturaleza y mantener en su lugar que Dios recompensará a cada uno según sus obras y no según su naturaleza. En segundo lugar, los creyentes serán inistruidos para no pensar que es suficiente solamente creer; ellos deben darse cuenta que el justo juicio de Dios recompensará a cada uno según sus obras” (34)

Orígenes, Comentario sobre Romanos 4:2 “Que nadie piense que alguien que tiene fe suficiente para estar justificado y tener gloria ante Dios al mismo tiempo tener maldad viviendo en él. Porque la fe no puede coexistir con la incredulidad, ni la justicia con la maldad, como la luz y las tinieblas no pueden vivir juntos. (35)

También reconoce que los creyentes justificados pueden caer del estado de gracia cuando por su propia voluntad cometen pecados graves y no cumplen los mandamientos (si el hombre puede hacer o dejar de hacer algo que luego de justificado lo haga perder su salvación, entonces nuevamente ya la salvación no es solo fe):
Orígenes, Comentario sobre Romanos 2:25 “…Incluso en la iglesia, si alguien es «circunciso» por la gracia del bautismo y luego se convierte en transgresor de la ley de Cristo, la circuncisión del bautismo cuenta para él como incircuncisión, porque «la fe sin obras es muerta» (36)

Orígenes, De Principiis, Libro III,1 “El Salvador también diciendo, «yo os digo: no resistan al mal» y, «El que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio», y «quien mira a una mujer para desearla, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón», y así como en otros mandamientos, no se transmite otra cosa sino que está es facultad nuestra observar lo que se ha mandado. Por lo tanto, somos con razón responsables de condenación si transgredimos los mandamientos que somos capaces de cumplir. Y, por tanto, también él mismo declara: «Quien oye mis palabras, y las practica es como un hombre sabio que edificó su casa sobre una roca». También la declaración: «Quien oye estas cosas, y que no haga, es como un hombre necio que edificó su casa sobre la arena»". Incluso las palabras que ha dirigido a aquellos que están en su mano derecha, «Venid a mí, benditos de mi Padre», «Porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber», muestra claramente que dependía de ellos mismos, quienes deberían ser merecedores de alabanza por hacer lo que fue mandado y recibiendo lo que fue prometido, o merecedores de censura quienes oido o recibido lo contrario les fue dicho «Apartaos de mi, malditos, al fuego eterno».

Observemos también lo que el apóstol Pablo nos enseñó sobre tener el poder sobre nuestra propia voluntad, poseedores de cualquiera de las causas de nuestra salvación o ruina : «¿Desprecias las riquezas de su bondad, paciencia y generosidad, ignorando que su bondad te guía al arrepentimiento? Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que, perseverando en hacer el bien, buscan gloria, honra e inmortalidad; pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia. Tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, sobre el judío en primer lugar, y también sobre el griego; en cambio, gloria, honra y paz a todo el que hace lo bueno: al judío en primer lugar y también al griego» Encontrarán también innumerables pasajes de la Sagrada Escritura que claramente demuestran que tenemos libre albedrío. De lo contrario sería una contrariedad los mandamientos datos a nosotros, por observar aquello que nos podría salvar, o por transgreddir aquello que nos condenaría, si el poder de mantenerlos no fuera dado a nosotros.” (37)

En su obra más importante conocida como De principiis o el Peri-Archon (Περ? αρχ?ν ) escribe
Orígenes, De Principiis, Prefacio 5 “La enseñanza apostólica es que el alma, teniendo una substancia y vida propia, será, luego de su partida del mundo, recompensada de acuerdo con sus merecimientos, siendo destinada a obtener la herencia de vida eterna y bienaventuranza, si sus acciones lo han procurado, o será entregada al fuego y penas eternas, si la culpa de sus crímenes la ha llevado a ello.” (38)

San Cipriano de Cártago

San Cipriano nació hacia el año 200, probablemente en Cartago, de familia rica y culta. Se dedicó en su juventud a la retórica. El disgusto que sentía ante la inmoralidad de los ambientes paganos, contrastado con la pureza de costumbres de los cristianos, le indujo a abrazar el cristianismo hacia el año 246. Poco después, en 248, fue elegido obispo de Cartago. Al arreciar la persecución de Decio, en 250, juzgó mejor retirarse a un lugar apartado, para poder seguir ocupándose de su grey. San Cipriano también establece como condición para salvarse el cumplimiento de los mandamientos y las buenas obras:
Cipriano de Cártago, Sobre la unidad de la Iglesia 16 “Profetizar y echar fuera demonios, y hacer grandes actos en al tierra, son sin duda, cosas sublimes y admirables, pero uno no alcanza el reino de los cielos aunque haga todas esas cosas, a no ser que camine en la observancia del derecho y la justicia. El Señor denuncia, y dice, “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y yo les diré «Nunca los conocí, apartaos de mí, hacedores de maldad». Existe la necesidad de justicia, que uno puede bien merecer de Dios el juez; debemos obedecer sus preceptos y advertencias, para que nuestros méritos puedan recibir su recompensa” (39)

Cipriano de Cártago, Sobre los lapsos, Tratado III,17 “Creemos, en efecto, que los méritos de los mártires y las obras de los justos son de gran valor con el Juez, pero que será cuando el día del juicio venga, cuando, después de la conclusión de esta vida y el mundo, su pueblo estará en pie ante el tribunal de Cristo” (40)

En De opere et eleemosynis (Las buenas obras y las limosnas) escribe:
Cipriano de Cártago, Las buenas obras y la limosna. Tratado VIII,2 “El Espíritu Santo habla en las Sagradas Escrituras, y dice, «por la limosna y la fe se purgan los pecados». Seguramente no los pecados que habían sido previamente contraidos, sino aquellos que son limpiados por la sangre y santificación de Cristo. Además, Él dice que de nuevo «como en el lavado del agua salvífica el fuego del infierno es extinguido, así también es sojuzgada la llama por la limosna y por las buenas obras». Porque en el bautismo se concede la remisión de los pecados una vez para siempre, el ejercicio constante e incesante de las buenas obras, a semejanza del bautismo, otorga de nuevo la misericordia de Dios…; los que después de la gracia del bautismo se han descarriado, pueden ser limpiados otra vez” (41)

Aquí San Cipriano explícitamente habla de como por medio de buenas obras se obtiene también el perdón de los pecados cometidos luego del bautismo (un concepto totalmente ajeno a la doctrina protestante). Es notorio también que cite como Escritura no solo a proverbios (16,6) , sino a Eclesiastico (3,30) , y en el capítulo 5 cita Tobías, dos libros que los protestantes han sacado de sus Biblias acusándolos de ser “apócrifos” (por lo visto, para San Cipriano no).

De este mismo texto comenta Quasten:

“Cipriano enseña aquí la eficacia de las buenas obras para la salvación. Puesto que nadie está exento «de alguna herida de la conciencia», todo el mundo está obligado a practicar la caridad. No puede haber excusa para nadie. Los que temen que sus riquezas disminuyan por el ejercicio de la generosidad y se vean expuestos en el futuro a la pobreza y a la necesidad, deberían saber que Dios cuida de aquellos que socorren a los demás. «Que nadie, carísimos hermanos, impida y retraiga a los cristianos del ejercicio de las obras buenas y rectas, con la consideración de que alguno pueda excusarse de ellas en beneficio de sus hijos, puesto que en los desembolsos espirituales debemos pensar solamente en Cristo, que ha declarado que es El quien los recibe, prefiriendo, no nuestros semejantes, sino el Señor a nuestros hijos» (16). «Si realmente quieres a tus hijos, si les demuestras plenamente la suavidad de tu amor paternal, deberías ser tanto más caritativo, a fin de que por tus buenas obras puedas recomendar tus hijos a Dios»(18). Este tratado de Cipriano fue una de las lecturas favoritas de la antigüedad cristiana. Las actas del concilio general de Efeso (431) citan varios pasajes, aunque no sabemos de ninguna traducción griega de esta obra” (42)

Cipriano de Cártago, Las buenas obras y la limosna. Tratado VIII,2 “Los remedios para propiciar a Dios son dados en las palabras de Dios mismo; las instrucciones divinas han enseñado lo que los pecadores deben hacer, que por obras de justicia de Dios es satisfecho….” (43)

Lactancio

Nació en el Norte de Africa, hacia el año 250, de familia pagana. Abrazó el cristianismo probablemente en Nicomedia. Durante la última gran persecución, hacia el año 303, se vio obligado a abandonar su cátedra y a exilarse en Bitinia. Después del Edicto de Milán, Constantino le llamó a Tréveris para confiarle la educación de Crispo, su hijo mayor. Se estima murió en torno al año 317. En Divinae institutiones haciendo referencia al libre albedrío advierte que podemos ganar la vida eterna por nuestra virtud o perderla por nuestros vicios (nuevamente nada de Sola Fides):
Lactancio, Las instituciones divinas, VII,5 “Por esta razón El nos ha dado la vida, que podemos o perder aquella verdad y vida eterna por nuestros vicios, o ganarla por nuestra virtud” (44)

San Hilario de Poitiers

Obispo y escritor, santo, Padre y Doctor de la Iglesia nacido a principios de siglo IV, hacia 315, en Poitiers (Francia) y fallecido en esta misma ciudad en 367. San Hilario habla de como el perseverar en la fe es también un don de Dios, pero eso no excluye el libre albedrío:
Hilario de Poitiers, Sobre los salmos 118[119]:Nun,20 Perseverar en la fe es un don de Dios, pero el primer movimiento de la fe comienza en nosotros. Nuestra voluntad debe ser tal que, propiamente y por sí misma lo haga. Dios le dará el aumento después que ha sido hecho el comienzo. Nuestra debilidad es tal que no podemos llevar por nosotros mismos llevarla a término, pero él recompensa el comienzo en vista de haber sido hecho libremente” (45)

Hilario de Poitiers, Sobre los salmos 118[119]:Ain,10 La debilidad humana es impotente si espera lograr algo por sí misma. El deber de tal naturaleza es simplemente esto: hacer el comienzo con la voluntad, con el fin de adherirse al servicio del bien. La misericordia divina es tal que ayudará a los que están dispuestos, fortaleciendo aquellos que han comenzado y asistiendo a aquellos que están tratando. El comienzo sin embargo, es parte nuestra, tal que él pueda traernos a la perfección” (46)

Rechaza con antelación la doctrina cavinista de la predestinación donde se atribuye la elección a un juicio divino inescrutable. Para San Hilario esta distinción se basa en el mérito (nuevamente nada de Sola Fides)
Hilario de Poitiers, Sobre los salmos 64 [65], sección 5 “Porque de acuerdo al evangelio, muchos son los llamados y pocos los escogidos…La elección, por lo tanto, no es cuestión de juicio accidental. Es una distinción hecha por medio de una selección basada en el mérito. Beato, entonces, es él que elige a Dios: bendecido por la razón que él es digno de la elección.” (47)

San Atanasio

Nacido hacia fines del siglo III y principios del IV. Aproximadamente en el año 320 cuando es ordenado diácono, y como diácono asistió al al Concilio de Nicea. En 328 era ordenado obispo antes de cumplir treina años. Es reconocido como doctor de la Iglesia y campeón de la ortodoxia por su defenza a la fe nicena. Afirma que en el juicio se verá si hemos perseverado en la fe y cumplido los mandamientos:
San Atanasio, Vida de san Antonio 33 Para esto no es productivo de la virtud, ni es ninguna muestra de bondad. Para ninguno de nosotros se juzga por lo que no sabe, y nadie es llamado santo por su aprendizaje y conocimiento, sino que cada uno será llamado a juicio en esos puntos - si han mantenido la fe y realmente observado los mandamientos. (48)

Atanasio de Alejandría, La encarnación del verbo 56 “Él ha de venir, no a sufrir, sino a hacernos frutos de su propia cruz, el cual es la resurrección y la incorrupción, y ya no para ser juzgado, sino a juzgar a todos, por lo que cada uno ha hecho en la vida mortal, ya sea el bien o el mal…Así, el Señor mismo también dice «verán al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder, y viniendo en las nubes del cielo en la gloria del Padre»…De acuerdo al beato Pablo: «Todos tenemos que estar ante el tribunal de Cristo para que cada uno reciba lo que hizo en su vida mortal, ya sea el bien o el mal»” (49)

En su obra Contra los arrianos, en el capítulo 25 del tercer discurso declara que es posible caer del estado de gracia y perder la salvación al cometer pecados gravies y no hacer penitencia:
Atanasio de Alejandría, Contra los arrianos 3,25 “Por lo que la Palabra tiene por naturaleza, como yo dije, en el Padre, que El desea nos sea dada irrevocablemente por el Espíritu, a sabiendas de que el Apóstol dice, «¿Quién nos separará del amor de Cristo?», pues «los dones de Dios» y «y la gracia de Su llamado son irrevocables». Este es el Espíritu del que está en Dios, y no el que vemos en nosotros mismos; y como somos hijos y dioses porque la Palabra Es en nosotros, así deberíamos estar en el Hijo y el Padre, y seremos considerados para ser uno con el Hijo y el Padre, porque el Espíritu esta en nosotros, el cual esta en la Palabra y en el Padre. Cuando entonces un hombre cae del Espíritu por cualquier maldad, si se arrepiente de haber caído, la gracia queda irrevocablemente a como este dispuesto, de lo contrario, si el que ha caído no esta mas en Dios (porque el Espíritu Santo y Paráclito que esta en Dios lo ha abandonado) pero el pecador estará en aquel que lo ha sometido , como ocurrió en el caso de Saúl, el Espíritu de Dios se apartó de él y un espíritu maligno lo afligía.". (50)

Atanasio de Alejandría, Cartas festales XI,7 “Por lo tanto, la meditación de la ley es necesaria, mi amado, y el continuo conversar con la virtud, «para que el santo se encuentre perfecto y preparado para toda obra buena». Por estas cosas es la promesa de vida eterna, como Pablo escribió a Timoteo, llamándolo al constante ejercicio y meditación, y diciendo «ejercítate para la piedad. Porque el ejercicio corporal es provechoso para un poco; mas la piedad a todo aprovecha, porque tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera»” (51)

San Cirilo de Jerusalén

Nació en Jerusalén o en sus cercanías, hacia el 313 ó 315, en el 348 era ya obispo. Murió aproximadamente en el año 386. Nuevamente concibe la salvación desde una perspectiva completamente opuesta a los reformadores. Para salvarse no hay solo que creer, sino perseverar unido a Cristo como el sarmiento a la vid, de lo contrario la posibilidad de que Jesús nos maldiga por no producir frutos está latente. Es por eso que al cristiano le corresponde aportar fruto para no ser cortado.

San Cirilo de Jerusalén, Catequesis I,4 “Eres hecho partícipe de una vid santa: si permaneces en la vid, crecerás como un sarmiento fructífero; pero si no permaneces, serás consumido por el fuego. Así pues, produzcamos fruto dignamente. Que no nos suceda lo mismo que a aquella vid infructuosa, no sea que, al venir Jesús, la maldiga por su esterilidad. Que todos puedan, en cambio, pronunciar estas palabras. «Pero yo, como verde olivo en la casa de Dios, confio en el amor de Dios para siempre jamás» . No se trata de un olivo sensible, sino inteligible, portador de la luz. Lo propio de él es plantar y regar; pero a ti te corresponde aportar el fruto. Por ello, no desprecies la gracia de Dios: guárdala piadosamente cuando la recibas.” (52)

San Basilio el Grande

Nació hacia el año 329 en Cesarea de Capadocia llegó a ser uno de los Padres de la Iglesia griega que más brillaron en el siglo IV. Murió aproximadamente en el año 379 Para San Basilio para salvarse no basta nisiquiera solo renunciar al pecado, sino que los frutos (obra) también son requeridas:
Basilio el Grande, Las Morales I,3 “La mera renuncia del del pecado no es suficiente para la salvación de los penitentes, sino también los frutos dignos de penitencia, que también se requiere de ellos”(53)

Basilio el Grande, Las Morales II,1 “Quien obedezca el evangelio debe ser purgado de todos las deshonras de la carne y el espíritu para que pueda ser aceptable a Dios en orden de las buenas obras de santidad” (54)

Basilio el Grande, Sobre el Espíritu Santo XVIII “Es de acuerdo a tus méritos el «estar siempre con el Señor», y si esperas ser arrebatado «en las nubes al encuentro con el Señor en el cielo para estar siempre con el Señor»” (55)

También reconoce que aquellos que se salven serán aquellos que fueron fieles. Habla también de como aquellos que reciben al Espíritu Santo pueden ser apartados de Él si comienzan a vivir una vida pecaminosa:
Basilio el Grande, Sobre el Espíritu Santo XVI,40 Ellos, entonces, que fueron sellados por el Espíritu hasta el día de la redención, y preservaron puros e intactos los primeros frutos que recibieron del Espíritu, son ellos los que oirán las palabras «¡Muy bien, siervo bueno!; ya que has sido fiel en lo mínimo, toma el gobierno de muchas cosas». De la misma manera que los que han ofendido al Espíritu Santo por la maldad de sus caminos, o no han forjado para él lo que Él les dio, serán privados de lo que han recibido, y su gracia será dada a otros; o, de acuerdo con uno de los evangelistas, serán totalmente cortados en pedazos – cuyo significado es ser separados del Espíritu” (56)

Basilio el Grande, Homilía I,4 “Dios es el Creador del universo, y el justo juez que recomenza todas las acciones de la vida de acuerdo a sus méritos” (57)

Basilio el Grande, Sobre los salmos 114, no 5 “..Espera el descanso eterno a los que han luchado a través de la vida atento de las disposiciones de la ley, no como pago adeudado de sus obras, pero otorgado como un don de Dios en la magnificencia a los que han de esperado en él” (58)

San Gregorio de Nisa

Nacido entre el 331 al 335 d.C. Fue consagrado obispo en el 371 y fallece en el 394. Para ilustrar la necesidad de no solo la fe sino de las obras para la salvación, Gregorio utiliza la figura de la armadura del hoplita (http://es.wikipedia.org/wiki/Hoplita), soldado élite de la armada griega que poseía una coraza especial que constaba de dos placas que protegían ambos lados del torzo. Gregorio compara al hoplita bien armado por ambos lados, con el cristiano que tiene fe y obras.
Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Eclesiastés 8 Pablo, uniendo la virtud a la fe y tejiéndolas juntas, construye de ellas la coraza del hoplita, armando al soldado propia y seguramente de ambos lados. Un soldado no puede considerarse satisfactoriamente armado cuando una parte de la armadura no está unida a la otra.La fe sin las obras de justicia no son suficientes para la salvación, ni tampoco sin embargo, es justo vivir seguro en si mismo para la salvación, si se separa de la fe” (59)

San Ambrosio

Padre y doctor de la Iglesia nacido en el año 340 consagrado obispo en el año 374 quien fue también un ardiente defensor de la ortodoxia en contra del arrianismo. Muere en el año 397. Para San Ambrosio habla de como las obras serán puestas en el juicio en una balanza en la cual se decidirá si nos salvaremos o nos condenaremos, por tanto la vida eterna no se basa solo en el conocimiento de las cosas divinas sino también en el fruto de las buenas obras:
Ambrosio, Carta II, a Constancio, un obispo “Los méritos de cada no de nosotros serán colocados en una balanza, en la cual un poco de peso, ya sea de buenas obras o de mala conducta la balancearán a su destino, si el mal prevalace, ¡hay de mi! si lo hace bien, se recibe el indulto. Ningún hombre está libre del pecado, pero donde el bien prevalece, el mal se aleja, se eclipsa, y cubre. Por ta

Este artículo fue publicado originalmente por nuestros aliados y amigos: ApologeticaCatolica.org

 







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