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Los buenos modales con Dios
Formación moral y religiosa

Urbanidad de la piedad: enseñar a los hijos a comportarse delante de Dios y a tratar las cosas santas


Por: P. Eduardo Volpacchio | Fuente: Catholic.net



En la vida social hay unas formas, unas “reglas” de buena educación, unas maneras de tratarse, y hasta un protocolo. Una persona se muestra a sí misma, también a través de ellas.

En la religión también hay unos modos de relacionarnos con Dios, mostrarle nuestra fe, nuestra reverencia y nuestro amor. Se la podría llamar la urbanidad de la piedad.

 

Cuando Dios se aparece a Moisés en la zarza ardiente, lo primero que le dice es “sácate las sandalias... el lugar que pisas es santo”. Nos habla del necesario respeto de lo divino, del sentido de lo sagrado. Jesús se vio obligado a poner orden en el Templo de Jerusalén, echando a los mercaderes y cambistas que deshonraban la casa de Dios.

Hay una distancia infinita entre Dios y el hombre: el amor y la confianza que proceden de la filiación divina no conllevan -sería un contrasentido- una falta de respeto o igualdad de situación delante de nuestro Creador.



Los padres y el colegio estamos formando a las chicas. Parte de esa formación consiste en enseñarles a comportarse delante de Dios y a tratar las cosas santas.

Es por esto que debemos cuidad las posturas, gestos, etc. de manera particular: no es cuestión de reglas fijas (algunas cosas no están prescriptas por la Iglesia), pero cierta “rigidez” es necesaria al principio: porque son chicas y porque son muchas, para que les quede grabado un estilo.

 

Las formas forman” si se les pone contenido -es amor, no mera formalidad- y si se entiende la razón de ser de cada una. Por eso no es exagerado. Mucho de lo que acá se dice tiene una finalidad pedagógica. Todo pretende ser expresión de respeto y amor a Dios.

 

Jesús resume toda la ley de Dios en un solo mandamiento: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu mente, con todas tus fuerzas, con toda tu alma”. Amar a Dios con todo nuestro ser y nuestra vida. Obviamente incluye nuestros gestos. El amor se nota. Y si no se nota... es que es demasiado débil.

 

En la Iglesia hay unas normas litúrgicas que garantizan el cuidado del culto a Dios. Una especie de “protocolo” para lo sagrado: modos cómo debemos tratar a Dios y las cosas de Dios.

Ante muchos descuidos e irreverencias con la Eucaristía el Magisterio de la Iglesia se ha visto obligado a recordar e insistir repetidamente en los últimos años en estos temas. En concreto:

Enc. Ecclesia de Eucharistia

Instrucción Redemptionis Sacramentum

Instrumentum laboris del Sínodo de Obispos del 2005

 

También hay una serie de cuidados que no están preceptuados como leyes litúrgicas, pero que siempre han vivido los cristianos piadosos como expresión de reverencia y amor. Es parte del tesoro del patrimonio espiritual de la Iglesia.

 

Hemos de estar atentos para que la confianza no degenere en falta de respeto: sería ofensivo para con Dios. Nadie en sus cabales podría decir “porque te quiero tanto, no te respeto, te trato mal y te ofendo”.

La dignidad, la delicadeza son necesarias, ya que como seres compuestos de alma y cuerpo, expresamos nuestros afectos, nuestra fe y todo lo espiritual a través del cuerpo.

 

No es verdad que la espontaneidad sea de por sí buena. Depende de qué espontaneidad: la hay buena y la hay salvaje.

No es verdad que las formas reflejen falta de confianza.

El amor tiene una línea de mínima que es el respeto y la veneración. No puedo amar lo que no respeto. Tampoco lo que no venero. El mismo respeto y veneración serán camino hacia el amor, y expresiones de amor mismo.

 

Nos mostramos a nosotros mismos. Así como el cumplimiento de los modales y normas de buena educación muestran la “calidad humana” de una persona. La urbanidad de la piedad muestra nuestra fe, esperanza y amor. Es respeto y elegancia, aplicado a las cosas de Dios.

 

1. Buena educación en el oratorio:

 

Ante oratorio

Está dentro de la zona del oratorio. Además, por tener puertas con vidrio debemos cuidar más la compostura en el mismo: no charlar (y menos gritar, ya que se distrae a la gente que está rezando en el oratorio). Para las más chiquitas no jugar.

 

Cuidado del oratorio

Por respeto a lo sagrado (todo lo que tiene que ver con el culto de Dios, tiene un cierto sentido sagrado) y para que las cosas del oratorio luzcan bien para Dios debemos ser extremadamente delicado en el cuidado del oratorio:

 

Cuidar la limpieza (papelitos en el suelo por ejemplo) y los bancos: si se apoyan los pies en los reclinatorios se arruina el tapizado, se ensucia, etc. Por supuesto no escribir, no dejar papelitos en el lugar para Misales, no pegar chicles...

 

Obviamente el buen comportamiento en el oratorio no se limita a la duración de las celebraciones litúrgicas.

Una  vez que se ha entrado en el oratorio, se está en un lugar sagrado. Es para rezar. Hay que estar en silencio. Por eso preferimos llamarlo “oratorio”: quien no quiere hacerlo que no entre, o al menos que respete a los que rezan con su silencio.  Incluso cuando no está reservado el Santísimo Sacramento en el sagrario.

 

Silencio sagrado. Desgraciadamente se descuida bastante en muchas iglesias, donde la gente charla con demasiada soltura. Esto hace que por más que insistamos nunca insistiremos demasiado... Silencio no es un mero no hablar. Expresa respeto, veneración. Es ya una forma de culto, ante Jesús presente en la Eucaristía. Es necesario para descubrir  a Dios y poder escucharlo. Tiempo de recogimiento y meditación.

Tenemos que ser capaces de silencio. Muchas personas son incapaces. Nuestra riqueza interior hará que podamos entretenernos con la mirada dentro de nosotros sin aburrirnos.

 

No correr. Caminar despacio dentro de la iglesia.

Obvio: no comer, chicles..., jugar, muecas, bromas, molestar a otras (tirar del pelo...).

Evitar distracciones. Curiosidad de mirar quién entra o sale. Quien estornudó...

 

Elegancia en el vestir: cuanto más elegantes, mostramos más respeto y amor (¡hombres con bermudas...! ¡Personas en ojotas!). No es sólo cuestión de no usar prendas indecentes: hay cosas superdecentes que son demasiado deportivas: nadie se las pondría para una sesión de gala en un teatro.

 

No es cuestión de si se puede o no: es cuestión de amor. Quien ama trata de dar lo mejor a quien ama.

 

Al entrar en una iglesia

Lo primero, buscar el sagrario, para ir a saludar el Señor.

¿Cómo saber si está reservado el Santísimo? Por la lámpara votiva que debe haber encendida.

 

Uso de agua bendita. Es un sacramental. Hacer la señal de la cruz con la mano derecha con alguna gota de agua bendita es un gesto tradicional, que quiere pedir a Dios nos bendiga.

Su uso piadoso perdona los pecados veniales de los que estemos arrepentidos.

Siendo que el uso de agua bendita nos recuerda también nuestro bautismo (que representó nuestra incorporación a la Iglesia) se suele usar al entrar en la iglesia.

 

2. Gestos y posturas litúrgicas

 

Posturas: no hace falta estar firmes... pero tampoco apoyados en la pared, ni sentados en el piso...

 

Genuflexiones. Es un acto de adoración, por lo que sólo se hace delante de Dios. Sería un acto idolátrico hacerla ante la Virgen, o ante una imagen. Se hace sólo ante el Santísimo Sacramento: se reconoce que está en el Sagrario por la vela encendida indicando su presencia. El viernes santo se hace la genuflexión también ante la cruz, adorando a Cristo que en ella ese día murió por nuestra salvación.

La rodilla derecha toca el suelo, con el cuerpo erguido, mirando hacia el sagrario.

 

Inclinaciones de cabeza. Señal de respeto y veneración. Se hace ante el altar (que representa a Cristo) y ante imágenes.

 

Hay que distinguir el sentido de la genuflexión y el de la inclinación de cabeza. La genuflexión es un acto de adoración; la inclinación de cabeza, de reverencia. Sólo se adora a Dios (hacer la genuflexión ante una imagen de la Virgen sería un pecado de idolatría).

Cuando no está el Santísimo en el Sagrario se hace reverencia ante el altar. Si está el Santísimo, se hace genuflexión.

 

El sacerdote hace una inclinación de cabeza al nombrar el nombre de Jesús, de María y del santo que se celebra ese día.

En el Credo está previsto que los fieles se inclinen al proclamar el artículo de la Encarnación.

Se hace una inclinación, de cabeza antes de comulgar, ante la Eucaristía (cuando se comulga de pie).

 

Arrodillados. Actitud de adoración. Apoyados en las rodillas, derechos (obviamente sin apoyar el cuerpo en los talones). En la Misa permanecemos arrodillados desde la epíclesis hasta después de la consagración en la Plegaria Eucarística.

 

De pie. Actitud de respeto y atención. Derechos, sin apoyarse en los bancos ni en las paredes.

Cuando el sacerdote entra revestido para la Misa nos ponemos de pie, como señal de respeto a Cristo, a quien representa.

 

Sentados. Actitud receptiva, para escuchar y meditar, durante las lecturas. Durante el ofertorio –hasta el “Orad hermanos para que este sacrificio…”, cuando nos ponemos de pie– y la acción de gracias.

Cuidar la forma de sentarse. Derechos, sin “acostarse” en los bancos. Sin apoyar los pies en los reclinatorios (se arruinan, los zapatos llenan de polvo los reclinatorios que después manchan las rodillas de los pantalones).

No sentarse en el piso: no es una actitud digna para un acto de culto.

No cruzar las piernas: es un signo de distensión. No es elegante hacerlo.

 

En las ceremonias litúrgicas es necesario saber cuando sentarse, pararse, arrodillarse

 

En la fila para comulgar. Vamos preparándonos a recibir al Señor. Supone recogimiento interior (concentrados, sin la curiosidad de mirar para todos lados, darse vuelta, etc.). No llevar las manos en los bolsillos (postura poco reverente).

 

Lecturas. Leer con voz clara, fuerte y pausada. Sería bueno ensayarlas antes. No olvidar que se proclama la Palabra de Dios.

 

Elegancia en los gestos litúrgicos:

Señal de la cruz: signo del cristiano, señal de nuestra pertenencia a la Santísima Trinidad y de haber sido redimidos por Cristo en la Cruz. Trazar realmente una cruz con la mano (de otra manera no sería signo de nada). Llevándola de la frente al pecho, y del hombro izquierdo al derecho. Sin apuro, sin “atajos” (en línea recta).

Golpes en el pecho: en el acto de contrición, señal de dolor del corazón por haber ofendido a Dios.

Saludo de paz. Es un signo de nuestro amor a los demás. Se da sólo a quienes están a nuestro lado. No se sale del banco para saludar a otras personas. No perder de vista que estamos en una ceremonia litúrgica, y que sobre el altar está Cristo realmente presente en la Eucaristía. No es un saludo: es un gesto litúrgico de desearse la paz de Cristo mutuamente.

 

Oraciones. Recitarlas con pausa y atención. Con dignidad. Ni muy lento que aburre, ni tan rápido que imposibilita fijar la atención. Acoplándose al ritmo de los demás (al unísono), de manera que suba una sola oración al cielo.

 

Canciones: el canto es oración. Debería ser nuestra oración. Cantar con dignidad.

 

Respeto al traslado del Santísimo

Cuando se traslada el Santísimo los fieles debes mostrar su adoración cuando pasa frente a ellos. Tener en cuenta de que es Dios realmente presente en la Eucaristía quien está delante nuestro. Sería una irreverencia quedarse como si no pasase nadie.

Ejemplo 1: van a llevar la Comunión a un enfermo a la casa. El sacerdote lleva el Santísimo. Obviamente se trata de no darle conversaciones frívolas, ofrecerle algo para tomar, etc., ya que está llevando a la Eucaristía.

Ejemplo 2: pasa el sacerdote con el Santísimo para trasladarlo a otro sagrario. Si pasa delante nuestro revestido con ornamentos, lo normal será ponerse de rodillas o al menos quedarse de pie con respeto mirando en silencio hasta que termine de pasar.

También corresponde arrodillarse cuando se abre el sagrario para exponer el Santísimo, para llevar la Comunión a un enfermo, etc.

 

Recomendamos:

¿Comulgar sin confesarse?: Quien va a tomar la primera Comunión debe confesarse antes de hacerlo. Quien ha cometido un pecado mortal, también debe hacerlo, para recuperar la gracia antes de comulgar. Quien está en estado de gracia no necesita hacerlo.

¿Ir a Misa sin sentirlo?: No vamos a Misa a sentirnos bien, sino a participar del mayor acto de amor de Dios por los hombres.

¿Cómo motivar a niños a rezar el Rosario?: ¿Qué estrategias usó nuestra Sra. de Fátima para lograr que esos tres niños rezaran el Rosario cada día con devoción?

Ayuno, oración y caridad...¿Cómo enseñarles a los pequeños del hogar?: Jesús nos enseñó estas 3 áreas básicas para la penitencia cristiana ¿cómo enseñar a los más pequeños a practicarlas por amor al Señor Jesús?

 

Te invitamos a conocer el Blog del P. Eduardo Volpacchio: algunasrespuestas.wordpress.com





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