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Fraudulenta legalización del aborto
Se prestó al juego de un grupo feminista radicalizado, asesorada por dos abogadas abortistas


Por: La Nación | Fuente: La Nación




Durante 30 años, una sentencia dictada en 1973 -en el caso "Roe v. Wade- sentó un precedente de la Suprema Corte de los Estados Unidos que pasó a ser paradigma, causa y bandera de los abortistas del mundo entero. Ese fallo tuvo gran importancia pues, con fundamento en los hechos invocados en la causa, significó la consagración por el máximo tribunal estadounidense de la legislación abortista.

Se trata de una madre de dos hijos que, al quedar embarazada del tercero, adujo haber sido violada y que con tal motivo pidió autorización para abortar. El fallo, tras un encendido debate judicial y público, hizo lugar a la demanda, aunque llegó tarde, pues la madre ya había dado a luz y entregado su hijo en adopción.

La madre en cuestión, Norma McCorvey, acaba de presentarse ante la Corte Federal de Dallas, que fue la que falló en primera instancia el caso "Roe contra Wade", informando que ella era "Jane Wade", la protagonista del célebre caso, y que era absolutamente falso que hubiese sido violada. Nunca lo fue. Se prestó, en cambio, al juego de un grupo feminista radicalizado, asesorada por dos abogadas abortistas, dejándose llevar por quienes vieron una excelente oportunidad para abrir así la puerta a la legalización del aborto en Texas y luego en el resto del país.

En concreto, la madre se arrepintió de su fraude, y ahora pide la nulidad del fallo basado en hechos falsos aducidos en su momento, pero añadiendo a su moción, además del arrepentimiento, 5400 declaraciones notariales de madres que aseguran haberse arrepentido de haber abortado. El abogado de McCorvey sostiene que es la primera vez que patrocina un caso en el cual el vencedor pide la revocatoria de un fallo a su favor. Añade que, con la evidencia acompañada, demostrará a la Corte que lo que en algún momento fue considerado bueno "se ha convertido en un instrumento para hacer daño".

Si fuese solamente un pedido individual en el interés exclusivo de la demandante, no hay demasiada duda de que, en nuestro derecho, la petición sería rechazada, pues viola el principio de que nadie puede invocar su propia torpeza -el fraude- para actuar ante la Justicia. Pero la actora arrepentida invoca el daño sufrido por todas las madres que la acompañan, y muchas más que la apoyan desde el movimiento pro vida, de creciente arraigo en el país del norte. Además, sostiene que los daños que causa el aborto, no sólo a la vida más inocente e indefensa sino a las madres que tomaron dicha decisión, es el verdadero pilar de su demanda.

En la legislación civil de Argentina, desde Vélez Sarsfield hasta la ley de filiación y patria potestad, reconoce que la existencia de la persona comienza con la concepción en el seno materno, y esta última coloca al "por nacer" bajo la protección de sus padres. Este reconocimiento ha sido receptado expresamente por la Constitución nacional, en su artículo 75, inciso 23, así como en el Pacto de San José de Costa Rica y en la Convención de los Derechos del Niño. Ello no ha impedido que grupos ideológicamente interesados procuren establecer normas abortistas que transgreden todo lo que tiene de sagrado la vida humana. Nadie sino el propio ser gestado es dueño de su viabilidad. La sociedad -poniendo en pie de igualdad el derecho de ese ser con el de la madre-- debe protegerlo en razón de su dignidad esencialísma y de su máxima fragilidad. El "por nacer", el discapacitado, el desvalido, el pobre, el menor, el insano, la persona senil, son todos ellos los sujetos que el Derecho -y el Estado, encargado de aplicarlo- deben defender primordialmente.

Un caso que dividió opiniones durante años y que fue usado como bandera por quienes pretenden legitimar el aborto, ha resultado finalmente un fraude. Y la madre supuestamente protegida clama hoy por su nulidad, en defensa del derecho a la vida. Esperemos que toda esta experiencia resulte aleccionadora.






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