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¿Es la naturaleza homofóbica?
La política no puede triunfar sobre la naturaleza, ni puede mejorar las Escrituras


Por: Donald DeMarco, PhD | Fuente: http://vidahumana.org/dossiers



La palabra “homofobia” se lanza imprudentemente por doquier en estos días y no parece haber
una respuesta adecuada en contra de esta falsa acusación. Se trata de una acusación que
estigmatiza a las personas e impide el diálogo. Una persona a quien le han colgado la etiqueta de
“homofóbica” puede perder su compostura, su condición social, o incluso su empleo. Nadie
quiere ser considerado “homofóbico”.
Al mismo tiempo, ¿por qué alguien tiene que temer cosas simplemente porque son lo mismo?
Como ha explicado el difunto Ralph McInerny: “La homofobia es un neologismo que implica un
analfabetismo tanto lingüístico como moral”. ¿Hay alguien que le tenga fobia a los homónimos,
o a la homogeneización, o a cualquier cosa homóloga? Los cristianos están obligados a amar a
todos, ya sean iguales a ellos de alguna manera o diferentes. Igualdad y diferencia no son
categorías morales. La moral entra en juego con respecto a los actos. Un acto puede ser moral o
inmoral. Tenemos objeciones a ciertos actos, si esos actos son homosexuales o heterosexuales,
debido a su relación con la ley natural y cómo afectan a las vidas humanas.
Pongamos el debate en una perspectiva científica. Nuestro sistema inmunológico nos protege (o
nos inmuniza) de sustancias extrañas potencialmente dañinas que entran en nuestro cuerpo.
Tenemos 100 mil millones de receptores inmunológicos para defendernos de sustancias extrañas,
todas las cuales, por su naturaleza, son capaces de distinguir entre el yo y el no-yo. El sistema
inmunológico, en condiciones normales, no ataca al propio cuerpo, sino sólo a las sustancias
extrañas (gérmenes, virus, etc.), que amenazan nuestra salud.
Ahora bien, desde el punto de vista de nuestro sistema inmunológico, el semen que entra en el
cuerpo de la mujer como consecuencia de la unión matrimonial, debería ser atacado y expulsado,
ya que es, probablemente, una sustancia extraña y no forma parte del mismo organismo. Sin
embargo, como todos sabemos, ello no sucede. De alguna manera, el semen que transporta los
espermatozoides logra entrar en el cuerpo femenino y una nueva vida comienza. ¿Cómo sucede
esto, dada nuestra prodigiosa red de cien mil millones de receptores inmunológicos que están
dispuestos a atacar o a expulsar a todo lo que sea ajeno al propio cuerpo?
La respuesta es bastante simple, aunque es algo que rara vez se menciona. El semen, además de
transportar los espermatozoides quienes procuran el inicio de la vida, también lleva un
inmunosupresor leve. Este agente químico suprime el sistema inmunológico de la mujer en el
lugar correcto y en el momento justo lo suficiente, para permitir que su cuerpo reconozca que el
esperma no es tan extraño para ella, sino como si fuese algo que forma parte de sí misma. Sin
este inmunosupresor leve, la vida humana nunca comenzaría. Por otra parte, a causa de ello,
marido y mujer logran, textualmente, una auténtica unidad de dos en una sola carne.
La concepción de una nueva vida humana es posible debido a las diferencias específicas y
adecuadas entre óvulo y espermatozoide. La similitud de esperma de dos hombres o de dos
óvulos de dos mujeres no puede iniciar una nueva vida. ¿Podemos decir que la naturaleza es
“homofóbica”, ya que no permite que se produzca la concepción de gametos a partir de los 
Vida Humana Internacional © 26 de junio de 2015 – www.vidahumana.org – 305-260-0525 (EEUU) 3
mismos sexos? La naturaleza no tiene agenda política. De hecho, la naturaleza es la base de la
determinación de si una acción es buena o mala. La ciencia de la inmunología también nos dice
que ciertos actos homosexuales pueden conducir a la transmisión del VIH y otras patologías.
Debemos estar más atentos al orden natural que estar preocupados por ser silenciados por
palabras intimidatorias.
La naturaleza utiliza la diversidad para lograr la unidad. Considere el reino animal, en el cual
encontramos que la diferencia sexual hace que la reproducción sea posible. La naturaleza
distingue entre el gallo y la gallina, el león y la leona, el tigre y la tigresa, el ganso y la gansa, y
así sucesivamente. Esto no quiere decir que la naturaleza sea homofóbica, pero sí que es lo
suficientemente ingeniosa para lograr la unidad a partir de la diversidad.
El Génesis nos dice que la unión en el matrimonio entre hombre y mujer constituye una
intimidad de dos “en una sola carne”. La política no puede triunfar sobre la naturaleza, ni puede
mejorar las Escrituras.
El Dr. Donald DeMarco es un escritor asociado a Human Life International, profesor emérito
de la Universidad de San Jerónimo en Waterloo, Ontario, profesor adjunto en Santos Apóstoles
College, en Cromwell, Connecticut, EEUU, y columnista habitual del rotativo St. Austin
Revision.
Traducido por Cecilia Rodríguez Galván, Asesora de la Red Latinoamericana de Sacerdotes y
Seminaristas por la Vida (REDESSVIDA), programa de Vida Humana Internacional.

 





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