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Tomasi: Un frente común contra la ‘impunidad’ de los terroristas
El observador vaticano ante la ONU de Ginebra interviene en la 29ª Sesión de los Consejos de Derechos humanos sobre el tema de los efectos del terrorismo sobre la vida de los individuos y los Estados






Ciudad del Vaticano, 02 de julio de 2015

Una vez más la voz de la Santa Sede se eleva para estigmatizar la lacra del terrorismo. El arzobispo Silvano Maria Tomasi, observador de la Santa Sede ante la ONU de Ginebra, intervino en los trabajos de la 29ª Sesión del Consejo de Derechos Humanos sobre el tema de los efectos del terrorismo sobre el camino de los individuos y de los Estados, para subrayar el enfoque por la lucha contra el terrorismo debe dar siempre “prioridad a las víctimas”, sin que prevalezcan intereses financieros, políticos o ideológicos.

En su discurso, Tomasi repasa las decenas de siglas que, algunas desde hace años, simbolizan armas, muerte y sangre inocente: Isis, Boko Haram, Al Qaeda, Al Nusra, etc. Desde el 2000 hasta hoy --observa-- el mundo ha asistido a un aumento vertiginoso del 50 por ciento del número de víctimas de ataques terroristas” a causa de estas organizaciones. Solo en 2013, el 82 por ciento de estas víctimas eha sido asesinado en solo cinco países: Irak, Afganistán, Pakistán, Nigeria y Siria.

“El terrorismo es una terrible realidad que golpea a todas las partes del globo, destruye innumerables vidas, aterroriza las sociedades y aniquila las culturas y sus historias”, subraya monseñor Tomasi. Lamentablemente, añade, “debemos admitir que la comunidad internacional no ha sido siempre capaz de prevenir y frenar el terrorismo, especialmente en Oriente Medio y en distintas zonas de África”.  La cosa más grave --afirma-- es que la situación podría ir empeorando si la comunidad internacional no encuentra la forma de hacer frente común contra esa “impunidad” de la que los terroristas parecen gozar.

“El terrorismo es la antítesis de los valores compartidos y de los compromisos que están en la base de la convivencia pacífica nacional e internacional”, reafirma el prelado, evidenciando que, actualmente, bajo los ojos de todos hay una “globalización del terrorismo” que se utiliza “poderes políticos antagonistas tentados a jugar un papel” dando a las organizaciones integralistas “recursos de la tecnología moderna, armas avanzadas y financiación”.



Tomasi habla también de una especie de “efecto dominó” de las violencias perpetradas por el terrorismo, que “no reconoce la dignidad de sus víctimas”: una vez “negado a una persona su derecho a la vida, se abusa de los otros derechos fundamentales, incluido el derecho a la libertad de credo y de culto, el derecho de expresión y la libertad de conocimientos, el derecho a la instrucción y el derecho de ser tratados con igual dignidad como cada cualquier otro ciudadano de una nación, a pesar de la diferencia de religión, de estatus social y económico de lengua o etnia”.

Al considerar, por tanto “los efectos negativos del terrorismo sobre el disfrute de los derechos humanos y de las libertades fundamentales, deberíamos también ser claros al reconocer que estos efectos continuarán, es más empeorarán, si los Estados interesados y las comunidades internacionales no se concentran clara y velozmente sobre las causas del terrorismo” afirma el observador vaticano, y remar que “la respuesta al terrorismo no puede ser solamente de caracter militar”.

“Donde el terrorismo se ha instalado --especifica-- se ha cumplio un daño social y cultural irreparable que repercutirá sobre las generaciones futuras. Destruyendo las infraestructuras de las ciudades y de las regiones, sobre todo atacando los edificios gubernamentales, las escuelas y las instituciones religiosas, el terrorismo obliga literalmente a una sociedad de rodillas”. Además, según Tomasi, “la demolición de los sitios culturales y antiguos por parte de los terroristas amenazan con aniquilar la historia de las culturas y poblaciones. Tales destrucciones crea terreno fértil para el extremismo más violento, perpetuando así el círculo vicioso de la violencia con la multiplicación de ulteriores violencias”.

Por tanto, en nombre de la Santa Sede, el arzobispo reafirma la condena al terrorismo “en particular en esas formas que derivan del extremismo religioso”, que deben ser “contrastadas por esfuerzos políticos concertados” con todas las partes locales y regionales interesadas. “Los esfuerzos para alcanzar un enfoque común por la lucha contra el terrorismo --concluye-- deben dar siempre prioridad a las víctimas del terrorismo. Motivos financieros, políticos o ideológicos no deberían nunca prevalecer sobre la capacidad de alcanzar a una visión unitaria de como la lacra del terrorismo debe ser combatida”.

 









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