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El caso del aborto en Italia: una lección para Hispanoamérica
Artículo de análisis sobre la legalización del aborto en Italia y sus consecuencias


Por: Fernando Pascual | Fuente: catholic.net



Dicen que la historia es maestra. Para enseñar, debe ser escuchada, y a veces hay más ruido y más ocupaciones que tiempo para darle la atención que se merece. Pero cuando a una nación se le pide tomar una decisión importante (como puede ser la de aceptar o no la legalización del aborto) conviene mirar a nuestro alrededor, y ver alguna enseñanza de la historia de otros pueblos.

Quiero considerar un caso que ya tiene “historia”: Italia. Resulta interesante, porque se trata de un país con mayoría católica (al menos, según las estadísticas), que ha aprobado el aborto hace más de 25 años (en mayo de 1978), y que está haciendo el balance de los resultados. Creo que puede ofrecer luz también para Hispanoamérica, en estos momentos en los que parece que algunos están muy interesados en que se apruebe el aborto en la mayor parte de los países del mundo hispano.

Lo primero es ver cómo se logró la legalización del aborto en Italia. Antes de 1978 las leyes italianas prohibían claramente el aborto, y los tribunales podían perseguirlo y condenarlo. Pero, junto a esa normativa, existía (como ha existido siempre) un aborto “subterráneo”, clandestino.

Sobre este punto insistieron enormemente los defensores del aborto: debemos eliminar el aborto clandestino, porque muchas veces implica el riesgo de la muerte de la mujer. La reflexión es extraña: el hecho de que un delito se realice en condiciones de “ocultamiento” conlleva sus riesgos, pero no por ello se puede legalizar el delito. ¿Se puede legalizar el robo porque, cada año, mueran algunos ladrones en los “riesgos” que afrontan a la hora de cometer sus delitos? ¿Por qué, sin embargo, debería legalizarse el aborto, para que la mujer que cometa este gesto dramático, muchas veces presionada por hombres irresponsables, no corra ningún riesgo?

Los grupos abortistas italianos usaron el argumento con habilidad. En vez de promover una investigación para ver cuántas mujeres morían realmente por culpa de esta situación, lanzaron al aire cifras enormes. Se llegó a decir que en Italia había entre 150 mil y más de 1 millón de abortos clandestinos al año, y que morían, a causa de los mismos, cientos o miles (alguno dijo 25 mil) mujeres al año por culpa de esta clandestinidad. La realidad era muy distinta. Una vez legalizado, el número de abortos legales anuales no superó nunca la cifra de 260 mil casos (en los años de mayor número de abortos, de 1982 a 1984), lo cual daba a entender que quienes hablaron de más de 1 millón de abortos clandestinos exageraron con excesiva simpleza o con malicia manifiesta.

Respecto a las mujeres muertas presuntamente por culpa del aborto clandestino, G. Colombo, profesor de demografía de la Universidad de Padua (en el norte de Italia) notó que las mujeres fallecidas por causa del aborto (tanto natural como espontáneo) eran entre 40 y 60 al año (entre 1950 y 1970), y que en 1978 (el año de aprobación de la ley del aborto) fueron sólo 16 (es decir, el número iba en disminución). A la luz de estos datos es claro que hubo mucha manipulación a la hora de inventar cifras para engañar a la opinión pública. Resulta interesante recordar que, cuando se discutió el tema en el Parlamento italiano, no se formó una comisión especial para estudiar realmente cuál era la situación y cómo se podía intervenir para evitar muertes femeninas en el caso del recurso al aborto clandestino.

El ejemplo de las manipulaciones de cifras en Italia no es algo aislado. Hubo quienes dieron “ejemplo” pocos años antes en Estados Unidos. Algunos defensores del aborto, entre los que se encontraba el doctor Nathanson, inventaron a propósito cifras falsas para hablar de los muchos males que sufría la mujer por verse “obligada” a recurrir al aborto en condiciones de clandestinidad. El equipo de Nathanson sabía que las mujeres fallecidas a causa del aborto oscilaba entre las 200 y 250 al año, pero convencieron a la opinión pública de que el número alcanzaba la cifra de 10 mil (es decir, un número 40 veces superior a la realidad).

Volvamos a Italia. Sin una investigación sobre la realidad del aborto, y con cifras inventadas, se prepararon diversas propuestas de ley en favor del aborto al inicio de los años 70, apoyadas por grupos radicales, libertarios, feministas (¿pero puede ser posible que exista feminismo allí donde se defiende el aborto?) y, en general, de izquierdas (los comunistas en primera fila). Conviene recordar que la legalización del aborto tuvo lugar, mucho antes que en cualquier país occidental, en la Unión soviética, en 1920, precisamente porque la mujer debía ser “liberada” de las funciones de la maternidad para poder dedicarse a la producción, según los ideales del comunismo de Marx y Lenin. Tampoco conviene olvidar que fueron Hitler y sus seguidores quienes promovieron, a nivel de propaganda masiva, el aborto en algunos de los países que habían sometido por las armas.

Con tales propuestas abortistas, y sin tener una mayoría parlamentaria, los grupos italianos que defendían el aborto ejercieron una presión creciente sobre la opinión pública. Se comentaban casos, se inventaban historias, se narraban hechos verdaderos, pero con informaciones incompletas o manipulada.

Una historia triste fue la de Seveso, un pequeño pueblo del norte de Italia. En ese lugar, el 10 de julio de 1976 hizo explosión un reactor de una fábrica química, y se extendió por la zona una nube tóxica de dioxina. Cuando se conocieron los terribles efectos de este gas cundió el pánico. Algunos dijeron que todas las mujeres embarazadas que habían respirado aquel gas iban a dar a luz auténticos monstruos, seres deformados por culpa de la terrible sustancia tóxica. Feministas y radicales se trasladaron al lugar para aterrorizar a estas pobres madres. Después de muchas presiones y miedos, unas 33 mujeres decidieron abortar.

Sólo con un ambiente más sereno, y después de dos investigaciones, una parlamentaria y otra científica, se demostró que esos abortos habían sido “inútiles”, es decir: se habían eliminado fetos perfectamente sanos. Uno de los médicos que cometió aquellos abortos, lloraba, años después, porque esos crímenes habían sido completamente “inútiles”... Aquellas mujeres que tuvieron el coraje de no abortar, aparecieron años después, en televisión, con sus hijos perfectamente sanos, auténticos supervivientes de una situación que presionó a sus madres a abortar.

Podríamos preguntarnos: ¿habrían sido abortos “útiles” si los fetos hubiesen tenido alguna deformación? ¿Es menos malo un aborto cuando muere un hijo con defectos? Creemos que no: la justicia nos pide tratar toda vida humana por igual, también la de quien nace con discapacidades...

Uno se puede imaginar el ambiente de presión en el que los parlamentarios italianos accedieron a la aprobación de una de las leyes más tristes de su historia, una ley que lleva sobre sus espaldas un largo y frío número de 4 millones de abortos legales, y que no ha eliminado los abortos clandestinos (esos que tantas vidas, según los abortistas, estarían eliminando), a pesar de que tal era su intención. Las estadísticas oficiales hablan por sí solas: en 1983 se cometieron, según algunos estudios, unos 100 mil abortos clandestinos (después de 5 años de legalización). En 1994 todavía se contabilizaban unos 50 mil. Y hoy el mundo social y político en Italia vive alarmado, porque cada año es más elevado el número de muertos que el de nacimientos, y porque Italia tiene uno de los índices de natalidad más bajos del planeta... Quienes defendían el aborto hace 25 años, hoy empiezan a pedir, tímidamente, que el Estado ayude a las mujeres a tener hijos y proteja con más decisión la maternidad. ¿Estarán a tiempo para evitar un colapso demográfico?

Italia, uno de los ocho países más desarrollados del mundo, ofrece un ejemplo del que Hispanoamérica puede aprender mucho. Sólo un país puede ser considerado plenamente civilizado y libre cuando protege la vida de todos sus ciudadanos. También el hombrecito dentro del seno de la madre tiene sus derechos. Si todos nos movemos para ayudar a un amigo (y también ayudamos a un desconocido) que está a punto de ser asesinado por otro, ¿por qué no movernos cuando una madre, por los motivos que sea, desea eliminar a su propio hijo en el seno de sus entrañas? El niño por nacer necesita ser ayudado, pero, quizás, necesita mucha más ayuda la madre que quiere abortar, presionada por algunos familiares egoístas, por el miedo, por problemas económicos o sociales. El aborto desaparecerá prácticamente cuando se instaure en nuestro mundo una auténtica solidaridad, una cultura de defensa y ayuda a todo hombre y a toda mujer que lo necesiten.

Hispanoamérica se está jugando su futuro cultural. La economía tiene su importancia, pero siempre será actual aquello de que “más vale pobre y honrado que rico y criminal”. ¿Cuál será la opción de nuestros países, es decir, la opción de cada uno de nosotros?

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