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La Misa. Padre nuestro III

Hijos de Dios que es Padre. Parte III
El Padrenuestro no lo recitamos solos. Es en Cristo Hijo que podemos ser hijos. Unidos a Él y por la acción del Espíritu Santo.


Por: Taís Gea | Fuente: Catholic.net



Perdona nuestras ofensas.

Es precioso saber que existe el perdón. Nuestro corazón, cuando está buscando amar con sinceridad, se duele de haber cometido un error o de haberse equivocado. Es por eso que nos brota espontáneo el deseo de pedir perdón y de reparar por nuestra falta. A veces nos es difícil pedir perdón pero mientras más lo hacemos con sencillez, nos habituamos a vivir así. Cuando nosotros nos acercamos y pedimos perdón, abrimos la puerta del corazón del otro. Son muy pocas las personas que, al ver que alguien se humilla y les pide perdón rechazan el perdón ofrecido.

Como nosotros perdonamos a los que nos ofenden        

Lo primero que podemos hacer es pedir el perdón a Dios. En la intimidad con él, si nos abrimos y reconocemos con verdad nuestra falta, recibimos el consuelo de su perdón (Sal. 130, 4). Sin embargo, hay veces que esto no es suficiente. Podemos recibir el perdón de Dios pero a veces tenemos que empezar por perdonarnos a nosotros mismos. Hay pecados que nos duelen tanto que no logramos tener compasión con nosotros mismos. Nos duele vernos pecadores y que somos causa de dolor. Es necesario dar ese paso y perdonarnos. Cuando nos perdonamos a nosotros mismos somos más comprensivos con los demás. Así podemos también perdonar a los que nos ofenden.

No nos dejes caer en tentación y líbranos del mal



Experimentamos todos los días nuestra tendencia al mal y las acechanzas del demonio. “Querer el bien lo tengo a mi alcance, mas no el realizarlo, puesto que no hago el bien que quiero, sino que obro el mal que no quiero.” Rom. 7, 18-19. Dios sabe a lo que estamos expuestos y conoce la debilidad de nuestro corazón. Es por eso que nos ofrece la fuerza para no caer en tentación y nos libra del mal. Él es un Padre protector que quiere que todos sus hijos se salven. Nos da continuamente sus gracias para que podamos superar el mal que domina al mundo.

El Padrenuestro no lo recitamos solos. Es en Cristo Hijo que podemos ser hijos. Unidos a Él y por la acción del Espíritu Santo (Rom. 8, 14) podemos decir con ternura esta oración. Una introducción al Padrenuestro dice: “El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado. Digamos con fe y esperanza.” Con todo el amor que tengas en tu corazón puedes recitar y cantar a tu Padre del cielo.

Comentarios al autor Taís Gea

 

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Extraído del libro: La Misa Misterio de Comunión
Se  puede adquirir en línea en www.elarca.com.mx o digital www.amazon.com

 



 

 

 



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