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No soy nadie…
Hoy podemos ver cómo mucha gente funcionan de una manera que nos sorprende


Por: Ramon Torra Puigdellívol | Fuente: Ir contracorriente



Hoy no eres nadie… si no llevas un tatoo, si no sabes los goles que hizo Messi cuando estaba en la Masía, si no te cuelgas un piercing, si no sabes los años que hace que no granizaba en el Montseny, si no estás en Facebook, si no sabes cuantos años hace que Alonso no gana la F1, si no te has hecho un selfie, si no te has comprado un palo para hacértelo, si no sabes que en motos GP el niño Márquez ha hecho otro récord, si no tienes WhatsApp, si no reciclas, si no has sido trending topic mundial alguna vez, si no eres del Barça, si no ves Polònia, si no tienes manos libres en el coche, si no tienes un smartphone de última generación, si hace más de 2 años que tienes el mismo coche, si no compras nada en el dutty free aunque no lo necesites, si no sabes dónde están los isquiotibiales o el sartorio, si no te compras unos pantalones rotos y descoloridos, si no estás apuntado a un gimnasio, si no sabes los tapones, los rebotes y los baskets que han hecho los hermanos Gasol, si no has visto la gala de los Oscar… ¡y tantas cosas más que debes saber para no pasar por indocumentado!

Y en otro orden de cosas –¡mucho más importante!– continúas siendo nadie y además eres un retrógrado si… no defiendes el aborto y la eutanasia, si no estás a favor del divorcio, si no defiendes el vivir en pareja en vez del matrimonio, si no defiendes las uniones homosexuales, si no vas a favor de las leyes sobre LGTBI, si no colaboras con ninguna ONG (aunque no sepas ni qué apoyan, ni qué atacan), si no criticas a la Iglesia en vez de defenderla, si no…

Hoy podemos ver cómo mucha gente, joven y no tan joven, mayor y no tan mayor, madres y padres de familia… funcionan de una manera que nos sorprende. Ya sabemos que "el hábito no hace al monje" pero hay maneras y maneras de ir por el mundo. De acuerdo que, desde siempre, también en los años de nuestra juventud, había personas originales, que vestían o hacían o defendían las cosas de una manera que llamaba la atención, pero lo que está pasando ahora –este deleite por aparentar, por querer "estar al día", este no "poder" ignorar nada de lo que está ocurriendo, con esta manía para saberlo todo de todo y de todos, con ese defender lo indefendible, con este funcionar sin criterio propio…–, parece que no tiene parangón.

Todos los presentadores de noticias de todas las cadenas, todos los comentaristas radiofónicos o de periódicos, de papel o digitales, nos bombardean con una serie de datos ya sean políticos, sociales, deportivos o climáticos –que les facilita las bases de datos y la informática– que tenemos que memorizar y repetir venga o no venga a cuento para no quedar en ridículo cuando alguien las cita: –¡Sí, sí… faltaría más! debemos decir, porque si pones cara de perro, de póker o de no saber de qué va el tema te dicen: –¿Cómo, no sabes que en 1994…? y aquí te colocan la frase aprendida del telediario de ayer, o de cualquier periódico.  Frase que al día siguiente cambian por otra que da la vuelta al mundo –colgada en Facebook o Twitter– y que repiten con puntual religiosidad. Son museos ambulantes.

Estas maneras de hacer y estas actitudes, este necesitar "estar al día", esta aparente "utilidad" de la gran cantidad de información que tenemos al alcance, hace que te sientas pequeño, un don nadie, un descolgado, un alien, un tío que vive en otro mundo si no sigues en la misma rueda.



La utilidad de lo inútil es el último libro del pensador italiano Nuccio Ordine (1958), profesor en la Universidad de Calabria, y que nos dice que "con esta contradicción del título he querido poner en el centro de mis reflexiones la idea de utilidad de aquellos saberes el valor esencial de los cuales es del todo ajeno a cualquier finalidad utilitarista. Hoy se consideran inútiles los saberes humanísticos y, más en general, todos los saberes que no producen beneficios". Con esta mentalidad se ha fomentado el menosprecio a las capacidades creativas de pensadores, escritores, artistas, lingüistas, historiadores…, en tanto que sus aportaciones no producen beneficios económicos. Y por este motivo, personas dedicadas al cultivo de las ciencias humanas ceden ante las presiones del mercado y adaptan sus obras, para sobrevivir, a las exigencias del éxito comercial impuesto por los empresarios.

Si bien el profesor hace referencia, sobre todo, al saber intelectual, a los conocimientos humanísticos, en todo el abanico de disciplinas que se han de cultivar a la Universidad, al leerlo me ha venido a la cabeza que en la calle está pasando lo mismo que en el mundo intelectual: la deconstrucción de la sociedad (¡qué juego de eufemismos usamos hoy!: al derribo le llamamos deconstrucción) basada en hacer lo que "todo el mundo lo hace" en vez de hacer lo que hay que hacer aunque lo haga poca gente.

Hay que agradecer al profesor Ordine este manifiesto en defensa de los saberes tradicionalmente considerados "inútiles" y también que nos recuerde que los saberes humanísticos son más útiles que los supuestos saberes económicos, tal como argumentan, desde siempre, pensadores y escritores, ya sean del Mundo antiguo, de la Edad Media, del Renacimiento o de la actualidad. También defiende la importancia de seguir tutelando, en la universidad, el afán de saber y de investigar, sin objetivos prácticos inmediatos, sin ansias de eficiencia, con la sola dignidad propia del hombre.

No todo es perfecto en este manifiesto. Cuando habla del amor y la verdad relativiza estos conceptos y niega que puedan existir de una manera absoluta y los considera una amenaza contra la libertad de pensamiento (sic).

Ordine continúa diciendo: "Si dejamos morir lo gratuito, si renunciamos a la fuerza generadora de lo inútil, si escuchamos únicamente el mortífero canto de sirenas que nos impele a perseguir el beneficio, sólo seremos capaces de producir una colectividad enferma y sin memoria que, extraviada, acabará por perder el sentido de sí misma y de la vida. Y en este momento, cuando la desertificación del espíritu nos haya ya agostado, será en verdad difícil imaginar que el ignorante homo sapiens pueda ejercer todavía un papel en la tarea de hacer más humana la humanidad".



No hacen falta más comentarios. Si no sabemos deshacernos de este modus operandi tan extendido, de querer saber todo al instante: ¡ya!, y no queremos aparecer como ignorantes ante los ojos de los demás, seguiremos defendiendo que lo útil es todo aquello que no sirve para nada pero "mueve" la vida y da beneficios, y lo inútil es lo que alguien quiere hacer estudiar y aprender a la juventud y que piensa que "no sirve para nada". Y continuaremos colaborando –consciente o inconscientemente– en esta "deconstrucción-derribo" de la sociedad.

 





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