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Medalla conmemorativa del tercer año de Pontificado de Papa Francisco
La imagen que se encuentra en la medalla pontificia representa la llamada «transverberación» de Santa Teresa de Ávila


Por: Michelangelo Nasca | Fuente: vaticaninsider.lastampa.it



Por voluntad del Papa, el reverso de la medalla conmemorativa de su tercer año de Pontificado no llevará, como normalmente, el rostro del Pontífice, sino la imagen de Santa Teresa de Ávila . Una iniciativa que demuestra la particular benevolencia que alimenta Papa Francisco por el nacimiento de Santa Teresa de Jesús, sobre todo en ocasión del V centenario de su nacimiento. La medalla conmemorativa fue presentada en la solemnidad de los Santos Pedro y Pablo.

El padre general de la Orden de los Carmelitas descalzos, Saverio Cannistrà, al enterarse de la noticia, envió al Papa una carta personal en la que le agradece por su gesto. «Mediante estas breves palabras -afirmó Cannistrà en el mensaje enviado al Pontífice-, deseo agradecerle en nombre de mis hermanas y hermanos del Carmelo teresiano por este gesto tan bello. En este año, tan importante para los Hijos y las Hijas de Teresa, hemos percibido, querido Papa Francisco, su cercanía y aliento que nos ha ayudado a vivir esta ocasión en su auténtica dimensión eclesial».

El Prepósito general subrayó en el texto de su carta las palabras que Papa Francisco dedicó a la gran Mística española en sus mensajes al obispo de Ávila y a la Orden del Carmelo. Este nuevo gesto del Papa latinoamericano, al dedicar el reverso de la medalla pontificia a Santa Teresa, es, para las Carmelitas y los Carmelitas descalzos de todo el mundo, «motivo de gran alegría, pero también de responsabilidad». El aprecio y la atención del Papa por la reformadora del Carmelo, recordó Cannistrà, «nos colma de alegría, pero nos compromete también a ser como ella, dignos hijos e hijas de la Iglesia, los cuales, escuchando la Palabra del Buen Jesús, se disponen a servirlo en sus hermanos más pequeños, para consolarlos y aliviarlos».

«Gracias, de corazón, Papa Francisco -concluye en su carta el Prepósito general de los Carmelitas descalzos. En nombre de mis hermanas y de mis hermanos le hago llegar nuestro afecto y cercanía. El Carmelo teresiano y sus frailes y monjas tiene siempre presente a Su Santidad; con nuestra oración deseamos acompañarle en su misión y, humildemente, en nombre de mis hermanos y hermanas, pido su paterna bendición».

La imagen que se encuentra en la medalla pontificia representa la llamada «transverberación» de Santa Teresa, es decir una particular experiencia mística reservada a algunos santos, una gracia particular concedida por Dios en la que se experimenta, como una flecha ardiente en el corazón (tal y como lo representa la célebre escultura de Bernini), el éxtasis amoroso de Dios, que Santa Teresa describe de esta manera: «Vía un ángel cabe mí hacia el lado izquierdo en forma corporal, lo que no suelo ver sino por maravilla. [...] No era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido que parecía de los ángeles muy subidos, que parecen todos se abrasan. Deben ser los que llaman Querubines [...]. Viale en las manos un dardo de oro largo, y al fin de el hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces, y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios» («Vida», 29, 13).



El teólogo carmelita y fundador del Movimiento eclesial carmelita, el Padre Antonio Maria Sicari, respondió de esta manera cuando le preguntamos el significado de esta particular gracia mística: «Cuando Juan Pablo II escribió la ‘Carta a las mujeres’, dirigiéndose a la mujer consagrada, agradecía a Dios porque, siguiendo el ejemplo de la Madre de Cristo, se abría dócil y fielmente al amor de Dios, ‘ayudando a la Iglesia y a la humanidad entera a vivir en relación con Dios una respuesta «esponsal», que expresa maravillosamente la comunión que Él quiere establecer con su criatura’». Santa Teresa, prosiguió Sicari, «es exactamente una de las más grandes mujeres que ha desempeñado esta tarea. La transverberación, su vida y su mensaje extraordinarios radican en esto: ayudar a la humanidad y a la Iglesia a dar a Dios una respuesta esponsal».





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