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Se ha perdido la noción de pecado
Se suele vivir en estado de pecado permanente


Por: Vicente Alejandro Guillamón | Fuente: Religión en Libertad



La idea de fidelidad recíproca todavía persiste, gracias a Dios, en las nuevas parejas, pero sin base religiosa, o lo que es lo mismo, sin unos cimientos moralmente sólidos. De ahí que estas parejas sean tan frágiles, tan expuestas al menor contratiempo, y tan proclives a la ruptura.

10 agosto 2015

No sé si hablar del pecado es socialmente correcto, y me temo que no lo sea ya ni siquiera religiosamente hablando fuera de los muros estrictamente eclesiásticos. Parece que eso del pecado no está de “moda” a juzgar por lo que podemos ver entre los jóvenes de nuestros días. La inmensa mayoría se emparejan por las buenas, y ya está. Los más formales se “casan”, es un decir, ante el o la juez de paz, o ante un notario, o se montan un “rito” más o menos estrafalario después de convivir juntos ni se sabe el tiempo, para que la moza pueda lucir un traje de novia igual o parecido al de la última celebrité de las revistas del cuore. Pero todo eso, mientras no pasen por la vicaría, es vivir en estado de pecado permanente, sin que les cause, y esto es lo grave, ningún remordimiento o problema de conciencia.

Cuando yo era zagal, allá por los años cuarenta y aún después, todo era pecado, sobre todo en materia de sexto mandamiento. Pero ahora, precisamente en esta materia, da la impresión de que todo vale.

Semejante estado de cosas no alcanza el nivel de laicismo ni mucho menos de ateismo consciente. Más bien parecer ser una especie de indiferentismo, de pasotismo moral que actualmente predomina entre la juventud. No es de ahora, sino que viene de atrás, pero ahora se ha generalizado de tal modo que se registra en jóvenes de familias tradicionalmente religiosas y educados, también es un decir, en colegios de congregaciones religiosas, que Dios nos libre de lo que han venido enseñando en muchos de ellos.



Como muestra valga un botón: tengo un hijo que estudió el bachillerato en un gran colegio de los Clérigos de San Viator que tienen en Madrid. Naturalmente me interesaba por la marcha de sus estudios, como me interesé por la de todos los demás. Llegado cierto día de la semana, al preguntarle “qué tienes hoy”, me respondía, muy serio: “Marxismo”. ¿Cómo marxismo? “Sí, religión –aclaraba-, pero el hermano nos la da en clave de teología de la liberación, y al final termina hablando de marxismo”. En términos elogiosos, por supuesto.

Aparte de los antecedentes de muchos colegios de curas y de la universidad pública asaltada en toda España por comunistas y nacionalistas del más diverso pelaje, me gustaría saber quién propaga, en concreto, este indiferentismo moral que como la plaga de la langosta está arrasando el espíritu sacramental del matrimonio.

La idea de fidelidad recíproca todavía persiste, gracias a Dios, en las nuevas parejas, pero sin base religiosa, o lo que es lo mismo, sin unos cimientos moralmente sólidos. De ahí que estas parejas sean tan frágiles, tan expuestas al menor contratiempo, y tan proclives a la ruptura. Eso explica el creciente número de tragedias domésticas que nos sirven a diario los medios informativos. Y lo que es de temer: irá en aumento. Si se frivoliza el matrimonio, se arruina el concepto de familia, de modo que, al no existir matrimonio ni familia de verdad, puede esperarse de tales situaciones cualquier cosa menos bendiciones de Dios.

 

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