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Ante el cuadro, meditación
Retiro La mirada de la misericordia


Por: P. Manolo Pérez |



El Dios que representa Rembrandt, en su cuadro, es el que toma siempre la iniciativa, el que se inclina sobre ti acogiéndote con bondad y estrechándote en su seno. Sólo debes tener la capacidad de reconocerte en tu casa. Juliana de Norwich tiene una frase maravillosa en sus escritos ("Demostraciones"), describe a Dios como "la sorprendente familiaridad de hogar"; frase muy cercana a las palabras de Jesús, cuando dice: "Permanezcan en mí y yo permaneceré en ustedes" (Jn 15, 4).

En la  parábola del padre y de los dos hijos está condensado lo que constituye el corazón de la Buena Noticia proclamada por Jesús, del principio al fin de la parábola late en ella el corazón mismo de Jesús.

La parábola revela el amor absolutamente gratuito e incondicional, fiel e indestructible con el que Dios, tu Abbá, tu Padre querido, te ama, y su ardiente deseo que te abras a su amor, lo acojas, y que también lo ames.

Tu vida sabe de situaciones en que de una u otra forma, te alejas de la casa del padre, como el hijo menor de la parábola, rompes más o menos radicalmente durante un tiempo mayor o menor la comunión con él y andas perdido. Pero un día retomas el camino de regreso y eres acogido, abrazado y perdonado por el Padre que te esperaba.

También puede ser que te identifiques más con el hijo mayor, puedes haber vivido durante mucho tiempo en la casa del Padre, pero estando afectivamente muy alejado de él.



Los tres personajes principales tienen deseos, pero no todos son auténticos. La parábola muestra, si esos deseos causan una gran alegría o provocan desdicha, ya sea por la degradación y por la miseria, como en el caso del hijo menor, o por el resentimiento y la envidia, como en el caso del hijo mayor.

padrem.perez@gmail.com

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